“Papá nos dejó como herencia, a algunos el carácter, muchos valores y consejos, pero uno en especial, decía muy responsablemente: “Todo lo que decidan hacer, háganlo bien” Con sus hijas Ana Gabriela y Ana Claudia

Pelusa su esposa trabajando en la pizería.

Pelusa su esposa trabajando en la pizzería

Néstor, hijo de conocidos pizeros, era salteño igual que sus raíces.
Y la vida, también a él le brindó la oportunidad de lucirse con su tarea en la elaboración de pizzas, saladitos y masas dulces, en distintos departamentos de Uruguay, así como en la Argentina.

En su camino laboral por el mismo rumbo, consiguió la sorprendente experiencia que le marcó la diferencia: haber comenzado desde muy pequeño aprendiendo junto a su padre y pasado el tiempo, al instalarse por su cuenta, conquistar el apoyo de toda su familia para trabajar con él.
Se casó muy joven con Ana Teresa Rognoni, más conocida como “Pelusa Abarno”, compartiendo juntos y felizmente, más de treinta años de sus vidas, siendo ella su sostén y compañera en todo.
Nacieron en este hogar cuatro hijos: Ana Claudia, Fabricio, Ana Inés y Ana Gabriela.
Contó Néstor con la dicha, de conocer a todos sus nietos, siendo ellos: Macarena, Florencia (ausente, partió al cielo con cuatro añitos), Julieta, Camila, Mateo, Octavio, Juan Francisco, Ana Clara y Facundo.
También, la de conformar una hermosa y unida familia, junto a su destacado trabajo, que para él, no solo era algo sagrado, sino que sabía y amaba lo que hacía.
Al convocar Diario El Pueblo a los hijos de Néstor, para realizar esta entrevista, fueron Ana Gabriela y Ana Claudia las que gustosas accedieron contando anécdotas vividas junto a sus padres y hermanos Fabrico y Ana Inés.
De esta forma comenzamos recordando a su papá:
-Ana Gabriela: Los recuerdos que tengo desde muy pequeña de papá, es que era un loco trabajando.
Ponía todo y lo mejor de sí, para que todo saliera bien.
Trabajaba en la Panadería Artigas, en La Americana y en casa. Pero también trabajaba en Concordia en una confitería, sabía mucho sobre este rubro. Yendo y viniendo todos los días.
-Ana Claudia: Por lo que cuentan nuestras tías, papá trabajó desde muy pequeño con el abuelo, ya que no le gustaba estudiar.
Néstor rodeado de nietos.Al encontrarse su padre con este problemita, decidió enseñarle pizzería y confitería para que comenzara a trabajar con él.
Fue haciéndose hombre y acumulando experiencia, deseoso de encontrar su camino para desenvolverse.
Al casarse con mamá, todo fue más fácil, porque ella puso mucho de su parte para que todo saliera como lo habían pensado. Eran muy compañeros.
Cuentan que cuando yo nací, era la época en que él viajaba a Montevideo a trabajar y volvía. Así también lo hacía en casa y en otras panaderías de Salto, Bella Unión y Montevideo.
¿Cómo era su carácter?
-Gabriela: Yo por ser la más chica, era muy compañera y compinche de él.
Pero cuando estaba trabajando, no nos permitía acercarnos, era muy responsable, se ponía muy enérgico cuando deseaba hacerlo y sin querer lo molestábamos.
Yo era bastante mal enseñada, el estaba trabajando y yo entraba a la cuadra, le gritaba un poco, lo peleaba en broma, diciéndole cosas para lograr enojarlo y me iba. Pero era la única que lo hacía.
-Ana Claudia: Sí, era muy responsable y no le gustaba ni que lo hablaran cuando trabajaba, porque todo tenía que salir perfecto, pero era un gran compañero.
¿Cómo era su vida social?
-Ana Claudia: Solía concurrir asiduamente al Club Rodwin.
Tenía muchos amigos y era muy apreciado allí. Tal es así que existe una barbacoa en este lugar que en su honor, lleva su nombre.
-Ana Gabriela: Siento que fue tan apreciado, porque cuando circuló por lugares de Salto y la gente no me conoce, me dice: “¿Sos hija de Cacho Abarno?”, y eso me llena de orgullo.
De saberlo tan responsable, apreciado y buena gente.
¿Dónde se instalan sus padres con su primer negocio?
-Ana Gabriela: Fue en Joaquín Suárez y Brasil.

