Mi Semana Con Marilyn

acimos siete años después que falleciera, eso no fue obstáculo para escuchar a mis mayores hablar maravillas de ella al extremo de haberla definido como la mujer más linda del mundo. Pero la belleza de Norma Jeane Mortenson, más conocida como Marilyn Monroe, no era sólo física o estética pues de su persona resaltaba una luz de simpatía y picardía que invadía mágicamente la pantalla grande de todos los cines que tuvieron la dicha de pasar sus películas.
De todas formas, su vida trascendió como una leyenda rayana en cierto aire de misticismo, pero en verdad, esa mujer que parecía comerse a los hombres vivos en sus películas gracias a su particular encanto, tuvo una vida privada bastante tormentosa y llena de dudas.
Pretendía trascender como actriz más que como símbolo sexual, para ello debía luchar contra su propia imagen, la que la hizo famosa y una auténtica diva. Y justamente en esta película, «Mi semana con Marilyn», se cuenta ese momento de su vida personal, recientemente casada con el gran autor de best seller Arthur Miller viaja a Inglaterra para filmar una película con el gran actor Laurence Olivier…
Mientras una famosa quería trascender como actriz, un actor de la talla del británico pretendía ser popular, he ahí la explicación de ese extraño intento de unir agua con aceite. Olivier pensó usar Marilyn para alcanzar ese grado de popularidad que necesitaba, y Marilyn pensó usar a Olivier para obtener su título de actriz. Ambos usaron la película «El príncipe y la corista» (1957) como catalizador de esa rara fórmula. Olivier produjo, dirigió y actuó en esa película digna para el olvido, donde ninguno de sus dos protagonistas alcanzaron sus objetivos pues Marilyn fue una vez más Marilyn y Olivier, bueno, no pudo popularizar su imagen de actor shakespeareano.
«Mi semana con Marilyn» trata la interna de cómo se filmó esa película desde la visión de un observador privilegiado, un joven británico de tan solo 23 años, de familia acomodada, que quería hacer cine a cualquier precio, llegando a hipotecar incluso su futuro en las mejores universidades británicas. Para ello aprovecha la amistad de la esposa de Olivier con sus padres para obtener un lugar en la producción de su siguiente película. Termina consiguiendo un puesto como tercer ayudante de dirección, obteniendo por ello, sin saberlo en principio, una oportunidad para conocer de cerca a la diva norteamericana. Es así que el joven Colin Clark luego de esta experiencia y con el pasar de los años escribe dos libros contando su experiencia en la filmación de «El príncipe y la corista», pero fundamentalmente su íntimo encuentro con Marilyn durante una semana.
Esta película protagonizada por una notable Michelle Williams y el joven Eddie Redmayne, está basada en esos dos libros de Clark («The Prince, The Showgirl and Me» y «My Week with Marilyn»).
En «Mi semana con Marilyn», contada en primera persona con la visión de Clark, se cuenta desde las semanas previas de producción de «El Príncipe y la corista», donde por ejemplo el joven Clark es encargado de buscar una casa donde se alojará Marilyn y su esposo cuando lleguen a Inglaterra para posteriormente filmar en los Estudios Pinewood.
Se muestra la llegada de Marilyn que es recibida como una auténtica diva y con las notorias dudas de Olivier de cómo puede afectar eso a su película. Marilyn no viene sola con su esposo, la acompaña Paula Strasberg, quien tendrá la función de sostener el método de actuación de su hermano en Marilyn, quien padeció permanentemente dudas sobre si estaba rindiendo correctamente durante la filmación.
En esta película puede observarse 55 años después de qué manera se filmó «El príncipe y la corista», las permanentes dudas de Marilyn sobre su performance y sobre los enojos explosivos de Olivier por el retraso que esto ocasionaba en la filmación. Hasta resulta notable poder observar luego, alquilando la película original del 57 en el viejo club de video (hoy de dvd), las mismas escenas que registra esta nueva producción e imaginarse los problemas que tuvo que afrontar Marilyn para rodar escenas tan sencillas pero que sin embargo queda claro que ni siquiera eso fue sencillo para ella.
Al final, todo terminó en la solicitud de Olivier, «se tú», Marilyn fue nuevamente ella y pudo terminarse la filmación con la satisfacción de su director.
En medio de la filmación, Marilyn se pelea con su esposo, este regresa a los Estados Unidos porque reconoce que la diva lo absorbe tanto que ya no puede escribir, por lo que el joven Clark termina siendo donde se refugie esa «rubia debilidad».
La película está muy bien hecha, con una impresionante caracterización de Michelle Williams como Marilyn y con una destacada labor de Kenneth Branagh como Laurence Olivier. Esta muy buena película es del año pasado, llegando tardíamente a nuestro país, aunque sin duda, valió la pena esperar.
