Recibimos y publicamos. Denuncia, denuncia y más denuncia

En lo que va del año se han suscitado en nuestra ciudad graves hechos delictivos que han conmovido el más profundo sentimiento de rechazo por parte de la comunidad salteña hacia los socialmente desviados, rechazo que hizo a la comunidad alzarse en reclamo de más seguridad hacia las autoridades gubernamentales, mediante la “marcha” o “movilizaciones” en una multitudinaria comparecencia de salteños.
Este ocasional grupo de personas unidas con el mismo fin, por demás comprensible, empero, carece de toda utilidad ante las autoridades encargadas de nuestra seguridad, por la lógica razón de que no conmueve los cimientos de la estructura y funcionalidad del aparato gubernamental, pues dirán que el delito va unido a la sociedad como la sobra al cuerpo, es la contra cara de la buena conducta; visión, tosca y primitiva, pero real y vigente. Concentrar los esfuerzos en realizar movilizaciones o marchas en repudio del delito dará una lectura superficial al gobernante de turno, para quien, tales manifestaciones, son el dolor ocasional de la víctima y la desazón de la comunidad, ambas, tormentas que pronto se disiparán.
A su turno la criminalidad irá en aumento, pues es el producto colateral del cambio social; se generará nuevamente el rechazo y así el círculo vicioso habrá cumplido -una vez más- su función; esto aparejará el cáncer de la comunidad: el odio. Una pronta utilización de la razón es la clave, pues el odio genera odio y así la sociedad se convertirá en su propia homicida.
Todo lo dicho, sin ánimo de instruir al lector en una visión apocalíptica, es lo que ha comenzado a suceder, pues la pérdida de valores en el ayer engendró al delincuente de hoy, los delitos acaecidos en lo que va del año, son el desenlace de una construcción deformada de la sociedad por parte del perpetrador (todo es un simple proceso socio-psico involutivo), de la misma manera que usted construye su odio hacia el socialmente desviado.
Si no se ataca la cuestión de raíz aumentará las probabilidades de que usted (vecina, vecino, conciudadano) sea la próxima víctima; la solución no radica en legislar nuevos y más delitos con sus respectivas penas, o agravar las ya existentes (pena perpetua o de muerte), ni elevar al rango de ley el resentimiento (ej. Femicidio). La violencia es rechazada per se, sin reparar de quién provenga o a quién va dirigida.
Varios son los elementos (programas) en los que se debe trabajar arduamente para empezar a operar el cambio.
En estas humildes líneas, el suscrito propone el uso adecuado de una de las herramientas ya existentes, para conmover aquel aparato gubernamental: la denuncia. Que conlleva no solo el acto en sí, sino la actitud.
Todo delito es una relación, violenta, pero relación al fin, de al que se puede dividir válidamente en tres instancias: delito-víctima-consecuencias. Es en la víctima en donde radica el eje de la solución, pues fue quien padeció la conducta del otro (tiempo, espacio y modo) y los daños respecto de ella se prolongan en el tiempo, es quien puede proporcionar la información exacta de lo padecido, la práctica indica que es esta la que se encuentra mejor posicionada -en la relación violenta-; tienen en sus manos el verdadero poder de instar el cambio; debe denunciar.
Antes que todo, corresponde definir denuncia, esta significa “dar a conocer”, en lo que aquí nos convoca, se entiende “dar a conocer a la autoridad correspondiente lo que ha sucedido y que es de su competencia realizar o prevenir, en cumplimiento de su cometido”, pues bien, si la víctima no pone en conocimiento de las autoridades el hecho violento, estas no evaluaran el estado ni el grado.
Denunciar no significa, exclusivamente, dar a conocer a la Policía el delito que usted ha padecido y firmar allí el acta correspondiente, sino que por el contrario, usted tiene un abanico de formas de denunciar. Las movilizaciones y marchas son respetables, válidas y socialmente aceptadas, pero, también se agotan en sí mismas, volviéndolas prácticamente inocuas. Estas se deben de canalizar concretamente en una denuncia dirigida a la autoridad competente, con el reclamo detallado de lo que se pretende, exigiendo celeridad en las respuestas y resultados comprobables.
Este abanico le presenta a usted variantes en la forma, no así en el contenido y destinatario que son el mismo siempre. A saber: dirigirse específicamente a las autoridades competentes, haciendo uso de derecho de petición que todos tenemos, o canalizar las movilizaciones populosas por esta vía, suscrita por todos los conciudadanos participantes -víctima genérica y mediata pero latente-, como así también por el propio damnificado -víctima concreta e inmediata- todo mediante escrito o, solicitando reuniones y hacer el planteamiento verbal ante Fiscalía, Poder Judicial, M.I., M.E.C., M.I.D.E.S., I.N.A.U., M.T.S.S., etc., dejando constancia; en ambas exigir enfáticamente respuesta en el corto plazo. También puede usted hacer uso de los medios de comunicación que Salto proporciona en muy buena calidad, pues deben proporcionarle el ámbito para que usted se exprese (prensa escrita, radio o tv); el detonante será el tiempo, pues entonces reclame (denuncie) CONSTANTEMENTE, no renuncie a esta actividad, sino por el contrario, acostúmbrese a ella, no la abandone, pues sino ella lo dejará a merced del desviado y el delito le llegará. No sienta vergüenza o miedo por denunciar, si lo hace, usted empezará a ser su propio perpetrador o cuanto menos cómplice de sí mismo; no solo denuncie el daño propio, sino también el daño del otro -su conciudadano- recuerde que usted es un ser social y sociable: vive, trabaja, descansa y comparte en su casa, barrio, comunidad, ciudad y país, con las mismas necesidades por normas básicas de convivencia pacífica que su vecino. Habrá así usted comenzado a recuperar los valores que anhela y recuerda.
Denuncie. Concurra a las mesas de participación y convivencia ciudadana que brinda el M.I., participando activamente (no se quede callada/o), critique lo que ve que no se hace o falta por hacer, exija actuación de la autoridad al más alto nivel y profesionalismo, proponga medidas, entréguelas por escrito y exija plazo de respuesta para las mismas; exija la participación de los demás Ministerios competentes en dichas mesas -están obligados a hacerlo- y allí verá usted su idoneidad; reclame de los mismos información del cumplimiento de sus cometidos en torno a la educación y prevención del delito, exija respuestas y más trabajo.
Como si lo anterior fuese poco, si usted lo desea, participe -activamente- del partido político de su preferencia y hágase sentir allí -también están obligados-.
Como podrá el lector advertir, la vos de la comunidad así canalizada hará de la denuncia una -poco que menos- vos celestial, para la cual no habrá obstáculo alguno. Tiene usted el poder en sus manos para comenzar a operar el cambio; PUES HÁGALO, USTED ES EL SOBERANO. DENUNCIE.
Dr. Mauricio Menoni Viettro.
ABOGADO.







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