Obama opina que: Quien no crea que había que matar a Bin Laden, tiene que ir al psicólogo

6El presidente expresa en una entrevista su convencimiento sobre la necesidad de liquidar al terrorista. -EE UU sigue con dudas sobre Pakistán una semana después de la muerte del líder de Al Qaeda

Barack Obama, el presidente de Estados Unidos, opina que toda duda sobre la pertinencia del ajusticiamiento de Osama Bin Laden es merecedora de una visita al psicólogo. “Cualquiera que se pregunte si el autor de semejantes crímenes en suelo americano no se merecía acabar como acabó necesita que le miren la cabeza”, declaró el mandatario en la cadena CBS en su primera entrevista tras la muerte del líder de Al Qaeda hace una semana de un disparo en la cabeza.

Obama insistió en el éxito que representó la operación y descalificó la posibilidad de capturar vivo al terrorista. La línea argumental del presidente fue que “se hizo justicia” y Bin Laden se llevó lo que merecía. “Todo el proceso me hizo estar muy nervioso, pero lo único que no me hizo perder el sueño fue la posibilidad de tener que eliminar a Bin Laden”, dijo.

El presidente también reconoció que, de no haber dado con Bin Laden, “la operación hubiera tenido significativas consecuencias” y cifró la “evidencia al momento de aprobarla en un 55%”.

Apoyo a la decisión de Obama

Otras voces llamaron a pasar página y dejar atrás la polémica en torno a la legalidad de la operación militar. “Creo que los SEAL (el comando de elite la Marina) hizo exactamente lo que tenía que hacer. Debemos callarnos y dejar de darle vueltas a lo que ocurrió en ese edificio”, dijo John Kerry, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y candidato presidencial demócrata en 2004.

Los líderes estadounidenses no expresan en público ninguna duda sobre la intención de la operación, pero sí muchas sobre el compromiso de Pakistán en la persecución de Bin Laden. Obama, ha solicitado a Islamabad que realice una “investigación”. “Creemos que tuvo que haber algún tipo de red de apoyo a Bin Laden dentro de Pakistán”, dijo en la misma entrevista.

“No sabemos si pueden haber sido algunas personas dentro del Gobierno, o fuera del Gobierno. Y eso es algo que tenemos que investigar y, más especialmente, que el Gobierno paquistaní debe investigar”, añadió.

Las declaraciones del presidente ahondan en la preocupación expresada por altos funcionarios de Washington sobre la posibilidad de que Pakistán conociese que Bin Laden se escondía en una residencia en Abbottabad, una localidad apenas a 50 kilómetros al norte de la capital paquistaní.

El consejero de Seguridad Nacional, Tom Donilon, dijo durante una entrevista en el canal de televisión ABC que “hasta la fecha no hay evidencia política o militar de que Pakistán conociera que Bin Laden estaba en su territorio”. Sin embargo, añadió que hay que reconocer que “el hecho es que Osama Bin Laden estaba escondido a apenas 50 kilómetros de la capital paquistaní en una localidad que se considera eminentemente militar”. Por ello, Donilon subrayó la necesidad de una “investigación a fondo”, mencionando la posibilidad de interrogar a las viudas de Bin Laden con la intención de averiguar si algún alto cargo paquistaní estaba contribuyendo a ocultar al terrorista.

Algunos congresistas de EE UU han recomendado suspender la importante ayuda militar que recibe Pakistán por parte de EE.UU. para luchar contra el terrorismo hasta que se aclare si existía conocimiento por parte de las autoridades de Islamabad del paradero del terrorista más buscado del mundo.

El senador republicano por Indiana Richard Lugar afirmó que le parece “lógico que si Osama Bin Laden llevaba en esa casa seis años, con un grupo de gente conectada con los militares, entonces un montón de gente en Pakistán conocería su paradero”. No obstante, se mostró en contra de cancelar la ayuda militar a Pakistán por ser “un país fundamental” en la lucha contra el terrorismo.

El embajador de Pakistán en EE. UU. Husein Haqqani, rechazó estas acusaciones y aseguró que su país ya ha iniciado una investigación. “Caerán cabezas una vez que la investigación haya sido completada. La investigación está en marcha y no mostraremos ninguna tolerancia si se descubre complicidad”, dijo en una entrevista también en ABC.

