Saludo de los Obispos con motivo del Día de los Trabajadores

Al acercarse esta jornada de memoria y reflexión, saludamos a todos los hombres y mujeres, en el campo y la ciudad, que con dedicación, talento y sudor, ganan honestamente el pan de cada día. Con él sostienen a sus familias y se suman en la construcción de una sociedad más justa y solidaria.
Este 1º de mayo es un día apropiado para agradecer a todos los trabajadores que hacen posible el desarrollo de la sociedad en su conjunto.
El Domingo 27 de abril celebramos, junto a la de Juan XXIII, la canonización de Juan Pablo II, un papa cuya experiencia personal lo mantuvo siempre cercano al mundo del trabajo. Nos parece bueno recordar su Encíclica sobre el trabajo humano. En ella habla del trabajo y la dignidad de la persona. De ella extractamos estos párrafos sobre la “fatiga” como hecho por todos conocido, porque es por todos experimentado:
“Lo saben los hombres del trabajo manual, realizado a veces en condiciones excepcionalmente pesadas.
La saben no sólo los agricultores, que consumen largas jornadas en cultivar la tierra, la cual a veces «produce abrojos y espinas», sino también los mineros en las minas o en las canteras de piedra, los siderúrgicos junto a sus altos hornos, los hombres que trabajan en obras de albañilería y en el sector de la construcción con frecuente peligro de vida o de invalidez.
Lo saben a su vez, los hombres vinculados a la mesa de trabajo intelectual; lo saben los científicos; lo saben los hombres sobre quienes pesa la gran responsabilidad de decisiones destinadas a tener una vasta repercusión social.
Lo saben los médicos y los enfermeros, que velan día y noche junto a los enfermos.
Lo saben las mujeres, que a veces sin un adecuado reconocimiento por parte de la sociedad y de sus mismos familiares, soportan cada día la fatiga y la responsabilidad de la casa y de la educación de los hijos.
Lo saben todos los hombres del trabajo y, puesto que es verdad que el trabajo es una vocación universal, lo saben todos los hombres.” (Laborem exercens, 9)
En esta fecha tan señalada recordamos ante el Señor Jesús, “el hijo del carpintero”, a todos los fallecidos en accidentes de trabajo.
Pedimos al Señor por intercesión de San José obrero, patrono del mundo del trabajo, que nos ayude a todos a buscar en cada nueva jornada y en un diálogo respetuoso y creativo, el bien común de nuestro país.
El Consejo Permanente de la Conferencia Episcopal del Uruguay.

Al acercarse esta jornada de memoria y reflexión, saludamos a todos los hombres y mujeres, en el campo y la ciudad, que con dedicación, talento y sudor, ganan honestamente el pan de cada día. Con él sostienen a sus familias y se suman en la construcción de una sociedad más justa y solidaria.

Este 1º de mayo es un día apropiado para agradecer a todos los trabajadores que hacen posible el desarrollo de la sociedad en su conjunto.

El Domingo 27 de abril celebramos, junto a la de Juan XXIII, la canonización de Juan Pablo II, un papa cuya experiencia personal lo mantuvo siempre cercano al mundo del trabajo. Nos parece bueno recordar su Encíclica sobre el trabajo humano. En ella habla del trabajo y la dignidad de la persona. De ella extractamos estos párrafos sobre la “fatiga” como hecho por todos conocido, porque es por todos experimentado:

“Lo saben los hombres del trabajo manual, realizado a veces en condiciones excepcionalmente pesadas.

La saben no sólo los agricultores, que consumen largas jornadas en cultivar la tierra, la cual a veces «produce abrojos y espinas», sino también los mineros en las minas o en las canteras de piedra, los siderúrgicos junto a sus altos hornos, los hombres que trabajan en obras de albañilería y en el sector de la construcción con frecuente peligro de vida o de invalidez.

Lo saben a su vez, los hombres vinculados a la mesa de trabajo intelectual; lo saben los científicos; lo saben los hombres sobre quienes pesa la gran responsabilidad de decisiones destinadas a tener una vasta repercusión social.

Lo saben los médicos y los enfermeros, que velan día y noche junto a los enfermos.

Lo saben las mujeres, que a veces sin un adecuado reconocimiento por parte de la sociedad y de sus mismos familiares, soportan cada día la fatiga y la responsabilidad de la casa y de la educación de los hijos.

Lo saben todos los hombres del trabajo y, puesto que es verdad que el trabajo es una vocación universal, lo saben todos los hombres.” (Laborem exercens, 9)

En esta fecha tan señalada recordamos ante el Señor Jesús, “el hijo del carpintero”, a todos los fallecidos en accidentes de trabajo.

Pedimos al Señor por intercesión de San José obrero, patrono del mundo del trabajo, que nos ayude a todos a buscar en cada nueva jornada y en un diálogo respetuoso y creativo, el bien común de nuestro país.

El Consejo Permanente de la Conferencia Episcopal del Uruguay.







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