Turista coterránea “atrapada” en el asalto al Shopping Costa Urbana, relata los momentos de tensión vividos

El Shopping Costa Urbana, construido recientemente en Avda. Giannattasio, fue escenario de una rapiña y de un tiroteo. Felizmente no hubo que lamentar víctimas fatales, pero sí personas heridas y la conmoción general ocasionada cuando cuatro delincuentes en un auto robado descendieron en el mencionado lugar con intenciones de robar. Luego de entrar en tres locales y de robar en dos, se produjo el tiroteo.
DE VACACIONES
EN LA COSTA
Adriana Ferreira junto a su hija Faustina  y Susana, una amiga, estaban de vacaciones en la costa, habían decidido conocer el lugar esa tardecita y allí estaban. “Nos atrajo la idea de conocerlo ya que estábamos a media hora de viaje. Nos gustó todo, es muy bonita la arquitectura. Está construido a ambos lados de la Interbalnearia y unido por un puente flotante donde hay locales. Viniendo hacia Montevideo, a la derecha hay estacionamientos. Primero iba a estacionar el auto bien a la entrada porque había un espacio, pero como no me daba el lugar porque rozaba en un muro, decidí cambiarlo más al fondo. Después nos enteramos que ahí fue lo peor del tiroteo y que cuando los ladrones escaparon, balearon cantidad de autos. Se escapó el mío de casualidad.
Todo ocurrió en la entrada del Shopping, porque allí es donde están ubicados los locales de FUCAC, OCA y Creditel. Habríamos pasado por esa zona media hora antes y estuvimos mirando mallas, luego subimos. Cuando estábamos en “Lolita” empezamos a sentir ruidos como de carteles que caían -esa fue la sensación que nos dio-,  pero no eran carteles sino tiros; la gente corría para todos lados y se metía en los locales comerciales.
HABÍA MUCHA GENTE
El pánico fue general. Eran las nueve de la noche y había mucha gente: madres con niños, parejas, gente anciana. Es un lugar muy concurrido. Atinamos a meternos en un probador y correr la cortina.
Luego de cinco o diez minutos, cuando no sentimos más disparos miramos para afuera y vimos que la gente seguía corriendo y ocultándose. Cuando se tranquilizó todo, salimos. Una de las empleadas de Lolita hablaba por teléfono con su esposo, que ya venía a buscarla; ella estaba tranquila. El esposo llegó blanco como un papel con una niña de un año y medio más o menos en los brazos. Había visto todo el tiroteo porque sucedió cuando él iba pasando; contó que inmediatamente se metió en una casa de electrodomésticos y se refugió detrás de un lavarropas para proteger a su hija, la que no se percató del incidente.
Un señor que estaba en “Lolita” esperando a la madre, quedó duro y no atinaba a nada, quedó parado. Me quedó la imagen de su cara: miraba fijo  hacia fuera, le preguntamos si ya habría pasado todo y no nos podía contestar.
Fuimos a otro lugar que queda en el puente flotante, tiene unos vidrios inmensos hasta arriba y se veía la entrada del Shopping. Allí todo era movimiento, había seis ambulancias  y cinco patrulleros todos llegados por la Interbalnearia. Escuchamos que los tipos tiraron tiros para todos lados y habían herido al guardia, que parece que se les tiró encima sin ningún tipo de armas. Oímos que tienen las armas pero no están cargadas. No sé si es tan así, yo no vi que los guardias tuvieran armas. Estuvieron alrededor de quince minutos allí y se llevaron al guardia.
10 MINUTOS DE
CONFUSIÓN GENERAL
La situación duró alrededor de diez minutos.
Pensamos quedarnos quietas ahí porque temíamos que alguno de los asaltantes hubiera quedado dentro, pero cuando pasó todo empezamos a caminar e intentamos salir. Probamos por un lado, estaba cerrado, preguntamos por dónde salir y nadie nos decía. Donde veíamos gente con niños la seguíamos, porque no teníamos idea de dónde quedaban las salidas, era la primera vez que íbamos y por donde habíamos entrado, estaba todo cercado pues ahí fue el asalto.
Nos llamó la atención que nadie nos dijo nada, no hubo anuncio de que ya hubiera pasado el peligro y que podíamos salir, de que teníamos que dirigirnos a tal o cual lugar o seguir a los guardias, nada de nada. Caminamos y caminamos para un lado y otro. Había aglomeración de gente, había como veinte personas reunidas que parecía que los estuvieran entrevistando. La cosa es que, cuando salimos, nos fuimos de ahí “con la cola entre las patas”.
Además, nos quedó la sensación de si no habría algo más porque ya habíamos visto caras “raras” cuando entramos. Incluso cuando salimos  había un muchacho mirando celulares y pensábamos quién sabe si no aprovecha, porque ¿a quién se le ocurre mirar celulares en un momento de pánico? Quedamos desconfiadas.
Muchos locales cerraron automáticamente; otros no lo hicieron y la gente se metió allí, incluso algunos llamaban a la gente para que entrara.
El pánico fue por las balas, porque nunca se sabe ni para qué lado van y si los tipos no iban a subir a la otra planta. Lo que se nos ocurrió en el momento fue tratar de ocultarnos para protegernos. En ese momento por tu mente pasan cantidad de cosas.
LA SENSACIÓN DE
PÁNICO PERMANECE
Al día siguiente fuimos a Tienda Inglesa, en Atlántida. Cuando entramos, todos teníamos la misma sensación de pánico, nos costó; después dijimos ya pasó, quedó atrás. El incidente del día anterior nos dejó sensibilizados. Lo positivo fue que en ese momento guardamos la calma. Si nos hubiera dado por correr, hubiera sido peor. Todos reaccionamos diferente: el señor que mencioné quedó parado sin reaccionar, una chica se puso a llorar, algunos corrían, otros parecían no dar importancia y miraban las vidrieras. Toda la gente tiene distintas reacciones. Ahora, la falta de alguien que guíe una situación así, fue notoria. Es un Shopping muy grande para no haber organización.  Creo que la mayoría de los siniestros sucede por eso, por falta de organización. Ahí no hubo nada, se preocuparon únicamente de los heridos y de cerrar el escenario del asalto. La única forma de salir por donde habíamos entrado era pasar por donde había sido el robo,  y estaba todo cerrado con cintas y había policías.

