Salto también celebró el Día del Patrimonio

El pasado sábado 5, organizado por la Asociación de Amigos del Patrimonio Histórico de Salto, desde la hora 17:00 se desarrolló en el hall principal del Teatro Larrañaga un evento de festejos por el Día del Patrimonio, que este año, y en todo el país, tuvo como centro de los homenajes a la cantante uruguaya Amalia de la Vega, en el centenario de su nacimiento.
El de Salto fue un emotivo acto, con buena convocatoria de público, en el que la profesora e historiadora Ofelia Piegas realizó una disertación sobre la vida y la obra de Amalia de la Vega.
Además, hubo interpretación de canciones de la homenajeada a cargo del dúo salteño «Rosario y Luis» (Rosario Sosa y Luis Benítez) y un muy atractivo espectáculo desarrollado por la Escuela de Danzas «Transitando Huellas», que orienta la profesora Cecilia Lanzieri. (Fotos: Facebook de Alberto Eguiluz).
¿QUÉN FUE AMALIA DE LA VEGA?
Una cantante y compositora uruguaya cuyo verdadero nombre fue María Celia Martínez Fernández. Nació en Melo (Cerro Largo), el 19 de enero de 1919 y falleció en Montevideo el 25 de agosto de 2000. Apodada «La Calandria Oriental» y «La Señora del folclore», se destacó como cantante clásica y popular con un estilo muy propio y personal a través de las milongas, las cifras, los estilos y las vidalitas.
Debutó en radio, en 1942, en las fonoplateas de Carve y El Espectador, acompañada al piano nada menos que por Beba Ponce de León. Amalia se destacó notablemente en escenarios nacionales e internacionales, recorriendo muchas veces Argentina, Brasil y Chile, entre otros países. También supo tocar la guitarra para musicalizar poemas de Tabaré Regules, Serafín J. García y Juana de Ibarbourou. Grabó más de cien discos, «Amalia la nuestra», «Mientras fui dichosa», «Manos ásperas», «El lazo», «Poetas nativistas orientales», «Mate amargo», «Colonia del Sacramento», «Juana de América», entre tantos más.
Dijo Atahualpa Yupanqui que «su voz era como el sonido que parece surgir desde las entrañas de la madre tierra con la autenticidad de los grandes artistas». Y para Alfredo Zitarrosa era «la número uno de todas las épocas».