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Nacimos siete años después que falleciera, eso no fue obstáculo para escuchar a mis mayores hablar maravillas de ella al extremo de haberla definido como la mujer más linda del mundo. Pero la belleza de Norma Jeane Mortenson, más conocida como Marilyn Monroe, no era sólo física o estética pues de su persona resaltaba una luz de simpatía y picardía que invadía mágicamente la pantalla grande de todos los cines que tuvieron la dicha de pasar sus películas. marilyn3
De todas formas, su vida trascendió como una leyenda rayana en cierto aire de misticismo, pero en verdad, esa mujer que parecía comerse a los hombres vivos en sus películas gracias a su particular encanto, tuvo una vida privada bastante tormentosa y llena de dudas.
Pretendía trascender como actriz más que como símbolo sexual, para ello debía luchar contra su propia imagen, la que la hizo famosa y una auténtica diva. Y justamente en esta película, «Mi semana con Marilyn», se cuenta ese momento de su vida personal, recientemente casada con el gran autor de best seller Arthur Miller viaja a Inglaterra para filmar una película con el gran actor Laurence Olivier…
Mientras una famosa quería trascender como actriz, un actor de la talla del británico pretendía ser popular, he ahí la explicación de ese extraño intento de unir agua con aceite. Olivier pensó usar Marilyn para alcanzar ese grado de popularidad que necesitaba, y Marilyn pensó usar a Olivier para obtener su título de actriz. Ambos usaron la película «El príncipe y la corista» (1957) como catalizador de esa rara fórmula. Olivier produjo, dirigió y actuó en esa película digna para el olvido, donde ninguno de sus dos protagonistas alcanzaron sus objetivos pues Marilyn fue una vez más Marilyn y Olivier, bueno, no pudo popularizar su imagen de actor shakespeareano.
«Mi semana con Marilyn» trata la interna de cómo se filmó esa película desde la visión de un observador privilegiado, un joven británico de tan solo 23 años, de familia acomodada, que quería hacer cine a cualquier precio, llegando a hipotecar incluso su futuro en las mejores universidades británicas. Para ello aprovecha la amistad de la esposa de Olivier con sus padres para obtener un lugar en la producción de su siguiente película. Termina consiguiendo un puesto como tercer ayudante de dirección, obteniendo por ello, sin saberlo en principio, una oportunidad para conocer de cerca a la diva norteamericana. Es así que el joven Colin Clark luego de esta experiencia y con el pasar de los años escribe dos libros contando su experiencia en la filmación de «El príncipe y la corista», pero fundamentalmente su íntimo encuentro con Marilyn durante una semana.
Esta película protagonizada por una notable Michelle Williams y el joven Eddie Redmayne, está basada en esos dos libros de Clark («The Prince, The Showgirl and Me» y «My Week with Marilyn»).
En «Mi semana con Marilyn», contada en primera persona con la visión de Clark, se cuenta desde las semanas previas de producción de «El Príncipe y la corista», donde por ejemplo el joven Clark es encargado de buscar una casa donde se alojará Marilyn y su esposo cuando lleguen a Inglaterra para posteriormente filmar en los Estudios Pinewood.
Se muestra la llegada de Marilyn que es recibida como una auténtica diva y con las notorias dudas de Olivier de cómo puede afectar eso a su película. Marilyn no viene sola con su esposo, la acompaña Paula Strasberg, quien tendrá la función de sostener el método de actuación de su hermano en Marilyn, quien padeció permanentemente dudas sobre si estaba rindiendo correctamente durante la filmación.
En esta película puede observarse 55 años después de qué manera se filmó «El príncipe y la corista», las permanentes dudas de Marilyn sobre su performance y sobre los enojos explosivos de Olivier por el retraso que esto ocasionaba en la filmación. Hasta resulta notable poder observar luego, alquilando la película original del 57 en el viejo club de video (hoy de dvd), las mismas escenas que registra esta nueva producción e imaginarse los problemas que tuvo que afrontar Marilyn para rodar escenas tan sencillas pero que sin embargo queda claro que ni siquiera eso fue sencillo para ella.
Al final, todo terminó en la solicitud de Olivier, «se tú», Marilyn fue nuevamente ella y pudo terminarse la filmación con la satisfacción de su director.
En medio de la filmación, Marilyn se pelea con su esposo, este regresa a los Estados Unidos porque reconoce que la diva lo absorbe tanto que ya no puede escribir, por lo que el joven Clark termina siendo donde se refugie esa «rubia debilidad».
La película está muy bien hecha, con una impresionante caracterización de Michelle Williams como Marilyn y con una destacada labor de Kenneth Branagh como Laurence Olivier. Esta muy buena película es del año pasado, llegando tardíamente a nuestro país, aunque sin duda, valió la pena esperar.