Programa de Educación en el Tránsito que promueve nuevas pautas de prevención

Programa de Educación en el Tránsito que promueve nuevas pautas de prevención

“Pretendemos que los jóvenes aprendan a medir los riesgos”: aseveró Héctor Torres

Las docentes de Educación Común: Daniella Repetto, Educación Inicial Nelly Artave, los Instructores Javier Silva, Juan Almeida, José Burgos, Manuel Muñoz y Federico Decker, junto a la orientación de Héctor Torres, Jefe de la División Tránsito de la Intendencia Departamental (Técnico Prevencionista) – conforman un equipo multidisciplinario para llevar adelante el programa “Más veo, más me cuido”, cuya misión es instruir y y concientizar a los educandos en edad escolar – en la temática que implica la realidad del tránsito y las diferentes pautas que permiten evitar accidentes.
El jerarca Torres explicó que la consigna es poder lograr que los jóvenes aprendan a medir los riesgos que ocurren en el tránsito, “que la realidad depende de la actitud de cada uno de nosotros, tanto de conductores como de los peatones”.
“Más veo más me cuido”, es una iniciativa que tiene su génesis en el seno de la División de Tránsito de la Intendencia Departamental el año pasado y es liderada por el Técnico Prevencionista Héctor Torres, que trabaja en conjunto con el anteriormente mencionado equipo, sosteniendo que “la educación es fundamental y el transmitir conceptos sobre todo de prevención y de riesgo a los niños, a los adultos que no están preparados en el tema se les dificulta el volcarlos”.
Por ello se incorporaron al área de capacitación de Tránsito dos maestras; Daniella Repetto y Nelly Artave, para trabajar con niños en edad escolar y se han capacitado en el área de Capacitación Vial de la Intendencia.
Primeramente todos los miembros del equipo mantuvieron reuniones, comenzando a marcar las líneas en base a la orientación y conocimientos de Torres y se fue avanzando hasta lanzar el proyecto en enero del pasado 2012.
A posteriori se elevó la propuesta a diferentes instituciones públicas y privadas de la ciudad – tanto del casco céntrico como de las escuelas de los barrios,  y éstas respondieron favorablemente.
“Felizmente las instituciones aceptaron participar; el año pasado fueron 16 y el presente se sumaron 8, entre ellas escuelas públicas, clubes de niños e instituciones privadas, siguiéndose con la misma dinámica” – razonó la docente Repetto.
Se comenzó a visitar a los centros en marzo, haciendo la presentación de la propuesta al cuerpo docente, contándoles del programa y generando en ellos un espíritu de compromiso, “con el ánimo de hablar el mismo idioma y que no exista el doble discurso”.
Desde el momento en el que el docente se compromete a que el programa forme parte de la institución y elabore un proyecto de centro, que éste llegue a la escuela en la moto usando siempre el casco y cinturón si va en el auto.
COHERENCIA EN EL DICHO
Y EL HECHO
En abril se inició con la primera evaluación diagnóstica, pues cada centro es único, tiene su propio contexto y problemáticas; y en base a los resultados que arroja se trata de actuar sobre lo que se ve como situaciones que deben ser acatadas con premura.
Por ejemplo, en las zonas barriales se observa que los niños no conciben a la calle como un riesgo, pues juegan a la pelota, andan en bicicleta y es necesario informarlos y persuadirlos de que la calzada implica un riesgo, tratando de no herir esas costumbres.
“Es importante discernir en que se está trabajando en pautas de prevención, lo que lleva a la necesidad de tener en claro el estado de situación.
Si nosotros elaboramos un programa sin medirlo, podemos presuponer cosas que luego no se sabían cuando ocurrió el accidente.
Se habla mucho pero en realidad se sabe poco de tránsito” – explicó el jerarca Torres.
Se presupone por ejemplo, que todos conocen los semáforos y cuando se sale de la zona urbana de la ciudad se comprueba que no se asocia el tránsito a los mismos, ni siquiera se conoce el significado de los colores.
Dicho estado de situación permitió al grupo saber cómo arrancar con el programa, mediante un fundamento claro y cuál es el mejor camino a seguir.
Siempre se está a tiempo de elevar el nivel, mientras se van quemando las etapas.
Con respecto a la respuesta de los docentes, los niños y su entorno, cada institución hace sus instancias propias de reunión, de clases abiertas en base a lo que se trabajó con los niños, “siempre desde la postura de sumar”.
Dentro de las repercusiones y el impacto que ha tenido este programa, se puede destacar por ejemplo que el 4 de enero un padre concurrió a la División Tránsito a mostrar una carta que su hijo le había dejado de Reyes donde pedía una bicicleta con casco y con las luces para la parte trasera y delantera, acompañado de coderas y rodilleras. Justamente ese niño es partícipe del programa.
Otro padre señaló que cuando iba conduciendo por la ruta, su hija le venía contando qué significaba cada cartel y color, lo que llevó a su progenitor a interesarse más sobre el tema y a solicitar información, pues se sintió que sabía menos que su hija.
Una abuela compartió otra anécdota en que se subió con su nieto al auto y éste le dijo. “abuela vos no me querés porque no te pusiste el cinturón y tampoco me pediste que me lo pusiera”; todas estas expresiones ponen de manifiesto que el programa hace eco en los niños y que la línea de trabajo es muy positiva, a lo que se le suma la periodicidad. Se visita a cada institución una vez al mes desde abril a diciembre.
Las actividades son secuenciadas y se va problematizando de a poco, siempre en base a la reflexión y con la devolución permanente.
Otro punto de trascendencia es lo que comprende lo lúdico – recreativo, que permite al párvulo aprender con otra disposición.
La población infantil escucha que todo lo relacionado al tránsito genera malestar, preocupación, en cambio, mediante instancias de juego “se generan los mejores momentos de aprendizaje”.
Volviendo al tema de la evaluación – se realiza una nueva a mediados de año y luego la final, que permite dar a luz la proyección para el año siguiente.
LA IMPORTANCIA DE “VER
Y QUE ME VEAN”
Más allá de que el niño aprenda la normativa de tránsito, la utopía es crear conciencia en los niños y jóvenes y que éstos aprendan a medir los riesgos y seguramente que esas estrategias les servirá para otros aspectos de la vida.
Es oportuno cruzar en la cebra cuando en verdad es seguro, no nos podemos confiar en el conductor, aunque tengamos la preferencia.
El mirar a los ojos a quien conduce el vehículo, de alguna forma nos da la pauta que nos ha visto y reduce las posibilidades de que se genere una situación que se puede prevenir.
“En el momento que veo y que aprendo a evaluar el riesgo, en ese segundo salvo mi vida o de la persona que quiero.
Y el amor prima por sobre todas las cosas. El niño debe entender que hacemos todo esto porque lo queremos, no por un mero capricho”  – reafirmó Daniella Repetto.
Las dos causas principales que dan lugar a los accidentes son la falta de visibilidad y la velocidad, dos conceptos que se tienen siempre presentes a la hora de definir estrategias preventivas.

