Pelayo Díaz: un salteño multifacético que nos representó ante el mundo

Nota de: Adrián Báez

Nos recibió en su Casa Quinta a orillas del Río Uruguay, en un típico atardecer del verano salteño, con la sencillez y la hospitalidad digna de un uruguayo. Luego de caminar unos metros por el jardín que permite el acceso a la residencia, ingresamos al living de la misma, repleto de fotografías, cuadros, estatuas, reliquias históricas y un hermoso Pabellón Nacional, poco usual de ser visto; es que nos encontrábamos en el hogar de un compatriota fuera de lo común, un hombre comprometido con la cultura, que proviene de las más altas esferas de la diplomacia; un salteño multifacético que nos representó ante el mundo.
¿Cuál es el origen de Pelayo Díaz, y cuándo surge la vocación diplomática?
Pelayo Díaz es un salteño, con muchas generaciones atrás, que honran la presencia de mi familia en este medio. Yo me formé en Salto, fui a la misma escuela a la que fueron mi abuelo paterno, mi tío y mi padre, o sea tres generaciones, a la Escuela Nº 1 de López; de allí pasé al IPOLL, y luego comencé los cursos universitarios en notariado, pero cuando 18 1 16 070me enfrenté en Montevideo con la práctica notarial, me di cuenta que era un tema que no me interesaba, no me gustaba y descubrí unos cursos de Doctorado en Diplomacia, así se llamaban entonces, lo que luego se transformó en la Licenciatura en Relaciones Internacionales, y empecé a estudiar.
Me llevó la vocación por el Derecho Internacional y el Diplomático, pero sin mucha esperanza, porque el acceso al Ministerio de Relaciones Exteriores en aquella época, era sólo por designación directa del Poder Ejecutivo, y yo no tenía el apoyo como para conseguir una designación de esas.
Pero pasaron los años y en 1975 se convocó al primer concurso; ahí entramos más de 30 funcionarios, muchos de los cuales llegamos al retiro, pero algunos continúan en actividad, como es el caso de Elbio Roselli que en estos momentos dirige la Misión Uruguaya ante el Consejo de Seguridad de la ONU.
Antes trabajé por 11 años en el Poder Judicial, siempre en un Juzgado de Instrucción, tomando declaraciones; el último año, me trasladaron a la Corte.
¿Cuáles fueron los destinos en los que le tocó desempeñarse?
Al principio estuve dos años en el Ministerio (RR.EE); por la política de rotación, pasando por distintas Direcciones.
Mi primer destino fue París, a la Unesco y a la Embajada, entré como quien dice, por la puerta grande; de allí, luego de cinco años, regresé al Uruguay, por dos años y luego me enviaron a Chile, al final de la dictadura de Pinochet. En 1990, cuando asume el Presidente Lacalle, el Canciller Dr. Gross Espiell, me invitó a regresar, para ser Jefe de su Gabinete, lo que fui por el plazo de un año; luego me nombraron Director General de Asuntos Culturales, obteniendo enseguida el rango de Embajador, siendo en ese momento Ministro Consejero.
Luego me asignaron mi primera misión como Embajador en Hungría. Llegué en un momento muy fascinante, en 1992, recién había caído la dictadura del régimen comunista; pero fue una etapa difícil de asegurar la presencia de Uruguay y Latinoamérica en Hungría, porque su principal preocupación, era reinsertarse en Europa, política y económicamente, pues al haber participado del Pacto de Varsovia, había estado al margen del proceso de integración. Además, tuve el honor de ser el primer embajador uruguayo en Croacia. Uruguay, junto con Brasil, Argentina y Chile, fueron luego de Alemania y del Vaticano, los primeros países que reconocieron a Croacia. Se vivían momentos complicados; parte del territorio estaba ocupado por los serbios en la frontera con Hungría y toda la parte de la franja costera, era donde existía el grueso de los combates; por lo tanto, se podía recorrer solamente los lugares estipulados.
Regresé y estuve trabajando en la Dirección de Asuntos Políticos, y luego como Sub Director de Asuntos Económicos. Y allí, unos le llaman la sal, para mí fue la providencia, porque soy un hombre creyente; tuve que ir a hacer una suplencia como Encargado de Negocios en China, porque el Embajador se encontraba operado del corazón y estaba en Montevideo e iba a visitar el país el entonces vicepresidente Hugo Batalla y se necesitaba un representante de mayor rango. Estudié los archivos, especialmente los temas económicos-comerciales que al Uruguay le interesaban y que estaban pendientes con China, logrando trabajar muy bien con el sector exportador. Volví en cuatro oportunidades más, a tratar asuntos vinculados con el comercio.
De China fui a Egipto, lo cual era todo un desafío importante. Estuve un año y medio; en una época difícil, gobernaba Mubarak, ya con problemas, por un lado con los Hermanos Musulmanes; y por el otro, con el eje formado con Bin Laden y su segundo que era egipcio.
Al tiempo me ofrecieron la embajada en Beijing, y por supuesto dije que sí, porque es uno de los ejes en los cuales está funcionando el mundo.