El Shopping Costa Urbana, construido recientemente en Avda. Giannattasio, fue escenario de una rapiña y de un tiroteo. Felizmente no hubo que lamentar víctimas fatales, pero sí personas heridas y la conmoción general ocasionada cuando cuatro delincuentes en un auto robado descendieron en el mencionado lugar con intenciones de robar. Luego de entrar en tres locales y de robar en dos, se produjo el tiroteo.

DE VACACIONES EN LA COSTA

Adriana Ferreira junto a su hija Faustina  y Susana, una amiga, estaban de vacaciones en la costa, habían decidido conocer el lugarCosa Urbana Shopping esa tardecita y allí estaban. “Nos atrajo la idea de conocerlo ya que estábamos a media hora de viaje. Nos gustó todo, es muy bonita la arquitectura. Está construido a ambos lados de la Interbalnearia y unido por un puente flotante donde hay locales. Viniendo hacia Montevideo, a la derecha hay estacionamientos. Primero iba a estacionar el auto bien a la entrada porque había un espacio, pero como no me daba el lugar porque rozaba en un muro, decidí cambiarlo más al fondo. Después nos enteramos que ahí fue lo peor del tiroteo y que cuando los ladrones escaparon, balearon cantidad de autos. Se escapó el mío de casualidad.

Todo ocurrió en la entrada del Shopping, porque allí es donde están ubicados los locales de FUCAC, OCA y Creditel. Habríamos pasado por esa zona media hora antes y estuvimos mirando mallas, luego subimos. Cuando estábamos en “Lolita” empezamos a sentir ruidos como de carteles que caían -esa fue la sensación que nos dio-,  pero no eran carteles sino tiros; la gente corría para todos lados y se metía en los locales comerciales.

HABÍA MUCHA GENTE

El pánico fue general. Eran las nueve de la noche y había mucha gente: madres con niños, parejas, gente anciana. Es un lugar muy concurrido. Atinamos a meternos en un probador y correr la cortina.