Las docentes de Educación Común: Daniella Repetto, Educación Inicial Nelly Artave, los Instructores Javier Silva, Juan Almeida, José Burgos, Manuel Muñoz y Federico Decker, junto a la orientación de Héctor Torres, Jefe de la División Tránsito de la Intendencia Departamental (Técnico Prevencionista) – conforman un equipo multidisciplinario para llevar adelante el programa “Más veo, más me cuido”, cuya misión es instruir y y concientizar a los educandos en edad escolar – en la temática que implica la realidad del tránsito y las diferentes pautas que permiten evitar accidentes.

El jerarca Torres explicó que la consigna es poder lograr que los jóvenes aprendan a medir los riesgos que ocurren en el tránsito, “que la realidad depende de la actitud de cada uno de nosotros, tanto de conductores como de los peatones”.

“Más veo más me cuido”, es una iniciativa que tiene su génesis en el seno de la División de Tránsito de la Intendencia Departamental el año pasado y es liderada por el Técnico Prevencionista Héctor Torres, que trabaja en conjunto con el anteriormente mencionado equipo, sosteniendo que “la educación es fundamental y el transmitir conceptos sobre todo de prevención y de riesgo a los niños, a los adultos que no están preparados en el tema se les dificulta el volcarlos”.

Por ello se incorporaron al área de capacitación de Tránsito dos maestras; Daniella Repetto y Nelly Artave, para trabajar con niños en edad escolar y se han capacitado en el área de Capacitación Vial de la Intendencia.

Primeramente todos los miembros del equipo mantuvieron reuniones, comenzando a marcar las líneas en base a la orientación y conocimientos de Torres y se fue avanzando hasta lanzar el proyecto en enero del pasado 2012.

A posteriori se elevó la propuesta a diferentes instituciones públicas y privadas de la ciudad – tanto del casco céntrico como de las escuelas de los barrios,  y éstas respondieron favorablemente.

“Felizmente las instituciones aceptaron participar; el año pasado fueron 16 y el presente se sumaron 8, entre ellas escuelas públicas, clubes de niños e instituciones privadas, siguiéndose con la misma dinámica” – razonó la docente Repetto.

