Mons. Mendiharat le dio la bienvenida

Antes de iniciarse la ceremonia en el Parque Mattos Netto, Mons. Marcelo Mendiharat, dio la bienvenida al Sumo Pontífice, que ya se encontraba  bajo el original quincho que cubría el altar. Estas fueron las palabras del entonces Obispo de la Diócesis de Salto:
“Te damos esta bienvenida de todo corazón, todos los que ves aquí reunidos, autoridades y pueblo cristiano. Lo hacemos frente y debajo del quincho que nos cobija, típica cobertura de las casas de nuestra gente humilde. Lo hacemos a la vista del hermoso río patrio, que nos da luz y energía, y podría proporcionar mucha vida.
Muchos han venido de lejos, de todos los rincones de la Diócesis de Salto, de la de Tacuarembó, y de las demás Diócesis del Uruguay, de la Argentina, del Brasil y del Paraguay, junto a tantos diocesanos salteños que buscan fuera de su tierra natal mejores condiciones de vida.
Santo Padre, todos nosotros, orientales, después de largos y duros años de dictadura, como bien sabes, luchamos por vivir en plenitud la democracia reconquistada.
Esta Iglesia diocesana, que ha compartido los sufrimientos de nuestro pueblo, padeciéndolos duramente en no pocos de sus miembros, quiere también contribuir en la construcción de una sociedad más justa y más fraterna. Es su voluntad decidida, no siempre bien comprendida y no pocas veces criticada, pero que está inscripta en la opción por los pobres y oprimidos.
Esto se enraíza en el legado que nos han dejado los que nos han precedido. Quiero tan solo recordar a los dos primeros pastores de esta joven diócesis: Mons. Camacho, primer Obispo, y Mons. Viola, que buscó toda su vida con incansable celo cumplir el lema: Me envió a evangelizar a los pobres.
Nos sigue preocupando, y ahora más que nunca, el creciente empobrecimiento de nuestro pueblo, con sus manifestaciones de falta  de vivienda digna, de salarios insuficientes, de alimentación y salud adecuados, de falta de trabajo, de mala distribución de la tierra, de pérdida de la noción de pecado y de valores morales.
Como Jesús, sentimos esto muy  hondamente y nos aflige,  y a su tiempo, hemos concordado que este es el desafío primero para nuestra pastoral. Santo Padre, recogiendo con amor tus propias palabras pronunciadas en Haití, cuando nos hablabas de la evangelización nueva, desde hace tres años nos esforzamos con nuevos bríos, en construir una Iglesia orante, servicial y fraterna.
Ejerciendo una corresponsabilidad efectiva, sacerdotes, religiosos, laicos consagrados y laicos, estamos actuando una nueva etapa a través de un plan de pastoral de conjunto adecuado a la realidad de nuestro litoral norte uruguayo, privilegiando las comunidades eclesiales de base, y  la pastoral social liberadora como respuesta al desafío planteado.

Antes de iniciarse la ceremonia en el Parque Mattos Netto, Mons. Marcelo Mendiharat, dio la bienvenida al Sumo Pontífice, que ya se encontraba  bajo el original quincho que cubría el altar. Estas fueron las palabras del entonces Obispo de la Diócesis de Salto:

“Te damos esta bienvenida de todo corazón, todos los que ves aquí reunidos, autoridades y pueblo cristiano. Lo hacemos frente y debajo del quincho que nos cobija, típica cobertura de las casas de nuestra gente humilde. Lo hacemos a la vista del hermoso río patrio, que nos da luz y energía, y podría proporcionar mucha vida.

Muchos han venido de lejos, de todos los rincones de la Diócesis de Salto, de la de Tacuarembó, y de las demás Diócesis del Uruguay, de la Argentina, del Brasil y del Paraguay, junto a tantos diocesanos salteños que buscan fuera de su tierra natal mejores condiciones de vida.

Santo Padre, todos nosotros, orientales, después de largos y duros años de dictadura, como bien sabes, luchamos por vivir en plenitud la democracia reconquistada.

Esta Iglesia diocesana, que ha compartido los sufrimientos de nuestro pueblo, padeciéndolos duramente en no pocos de sus miembros, quiere también contribuir en la construcción de una sociedad más justa y más fraterna. Es su voluntad decidida, no siempre bien comprendida y no pocas veces criticada, pero que está inscripta en la opción por los pobres y oprimidos.

Esto se enraíza en el legado que nos han dejado los que nos han precedido. Quiero tan solo recordar a los dos primeros pastores de esta joven diócesis: Mons. Camacho, primer Obispo, y Mons. Viola, que buscó toda su vida con incansable celo cumplir el lema: Me envió a evangelizar a los pobres.

Nos sigue preocupando, y ahora más que nunca, el creciente empobrecimiento de nuestro pueblo, con sus manifestaciones de falta  de vivienda digna, de salarios insuficientes, de alimentación y salud adecuados, de falta de trabajo, de mala distribución de la tierra, de pérdida de la noción de pecado y de valores morales.

Como Jesús, sentimos esto muy  hondamente y nos aflige,  y a su tiempo, hemos concordado que este es el desafío primero para nuestra pastoral. Santo Padre, recogiendo con amor tus propias palabras pronunciadas en Haití, cuando nos hablabas de la evangelización nueva, desde hace tres años nos esforzamos con nuevos bríos, en construir una Iglesia orante, servicial y fraterna.

Ejerciendo una corresponsabilidad efectiva, sacerdotes, religiosos, laicos consagrados y laicos, estamos actuando una nueva etapa a través de un plan de pastoral de conjunto adecuado a la realidad de nuestro litoral norte uruguayo, privilegiando las comunidades eclesiales de base, y  la pastoral social liberadora como respuesta al desafío planteado.

10 estandarte copy

Con muchos días de anticipación, y para crear el clima conveniente en la población, un grupo de personas distribuyó veinticinco posters gigantes de Juan Pablo II , para que fueran colocados visiblemente en puntos estratégicos de la ciudades de Melo, Florida, Salto y Montevideo, a modo de bienvenida.

Los comercios también se adhirieron, exponiendo en sus vidrieras, carteles alusivos y ofreciendo en venta estandartes con la figura del Pontífice.

Un grupo numeroso de personas, sobre todo de jóvenes entusiastas e impacientes por ver al Papa Juan Pab lo II, adelantaron sus presencias en el Parque Mattos Netto, y  sobreponiéndose al sueño y a la espera, aguardaron la llegada del día y del Visitante, con cantos y oraciones en la noche.

Un grupo numeroso de personas, sobre todo de jóvenes entusiastas e impacientes por ver al Papa Juan Pab lo II, adelantaron sus presencias en el Parque Mattos Netto, y sobreponiéndose al sueño y a la espera, aguardaron la llegada del día y del Visitante, con cantos y oraciones en la noche.







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