Se despidió el goleador

James Rodríguez se fue del Mundial, pero dejó un legado: los seis goles que lo transforman en el goleador del evento. El colombiano, que ayer explotó en lágrimas, verá por televisión lo que resta del torneo, después de haber anotado en los cinco partidos de su selección y haber sido una de las grandes figuras de la competencia.

James Rodríguez se despidió ayer del Mundial, al igual que toda Colombia. El jugador del Mónaco francés llegó con la ilusión de avanzar hasta donde más se pudiera, pero pocos colombianos pensaban que el equipo podría remar hasta los cuartos de final, instancia a la que nunca había llegado la selección “cafetera” en la historia de los Mundiales.
Un gol de antología en el partido por los octavos de final ante Uruguay y otros cinco contra el resto de los los rivales que enfrentó, sitúan a Rodríguez, de 22 años, como el máximo artillero del campeonato, hasta ahora.
En el último partido, frente a Brasil, el hábil futbolista no fue el mismo de los juegos anteriores, pero de todas formas dejó su sello en la red el arco de Julio César, al ejecutar de gran forma el tiro penal que le dio el gol del descuento a su selección.
ADIÓS CON LÁGRIMAS
Al final, cuando el árbitro levantó la mano y señaló la mitad del campo, Rodríguez no pudo contener las lágrimas.
El capitán brasileño Thiago Silva y el zaguero David Luiz fueron a consolarlo con abrazos. Después acudió Marcelo, pero fue David Luiz quien se quedó con su camiseta roja, dado que ayer Colombia utilizó su indumentaria de alternativa.
“La verdad es que ver a tantos ‘cracks’ abrazándome, me pone feliz”, dijo el colombiano tras el partido.
“Hay que levantar cabeza. Queríamos seguir en el Mundial, pero no se pudo. Estamos tristes, pero también tenemos que sentirnos orgullosos porque dejamos la piel en la cancha”, acotó.
Y después, al ser consultado por sus lágrimas, el “10” colombiano respondió: “Los hombres también lloran y más cuando sienten el dolor que sentimos nosotros”.
Feliz por el triunfo de su equipo y la clasificación a la semifinal, David Luiz -que anotó un soberbio gol de tiro libre-, salió de la cancha del estadio Castelao de Fortaleza con la camiseta de Rodríguez. Se la puso al revés y en el pecho decía “James”. Un homenaje para uno de esos jugadores que hicieron sentir que Colombia no llegó como relleno al Mundial y que dará pelea en la Copa América del próximo año.

James Rodríguez se despidió ayer del Mundial, al igual que toda Colombia. El jugador del Mónaco francés llegó con la ilusión de avanzar hasta donde más se pudiera, pero pocos colombianos pensaban que el equipo podría remar hasta los cuartos de final, instancia a la que nunca había llegado la selección “cafetera” en la historia de los Mundiales.

Un gol de antología en el partido por los octavos de final ante Uruguay y otros cinco contra el resto de los los rivales que enfrentó, sitúan a Rodríguez, de 22 años, como el máximo artillero del campeonato, hasta ahora.

En el último partido, frente a Brasil, el hábil futbolista no fue el mismo de los juegos anteriores, pero de todas formas dejó su sello en la red el arco de Julio César, al ejecutar de gran forma el tiro penal que le dio el gol del descuento a su selección.

ADIÓS CON LÁGRIMAS

Al final, cuando el árbitro levantó la mano y señaló la mitad del campo, Rodríguez no pudo contener las lágrimas.

El capitán brasileño Thiago Silva y el zaguero David Luiz fueron a consolarlo con abrazos. Después acudió Marcelo, pero fue David Luiz quien se quedó con su camiseta roja, dado que ayer Colombia utilizó su indumentaria de alternativa.

“La verdad es que ver a tantos ‘cracks’ abrazándome, me pone feliz”, dijo el colombiano tras el partido.

“Hay que levantar cabeza. Queríamos seguir en el Mundial, pero no se pudo. Estamos tristes, pero también tenemos que sentirnos orgullosos porque dejamos la piel en la cancha”, acotó.

Y después, al ser consultado por sus lágrimas, el “10” colombiano respondió: “Los hombres también lloran y más cuando sienten el dolor que sentimos nosotros”.

Feliz por el triunfo de su equipo y la clasificación a la semifinal, David Luiz -que anotó un soberbio gol de tiro libre-, salió de la cancha del estadio Castelao de Fortaleza con la camiseta de Rodríguez. Se la puso al revés y en el pecho decía “James”. Un homenaje para uno de esos jugadores que hicieron sentir que Colombia no llegó como relleno al Mundial y que dará pelea en la Copa América del próximo año.







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