Presentación del libro álbum de Marosa

El pasado domingo 6 en el Salón Dorado se presentó el libro-álbum sobre Marosa ,a quince años del fallecimiento de la poeta coterránea, en el hall en vitrinas se exhibían las obras de Marosa, autoría , de las investigadoras Alicia Torres y Ana Inés Larre Borges,
Entre los presentes estuvieron la Esribana y Escritora Beatriz Corbella, la Directora de la Asociación Marosa Di Giorgio, Gómez, al Académico Jorge Arbeleche, al Dr, Julio Ma. Sanguinetti y otras personalidades del mundo de las letras.
Marosa di Giorgio Médici vio la luz en 1932, en los alrededores de la ciudad de Salto, más precisamente en un paraje llamado San Antonio. Era la zona agraria de Salto, donde se afincaban familias de inmigrantes italianos que cultivaban la tierra en sus quintas. Una de esas familias, de origen toscano, era la familia di Giorgio Medici.
La infancia de Marosa transcurrió en ese ambiente bucólico y familiar. Era una niña callada y seria que prefería la meditación y un cierto aislamiento, y a la que deslumbraban las flores y los frutos de los huertos así como los pequeños animales que allí medraban.
En su adolescencia, ya trasladada a una vivienda más céntrica, asistió al liceo de Salto y también realizó cursos de arte escénico. Se sabe que ser actriz fue uno desde los deseos no cumplidos de Marosa.
Empezó a escribir muy joven; a los 17 años ya revistas lugareñas publicaban sus obras juveniles.
Para ese entonces ya era familiar en las calles de Salto la figura de Marosa: “…mirada siempre absorta,/ paso mitad en vela/ mitad sonámbulo/”, al decir de otro poeta salteño.
Pero no sólo era característica su actitud, sino también su arreglo personal; siempre se atuvo a sus gustos propios y originales en lo referente a la moda y se vestía de uno modo que podía parecer algo extravagante. Por lo demás, era muy afecta a la bijouterie llamativa y de gran tamaño: anillos, pendientes, colgantes. También iba siempre maquillada y con su abundante cabellera crespa de color ticiano suelta sobre los hombros.
Comenzó a reunirse con un grupo de artistas-Enrique Amorim, el famoso escritor, Artigas Milans, pintor y poeta, Gregorio Rivero Iturralde, intelectual y fino poeta, entre otros- en largas veladas de las noches salteñas. Días de vino y rosas, dirá alguien al recordar ese tiempo.
Aquí nos referiremos a una particularidad del carácter de Marosa. Era tímida a pesar de su apariencia y ella misma confiesa que siempre sintió algo que la “separaba de los objetos y personas, una pequeña traba, una cosa leve, que la hacía sentir apartada del resto del mundo”. A causa de ello, cuando estaba con amigos muchas veces le era necesario tomar algo de alcohol para poder integrarse al ambiente. “El alcohol despliega algunas alas”, explicaba. No obstante, aclaraba que “para el trabajo no me agrega nada”.