Ramón Rodríguez: 60 años recorriendo los barrios como vendedor de diarios

Nació en el entorno rural y cuando aún cumplía con su etapa escolar se radicó en la ciudad de Salto con su familia y con apenas diez años supo lo que es la disciplina y el sacrificio del trabajo.
Ramón Rodríguez (72) acaba de cumplir sesenta años como vendedor ambulante de diarios y asegura que gracias a su trabajo logró ayudar a sus tres hijos a forjar su profesión y que hoy por hoy en su casa no le falta nada. ramón001
Se inició en la época en que en nuestra ciudad aún no existían los kioskos y los canillitas eran más de setenta.
Mientras otros niños de su edad compartían juegos, él ya andaba recorriendo los barrios de Salto con los diarios y poco a poco fue haciéndose de su clientela que lo acompañó hasta el momento en que decidió tramitar su jubilación.
Le faltaban algunos meses para cumplir los doce años cuando un amigo le invitó a vender diarios y ese día recuerda que le dio mucha vergüenza hasta que se fue entusiasmando, sin saber que esa sería su actividad durante sesenta años.
“Recuerdo que me afilió un señor al BPS pero me explicó que perdería tres años de aporte, ya que podía inscribirme recién con los quince cumplidos” – nos contó.
– ¿Por qué comenzó a edad tan temprana a trabajar?
– “Empecé a los diez años en un tambo, luego de pedirle permiso a mi madre… vivíamos en ese entonces en Parada Herrería en la chacra del “Pucho” Remedi.
Tenía que encargarme de limpiar el corral y ordeñar las vacas.
Ganaba en ese entonces diez pesos por mes; ese primer mes mi madre me compró un par de zuecos y perdí uno de ellos en medio del estiércol de los animales (risas)… no me duraron nada.
Cuando vinimos de Parada Herrería, yo ya había cursado tercer año; pero como me habían dicho que en las escuelas de Salto los niños estaban más adelantados, no me animé a entregar el pase.
Entonces me pusieron con los niños de tercero… y al poco tiempo se dieron cuenta que yo me desempeñaba demasiado bien allí, la directora me preguntó y le dije la verdad… fue así entonces que integré a un grupo de cuarto año.
Era muy capaz y me iba bien en el rendimiento, pero llegué a quedar repetidor por la conducta”.
– ¿Qué recuerdos tiene de esa época?
– “Éramos seis hermanos… cinco varones y una mujer…
Antes de empezar con los diarios entré a trabajar como mandadero en un negocio y al tiempo ya atendía el mostrador y hacía los depósitos bancarios.
En las vacaciones, llegaba un tío de Colonia Itapebí y me llevaba en motocar para el campo y volvía unos dos o tres días antes de empezar la escuela”.
– ¿Y cómo se dio la posibilidad de dedicarse a la venta de diarios?
– “Cuando nos vinimos a Salto me empecé a vincular con el fútbol.
Recuerdo que para que me dejaran jugar tenía que acarrear dos tanques de agua desde calle Uruguay y Reyles hasta cerca de una capilla donde vivíamos para que mamá pudiera hacer la limpieza y cocinar.
Si los tanques no estaban llenos no me dejaban jugar.
Jugábamos cerca de la capilla Pío Décimo del Barrio Umpierre y salimos varias veces campeones.
En ese tiempo fue que conocí a alguien que me invitó un día a vender diarios y de a poco me fui metiendo más en ese trabajo.
Al principio vendía solamente los domingos y luego todos los días.
El primer mes lo hizo a pie y luego en una bicicleta muy precaria”.
Había agarrado el reparto del puerto y luego recorría otros barrios.
No es una labor fácil ya que Ramón debía de levantarse todos los días a las cuatro de la mañana y a veces recién terminaba con el reparto entrada la nochecita; con sus colegas siempre mantuvo una muy buena relación.
“Nunca imaginé tener todo lo que tengo, todo lo que he logrado con mi trabajo” – comparte Ramón apenas conteniendo la emoción.
Hoy comienza una nueva etapa de su vida en la que se dedicará a disfrutar de todo lo que ha logrado, producto de más de una vida de arduo trabajo y bien merecido lo tiene.