MOMENTOS ETERNOS DEL CINE ARGENTINO

Una nota exclusiva de JUANJO ALBERTI, desde Montevideo

MUCHOS TÍTULOS EN GRANDES PRODUCCIONES

Hubo muchos títulos que engalanaron una larga lista de películas argentinas que marcaron a fuego un momento destellante con salas llenas de espectadores y de muy altos ratings televisivos. Desde policiales a cómicas, pasando por dramas, espionaje o hasta gauchescas históricas, se han paseado por las marquesinas de los cinematógrafos; algunas exhibidas en funciones de matinée. Grandes repartos, argumentos precisos y llevaderos, imágenes logradas, producciones memorables le fueron abriendo el paso a momentos eternos de la pantalla grande de la vecina orilla. Un cine que ha sido históricamente uno de los más desarrollados del celuloide latinoamericano. A lo largo del siglo XX la producción cinematográfica argentina, apoyada por el Estado y avalada por el trabajo de una larga lista de directores y artistas, se convirtió en una de las principales del mundo en idioma castellano.

“PELOTA DE TRAPO”, 1948

En el año 1942 la República Argentina empieza a ser castigada por Estados Unidos debido a su posición neutral en la segunda guerra mundial, dictando la suspensión de la importación de película virgen en 35 mm. Hacia 1944, debido a la falta de materia prima, la industria argentina no existía y los mexicanos imponían sus producciones. En 1947 con la llegada de Juan Domingo Perón al poder, se aprueba la Ley de Cine, logrando como resultado que en 1950 se puedan rodar más de 58 películas: un récord total de realizaciones. El cine bonaerense se elevó a la sombra del peronismo, llegando a otros países de habla hispana largometrajes históricos: “Historia de una noche”, 1941, y “La dama duende”, 1945, ambas de Luis Saslavsky, “La Guerra Gaucha”, 1942, y “Malambo”, 1945, de Lucas Demare y Hugo Fregonese, “Pelota de trapo”, 1948, con Armando Bo, y “Crimen de Oribe”, 1950, de Leopoldo Torre Nilsson, y “Las aguas bajan turbias”, 1952, de Hugo del Carril. Con la dictadura en 1955, se cortan los créditos y el cine argentino enfrenta su peor época. Se suspende por completo la producción y durante dos años no se estrena ningún film argentino. La pantalla estaba de paro, ante la suspensión de los créditos, y la persecución de las damas y caballeros de la industria cinematográfica, especialmente los ligados al peronismo o la izquierda. En esa década saltarían al éxito las jóvenes hermanas gemelas Mirtha y Silvia Legrand.

“LA CIGARRA NO ES UN BICHO”, 1963

Los tiempos fueron cambiando y en 1963 Daniel Tinayre, sobre la base de un guión propio escrito en colaboración con Eduardo Borrás y el humorista Juan Carlos “Landrú” Colombres, sobre la novela del mismo nombre de Dante Sierra, produjo y dirigió “La cigarra no es un bicho”, estrenada en el circuito de cines del Gran Buenos Aires, el 6 de mayo de ese año. ¿La recuerdan?… La cinta cuenta las peripecias de seis distintas parejas, conformadas por un ansioso taxista y su muy pudorosa esposa; un multimillonario industrial que vive un romance clandestino con una conocida modelo; un músico jubilado que mantiene una relación con su ingenua y provinciana criada; un ambicioso periodista con su intelectual compañera de trabajo; un gracioso ventrílocuo con una ninfómana maestra de escuela y una pareja de novios que desean perder la virginidad, quienes llegan a un hotel alojamiento de Buenos Aires llamado “La Cigarra” y terminarán viviendo la peor pesadilla de sus vidas al enterarse que un marinero francés que ha llegado allí más temprano con una prostituta llevando la peste bubónica al motel, debiendo permanecer todos ellos en cuarentena, durante dos meses, suscitándose toda clase de inconvenientes y embrollos a raíz de esta forzada convivencia. El filme fue muy comentado en un reparto multiestelar: Luis Sandrini, María Antinea, José Cibrián, Diana Ingro, Enrique Serrano, Teresa Blasco, Ángel Magaña, Mirtha Legrand, Narciso Ibáñez Menta, Malvina Pastorino, Elsa Daniel, Guillermo Bredeston, Amelia Bence, Olinda Bozán, entre otros. Realmente inolvidable.

“JUAN MOREIRA”, 1973

En 1973 el director Leonardo Favio presentaba su mejor película, “Juan Moreira”, producida por Juan Sires y protagonizada por Rodolfo Beban. Basada en la novela homónima escrita por Eduardo Gutiérrez. Fue estrenada el 24 de mayo de 1973, obteniendo el Cóndor de Plata a “Mejor película”. Considerada un clásico del cine, se lucían en los estelares además de Beban, Elcira Olivera Garcés, Edgardo Suárez, Eduardo Rudy, Alba Mujica y más. El filme se desarrolla con el arriero Juan Moreira, un gaucho bueno y trabajador que como tantos otros es objeto de abusos y humillaciones por parte de los poderosos. Las injusticias que se le cometen llevan a Moreira a ser considerado un “individuo malo” para las autoridades, siendo proscripto. Moreira se enfrenta a la Policía y su historia es difundida entre los paisanos y trabajadores, obteniendo así el respeto y la admiración del pueblo. Su prestigio lo convierte en una figura que primero es buscada por los partidos que van a elecciones, pero pronto se vuelve un comodín de guerra, el cual cambia de bando o es perseguido en el medio de las luchas entre los caudillos Bartolomé Mitre y Adolfo Alsina, durante la época de la llamada Revolución de 1874.

“EL MANOSANTA ESTÁ CARGADO”, 1987

En el terreno humorístico, nombramos “El manosanta está cargado”, del año 1987, por tratarse de una película para pasar el rato y entretenerse, con carcajadas por doquier. Se trató de una de las cintas más taquilleras en la historia del cine argentino, con la actuación de Alberto Olmedo, Javier Portales, Adriana Brodsky, Beatriz Salomón, Susana Romero, Silvia Pérez, Adrián “Facha” Martel, Divina Gloria, César Bertrand, y Vicente La Russa. La comedia se centra en Alberto Cappeletti -Olmedo- un inocente empleado de la empresa de cerrajería Álvarez, el cual, al perder el trabajo por no colocar una caja fuerte detrás de un cuadro sino debajo de un cuadro, decide ir a un manosanta con el objetivo de que le puedan mejorar su vida. Cuando concurre se desayuna que el llamado profesional engaña a la gente sacándole un buen dinero. Cappeletti, adivinando esta prosperidad comercial, decide hacerse pasar como manosanta brasileño, el clásico “Pai”. Por supuesto que faltaron a esta crónica muchos otros títulos célebres, que quedarán para el destaque en una próxima oportunidad. Más allá de la nostalgia.
juanjoalberti@hotmail.com







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