Tensas relaciones diplomáticas

Las relaciones entre ambas naciones, que en público se califican de “socios y aliados”, han vuelto a tensarse tras la operación del pasado domingo, en la que un comando de elite de EE UU entró en territorio paquistaní para eliminar al líder de Al Qaeda.

Washington solo avisó a Islamabad una vez que la operación hubo culminado y los soldados de EE UU estaban de regreso en la base de Afganistán desde la que se lanzó el ataque. Donilon explicó ayer que se tomó esta decisión “no por una cuestión de confianza en las autoridades paquistaníes” sino para “proteger la seguridad de la operación”. Como respuesta, el Gobierno y la cúpula militar paquistaní advirtieron el jueves de que la operación de EE UU podría constituir una violación de la soberanía del país y remarcaron que, de repetirse una acción similar, Islamabad revisaría la cooperación militar con Washington.

Vídeos difundidos por el Pentágono

Bin Laden, o la vanidad del mal    

Además de valiosa información sobre el funcionamiento de Al Qaeda y los planes de futuros ataques terroristas, el material incautado en la residencia de Bin Laden supone un curioso testimonio sobre la psicología del líder de Al Qaeda, el terrorista más legendario de las últimas décadas, sostienen versiones procedentes de los Estados Unidos.

Los vídeos hechos públicos el sábado por el Pentágono ofrecen una imagen de Bin Laden como un anciano obsesionado con su imagen pública, un retrato bien diferente al del joven líder carismático que lanzaba mensajes desafiantes a Occidente con un rifle Kalashnikov a su lado en las grabaciones de hace una década.

En uno de los vídeos, quizás el que posee un poder más desmitificador, un Bin Laden de barba canosa aparece viendo una grabación tras otra de sus mensajes al mundo. Envuelto en una sábana, y con una gorra en la cabeza, el líder de Al Qaeda sostiene un mando a distancia, va cambiando de canal continuamente, y se balancea mientras mira sus propias imágenes comentadas por varios canales de televisión.

Si bien es cierto que el vídeo supone sólo una mirada fugaz y parcial sobre la vida que el célebre terrorista llevaba en su escondite de Pakistán, su contenido sugiere una conclusión no muy diferente a la del libro ‘Eichman a Jerusalén’ de Hanna Arendt, dedicado a explorar la psicología del jerarca nazi Adolf Eichmann.

El subtítulo del libro, la banalidad del mal, reflejaba una de las ideas principales de la obra: la naturaleza totalmente ordinaria del carácter del criminal de guerra, lo que contradecía la extendida creencia que los criminales nazis eran unos psicópatas.

En este sentido, la carga de vanidad que refleja la actitud Bin Laden, su preocupación por su imagen y su regodeo ante su propia fama, no pueden ser más cotidianas, y por tanto, más lejanas del mito.

Otro de los cuatro vídeos aireados por el Pentágono muestra a Bin Laden preparando un discurso dirigido al pueblo de EEUU. A diferencia del vídeo anterior, y también del momento en el que fue abatido, la barba del terrorista es bien negra, lo que significa que se la teñía para realizar sus mensajes con la finalidad de parecer más joven.

Aunque el Pentágono ha retirado el sonido en las grabaciones hechas públicas, fuentes de la administración Obama han filtrado a la prensa estadounidense que una de ellas contenía un mensaje de condena a EEUU y al capitalismo global. En él, Bin Laden aparece vestido con una elegante túnica blanca y dorada y un sombrero tradicional de color blanco, y parece varios años más joven.

La publicación de estos cinco vídeos por parte de la Casa Blanca tiene dos objetivos. En primer lugar, proporcionar pruebas de que la persona ejecutada en la mansión de Abottabad era Bin Laden, un hecho puesto en duda en algunas páginas webs islamistas ante la negativa del gobierno estadounidense de mostrar foto alguna del cadáver de Bin Laden.

Además, su publicación pretendería también ayudar a desmitificar la figura de Bin Laden, ante el riesgo de que su muerte acabe magnificando su leyenda entre un sector del mundo musulmán.