«Que se atrevan a escribir, que se arriesguen a pensar, a crear, a producir, a publicar»

La Lic. Mónica Nicoliello presentó su libro: «La inteligencia emocional – histórica en el aula y en otros contextos»

En el ámbito del Centro Regional de Profesores, presentó su libro denominado «La inteligencia emocional – histórica en el aula y en otros contextos», material bibliográfico que transmite en forma fidedigna la investigación realizada por la docente con respecto a la fuerza evolutiva de la inteligencia emocional que trasciende en los hechos históricos

«Mi mensaje es que se atrevan a escribir, que se arriesguen a pensar, a crear, a producir, a publicar.

Que liberen su imaginación, como dice Maxine Green y liberen su entusiasmo. Es preciso que la profesión docente pueda vincularse, en el imaginario colectivo, con la creación.

Salto y toda la región litoral norte de nuestro país deben poseer un escenario para la creación pedagógica» – afirmó la investigadora y docente. Uno de los mensajes medulares que pone de manifiesto la Lic. Mónica Nicollielo es que el cambio educativo debe venir de ese grano de mostaza, reflexión de los propios docentes sobre su experiencia educativa.

En la medida en que esa reflexión se comparte con otros la participación pasa a ser colectiva.

Que posteriormente el árbol se conozca por sus frutos.

La vida y el espíritu no pueden exhibir resultados porque no tienden a los mismos fines que el proceso productivo; porque son cosas diferentes la fabricación estandarizada y el trabajo creativo.  La vida y el espíritu, fructifican, siempre y cuando tengan la libertad necesaria para florecer y fructificar.

La inteligencia emocional es una fuerza evolutiva.

El hombre es un ser histórico-social y no solo social, con capacidad de acumulación temporal e incorporación a lo temporal.

Su angustia existencial proviene de que se intuye frágil, incompleto, limitado, finito.

Su dolor físico y sufrimiento mental son producto de la contradicción entre sus intenciones infinitas y los límites que le impone la realidad.

La tensión o sintonía entre la situación en la que nos encontramos y que no hemos elegido completamente, y nuestras intenciones, nos provoca dolor o placer físico y felicidad o sufrimiento mental, espiritual.

La toma de conciencia de estas experiencias nos impulsa a los seres humanos en la dirección de los cambios, y por tanto, del desarrollo histórico.

La inteligencia emocional-histórica es esta capacidad particular de diagnosticar una situación histórica mediante la sensibilidad y de sentir, imaginar e intuir la dirección de los cambios históricos.

Mónica Nicollielo explica en su libro que la inteligencia emocional no opera solamente a partir de experiencias neurológicas y sociales.

La hipótesis más importante de este trabajo, es que la inteligencia emocional opera también a partir de realidades históricas, culturales y existenciales.

La reflexión inteligente sobre la relación entre fenómenos sociales y la experiencia de los sentimientos de alegría y pena parece indispensable para la actividad humana perenne de diseñar sistemas de justicia y organización política.

Quizá mas importante todavía, los sentimientos, en especial la tristeza y el júbilo, pueden inspirar la creación de condiciones en ambientes físicos y culturales «que promuevan la reducción del dolor y el aumento del bienestar para la sociedad».

Queda así apuntada la hipótesis de que la inteligencia emocional orienta el proceso histórico de la humanidad, y que todas las experiencias históricas forman parte de una experiencia global de homeostasis social, donde el equilibrio o desequilibrio que pueda producirse en cada coyuntura, es diagnosticado por nuestro aparato emocional.

Este aparato dinámico, de origen bio-psico-social y cultural, cumple una función crucial en el proceso evolutivo.

Es interesante que para el biólogo Humberto Maturana la afectividad sea el componente esencial del sistema social.

Si dejamos por un momento el terreno de la historia, y se pasa a reflexionar sobre el sistema educativo, se advierte que un sistema educativo debe ser ante todo un sistema social humano.

Las teorías de vanguardia, como las de Damasio y Maturana que atribuyen una importancia creciente a las emociones en lo que hace al desarrollo social e histórico, sugieren que el componente fundamental capaz de asegurar el buen funcionamiento del sistema educativo.

¿QUÉ PIENSAN NUESTROS ESTUDIANTES SOBRE

LA AFECTIVIDAD

EN EL AULA?

(VIVENCIAS)

»Lo mejor de mí cuando trabajo con los compañeros de esta clase es la felicidad que siento […] Aunque estemos trabajando en algo serio y/o importante, logran hacerme sonreír por su manera de ser, su amabilidad -escribe Joaquín, que es un chico muy tímido.

‘En particular, los primeros días me sentía muy incómoda por no conocer a nadie de la clase.

Y debido a eso no me sentía segura para participar en los orales […]

»Ahora ya no siento esa incomodidad; los demás compañeros me dan la seguridad que se necesita para estar bien -anota Débora, que es una chica muy reservada.

»Más allá de haber empezado hoy, y de no conocer a varios compañeros, el hecho de estar en una clase ya es motivador, significa estar en un ambiente de aprendizaje donde todos los integrantes del grupo (o al menos la mayoría) lo que buscan es superarse y aprender, y eso de por sí ya es extraordinario -piensa María Eugenia, que por lo visto se ha incorporado a mi grupo con muchas expectativas.

«‘Se puede decir que este grupo es algo especial -afirma Berenice-; si bien al principio éramos un poco distantes ahora somos como una gran familia en la cual con algunos nos llevamos mejor que con otros, pero de todas formas todos nos queremos y deseamos lo mejor.

Este tipo de trabajo puede ser útil no solo para diagnosticar estilos y capacidades, sino para descubrir motivaciones, meta – motivaciones y para potenciar habilidades como por ejemplo la escritura: tomar conciencia de la experiencia y registrarla obliga a enriquecer el propio vocabulario.

La forma de trabajo que describimos nos permite conocer mejor el proceso de aprendizaje del estudiante.