Turismo y basura

El turismo es un sector de la actividad lugareña, que ha emergido con mucha fuerza en el último medio siglo y ha cobrado gran importancia, por cuanto del mismo dependen –directa e indirectamente- el empleo y el ingreso de miles de personas y de familias salteñas. Se hace necesario cuidarlo, en un esfuerzo mancomunado de las autoridades públicas y de toda la población, sin excepciones.
Las Termas, la Costanera, la Represa y la Ciudad misma son atractivos para el turismo, pero es imprescindible que todos esos lugares no estén sucios, ni menos sepultados por la basura. Que no sólo los lugares privados, sino también los espacios públicos, luzcan pulcros y limpios. Cosa –esta última- que en los últimos tiempos brilla por su ausencia en estos pagos. Es obvio señalar la necesidad de limpieza, pero su importancia se incrementa cuando esos sitios configuran atractivos para el turismo. La falta de higiene hace perder todo el encanto que ellos potencialmente puedan tener. De ahí, que si se quiere mantener el turismo, como un sector dinámico de nuestra economía local, cuidar los capitales invertidos en esa área, y muy especialmente, los empleos e ingresos que genera, el tema de la basura en nuestra ciudad debe ser solucionado en forma definitiva y eficaz.
No obstante, la realidad nos muestra que en materia de limpieza urbana en Salto, hemos retrocedido en los últimos tiempos, casi, casi, a los tiempos de la caverna. Los servicios municipales de recolección y barrido se han vuelto una calamidad. Se cumplen malamente o simplemente no se cumplen. La basura se amontona por todos lados; y cuando la acción de hurgadores y perros la siembran en la vía pública, nadie la recoge. Allí queda, por días y días o hasta la próxima lluvia. La ciudad y sus alrededores lucen como un inmenso basural a cielo abierto. La contaminación ambiental es manifiesta. Basta recorrer las calles del centro, los barrios, la Costanera, la zona de quintas o el lugar que sea. Ello contamina el medio ambiente, afecta la salud y para un turista es la peor de las imágenes.
A su vez, acá no hay educación ciudadana. El pucho o la cajilla vacía se tiran despreocupadamente en la calle o se la arroja olímpicamente por la ventanilla del auto. Lo mismo pasa con un envase vacío o la cáscara de una fruta. Se saca el perro a efectuar sus necesidades y se deja el excremento en la vereda. Se saca la bolsa de la basura de mañana, cuando el recolector pasa de noche. O se la pone en un canasto y allí la desparraman los hurgadores o los perros sueltos. O se la deja abandonada en los caminos de las chacras. Y por ahí podríamos seguir.
Si no se logra barrer las calles y recoger la basura, menos aún puede hablarse de la necesaria clasificación y reciclaje, para cuidar el medio ambiente y aprovechar la riqueza existente en los residuos: vidrio, plástico, metales, materia orgánica, etc.
La nueva Administración Departamental tiene en esto, un amplio campo de acción. Parecería necesario formular un programa de largo aliento que sea realista e irlo cumpliendo por etapas. Ante todo, poner en marcha y normalizar el barrido y la recolección. Luego mejorarlos. Pero además, impulsar una campaña, sostenida en el tiempo, para que la población cambie positivamente sus hábitos de higiene -particularmente en el manejo de la basura- y tome conciencia que debe colaborar y comprometerse en mantener limpios, no sólo sus domicilios, sino también los espacios públicos. Que la limpieza de la ciudad es tarea de todos. Que se debe ayudar a limpiar y no a ensuciar. Asimismo, establecer la clasificación de la basura desde donde se genera, ya sea en la familia o en la empresa. Y luego de recogida, establecer los mecanismos adecuados para que se complete su clasificación final y el reciclaje de los materiales que contiene. Todo ello hará de Salto una ciudad limpia, eliminando la contaminación provocada por la basura y aprovechando su valor económico. Se tendrá una ciudad con mejor calidad de vida y más rica, a la vez que se sustentará el turismo receptivo, del cual vive tanta gente en este solar salteño.
Carlos Texeira Varesi.