Taller “Ajedrez – Estrategia y Táctica en la Educación Escolar”

Hasta el 31 de julio los maestros podrán inscribirse on line para participar del taller “Estrategia y Táctica en la Educación Escolar”.

Se conformará un grupo de docentes de Magisterio para desarrollar actividades de ajedrez en la currícula escolar, desde su carácter lúdico y sus propiedades cognitivas. ajedrez001
Desarrollar actividades de ajedrez en la currícula escolar, desde su carácter lúdico y sus propiedades cognitivas. Se adquirirán conocimientos técnico prácticos de las reglas, historia y actualidad del ajedrez, de sus fundamentos y de su técnica, implementación de estrategias pedagógicas asistidas en aulas.

Ajedrez y educación – La conexión “ajedrez y educación” ha sido transitada numerosas veces.
En la mayoría de los casos ocurre que el vínculo está, podría decirse, entorpecido por una terca búsqueda de justificación basada en las propiedades intrínsecas del ajedrez, por un intento de demostrar que este rebosa de perfección y virtudes que no existirían en otros juegos.
Parecería ser un modo de enunciar: no nos expulsen de la escuela, nuestro juego es tan virtuoso que su mera inclusión redundará en beneficios notables.
El paso siguiente es servirse del calificativo “ciencia” (esa curiosa afirmación del ajedrez como “juego ciencia” que apenas merecería un intento de refutación) y buscar la costilla matemática de las piezas y el tablero.
Aún, hay otro paso: la enumeración de las “personalidades” que practicaron el “noble” juego.
Es en ese momento en el que las ideas empiezan a atenuarse.
Porque hablar acerca del costado ajedrecístico es solamente uno de los puntos de esa conexión.
También habría que decir algunas palabras de la educación escolar y más todavía, de cuál o cuáles podrían ser los modos de conectar el juego del ajedrez y las prácticas escolares. En cualquier caso, las propiedades del ajedrez no son suficientes para establecer, sin más, una relación ajedrez escuela, usando a la matemática como aglutinante.
De hecho, la música también tiene propiedades matemáticas y, no obstante, esa faceta queda inexplorada, por lo general, en el ámbito escolar. Los más reiterados son esos escritos que anudan ajedrez y educación de un modo unidireccional, en los cuales subyace –o es explícito– el siguiente aserto: el ajedrez sirve para algo.
Aquí, digamos, se toma al ajedrez para instrumentalizarlo.
En sí mismo, es legítimo tal posicionamiento, aunque, desde mi perspectiva, adolece de un defecto: no explota toda la potencia del ajedrez.
Y otro inconveniente: si eso que, según se afirma, el ajedrez ayudaría a lograr no fuera cierto, el ajedrez debería egresar de la escuela y seguir su “trabajo” en el ámbito deportivo.
Por el contrario, el ajedrez escolar es valioso por sí mismo (independientemente de sí se encuentra “algo” para lo que pueda servir), aunque eso no lleve, necesariamente, a que en todas las jurisdicciones escolares del mundo se decida incluirlo.
También es valiosa la lógica y no está en todos los diseños curriculares. Entonces, afirmo que el ajedrez escolar es susceptible de ser pensado en un movimiento bidireccional. El camino de vuelta estaría dado por el acercamiento de lo escolar hacia el ajedrez, el acercamiento de un maestro o maestra que consideran que para su trabajo cotidiano en el aula, será él o ella quien se acerque a ver qué puede encontrar en el ajedrez escolar que, mientras tanto, estará ahí, haciendo su propia labor de plantear problemas continuos, de simbolizar el mundo de los niños, ofreciendo ese espacio necesario y potente que es el juego. Estará haciendo eso y esperando, a la vez, ese movimiento que permita, al enlazar prácticas, reforzar la función escolar. Veamos unas notas acerca del ajedrez para pensar qué puede ir a buscar –y encontrar– lo escolar allí.
Del juego ajedrez. El ajedrez es, primeramente, un juego. Es esa su marca distintiva. Y el juego es “inútil”, no sirve para nada; o mejor dicho, no sirve para nada de aquello que buscan quienes se acercan desde afuera y pretenden instrumentarlo con otros propósitos, nobles tal vez, pero ajenos al juego mismo. Que no sea útil no implica que no sea grave, respetable y trascendente. El hecho de que el ajedrez sea un juego de estrategia en el cual diversas operaciones del pensamiento deben ponerse en práctica no le quita su aspecto inútil, como otros juegos y deportes.
Si comparásemos al ajedrez con la filosofía –cuya inclusión parece mucho más razonable y que encuentra apenas un poco de espacio en la escuela media– daría la impresión de que no hay muchas razones para que el ajedrez ocupe el lugar que ocupa.
Cabría adelantar que no todas tienen vinculación directa con las características propias del juego, sino con otras circunstancias como, por ejemplo, el carácter arbitrario e histórico de todo currículo, que no es otra cosa que una expresión.
Casi no es necesario abundar mucho en los aspectos que brinda el juego, ese “pasar del otro lado del espejo”; pero el juego, en realidad el juego “inútil”, todavía no es bien visto en las escuelas.
Quizá es interesante señalar que las representaciones que del juego se tienen vulgarmente no contribuyen, o mejor dicho, no van en sintonía con las teorizaciones más elaboradas y reconocidas y ello es un gran obstáculo porque el juego es visto como lo opuesto al trabajo, como algo que no es serio ni importante. Se le quita la gravedad que cualquier jugador y en especial, los niños adquieren durante el juego.







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