¿Cómo nos ven a los Uruguayos en el exterior?
Los húngaros nos ven muy bien, porque hay una vieja colonia húngara aquí en Uruguay; recordemos que el autor de la música de nuestro Himno Nacional, era un militar húngaro, Debali, que vino al Río de la Plata luego de la Revolución Liberal. En Egipto, también nos ven muy bien, porque Uruguay fue el gran proveedor de carne para el ejército, y además al firmarse los acuerdos de Camp David, se comenzó a buscar a países que proveyeran tropas para custodiar la región del Sinaí, esa zona desmilitarizada, y como Uruguay tenía buena relación, el gobierno ofreció el respaldo; nuestras tropas allí, son las encargadas del sector de las comunicaciones y del mantenimiento de toda la caminería para el traslado de tropas y los puntos de vigilancia. Y para China, Uruguay fue el gran proveedor de lana y recuerdan que al momento del Golpe de Estado, transitábamos un proceso de reconocimiento a favor de China continental, del derecho que tenía en el Consejo de Seguridad de la ONU, lo que recién sucedió en el primer gobierno del Dr. Sanguinetti.
Así que le digo; Uruguay siempre fue bien visto. Gracias a Dios siempre tuve el privilegio de llegar a países en los cuales Uruguay era un país bien recibido, bien acogido.
¿Qué logro obtenido en el campo diplomático en el que haya participado, considera destacar?
En ese proceso de reconocimiento, al que nos referíamos anteriormente, China fue gradualmente superando nuestras importaciones, y la balanza se transformó en muy deficitaria, con enormes dificultades para el ingreso de nuestros productos agrícolas ganaderos. Fue muy difícil conseguirlo, China fue extremadamente proteccionista. Antes de que se creara la Organización Mundial del Comercio, donde Uruguay promovió su ingreso a pesar de la oposición de muchos países; China creó una súper estructura para defender su mercado interno, sacándoles todas las competencias sanitarias y de control de calidad a los Ministerios de Salud, de Agricultura, de Comercio Exterior, y los centralizó en una Dirección General con rango de ministerio. Desde allí comenzaron las dificultades; no podíamos acceder al mercado porque nunca estaban listos los certificados de sanidad animal y vegetal que habilitaban el ingreso, a pesar de tener convenios firmados entre ambos países.
Por ejemplo, hacía 8 años que se negociaba el ingreso de los cítricos, los lácteos y la carne, ésta última complicadísima por la fiebre aftosa; entonces nuestra embajada, en un trabajo mancomunado, nos dedicamos a trabajar pura y exclusivamente para alcanzar los acuerdos, logrando en la presidencia del Dr. Batlle, que se habilitaran todos los rubros que Uruguay aspiraba venderle.
¿Cómo ve a la política exterior implementada actualmente en Uruguay y la región?
La política exterior de un país se basa en sus intereses nacionales; descreo de esas solidaridades ideológicas que podrían llevar a que otros gobiernos se transformaran en grandes socios comerciales. El Mercosur no fue lo que se
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esperaba; el proteccionismo de muchos países y el entendimiento bilateral por encima de las estructuras del bloque, entre Argentina y Brasil, llevó a que los socios menores, Paraguay y Uruguay, sufrieran enormemente, porque cuotificaban los ingresos, nos ponían trabas de permisos, cuando era una zona de libre comercio. Además, nos entorpecieron la vinculación con el resto; porque rehenes de los intereses nacionales y circunstanciales de Brasil y Argentina, solamente pudimos hacer un Tratado de Libre Comercio con México, en un momento en que se distrajeron, dándonos la autorización con la condición de que luego ellos se pudieran sumar al acuerdo. Ahora esa situación se está revirtiendo; el colocar a la diplomacia por detrás de lo político ideológico, está cambiando gradualmente. Pero en su momento nos vimos constreñidos a tener que seguir detrás de ese carro que se transformó en un carro demasiado lento. Una prueba fehaciente de que esa situación se está revirtiendo, es que en la visita a Anchorena al Presidente Vázquez, el Presidente Macri llevaba en el bolsillo, el decreto, ya firmado, donde derogaba la prohibición de que haya trasbordos de cargas argentinas en nuestros puertos. Creo que va a haber un entendimiento; cada cual defendiendo sus intereses, como fue siempre, pero hermanados por una vocación histórica, cultural e idiomática.
De las muchas vivencias, ¿cuál recuerda con especial sentir?
Cuando estuve en la Unesco. Allí surgió un proyecto inspirado por Léopold Sédar Senghor, un amigo personal, por entonces Presidente de Senegal, quien era Presidente del Archivo del Premio Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias, quien había donado su archivo personal, y se quería crear un Archivo de Literatura Latinoamericana, del Caribe y Africana, en el que se depositarían originales de autores consagrados. Me pedían originales de determinados autores, especialmente de Rodó, ante lo cual nuestra postura fue muy clara; les dije: Mi País de ninguna manera va a entregar en custodia originales. Mi País es demasiado celoso de su patrimonio, como para enviarlo al exterior. Le propusimos, en cambio, estudiar una lista y enviar microfilmaciones; inmediatamente hablé con Esther Haedo, e incorporamos a esa primera lista solicitada, a Enrique Amorim, Juana de Ibarbourou, Delmira Agustini, María Eugenia Vaz Ferreira, Acevedo Díaz, etc.
