Un obsequio para el anfitrión

Brasil necesitó de la ayuda del árbitro, el japonés Nishimura, para tumbar a Croacia, en el partido inaugural del Mundial. Neymar fue la figura del encuentro, convirtiendo dos goles claves, en los peores momentos del equipo norteño.

Brasil tuvo dos aliados inesperados en su debut mundialista: el arquero croata Pletikosa y el árbitro japonés Nishimura. El primero se sorprendió con un tiro mordido de Neymar, cuando su equipo estaba arriba en el score, y el segundo inventó un penal que posibilitó que el conjunto norteño marcara la diferencia esperada.
En Brasil ya no se habla del “jogo bonito”, ni de figuras luminosas como Pelé. Aún así, extrañó que el partido inaugural no empezara con una sostenida presión norteña, al punto de que el primer disparo al arco fue del croata Kovacic.
No estaba Brasil en la cancha sino en el limbo, para suerte de Croacia. Las transiciones armadas por Modrid, Rakitic y Kovacic, siempre apuntando a las bandas, desarticulaban el accionar de Alves y Marcelo. Los laterales locales atacaban y no defendían, lo que era aprovechado por Olic, quien aparecía por el costado izquierdo, siempre dispuesto a poner el centro exacto para la llegada de algún compañero. A los 12 minutos, no llegó ningún croata a conectar el nuevo envío de Olic, pero sí Marcelo, quien, en contra de su valla, anotó el primer gol del Mundial.
Desbordado por fuera y sin enganche por dentro, Brasil solo intimidaba en las jugadas de pelota quieta, sobre todo cuando el fiero David Luiz se agigantaba en los córners, mal defendidos por Pletikosa.
Brasil funcionó a influjo de Neymar, quien en una contra, y antes de llegar al área, remató mordido y bajó contra el poste izquierdo del Pletikosa.
El guardameta no reaccionó y la pelota terminó en la red.
El gol envalentonó a Brasil, quien a falta de solistas que acompañen a Neymar, mostró vigor, ánimo e intensidad. El equipo de Kovac perdió fluidez frente a la embestida de Brasil, dispuesto a ganar por intimidación. Pero los minutos pasaban y el gol de triunfo no aparecía. Hasta que llegó el invento de Nishimura. El árbitro sancionó con penal una caída de Fred, quien de espaldas al arco se desplomó ante el aliento de Lovren.
No fue falta y para rematar la jugada, Neymar convirtió el esperado 2-1. En los minutos finales, Croacia fue al frente con lo que le quedaba de energía, exponiéndose a lo que finalmente ocurrió: el tercer gol local.

Brasil tuvo dos aliados inesperados en su debut mundialista: el arquero croata Pletikosa y el árbitro japonés Nishimura. El primero se sorprendió con un tiro mordido de Neymar, cuando su equipo estaba arriba en el score, y el segundo inventó un penal que posibilitó que el conjunto norteño marcara la diferencia esperada.

En Brasil ya no se habla del “jogo bonito”, ni de figuras luminosas como Pelé. Aún así, extrañó que el partido inaugural no empezara con una sostenida presión norteña, al punto de que el primer disparo al arco fue del croata Kovacic.

No estaba Brasil en la cancha sino en el limbo, para suerte de Croacia. Las transiciones armadas por Modrid, Rakitic y Kovacic,Brasil (pag 3)siempre apuntando a las bandas, desarticulaban el accionar de Alves y Marcelo. Los laterales locales atacaban y no defendían, lo que era aprovechado por Olic, quien aparecía por el costado izquierdo, siempre dispuesto a poner el centro exacto para la llegada de algún compañero. A los 12 minutos, no llegó ningún croata a conectar el nuevo envío de Olic, pero sí Marcelo, quien, en contra de su valla, anotó el primer gol del Mundial.

Desbordado por fuera y sin enganche por dentro, Brasil solo intimidaba en las jugadas de pelota quieta, sobre todo cuando el fiero David Luiz se agigantaba en los córners, mal defendidos por Pletikosa.

Brasil funcionó a influjo de Neymar, quien en una contra, y antes de llegar al área, remató mordido y bajó contra el poste izquierdo del Pletikosa.

El guardameta no reaccionó y la pelota terminó en la red.

El gol envalentonó a Brasil, quien a falta de solistas que acompañen a Neymar, mostró vigor, ánimo e intensidad. El equipo de Kovac perdió fluidez frente a la embestida de Brasil, dispuesto a ganar por intimidación. Pero los minutos pasaban y el gol de triunfo no aparecía. Hasta que llegó el invento de Nishimura. El árbitro sancionó con penal una caída de Fred, quien de espaldas al arco se desplomó ante el aliento de Lovren.

No fue falta y para rematar la jugada, Neymar convirtió el esperado 2-1. En los minutos finales, Croacia fue al frente con lo que le quedaba de energía, exponiéndose a lo que finalmente ocurrió: el tercer gol local.