Salteños en Asia

Salteños en Asia

Cinco amigos -tres salteños y dos argentinos- decidieron emprender un viaje al continente asiático y de esa forma poder disfrutar de la belleza natural única que gozan esas latitudes. Nunca se imaginaron que iban a ser protagonistas de una catástrofe que dejó como saldo más de tres centenares de víctimas fatales. Juan Manuel Texeira – uno de los jóvenes salteños relató para EL PUEBLO la historia que por siempre marcará sus vidas.

Jóvenes salteños sobreviven a terremoto en Indonesia.

Un viaje de placer se convirtió en una pesadilla.

Cinco amigos – tres salteños y dos argentinos decidieron emprender un viaje al continente asiático y de esa forma poder disfrutar de esa belleza natural única que gozan esas latitudes. Nunca jamás se imaginaron que iban a ser protagonistas de una catástrofe que dejó como saldo más de tres centenares de víctimas fatales.
Juan Manuel Texeira – uno de los jóvenes salteños relató para EL PUEBLO la historia que por siempre marcará sus vidas.
“Estábamos en Ubud cuando sentimos el primer terremoto el domingo 29 de julio, fue un movimiento suave y prolongado pero no hizo nada de daño en el lugar que estábamos.
Tal vez fue una señal pero no le hicimos caso.
“Todavía no caemos en lo que experimentamos en ese lugar, fue realmente un desastre natural que nunca pensamos que íbamos a vivir” – enfatizó Texeira.
Los jóvenes entienden que una zona dedicada totalmente al turismo debería estar más preparada e informar a las personas sobre que hacer en estos casos.
Pudieron advertir esa realidad al cruzarse con personas oriundas de Chile que están acostumbradas a ese tipo de situaciones, ya que actuaron con mucha calma y se supieron movilizar tomando las medidas precautorias del caso.