Luego de cinco o diez minutos, cuando no sentimos más disparos miramos para afuera y vimos que la gente seguía corriendo y ocultándose. Cuando se tranquilizó todo, salimos. Una de las empleadas de Lolita hablaba por teléfono con su esposo, que ya venía a buscarla; ella estaba tranquila. El esposo llegó blanco como un papel con una niña de un año y medio más o menos en los brazos. Había visto todo el tiroteo porque sucedió cuando él iba pasando; contó que inmediatamente se metió en una casa de electrodomésticos y se refugió detrás de un lavarropas para proteger a su hija, la que no se percató del incidente.

Un señor que estaba en “Lolita” esperando a la madre, quedó duro y no atinaba a nada, quedó parado. Me quedó la imagen de su cara: miraba fijo  hacia fuera, le preguntamos si ya habría pasado todo y no nos podía contestar.

Fuimos a otro lugar que queda en el puente flotante, tiene unos vidrios inmensos hasta arriba y se veía la entrada del Shopping. Allí todo era movimiento, había seis ambulancias  y cinco patrulleros todos llegados por la Interbalnearia. Escuchamos que los tipos tiraron tiros para todos lados y habían herido al guardia, que parece que se les tiró encima sin ningún tipo de armas. Oímos que tienen las armas pero no están cargadas. No sé si es tan así, yo no vi que los guardias tuvieran armas. Estuvieron alrededor de quince minutos allí y se llevaron al guardia.

10 MINUTOS DE CONFUSIÓN GENERAL

La situación duró alrededor de diez minutos.

Pensamos quedarnos quietas ahí porque temíamos que alguno de los asaltantes hubiera quedado dentro, pero cuando pasó todo empezamos a caminar e intentamos salir. Probamos por un lado, estaba cerrado, preguntamos por dónde salir y nadie nos decía. Donde veíamos gente con niños la seguíamos, porque no teníamos idea de dónde quedaban las salidas, era la primera vez que íbamos y por donde habíamos entrado, estaba todo cercado pues ahí fue el asalto.

Nos llamó la atención que nadie nos dijo nada, no hubo anuncio de que ya hubiera pasado el peligro y que podíamos salir, de que teníamos que dirigirnos a tal o cual lugar o seguir a los guardias, nada de nada. Caminamos y caminamos para un lado y otro. Había aglomeración de gente, había como veinte personas reunidas que parecía que los estuvieran entrevistando. La cosa es que, cuando salimos, nos fuimos de ahí “con la cola entre las patas”.

Además, nos quedó la sensación de si no habría algo más porque ya habíamos visto caras “raras” cuando entramos. Incluso cuando salimos  había un muchacho mirando celulares y pensábamos quién sabe si no aprovecha, porque ¿a quién se le ocurre mirar celulares en un momento de pánico? Quedamos desconfiadas.

Muchos locales cerraron automáticamente; otros no lo hicieron y la gente se metió allí, incluso algunos llamaban a la gente para que entrara.

El pánico fue por las balas, porque nunca se sabe ni para qué lado van y si los tipos no iban a subir a la otra planta. Lo que se nos ocurrió en el momento fue tratar de ocultarnos para protegernos. En ese momento por tu mente pasan cantidad de cosas.

LA SENSACIÓN DE PÁNICO PERMANECE

Al día siguiente fuimos a Tienda Inglesa, en Atlántida. Cuando entramos, todos teníamos la misma sensación de pánico, nos costó; después dijimos ya pasó, quedó atrás. El incidente del día anterior nos dejó sensibilizados. Lo positivo fue que en ese momento guardamos la calma. Si nos hubiera dado por correr, hubiera sido peor. Todos reaccionamos diferente: el señor que mencioné quedó parado sin reaccionar, una chica se puso a llorar, algunos corrían, otros parecían no dar importancia y miraban las vidrieras. Toda la gente tiene distintas reacciones. Ahora, la falta de alguien que guíe una situación así, fue notoria. Es un Shopping muy grande para no haber organización.  Creo que la mayoría de los siniestros sucede por eso, por falta de organización. Ahí no hubo nada, se preocuparon únicamente de los heridos y de cerrar el escenario del asalto. La única forma de salir por donde habíamos entrado era pasar por donde había sido el robo,  y estaba todo cerrado con cintas y había policías.







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