Se llamaba “Pizzería y Repostería Abarno”. Recuerdo que papá era un genio elaborando masas saladas, entre otras cosas.
Entraban en un kilo, sesenta masitas, porque las hacía delicadamente finas y con un relleno exacto. Con una masa muy finita y era todo muy original, sabroso y delicado.
Lo mismo pasaba con lo dulce, todo muy fino.
Dentro de su trabajo, había mucho para que el público pudiera optar, por ejemplo era muy popular en esa época, DSCF5499saborear el “salchipán”.
Se trataba de estirar una masa como para torta frita, redonda y dentro llevaba una salchicha, mucho más grande que la que estamos acostumbrados a ver, ya no la fabrican de ese tamaño.
Se la pasaba por un hervor, se la ponía arriba de la masa y luego se unían los bordes arriba. Quedaba como una empanada pero en forma recta.
Se vendía muchísimo esta factura.
-Ana Claudia: Se realizaba mucha repostería también, con tortas y elaboración dulce para cumpleaños y casamientos.
-Ana Gabriela: Sin ánimo de desmerecer a nadie, no sé si alguien, elaborará como lo hacía papá. Incluso los productos no son los mismos. Viene ahora todo enlatado, envasado, antes, se elaboraban los dulces, jaleas y demás en la misma Pizzería.
Estos sistemas nuevos de elaboración traen muchos conservantes y aditivos, que antes no se veían y quedaban las pizzas y masas mucho más ricas.
¿Tienen alguna anécdota para compartir?
-Ana Gabriela: se trabajaba mucho con Cibarán, los liceos, entre otros.
Me correspondía a mí, luego de que llegara Fabricio de Cibarán a muy tempranas horas, la distribución en los liceos y demás.
Tenía que hacerlo todo muy rápido porque la hora corría y no me podía entretener. ¡Pero fue tan lindo!, ¡guardo muy gratos recuerdos de ello!
-Ana Claudia: A mí, muy poco me veía el público. Yo trabajaba por la noche y durante las horas del día no me encontraba en la pizzería.
¿Con qué disfrutaba su padre?
-Ana Gabriela: ¡Trabajando!!
A veces se iba al monte con algunos amigos y si no estaba con nosotros, se lo encontraba en el Rodwin.
¿Cuándo fallece?
El 21 de marzo de 2015, con 74 años de edad.
¿Qué les faltó hacer con papá?
-Ana Gabriela: Creo firmemente que nada.
Yo lo disfruté mucho, siendo además la compinche de salir en alguna escapada con él, si no era con mis hermanos y manteníamos nuestros secretitos. Éramos muy unidos y fue muy lindo divertirme con él.
Tengo muy lindos recuerdos y aunque a veces tenía un carácter fuerte, yo lo entendía, siempre nos llevamos muy bien.
Tratando todos de ayudarlo a sobrellevar el fallecimiento de mamá de hace ya veinte años, que él no podía superar. Mamá le hizo mucha falta.
-Ana Claudia: Compartimos mucho con papá.
Aún él, con su dificultad a raíz de su enfermedad, nunca bajó los brazos, siempre quería trabajar, hasta último momento.
Incluso el mismo médico se lo recomendó, y el sin hacerse esperar se levantó de la cama y se puso a trabajar.
Lo que me hubiese quedado por hacer, hubiese sido aprender a fabricar en repostería fondant. Y él, aún con lo mal que se sentía un día, me dijo: “vení mija, que te voy a enseñar bien tranquilos a hacer el fondant, paso por paso” y así fue.
¿Quiénes siguen hoy sus pasos en la elaboración?
-Ana Gabriela: Estamos algunos de los hermanos y mi esposo que es mi gran apoyo.
Aunque lo hacemos con el mismo sistema de papá, quisiéramos nosotros poder hacerlo con las mismas energías y haciéndolo todo perfecto como a él le gustaba.
Pero debemos destacar que amamos lo que hacemos.
¿Cómo lo definen?
-Ana Claudia: Como un incansable ser humano que supo lucharla hasta sus últimos momentos.
Además, me gustaría agregar, que tengo que agradecerle el gran apoyo que supo brindarnos para que nos sintiéramos bien. Siempre nos decía, “traten de estar unidos”.
Papá era alguien que no le gustaba escuchar hablar mal a un hijo del otro. Siempre poniendo por sobre todas las cosas la humildad, cuando surgía algún problema, para que nos entendiéramos. ¡Fue un gran padre!
-Ana Gabriela: ¡Un gran trabajador! Un mejor padre aún y sin lugar a dudas, un inseparable compañero de mamá.
Le preguntamos a su nietita Julieta de casi cuatro años, qué recuerdos guardaba sobre el abuelo “cacho” y nos respondió:
“Recuerdo que siempre nos causaba risa, de que se dormía y tenía la costumbre de quedar con la boca abierta dormido, nos reíamos mucho mirándolo, luego el se reía de nosotros.
Además, una vez, estaba con el circuito puesto, teníamos un miedo a que se mueva rápido y se le salga. Se lo decíamos y él se reía. Era lindo estar con el abuelo”.







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