“Muchas veces el abuso y el maltrato en la vejez pasa desapercibido y hasta es avalado”, expresó

Mauricio Arreseigor, referente territorial del MIDES

En el marco del Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, celebrado el pasado sábado 15, EL PUEBLO dialogó con el licenciado Mauricio Arreseigor, referente territorial del Instituto Nacional de las Personas Mayores, perteneciente al Ministerio de Desarrollo Social.

Explicó que los abusos pueden clasificarse en distintos tipos, siendo los más frecuentes el psicológico, el sexual, el físico, el estructural y el patrimonial. “Estamos ante un flagelo y vejezfenómeno social que todavía en las personas mayores tiene un alto componente de ocultamiento, pasa desapercibido o, muchas veces, hasta es avalado”, se lamentó Arreseigor. Entre las diferentes formas de abuso y maltrato, el físico es el más visible y el psicológico el más difícil de detectar, aunque al decir del entrevistado “generalmente se conjugan varios maltratos al mismo tiempo; en la medida que se da uno, se van encadenando los otros”.
Arreseigor se refirió también a lo que llaman “micromaltrato”. Esto es, por ejemplo, “la sobreprotección; lo que se hace con el objetivo de protegerlas muchas veces se traduce en maltrato, como decirles permanentemente: no salgas, no hagas vos los mandados, no podés hacer esto o lo otro; esto puede hacer que se manifieste como maltrato al reducir su autonomía e independencia”.
Puede decirse que en este momento, en nuestro país, existe entre 6 % y 15 % de adultos mayores que sufren algún tipo de abuso y maltrato, casos que “en una gran mayoría son silenciados por haber un vínculo de confianza con quien ejerce el abuso, un hijo, un hermano…”. De las denuncias que se reciben, el 80 % son realizadas por mujeres y en la mayoría de ellas tienen que ver con la relación con los hijos.

El “abuso patrimonial”
En lo que sí predominan los hombres como víctimas de abuso es en lo que se denomina “abuso patrimonial”, porque por una cuestión cultural se asume que es el varón el que ha ido acumulando determinados bienes y ha tenido más sostenidamente acceso al trabajo.
Es quizás el abuso del que menos se habla y el que cuenta con menos amparo legal. Se trata del abuso que se ejerce hacia un anciano en casos, por ejemplo, como el de sacar a su nombre un préstamo para beneficio de otra u otras personas, abuso que en general se da por parte de familiares. Hay ancianos que acceden a la responsabilidad de un crédito sin tener plena conciencia de lo que están firmando. Pero el problema principal radica en que hay un vacío legal en ese sentido, es decir, el funcionario de un banco u otra institución financiera, no está amparado legalmente para negar un crédito aunque a simple vista perciba que quien lo solicita es un anciano que quizás no está en la plenitud de su razonamiento.
“Es una práctica que la estamos viendo habitualmente y es preocupante, a veces no parte de la mala intención pero termina siendo un maltrato”, reflexionó Arreseigor, y aunque reconoce que todos los casos son diferentes y puede haber préstamos que sean beneficiosos, agregó que: “el Estado debería buscar mecanismo de regulación, controlar que la solicitud del préstamo haya sido por voluntad propia y sepa las consecuencias, para eso tiene que haber entrevistas previas. A veces la persona es consciente pero está influenciada desde la casa, no desea hacerlo pero lo hace por cariño, por amor. Hoy el Estado no tiene un marco de protección en ese tema y es necesario tenerlo; es una situación que no puede esperar mucho”.
Sin embargo, dijo que no es un tema fácil: “porque no se puede limitar los préstamos, porque en definitiva son sus recursos y no se le puede negar… El problema es que la persona muchas veces queda con pocos recursos y no tiene cómo proteger su vida”.