Se comenzó a visitar a los centros en marzo, haciendo la presentación de la propuesta al cuerpo docente, contándoles del programa y generando en ellos un espíritu de compromiso, “con el ánimo de hablar el mismo idioma y que no exista el doble discurso”.

Desde el momento en el que el docente se compromete a que el programa forme parte de la institución y elabore un proyecto de centro, que éste llegue a la escuela en la moto usando siempre el casco y cinturón si va en el auto.

COHERENCIA EN EL DICHO Y EL HECHO

En abril se inició con la primera evaluación diagnóstica, pues cada centro es único, tiene su propio contexto y problemáticas; y en base a los resultados que arroja se trata de actuar sobre lo que se ve como situaciones que deben ser acatadas con premura.

Por ejemplo, en las zonas barriales se observa que los niños no conciben a la calle como un riesgo, pues juegan a la pelota, andan en bicicleta y es necesario informarlos y persuadirlos de que la calzada implica un riesgo, tratando de no herir esas costumbres.

“Es importante discernir en que se está trabajando en pautas de prevención, lo que lleva a la necesidad de tener en claro el estado de situación.

Si nosotros elaboramos un programa sin medirlo, podemos presuponer cosas que luego no se sabían cuando ocurrió el accidente.

Se habla mucho pero en realidad se sabe poco de tránsito” – explicó el jerarca Torres.

Se presupone por ejemplo, que todos conocen los semáforos y cuando se sale de la zona urbana de la ciudad se comprueba que no se asocia el tránsito a los mismos, ni siquiera se conoce el significado de los colores.

Dicho estado de situación permitió al grupo saber cómo arrancar con el programa, mediante un fundamento claro y cuál es el mejor camino a seguir.

Siempre se está a tiempo de elevar el nivel, mientras se van quemando las etapas.

Con respecto a la respuesta de los docentes, los niños y su entorno, cada institución hace sus instancias propias de reunión, de clases abiertas en base a lo que se trabajó con los niños, “siempre desde la postura de sumar”.

Dentro de las repercusiones y el impacto que ha tenido este programa, se puede destacar por ejemplo que el 4 de enero un padre concurrió a la División Tránsito a mostrar una carta que su hijo le había dejado de Reyes donde pedía una bicicleta con casco y con las luces para la parte trasera y delantera, acompañado de coderas y rodilleras. Justamente ese niño es partícipe del programa.

Otro padre señaló que cuando iba conduciendo por la ruta, su hija le venía contando qué significaba cada cartel y color, lo que llevó a su progenitor a interesarse más sobre el tema y a solicitar información, pues se sintió que sabía menos que su hija.

Una abuela compartió otra anécdota en que se subió con su nieto al auto y éste le dijo. “abuela vos no me querés porque no te pusiste el cinturón y tampoco me pediste que me lo pusiera”; todas estas expresiones ponen de manifiesto que el programa hace eco en los niños y que la línea de trabajo es muy positiva, a lo que se le suma la periodicidad. Se visita a cada institución una vez al mes desde abril a diciembre.

Las actividades son secuenciadas y se va problematizando de a poco, siempre en base a la reflexión y con la devolución permanente.

Otro punto de trascendencia es lo que comprende lo lúdico – recreativo, que permite al párvulo aprender con otra disposición.

La población infantil escucha que todo lo relacionado al tránsito genera malestar, preocupación, en cambio, mediante instancias de juego “se generan los mejores momentos de aprendizaje”.

Volviendo al tema de la evaluación – se realiza una nueva a mediados de año y luego la final, que permite dar a luz la proyección para el año siguiente.

LA IMPORTANCIA DE “VER Y QUE ME VEAN”

Más allá de que el niño aprenda la normativa de tránsito, la utopía es crear conciencia en los niños y jóvenes y que éstos aprendan a medir los riesgos y seguramente que esas estrategias les servirá para otros aspectos de la vida.

Es oportuno cruzar en la cebra cuando en verdad es seguro, no nos podemos confiar en el conductor, aunque tengamos la preferencia.

El mirar a los ojos a quien conduce el vehículo, de alguna forma nos da la pauta que nos ha visto y reduce las posibilidades de que se genere una situación que se puede prevenir.

“En el momento que veo y que aprendo a evaluar el riesgo, en ese segundo salvo mi vida o de la persona que quiero.

Y el amor prima por sobre todas las cosas. El niño debe entender que hacemos todo esto porque lo queremos, no por un mero capricho”  – reafirmó Daniella Repetto.

Las dos causas principales que dan lugar a los accidentes son la falta de visibilidad y la velocidad, dos conceptos que se tienen siempre presentes a la hora de definir estrategias preventivas.







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