Reflexiona Ramiro Ferreira, activista independiente: “El mundo está en un punto decisivo”

“Compañera usted sabe puede contar conmigo. No hasta dos o hasta diez sino contar conmigo” Mario Benedetti

Las personas en todas partes entienden y apoyan la idea de igualdad de género.
Saben que no es solamente un asunto de la mujer, es un asunto de derechos humanos. En nuestro país esta tendencia se consolida cada vez mas, debido a la acción conjunta y continuada en el tiempo del movimiento civil feminista, el trabajo de las legisladoras de ambas cámaras en el poder legislativo y la labor de organizaciones de mujeres políticas que promueven el empoderamiento de las mujeres en espacios de decisión. En efecto, esta incidencia ha logrado proyectar liderazgos femeninos en la mayoría de los organismos de conducción de los partidos políticos, un proceso lento pero notorio. Sin embargo, lejos estamos de la justa y deseable paridad cuantitativa si, pero también cualitativa: una cultura social y política donde las mujeres no estén en situación de inferioridad frente a los varones y la transmisión de lo importante y necesario de mitigar las desigualdades de género no sea motivo de una agresión o burla basada en la ignorancia. “Milito en política orgánicamente desde muy joven y he visto cómo, tanto desde la militancia hasta desde la institucionalidad, el machismo predomina, relegando a las mujeres a espacios de poca visibildad, poco reconocimiento y mucho trabajo. He visto cómo compañeras pasan muchos años trabajando para sus colectividades políticas, pero no alcanzan jamás un lugar decisivo ni reciben la misma formación que los varones.
Suceden, sin embargo, procesos en los que las compañeras logran acceder mediante, primero el reconocimiento y designación de sus propias organizaciones políticas para ocupar espacios de liderazgo y representación, que luego es confirmado por el electorado y las consagra en cargos electivos, independientemente de la cuota femenina. Particularmente ha sucedido en Salto con la fuerza política a la que pertenezco: el Frente Amplio. Tras estos sucesos, se refleja lastimosamente la conducta machista y patriarcal que nos atraviesa como organización política y particularmente como gobierno departamental. Una fuerza política que desde su origen promueve la igualdad de género y la participación de la mujer, cuya historia es imposible contar obviando el papel de las mujeres frenteamplistas, en Salto hace gala de un sexismo sumamente nocivo. Gestos que van desde burlarse de la voz de aquella, la ropa que usa la otra o del corte de pelo de la de mas allá, con codazos y risitas impropias de una persona educada y mas aún de de un militante de izquierda, excluir a las compañeras de la actividad institucional pública del gobierno departamental, obligando a la coordinación con el gobierno nacional para cumplir tareas inherentes a sus cargos, son la cartilla de una conducta que trasciende las diferencias ideológicas para consolidarse en un intencional trato diferencial negativo basado en género.
Un gabinete netamente masculinizado, que expone la veta machista de la identidad ideológica del gobierno, donde solo hay dos mujeres.
Una de ellas anclada a la figura masculina de un jerarca del gobierno, patriarcalizada en la soberbia, que se refleja en la muy poco feliz expresión que recientemente vertiera a un medio local asegurando “mi cargo no lo voy a dejar”… paradoja para quien basó durante años su participación política en acciones basadas en los reglamentos y estatutos de la orgánica frenteamplista, desconoce la autoridad de la fuerza política, su funcionamiento mismo y nos da a entender su posición y su actitud frente a esta. La otra, completamente invisibilizada en su labor, nos dan un panorama de cómo la desigualdad de género es voluntariamente sostenida, a la par que refuerza la creencia de que para ocupar un cargo siendo mujer, se debe estar vinculada a un varón que ocupe un cargo de mayor jerarquía en la misma Institución, un daño cultural que costará mucho subsanar. Patriarcalizando el rol femenino fomentando la competencia entre mujeres contra la sororidad.
A eso le sumamos una Unidad de Género y Generaciones, cuyo propósito original en el Programa del Frente Amplio era el de transversalizar las políticas y buenas prácticas en género, generaciones y derechos humanos a toda la estructura de la Intendencia y trabajar en red con los actores presentes en territorio en diversas temáticas y acciones en común, se convierte en una oficina meramente testimonial, sin ninguna incidencia ni en la sociedad ni en la Intendencia, cuya encargada aseveró en una entrevista radial a poco tiempo de asumir el cargo: “No soy feminista, soy una persona femenina” afirmación que horroriza no solo por la incompatibilidad con el cargo que ocupa sino por asumir un valor de lo “femenino” e incompatibilizarlo con el feminismo. Claramente se desconoce demasiado. Estamos muy lejos de garantizar la participación plena en derechos e igualdad para nuestras compañeras, quienes, actualmente, deben probar con mucho mas esfuerzo su valor que cualquier varón en la coalición, denostadas por ser mujeres. Lo cierto es que nunca alcanzaremos este objetivo si seguimos invisibilizando este problema colectivo y barriendo para abajo de la alfombra, sino identificando, corrigendo y, de ser necesario, reparando estos actos. Al día de hoy aun tenemos compañeros dudando de si debe o no haber una mujer en la fórmula frenteamplista. A todo esto yo digo: si. debe haber una mujer en todos lados, hay cientos de compañeras sumamente valiosas y este es su momento, llevamos siglos de otra cultura, vamos a cambiar de verdad, a mejorar la calidad de nuestra democracia”.

 







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