Sin levantar banderas de gloria ni historias heroicas, pero “enamorado de Salto”, murió Julio Marenales

Un día me subí a un ómnibus de la Línea 1, iba para mi casa en la Zona Este y era de noche no muy tarde pero hacía frío. Cuando al buscar un asiento encontré al final un lugar para sentarme. No presté atención a quien ocupaba el lado de la ventana, aunque al mirarlo de nuevo su figura me llamó la atención. Me dije ‘este es Marenales’. Su ropa era siempre la misma, un jeans, una campera de pana marrón verdosa y su gorrito de siempre.
No me quedé con las ganas y lo mío más que una pregunta fue una afirmación:_ Discúlpeme, ¿¡pero usted es Marenales!? A lo que él me respondió sonriente, “sí, soy”. Ahí me contó que estaba viviendo en Salto desde hacía un tiempo junto a su esposa y tras presentarme e identificarme como periodista, hasta me dio la dirección para que vaya a hablar con él cuando quiera. El tiempo me jugó una mala pasada y me quitó una oportunidad de conversar con alguien por lo menos interesante y con una historia por contar.
Pero aquí refloto mi última charla con él, fue en la Plaza Artigas cuando concurrí a hacer la cobertura para un acto por el Día del Detenido Desaparecido. Aquí reflotamos la misma. Marenales tenía 89 años y 84 como informamos ayer, a los lectores las disculpas del caso.
Hugo LemosJulio Marenales en el juzgado de Juan Carlos Gómez. Foto: Santiago Mazzarovich/adhocFotos
LA ÚLTIMA NOTA
Extupamaro, Julio Marenales dijo que el Ejército “hace mal mezclando a los que delinquieron con las nuevas generaciones”
Eran pocos, pero representativos de ese colectivo militante por el esclarecimiento de la verdad con el destino de los detenidos desaparecidos durante la última dictadura militar uruguaya, que se llevó consigo a unas cuantas personas, sin que se pudiera saber finalmente qué pasó con ellos. Así se conmemoró el primer acto del Día del Detenido Desaparecido el pasado 30 de agosto en la Plaza Artigas.
Los participantes de la ocasión, descubrieron una placa puesta en el lugar por un conjunto de organizaciones como Crysol (asociación de expresos políticos durante esa época), el Movimiento Estudiantil Salto (un grupo de estudiantes de distintos centros educativos por fuera de los gremios de cada lugar con clara definición de izquierda), el PIT CNT y la Intendencia de Salto, cuyo gobierno encabezado por Andrés Lima, responde al Frente Amplio.
Entre los salteños que enumera la placa como desaparecidos hasta el día de hoy están: José Enrique Caitano, Yolanda Casco, Eduardo Gallo, Leonardo Gelpi, Eduardo Pérez (que ahora se sabe que lo mató José Gavazzo) y Silvina Saldaña. En la oportunidad, leyeron una reseña sobre la vida de cada uno de ellos hasta donde se supo, ya que una vez entradas las dictaduras militares del Plan Cóndor en los países del Cono Sur de América, los mismos fueron detenidos por las fuerzas represivas de la época y desaparecidos hasta el presente.
En el grupo de personas que acompañó la ocasión, además de autoridades de la Intendencia de Salto y de representantes de la Mesa Política del Frente Amplio, había familiares de algunos de los desaparecidos, así como representantes de las organizaciones que acompañaron la instancia.
Más atrás, abrigado por el frío, casi desapercibido aunque con todas las miradas encima, relojeando su presencia como alguien que fue referente de esa época, se encontraba el exjefe tupamaro Julio Marenales, uno de los nueve rehenes de la dictadura uruguaya, que, casado con una salteña, vive en Salto desde hace algunos años.
Al ser descubierto por el periodista de EL PUEBLO, conversó animadamente sin rodeos sobre todo lo que le parecía, hasta que lo vinieron a buscar para ser parte del acto homenaje que se cumplía en ese momento, pero al menos tuvo tiempo para reflexionar sobre todo esto. Un exjefe guerrillero, devenido en picapedrero del barrio Dos Naciones, que se declaró “enamorado de Salto” un lugar donde quiere “dejar sus huesitos” cuando muera.
