Un incendio lo dejó sin nada, pero le hicieron una pieza con lo indispensable

Un incendio lo dejó sin nada, pero le  hicieron una pieza con lo indispensable
Benjamín apenas se está recuperando del shock de haber visto su precaria vivienda completamente destruida por las llamas y su casa ya está nuevamente en pie. Se la construyeron en menos de dos días.
Benjamín Fernández, de 71 años de edad, vive en su precaria vivienda de calle Zorrilla de San Martín, entre Barbieri y Diego Lamas a media cuadra de Plaza Flores en el barrio Cerro, desde hace tres  años aproximadamente y el pasado jueves la finca se prendió fuego mientras él no se encontraba allí.
Con una cordial simpatía, el dueño de casa debió despedir a su vecino con quien conversaba sobre la vereda para recibir a EL PUEBLO. Con gran amabilidad y entusiasmo nos invitó a ingresar a su morada. Bajó los escalones improvisados que conducen hasta la vivienda que se ve desde lo alto de la vereda y con suma atención dispuso sobre el suelo de tierra dos sillas plegables al resguardo de la poca sombra que aún daba su casa; ya que el sol del mediodía se estaba poniendo cada vez más fuerte.
Su perrita Lu, una “cacri” negra, bajita, muy barullenta y cariñosa, bajó también y se sentó junto a su amo, como su fiel compañera.
Apenas empezábamos a hablar para conocer los detalles de la penosa situación que vivió tras el incendio de su vivienda, la conversación debió cortarse para atender a un vecino que desde lo alto de la vereda se asomaba en el portón.
No sin antes pedir disculpas por cortar la charla,  Benjamín subió rápidamente hasta el frente, obviamente acompañado por Lu, que no dejaba de ladrar a medida que corría entre la tierra y las piedras.
El vecino le alcanzó una bolsa con un aceite comestible y una toalla y a cambio Benjamín le alcanzó una herramienta de trabajo. La situación parecía un trueque. -“Acá le dejo el aceite y una toalla vieja, pero mire que está limpita”-, decía el vecino mientras Benjamín rápidamente bajaba para buscar la herramienta que le alcanzaría.
Al volver a subir, debió detenerse, parecía haberse mareado. El vecino lo alienta a descansar, -“no se apure, venga despacio”-, al ver la premura de Benjamín en subir los escalones. -“No, ya estoy bien”- respondió.
Finalmente, pudo volver a sentarse junto a la sombra de su vivienda para continuar la conversación y esta vez sí, comentar lo sucedido.
“El otro día me vinieron a buscar para ir a trabajar de mañana y cuando volví se había incendiado todo. Yo estoy seguro que dejé todo apagado así que para mí fue algún gurí. Yo además tengo todo Phillips (marca de electrodomésticos), porque yo soy fanático de Phillips y estoy seguro que dejé todo apagado. Yo siempre les digo a los vecinos que si el candado está para afuera es porque yo no estoy. Y cuando los vecinos vieron el incendio llamaron a los bomberos. Ellos fueron los que cortaron el candado del portón para poder entrar”, comentaba Benjamín.
Nuevamente, debimos cortar la conversación, esta vez era otro vecino que estaba frente al portón en  la vereda, pero ésta vez Benjamín no tuvo que levantarse para atenderlo, luego de un grito y un ademán con la mano del dueño de casa, el vecino pasó como si fuera muy allegado y se sentó a la sombra de un árbol a esperar sin problemas el final de la entrevista.
“Lo único que me quedó es esto que tengo puesto”, continúo diciendo Benjamín, “es lo único que tengo, pero me están dando una mano, la casa me la levantaron ayer. Yo siempre viví acá en el cerro y soy muy querido. Yo acepto la desgracia que me pasó materialmente, pero no me pasó nada a mi”, dijo entre sollozos.

Benjamín apenas se está recuperando del shock de haber visto su precaria vivienda completamente destruida por las llamas y su casa ya está nuevamente en pie. Se la construyeron en menos de dos días.

Benjamín Fernández, de 71 años de edad, vive en su precaria vivienda de calle Zorrilla de San Martín, entre Barbieri y Diego Lamas a media cuadra de Plaza Flores en el barrio Cerro, desde hace tres  años aproximadamente y el pasado jueves la finca se prendió fuego mientras él no se encontraba allí.

Con una cordial simpatía, el dueño de casa debió despedir a su vecino con quien conversaba sobre la vereda para recibir a EL PUEBLO. Con gran amabilidad y entusiasmo nos invitó a ingresar a su morada. Bajó los escalones improvisados que conducen hasta la vivienda que se ve desde lo alto de la vereda y con suma atención dispuso sobre el suelo de tierra dos sillas plegables al resguardo de la poca sombra que aún daba su casa; ya que el sol del mediodía se estaba poniendo cada vez más fuerte.

Su perrita Lu, una “cacri” negra, bajita, muy barullenta y cariñosa, bajó también y se sentó junto a su amo, como su fiel compañera.

Apenas empezábamos a hablar para conocer los detalles de la penosa situación que vivió tras el incendio de su vivienda, la conversación debió cortarse para atender a un vecino que desde lo alto de la vereda se asomaba en el portón.

No sin antes pedir disculpas por cortar la charla,  Benjamín subió rápidamente hasta el frente, obviamente acompañado por Lu, que no dejaba de ladrar a medida que corría entre la tierra y las piedras.

El vecino le alcanzó una bolsa con un aceite comestible y una toalla y a cambio Benjamín le alcanzó una herramienta de trabajo. La situación parecía un trueque. -“Acá le dejo el aceite y una toalla vieja, pero mire que está limpita”-, decía el vecino mientras Benjamín rápidamente bajaba para buscar la herramienta que le alcanzaría.

Al volver a subir, debió detenerse, parecía haberse mareado. El vecino lo alienta a descansar, -“no se apure, venga despacio”-, al ver la premura de Benjamín en subir los escalones. -“No, ya estoy bien”- respondió.

Finalmente, pudo volver a sentarse junto a la sombra de su vivienda para continuar la conversación y esta vez sí, comentar lo sucedido.

“El otro día me vinieron a buscar para ir a trabajar de mañana y cuando volví se había incendiado todo. Yo estoy seguro que dejé todo apagado así que para mí fue algún gurí. Yo además tengo todo Phillips (marca de electrodomésticos), porque yo soy fanático de Phillips y estoy seguro que dejé todo apagado. Yo siempre les digo a los vecinos que si el candado está para afuera es porque yo no estoy. Y cuando los vecinos vieron el incendio llamaron a los bomberos. Ellos fueron los que cortaron el candado del portón para poder entrar”, comentaba Benjamín.

Nuevamente, debimos cortar la conversación, esta vez era otro vecino que estaba frente al portón en  la vereda, pero ésta vez Benjamín no tuvo que levantarse para atenderlo, luego de un grito y un ademán con la mano del dueño de casa, el vecino pasó como si fuera muy allegado y se sentó a la sombra de un árbol a esperar sin problemas el final de la entrevista.

“Lo único que me quedó es esto que tengo puesto”, continúo diciendo Benjamín, “es lo único que tengo, pero me están dando una mano, la casa me la levantaron ayer. Yo siempre viví acá en el cerro y soy muy querido. Yo acepto la desgracia que me pasó materialmente, pero no me pasó nada a mi”, dijo entre sollozos.