Con el ánimo de vivir una experiencia inolvidable, el grupo elegió un destino cuya belleza natural es incomparable.
Se dirigieron a las islas de Nusa – ubicadas al lado de Bali – al este y cuando quisieron ir a las islas Gili tuvieron que emprender una expedición que les llevó 24 horas debido a que no salian barcos desde Nusa a Gili por el oleaje.
“Emprendimos nuestro viaje que consistió en ir desde Nusa Lembongan a Sanur(Bali), desde ahí taxi a Padangbai, luego Ferry de 5 horas a Lombok (siempre negociando los precios porque se avivan y te quieren estafar).
Llegamos tarde para poder tomar el barco a Gili por lo que tuvimos que hacer noche en Senggigi (Lombok)”.
Por suerte para toda este parte del viaje se unieron al grupo cuatro chicas y se hizo más amena la travesía.
“Al otro día nos pasaron a buscar y continuamos viaje al puerto de Pamenang donde tomamos el bote para llegar a Gili Trawangan el día 5 de agosto.
Estábamos felices de la vida, esa isla era lo que queríamos, el ambiente estaba notable. Arrancamos con gintonic en la playa y ya reservamos un bote para el próximo día ir a navegar y hacer snorkel”.
Luego de almorzar a las 4 pm el grupo decidió ir a tomar unos mates y ver el atardecer en la playa.
Todo transcurrió serenamente hasta la vuelta. “Sobre las 8 pm, cuando estabámos por decidir quién entraba a bañarse en la habitacion del hostel, ubicado en un segundo piso, sentimos que el edificio empezó a moverse suave y de repente se cortó la electricidad.
Ahí fue cuando nos dimos cuenta que se venía de verdad un potente sismo.
En el momento que el sismo se hizo fuerte arrancamos a correr por el pasillo-balcón hasta llegar a la escalera. En esos segundos pensé que se venía el edificio abajo y que iba a tener que saltar para poder safar” – recordó Juan Manuel.
Su compañero que iba adelante se cayó al intentar bajar la escalera, provocándose algunas lesiones.
Durante los minutos restantes que duró el terremoto los chicos se resguardaron debajo de los árboles que estaban en el patio del hostel.
“CUANDO VOLVIÓ LA CALMA NOS ENCONTRAMOS CON DOS DE LAS CHICAS Y EMPEZAMOS A BUSCAR A LAS PERSONAS QUE ANDABAN CON NOSOTROS”.
Con el transcurso del tiempo estabamos todos juntos de nuevo pero sin saber qué hacer. Ninguno había pasado por esto alguna vez y no teniamos idea de cómo manejar la situación.
En un momento vimos un montón de gente caminando por la calle con chalecos salvavidas y empezamos a ponernos nerviosos sobre qué hacer al respecto.
Algunos decían que no habia peligro de tsunami, otros sí.
Decidimos agarrar algunas cosas, entre ellas los pasaportes y arrancamos hacia el cerro que se encuentra en el centro de la isla.
La gente estaba entre ir al cerro o quedarse en la playa para asi evitar si venía otro terremoto que algo se le cayera arriba.
Al llegar al cerro con muchos nervios y con el rezo de toda la gente musulmana que habita estas islas, vino otro temblor bastante fuerte por lo que nos tiramos al suelo y nos abrazamos.
A todo esto dos de los chicos habían ido a otro hostel a buscar una cosas y no volvían.
Por suerte ese temblor los agarró en la playa.
Nos instalamos en el cerro tratando de consolarnos mutuamente. Algunos recurriendo a Dios para pedir protección, otros en su yo interior buscando fuerzas”.
El terremoto fue de 6,9 y luego hubo otros diez en el transcurso de la noche.
El suelo prácticamente no paraba de moverse.
Decidieron entonces pasar toda la noche allí, evitando deambular por las calles en la oscuridad y por si se repetía el episodio.
Algunas personas locales repartieron agua que fue de gran ayuda.
En ningún momento hubo alguien de autoridad para organizar.
Solamente se cruzaron con una señorita que estaba haciendo curaciones por su cuenta, la cual ayudó a uno de nuestros amigos que se habia golpeado al bajar la escalera, nada grave.
A algunos les ganó el sueño… a otros les costó más.
Al amanecer los muchachos llegaron al acuerdo de volver a la playa y al hostel.
Las chicas querían irse, los varones – al ver la cantidad de gente que había y la desesperación – decidieron aguantar para ver qué pasaba. Empezaron los saqueos, los nervios… había que conseguir comida.
Consiguieron un resort que había sido abandonado por el terremoto dejando los freezer sin electridad llenos de comida. “Hicimos un fuego y cocinamos unas hamburguesas.
Luego del mediodía fuimos a ver que tal estaba el panorama en la playa y nos encontramos con un caos nunca visto.
No había organización… no había autoridades… solo barcos que venían y la gente se tiraba arriba para poder irse.
En otra parte de la playa se encontraron una fila civilizada, por así decirlo.
Estaban llevando gente en gomón a otro barco que esperaba un poco más lejos.
Con el poco inglés de los cinco rescatistas y la ayuda de un local que hablaba inglés haciendo de traductor, se organizó un poco la cosa.
Las chicas lograron irse por suerte pero nosotros tuvimos que quedarnos una noche más. La recomendacion era dormir en la playa, lo cual hicimos y al otro día con más calma y menos gente pudimos subir al barco rescatista y llegar a Lombok.
Nos encontramos con un teatro en el puerto de Pamenang, donde había más policías que rescatados, parados haciendo nada y siendo filmados por todos lados.
Nos llamó mucho la atención esto porque la situación que querían mostrar no era la realidad. La realidad se había vivido el día anterior.
En un país donde vienen sufriendo este tipo de desastres naturales en los últimos 50 años, debido a que se encuentran sobre una de las fallas con más movimiento del planeta, se esperaba una respuesta mucho mejor; pero realmente se pusieron de manifiesto las dificultades que se tienen.
En el ómnibus que nos trasladaba a otro lugar pudimos ver que la destrucción en Lombok había sido mucho mayor que en la isla de Gili.
En este otro lugar nos recibieron con comida y agua, lo cual se agradeció mucho.
No me imagino cómo habrá sido eso el día anterior con la cantidad de gente que se evacuó.
Para finalizar fuimos al aeropuerto pero no conseguimos pasaje hasta dentro de los próximos dos días por lo que decidimos tomarnos el ferry a Bali y de allí sí tomar un vuelo a otro lugar más seguro” – concluyó Texeira.







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