ERA NECESARIO
Marenales habla sin rodeos y de manera verborrágica. Nunca tuvo problemas en decir lo que pensaba, así esto costara políticamente alguna crítica hacia la interna del sector fuerte del Frente Amplio, el MPP, que integra y del cual participa activamente en Salto. “Voy a cumplir 88 años”, dice sin preámbulos cuando es consultado por el tiempo que hace que anda en la vuelta, entre la clandestinidad, la cárcel y la militancia política.
Sobre la conmemoración de ese día dijo: “en realidad se supone que lo que es un gobierno progresista tenía que encarar este tema, no le quedaba otra. Porque el gobierno progresista tiene el apoyo de toda la gente que pasó por esta situación y de los hijos de la gente que pasó por todo esto, así que debían encararlo”.
Y agregó que “no deja de ser un tema muy difícil, porque hay un hecho bien complejo, el Ejército como institución, porque no fueron individualmente los militares, fue el Ejército como tal, que hizo lo que hizo y hay una gran parte de individuos que participaron en aquel momento que siguen estando en el Ejército, entonces no resulta fácil encarar el tema. La gente habla del fenómeno de los desaparecidos como hablamos todos, pero es un tema que no tiene solución porque para tener una verdad a fondo, tendrían que hablar los militares y estos no van a hablar”.
Para Marenales “un Ejército en el cual permanecen personas que cometieron todos esos delitos, y que además hay algo que yo critico, donde hay compañeros, llamémosle de izquierda, que en la forma que están actuando junto a las nuevas generaciones de oficiales, uniendo nuevos oficiales con los que cometieron los delitos, es un grave error, porque eso no ayuda a decantar”.
EL SÓTANO
Recordó cuando estuvo preso en el departamento de Durazno siendo uno de los nueve rehenes de la dictadura, donde por cada acción armada que tuvieran los Tupamaros y que costara una vida más, uno de ellos estaba amenazado de muerte y en cuya condición se encontraban además de él, Fernández Huidobro, Mauricio Rosencof, Adolfo Wasem, José “Pepe” Mujica, Henry Engler, Jorge Manera, Jorge Zabalza y Raúl Sendic (padre).
“Estaba en un sótano, al que le llamaban el aljibe, que no era el aljibe de una casa sino que era un depósito enorme de agua y estuve hace no mucho tiempo con unos cineastas argentinos que querían hacer un trabajo allí, entonces los encargados de que los cineastas hiciera su trabajo era un capitán joven. Y cuando estuve a solas en un momento con él, le dije que me parecía un grave error mezclar a los militares que cometieron delitos con las nuevas generaciones, porque ese capitán tenía 13 años cuando pasó todo, no tenía idea de nada y no es corresponsable de lo que pasó, por eso considero que es un grave error meter a todos en la misma bolsa”, sostuvo Marenales.
Y comentó que cuando “hace poco tiempo hubo un oficial que habló, los compañeros lo escracharon y les dije ustedes están cometiendo un gravísimo error, porque si hacen eso con uno que habla, no va a hablar ninguno más”.
ENCANTADO
Consultado acerca de cómo lo trata Salto, Marenales dijo “¡ah!, yo estoy encantado con Salto. Me transformé en salteño y voy a dejar mis huesitos por acá”. Y sobre la escasa participación que tienen esas actividades como la que se estaba desarrollando en la Plaza Artigas añadió que “me gustaría que hubiera más gente acá hoy, pero lo que pasa es que este tema no pertenece a las nuevas generaciones sino a las que ya pasaron, para los jóvenes esto es un tema muy lejano. No hay que trasladarles nada, porque la gente que viene deben ser parientes de los que pasaron por esto, ya está”.
Mujica dijo que cuando todos los protagonistas de esa historia hayan fallecido ahí se va a saber la verdad porque se va a hablar con otra libertad, pero Julio Marenales no coincide con eso: “cuando estemos todos muertos no se va a hablar más del tema, porque si estamos muertos nadie puede hablar”, dijo riéndose y se despidió para participar del acto.