Saludo de Pascua a la comunidad diocesana

Saludo a todas las comunidades parroquiales y religiosas de la Diócesis con las palabras de Jesús Resucitado: ¡La Paz esté con ustedes!
La celebración de estos días nos deja la gran certeza de que Jesucristo ha vencido, vence y vencerá siempre a la muerte en todas sus formas.
La muerte se nos muestra con muchos rostros: la más fácil de ver es la muerte corporal. Cuando fallece un pariente o vecino, como consecuencia de enfermedades o accidentes, o cuando se llega a una avanzada edad.
Pero hay también otros tipos de muertes: cuando “matamos” con la lengua y el pensamiento: faltando a la verdad, cuando prometemos lo que no estamos dispuestos a cumplir, cuando en la vida social o familiar alimentamos engaños y burlas.
Otras veces la muerte es silenciosa y deja ausencias invisibles en el corazón. Cuando dejamos apagarse buenos sentimientos o valores en que creíamos, o abandonamos creencias religiosas que profesábamos.
Verdaderamente Cristo ha resucitado y sopla fuerte para que todo lo bueno también reviva. Y de manera especial la confianza en sus palabras que siguen hablándonos de muchas formas.
Si hemos recibido el Bautismo, ese sello no se borra jamás. El soplo de la Pascua puede reavivar esa llama que se encendió en aquella hora. Y seguramente se despertará también la nostalgia de ese Padre Dios que tanto nos ama, que nos mandó visiblemente a su Hijo Jesucristo.
Abramos el corazón para que el agua del costado de Cristo nos lave, la pasión de Cristo nos conforte y la certeza de que la Resurrección de Cristo nos hará también resucitar en las pequeñas cosas de cada día.
¡Feliz Pascua de la mano del Resucitado!
Pablo, obispo de Salto
2 de abril de 2015.

Saludo a todas las comunidades parroquiales y religiosas de la Diócesis con las palabras de Jesús Resucitado: ¡La Paz esté con ustedes!

La celebración de estos días nos deja la gran certeza de que Jesucristo ha vencido, vence y vencerá siempre a la muerte en todas sus formas.

La muerte se nos muestra con muchos rostros: la más fácil de ver es la muerte corporal. Cuando fallece un pariente o vecino, como consecuencia de enfermedades o accidentes, o cuando se llega a una avanzada edad.

Pero hay también otros tipos de muertes: cuando “matamos” con la lengua y el pensamiento: faltando a la verdad, cuando prometemos lo que no estamos dispuestos a cumplir, cuando en la vida social o familiar alimentamos engaños y burlas.

Otras veces la muerte es silenciosa y deja ausencias invisibles en el corazón. Cuando dejamos apagarse buenos sentimientos o valores en que creíamos, o abandonamos creencias religiosas que profesábamos.

Verdaderamente Cristo ha resucitado y sopla fuerte para que todo lo bueno también reviva. Y de manera especial la confianza en sus palabras que siguen hablándonos de muchas formas.

Si hemos recibido el Bautismo, ese sello no se borra jamás. El soplo de la Pascua puede reavivar esa llama que se encendió en aquella hora. Y seguramente se despertará también la nostalgia de ese Padre Dios que tanto nos ama, que nos mandó visiblemente a su Hijo Jesucristo.

Abramos el corazón para que el agua del costado de Cristo nos lave, la pasión de Cristo nos conforte y la certeza de que la Resurrección de Cristo nos hará también resucitar en las pequeñas cosas de cada día.

¡Feliz Pascua de la mano del Resucitado!

Pablo, obispo de Salto

2 de abril de 2015.