Para agarrarse “Mil de Fiebre”

La primera novela del periodista y escritor salteño Juan Andrés Ferreira
Hackenbruch, se presentó ayer en el Salón Dorado de la Intendencia de Montevideo

Juan Andrés Ferreira tiene 40 años de edad y en su olfato todavía está el olor al pasto recién cortado del fondo de la casa en la que transcurrió su infancia, ubicada en pleno barrio Cerro de Salto. Pero cuando ciera los ojos ve su cara roja y siente la felicidad que le causaba correr por los canteros de la Plaza Flores jugando a la pelota, piensa y llega a sentir las gotas de transpiración que corrían por su mejilla después de aquella final del mundo que se jugaba entre gurises en uno de los espacios públicos más Juan Andrés Ferreira. Crédito de foto Luciano Dogliotticoncurridos de nuestra ciudad. Es hijo del arquitecto Juan Carlos Ferreira (docente y escritor, excandidato del FA en las elecciones del 2000 a la Intendencia) y de la abogada Blanca Hackenbruch, exdocente de Derecho Financiero en la Regional Norte.
El recuerdo es incesante y la presencia se siente, por eso no titubea y evoca a su hermano Juan Francisco y por supuesto a Juan Enrique. Bien podrían llamarse los Juanes, porque su unidad como hermanos, más allá de la presencia física de uno u otro, se traduce en sus primeros nombres.
Juan Andrés que fue a la Escuela 5 y al Liceo Piloto, es periodista y ha pasado por varios medios, El País, El Observador, y desde hace varios años la Revista Galería y la sección Cultura del semanario Búsqueda imprimen sus crónicas.
Aunque él aclara que no estudió periodismo, sino Producción Audiovisual en la ORT en Montevideo. Porque añade que le interesaban el cine y la escritura. A través de la crítica de cine, dice, “pensé que podía integrar ambos intereses de una manera más o menos digna”.
Pero intrínsecamente inquieto, vuela con su cabeza del presente al pasado en un instante y narra una realidad paralela como si la misma estuviera pasando delante de sus ojos en un segundo. Ahora, le puso fin a un ciclo de cuatro años, casi un mundial. Y terminó Mil de Fiebre que ayer mismo se presentó en el Salón Dorado de la Intendencia de Montevideo. Una novela que todos recomiendan y en la que Salto está más presente que nunca.
Hay que leerla. Pero antes EL PUEBLO dialogó con Juan Andrés Ferreira Hackenbruch, para contarnos porqué hay que hacerlo.
-Esta es su primera novela ¿por qué se decidió a escribirla ahora?
Se publicó ahora, pero en realidad la escribí hace casi cinco años. Escribirla me llevó más o menos unos cuatro años.
-¿Qué quiso transmitir con Mil de Fiebre?
Quise trabajar la idea de lo que sucede en la vida cuando se presenta la oportunidad de volver a tirar los dados. Eso fue lo principal. Luego aparecieron otros temas, a partir de los personajes y sus circunstancias, y no al revés. De repente me encontré escribiendo situaciones o acciones que involucraban asuntos relacionados con las clínicas psiquiátricas, la farmacología, la automedicación y la enfermiza obsesión con la salud, temas como la vida en el interior del país, los vínculos interpersonales en universos cerrados, lo difícil que puede ser a veces encontrarle sentido a lo que le sucede a uno, encontrarle sentido a experiencias que mueven los cimientos. Me interesaba explorar también la mente de personajes que podría definir como pensadores compulsivos, personajes que están enjaulados en sus pensamientos. En general, la gran mayoría de esos pensamientos son laberintos: versan sobre ellos mismos y sobre lo que piensan que los demás piensan sobre ellos.
¿Cree que el libro sigue vigente pese al avance del e-book y el resto de las plataformas digitales?
Sí. De hecho, Mil de fiebre fue concebida para que funcione mejor en papel que en cualquier otro formato. Es una novela física.
¿Qué recuerdos tiene de su infancia?
Muchos y de lo más variados. Tengo muchos recuerdos olfativos. La mayoría proviene de la casa donde viví durante años. Y, la verdad, se me hace criminalmente difícil definir o sintetizar con unas pocas palabras. El olor del pasto recién cortado del patio de casa, el olor de la cocina, el de los bizcochuelos que hacían mi abuela y mi madrina, el del pan de banana que hacía mi madre. Más allá de lo olfativo, tengo hermosos recuerdos de mi infancia, de la Escuela 5 (del Cerro), de los partidos de fútbol en uno de los canteros de la Plaza Flores. De chico, un gran momento del día estaba signado por el momento en el que escuchaba el silbido de mi abuelo, que todos los días pasaba a visitarnos. Podría seguir la eternidad y un día evocando episodios de la infancia, así que mejor dejo por acá.
¿Qué o quién los inspira o lo inspiró a escribir?
Más que inspiración, en el caso de Mil de fiebre creo que hablaría de necesidad, de una necesidad urgente, un deseo, de hacerlo. Trabajo en periodismo escrito desde hace 20 años y creo que necesitaba escribir algo por fuera de eso, necesitaba escribir ficción, que es donde me siento más a gusto.
¿El periodismo escrito tiene futuro?, y ¿la prensa papel?
No tengo idea. Lo único constante es el cambio. Y el mundo está cambiando de una manera tan acelerada que uno ni siquiera puede aventurar cómo será el futuro de casi cualquier cosa dentro de un par de décadas. Creo que la prensa forma parte de otras plataformas: un diario no es solo un ejemplar en papel, también está conectado a las redes, a una página web, a una aplicación, a un canal de YouTube o de Soundcloud.
¿Salto está presente en sus trabajos?
Sí. Es una visión particular, distorsionada de Salto, pero está. Buena parte de Mil de fiebre, de hecho, transcurre en Salto, en ese Salto, el distorsionado por la memoria y la ficción.
-¿Qué interpreta Mil de Fiebre de todo lo que es usted como persona?
Creo que es lo mejor que hice en mi vida. No creo que pueda hacer algo mejor. Estoy orgulloso y feliz de haber podido publicar algo que demandó mucho trabajo pero que hice con amor.
Entrevista de Hugo Lemos