Pansexualidad: ¿una categoría disidente?

La “pansexualidad”, en los últimos tiempos, es un término que se menciona en varios ámbitos, cada vez con más frecuencia, especialmente en aquellos vinculados a temáticas dentro del campo/sistema sexo-género y temáticas LGBTIQ. Sin embargo, en su delimitación conceptual, aún quedan dudas y confusiones. ¿Es una categoría más, dentro del campo LGBTIQ? ¿Podría considerarse una categoría disidente? ¿Es una forma de bisexualidad, si es que podría catalogarse de esa manera? En las siguientes líneas, pretendo realizar el planteo de algunas ideas que podrían resultar esclarecedoras, a sabiendas de la imposibilidad de agotar las perspectivas y enfoques al respecto.pansexualidad
De acuerdo a lo que plantea el Psicólogo español Juan Macías, la pansexualidad es un concepto que comporta tres rasgos desde su definición: es un concepto “joven”, es “poco definido” y es “utilizado con cierta negligencia”. La pansexualidad, a la que este profesional le denomina también “omnisexualidad” y “polisexualidad”, se conceptualizaría como la “atracción estética, romántica y/o sexual por otras personas independientemente del sexo y género de las mismas”. Por lo tanto, podría decirse que las personas pansexuales son quienes se sienten atraídas por otras dejando de lado la consideración del sistema sexo/género al cual pertenecen y poniendo su atención, principalmente, en cómo son esas otras personas “interiormente” (ya sea en cuanto a sus sentimientos, su forma de ser, de comportarse, o de relacionarse con su entorno social). Por otra parte, Raúl Romero (2016) coincide al respecto, afirmando que “la pansexualidad es un término reciente” al que se recurre para comprender la existencia de atracción entre individuos que no basan sus preferencias en el sexo biológico, roles de género u orientación sexual, sino que las preferencias sexuales se dan por las personas sin importar su condición biológica, identidad sexual o las orientaciones/atracciones que tenga. Esto implica definir a la pansexualidad como “una orientación que contempla una visión más amplia sobre el ser humano y su sexualidad”. Y además agrega que: “Las preferencias en la pansexualidad se dan por seres humanos, por el simple hecho de ser seres humanos”. Dentro de la categoría “pansexualidad”, queda establecido entonces que la atracción entre las personas va más allá de la esfera de lo sexual, arraigada a lo biológico, ya que comporta también la apertura a una vida sentimental y emocional que se deslinda de las construcciones sociales sobre el sistema sexo-genérico. De acuerdo a Triglia (2009): “Alguien pansexual no tiene en cuenta ni el sexo de un sujeto ni la manera en la que su comportamiento se amolda más o menos a uno u otro género. Simplemente, siente atracción por las personas”.
El término “pansexual” comienza a ser estudiado en la posmodernidad, a partir de la concepción de “ser humano” y de su faceta afectivo-sexual. Macías, en uno de sus estudios, se centra en plantear algunas nociones sobre este asunto. En cuanto al detalle de varias premisas que plantea, me interesa destacar algunas. En primer lugar, este autor sostiene que la posmodernidad es “antidualista”, en tanto defiende las perspectivas de pensamiento que quedan fuera de un planteamiento polar o dicotómico (por ejemplo: bueno/malo, hombre/mujer, amor/sexo) valorando y promoviendo así el pluralismo y la diversidad. En segundo lugar, es “irrespetuosa” (término con carga irónica): “Los textos históricos y las huellas de otras épocas, según el post modernismo, no son una herencia descriptiva de la realidad, ni una “prueba”, sino un producto elaborado y sesgado por los grupos en el poder”. En tercer lugar, la era postmoderna “pone atención en cómo el lenguaje condiciona nuestro pensamiento y nuestras emociones”, en tanto, “el lenguaje y la realidad interaccionan, nuestra forma de pensar crea palabras y nuestro lenguaje afecta en cómo nos relacionamos con la realidad”. Finalmente, menciona al “relativismo” que impulsa esta era postmoderna, en tanto “defiende que no existen las verdades absolutas, que accedemos a la realidad con limitaciones y que la verdad es relativa”. Es a partir de estas premisas que surge, entonces, la “necesidad” de crear una nueva palabra y una nueva “realidad”: la “pansexualidad”. La idea de la pansexualidad es “tremendamente transgresora”, desde la concepción de este autor, ya que se rompe el paradigma clásico de hombre/mujer (sexo y género) y se anula la dicotomía implícita en la orientación sexual. Sostiene que: “Lo transgresor de este concepto es que por primera vez la orientación “sexual” no pone el énfasis en lo “sexual” (hombre/mujer-masculino/femenino), se atreve a defender que el deseo, el enamoramiento, la admiración estética y romántica, suceden con independencia del sexo/género. En la polaridad sexo versus amor, por primera vez se plantea una orientación sexual, que no es sexual, sino afectiva”. La pansexualidad, en tal sentido, desafía una herencia que en muchos aspectos es provocada y promovida por el sistema familiar del cual somos parte (a nivel micro) y de la sociedad (a nivel macro). En esta misma línea, Macías también afirma que la pansexualidad es un concepto que debe seguir utilizándose y difundiéndose, ya que “abre una puerta, que nos brinda la posibilidad de liberarnos de la dictadura sexista para nombrar, vivir, entender, expresar, sentir y pensar acerca de nuestro encuentro íntimo con otras personas”.
Por otra parte, de acuerdo a los aportes teóricos y comentarios en auge sobre el tema, hay quienes sostienen que no habría diferencias entre la condición “pansexual” y “bisexual”. Sin embargo, Romero, Macías y Triglia plantean sus propias ideas al respecto, manifestando que las diferencias entre una y otra categoría sí existen y son notorias. La bisexualidad podría considerarse una orientación del deseo erótico, sexual, afectivo y emocional hacia individuos de ambos sexos; la pansexualidad se distingue de ella porque mientras en la bisexualidad existe la preferencia o atracción por un género u otro, contempla todavía la “carga” de lo biológico o de lo social. En este sentido, la pansexualidad y la bisexualidad son orientaciones parecidas, en tanto “cuestionan” la dicotomía hombre/mujer y su relación con la atracción afectivo-sexual, pero existen algunos matices que las mantienen separadas, como ya se ha planteado. De acuerdo a Triglia, una persona bisexual es entonces “alguien que puede sentirse atraído por personas de los dos sexos. Sin embargo, las personas bisexuales definen el sexo de las personas asociando a éste una carga de género: las mujeres son femeninas y los hombres masculinos. Es importante tener en cuenta esto porque, a pesar de sentir atracción por los dos sexos puede poner en duda el valor de este criterio, los bisexuales siguen reconociendo la existencia del género asociado al sexo como algo importante”. De este modo, se podría llegar a la conclusión de lo indudable que resulta la consideración de la “pansexualidad” como una categoría diferente a otras, con las cuales se vincula, claro está, pero de las cuales también hay que separar por sus particularidades. Sobre la pansexualidad, dada la búsqueda y revisión bibliográfica académica, no se ha teorizado aún en gran medida, quizás debido a su reciente aplicación como categoría discursiva. Vivimos en un mundo en el que el campo del sistema sexo-género resulta cada vez más diverso e “invisibilizadas” muchas de las identidades que lo conforman. Afortunadamente cada vez más “personas” están siendo reconocidas como las “personas” que son, con las particularidades que hacen a sus construcciones identitarias y no vistas desde paradigmas biologicistas y médico-hegemónicos propios de la modernidad.
ALEJANDRO PIGNATARO – Lic. en Psicología – Prof. de Literatura.