Mujer en búsqueda afanosa por encontrar a su madre biológica

Mujer en búsqueda afanosa por encontrar a su madre biológica

“Mi anhelo es encontrarte, abrazarte y decirte: ¡gracias por darme la vida, mamá!”

Con Rossana González Vales. En una afanosa búsqueda, una mujer que desea encontrar a su progenitora…

Con un manojo de sueños apretados y mucha fe, se puede buscar a un ser amado con el corazón.

Aferrarse con todas sus fuerzas a la idea de que lo va a encontrar, para al fin conocerse, completar su vida y lograr ser feliz, es el sueño de Rossana.
Quien abocada a la búsqueda de su mamá biológica, presume que puede estar domiciliada en nuestro departamento o en el interior del mismo. Incluso del país.
Rossana tiene tres hijos y un nieto, que la apoyan en todo este transitar.
Una historia de vida, cargada de sentimiento, de coraje y valentía.
Cuando le preguntamos a Rossana: ¿Cómo llega a usted la noticia de que es hija por adopción?, esto nos respondía:
Cuando tenía 17 años.
Es mi abuela paterna que deja entrever de que yo no era hija de los padres que conocía como tales: Julio Héctor González Marabotto y María Elisa Vales Tajes.
¿Qué es lo primero que hace?
La noticia la tuve en febrero y recién lo pude hablar con mi abuela materna en el mes de mayo.
Quien me dijo: “no vayas a hablarlo con nadie. Tu papá lo tiene totalmente prohibido”. Además, con mucho cariño, me mencionó que mis padres adoptivos no podían tener hijos y que en aquella época, había una muchacha que iba a tener un bebé y allí se realizó la conexión con mi mamá.
No pude hablarlo con nadie por respeto a mi abuela y fue un secreto entre las dos.
Pasé seis años sin hablar, por temor a que mis padres se fueran a enterar, pero al fallecer mi abuela materna, se lo pregunté a mis padres.
Lo negaron en un principio, luego el abuelo coincidió con la abuela en decírmelo y me contaron solamente que se habían internado con mi madre biológica, para tomarme en adopción y que “ellos eran mis padres”. Que el caso estaba cerrado.
¿Cómo logró callar por tanto tiempo?
De ahí mi estado de salud.
Callé siempre, tal vez por vergüenza. Así pasaron años de mi vida. Pero hoy no quiero ocultar lo que tiene que salir a la luz. Por eso es que quiero decir todo lo que no pude decir antes.
¿Cuándo comienza su búsqueda por su mamá biológica?
El viernes 13 de abril de 2018, donde me contacto por fin con el hermano de mi padrino, quien a su vez me contacta con la exesposa de mi padrino.
Hablando con ella, me dice que mi nacimiento fue el 17 de diciembre de 1964 y que fue en calle General Flores y Lafinur, en Montevideo, casa de la Partera Amelia Mantero.
Esto es fundamental para cuando mi madre lo lea: que fue ese día y en ese lugar y se va a dar cuenta de que soy yo, que la estoy buscando.
¿Con qué datos cuenta para esta búsqueda?
Se que era muy jovencita cuando me dio a luz, con más o menos 16 o 18 años, (por eso pienso que debe de tener actualmente unos 72 años) y se fue a Montevideo a estudiar.
No estoy muy segura de que fuera Magisterio o Medicina, las carreras más frecuentes en esa época.
En Salto los colegios eran hasta 4º año, por eso es que manejamos esa edad.
¿Por qué piensa que puede estar en Salto?
Se quedaba aparentemente un par de días en la casa de esa Partera para luego volver a Salto.
Es lo único que sé.
¿Qué la llevó a buscarla?
Es por un tema de sanación.
Yo en 2015 tuve un problema de salud, que repercutió en todo mi organismo, con una infección generalizada, ya que a esto no lo podía hablar.
Sentía vergüenza y en una autocompasión, que no me permitía hablarlo con nadie.
Me angustiaba tanto que eso no podía salir, hasta que mi cuerpo dijo basta.
Allí fue cuando comencé un camino con una Psicóloga, llegando a la conclusión de que hay cosas en la vida que yo no lo pude digerir bien, provocándome ese mal físico.
¿Qué siente hoy?
Llegué a comprenderla, a sentir el amor de esa mujer.
Yo sé que ella me está buscando como yo y no sabe por dónde empezar. Tal vez, con los mismos miedos que la llevó en aquel momento a darme en adopción, pero siento de su parte una valentía, ya que si hubiese abortado, se terminaba la historia.
Ella tuvo la valentía de cargarme en su vientre por nueve meses, con miedos e inseguridades.
Yo viví cincuenta años con miedo, criando a mis hijos sola, ya que me había separado, sintiéndome siempre muy desvalorizada.
¿Qué le diría si tuviera la oportunidad?
A ella, que cargó con ese secreto y ya en el atardecer de su vida, decirle para que pueda retirarse en paz, que la he perdonado. Que me he perdonado a mí misma por tantos abandonos que yo me había provocado, pensando que ella me había abandonado.
Y que esté tranquila, que yo logré ser feliz.
¡Heredé de ella una valentía!
Y también decirle que si ella no pudo luchar por algo importante que era su hijita, yo sí soy fuerte, valiente y estoy luchando por lo que quiero, que es encontrar a mi madre.
“Solo anhelo encontrarte. No busco complicarte.
Siento que no me olvidaste y las dos necesitamos cerrar nuestras historias.
Anhelo encontrarte, abrazarte y decirte: ¡Gracias por darme la vida mamá!”
Mary Olivera







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