Esther Haedo me envió el material con una carta en la que destacaba las coincidencias de la vida, pues en ese momento quien era Presidente de Francia, había sido el Ministro del Interior quien defendió a Amorim, cuando éste tuvo problemas en ese país por sus actividades políticas y fue expulsado del mismo; se trataba de François Mitterrand.
Con ese proyecto se llegó a otro que hasta hoy está vigente, que consiste en la realización de ediciones críticas de una obra de cada uno de esos autores, que en el caso de Amorim, por ejemplo, fue La Carreta.
Por lo visto, siempre tuvo una fuerte inclinación por lo cultural, ¿de dónde proviene la misma?
Los temas culturales siempre me interesaron. Vengo de un medio, sobre todo la familia de mi padre, de intelectuales, de grandes lectores, con grandes preocupaciones sociales; eso es algo que se reflejó en mí, y que además lo recogí de un momento que vivió el Salto, que fue riquísimo. En esa época, los años 50, Amorim y su Sra. se radicaron en Salto, en la década del 40 se había creado la Asociación Horacio Quiroga, el Taller Pedro Figari, y nosotros con mi hermana frecuentábamos esos ámbitos, porque o mi padre o mi tía eran de la Comisión, de la cual luego, nosotros también formamos parte. Y de ahí el relacionamiento con poetas, pintores y todo ese medio fermental que giraba en torno a Las Nubes. También, tuvimos el privilegio de ser alumnos de una educación pública riquísima y enriquecedora.
Eso, unido a mi vocación por la lectura y la plástica, me llevó a que en mi devenir como funcionario del servicio exterior, traté de darle a mi misión, una vuelta cultural.
Ahora que goza de un merecido descanso, ¿el diplomático le dio paso al hombre?
Fui durante 48 años funcionario del Estado; eso que los franceses llaman un Comi de l´État; aquel funcionario apegado a la función, que no se ve supeditado por ideas de ninguna índole, que sirve a los intereses nacionales y eso fue, creo yo, haber cumplido con mi función.
Siempre pensé en volver, me siento demasiado arraigado al terruño y volví animado, con un afán de hacer cosas que me hicieran la vida más feliz, que me dieran alegría.
Tenemos entendido que ha asumido un firme compromiso con el quehacer cultural local, ¿en qué consisten esas actividades?
Las cifré en dos actividades: una en la Asociación de Amigos de Las Nubes, que creamos con un grupo de amigos vinculados a los Amorim y que ya está funcionando, donde contamos con un enorme apoyo de la Comisión del Patrimonio, y en la Comisión de Amigos del Museo María Irene Olarreaga Gallino, donde dimos un paso cualitativo al crear una persona jurídica para así manejar fondos que permitieran movernos con libertad, en la función de su promoción y preservación. El año pasado recibimos el reconocimiento del Poder Ejecutivo y estamos trabajando en una campaña de socios; también una suma considerable para restaurar la azotea y las claraboyas, pues se produjeron filtraciones que estaban dañando los frisos y yesos del hall central, contando con una extraordinaria reparadora local para su restauración; se colaboró en la confección de un proyecto que se presentó ante el Ministerio de Educación y Cultura, en el marco de un programa de fortalecimiento de las estructuras culturales en el interior del país; el Ministerio, dada la representatividad que tiene este museo, nos otorgó el máximo que podía otorgar, dinero que llegó y está en la Intendencia y que gradualmente se va aplicando en dicha restauración.
Es una tarea cultural que a mí me brinda la alegría de ver cada día lo que se hace y el hecho de no tener mayores preocupaciones, me permite colaborar, con un grupo muy activo, netamente vocacional.
En estos momentos estoy abocado a una tercera actividad, que es el rescate de la memoria de un archivo de una artista amateur de Montevideo, que se llamaba Isabel Gilbert, extraordinaria, la que presentó una exposición en 1962 aquí en Salto, quedándose varios días y fotografiando la ciudad con una mirada sensible, pero que lamentablemente ha sido olvidada, siendo que defendió el patrimonio en un tiempo en que nadie se acordaba de él.
Pero, otra vez, por el azar, la suerte, o en mi caso la providencia, he podido recibir el archivo íntegro de negativos; mi idea es crear en el Museo, un Departamento de Fotografía con miras de preservar ese acervo, y también tantos otros, que nos puedan llegar por medio de la donación.
Luego de habernos contado experiencias extraordinarias cargadas de compromisos y responsabilidades, ¿podría brindarnos un mensaje, especialmente dirigido a las nuevas generaciones?
Que respetemos al Salto; que trabajemos por el Salto y que promovamos la cultura. Estando asignado ante la Unesco, el Papa Juan Pablo II realizó una visita y pronunció un discurso en el que citó una frase de Santo Tomás de Aquino, que me marcó: El Hombre sólo vive una vida humana a través de la cultura.







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