Una huella luminosa en nuestra historia

Haber participado en un evento tan maravilloso, ha dejado en todos quienes lo vivimos una huella indestructible. La expectativa comenzó ni bien se supo la noticia de que un papa iba a visitar Salto. Estuvimos integrados a los trabajos preparativos. Vivimos los entusiasmos y las zozobras, estas,  porque nunca faltan,  estén relacionadas con los detalles de organización que es difícil resulten perfectos, y en este caso por la amenaza del tiempo sobre cuyas condiciones había noticias preocupantes. Sobre aquellos, gozar del privilegio de tener a un Papa en nuestra tierra, aunque sea por dos tres horas, no es cosa de todos los días, ni de todos los siglos.
El traslado  a pie por la costanera, -los vehículos no podían transitar en esa zona- fue un viaje de la niebla hacia la luz. Porque desde temprano una densa cortina intermitente poblaba el río y el paisaje. Pero ya en el  histórico escenario, la claridad anuló los presagios pesimistas,  relativos al tiempo, pero también  a los otros aspectos, porque no faltaron quienes pronosticaron embotellamientos  a la  terminación de la ceremonia, y desesperación por recurrir  a los expendios de comida y bebida en los alrededores, y problemas con el tránsito y demás….sin embargo, la multitud llegó en paz y se fue en paz.  Esa paz que el Pontífice trasmitió en  su sonrisa, en sus brazos que se agitaban como alas, y sobre todo en su mirada.
Haber deambulado entre la gente, nos permitió constatar  el magnetismo de aquel hombre: gente que agitaba sus manos, sus pañuelos, saludaba a viva voz,  entre sonrisas y lágrimas, algunas personas  desfallecían. En este clima emotivo, cayó la buena semilla del mensaje papal sobre la Evangelización Nueva   que dejó en nuestro suelo, y que ciertamente dio nuevos bríos a los habitantes de esta región del pueblo de Dios.
El diario EL PUEBLO, estuvo, por supuesto en los acontecimientos preparativos del gran suceso – su director en aquel tiempo, el Esc., Enrique Cesio fue el encargado de prensa y coordinador con los medios de difusión internacionales -, y los lectores tuvieron al detalle lo ocurrido aquel 9 de mayo de 1988.
Cuando se cumplieron diez años de su visita, EL PUEBLO, publicó un Suplemento conmemorativo con una reseña histórica y repercusiones posteriores. Dicho documento fue remitido al Vaticano por el Nuncio de entonces Mons. Francesco de Nittis, que tuvo la gentileza de enviar un mensaje, publicado en dicho Suplemento.
Hoy, a veinticinco años, EL PUEBLO se asocia una vez más a la fecha, con este nuevo trabajo, que reitera algunos datos que no deben olvidarse, y añade otros documentos gráficos, comentarios y recuerdos de quienes intervinieron en el acontecimiento, para que este, que fue uno de los hechos preponderantes de nuestra historia, tenga el lugar que le corresponde en la memoria colectiva. Esperamos contribuir a ello, aunque siempre se podrá enriquecer el tema con nuevos aportes, que ciertamente los hay, y los habrá en el futuro. Porque la visita de Juan Pablo II, será un tema que Salto siempre mantendrá vivo, y florecerá en cada aniversario.
J.L.G.

Haber participado en un evento tan maravilloso, ha dejado en todos quienes lo vivimos una huella indestructible. La expectativa comenzó ni bien se supo la noticia de que un papa iba a visitar Salto. Estuvimos integrados a los trabajos preparativos. Vivimos los entusiasmos y las zozobras, estas,  porque nunca faltan,  estén relacionadas con los detalles de organización que es difícil resulten perfectos, y en este caso por la amenaza del tiempo sobre cuyas condiciones había noticias preocupantes. Sobre aquellos, gozar del privilegio de tener a un Papa en nuestra tierra, aunque sea por dos tres horas, no es cosa de todos los días, ni de todos los siglos.

El traslado  a pie por la costanera, -los vehículos no podían transitar en esa zona- fue un viaje de la niebla hacia la luz. Porque desde temprano una densa cortina intermitente poblaba el río y el paisaje. Pero ya en el  histórico escenario, la claridad anuló los presagios pesimistas,  relativos al tiempo, pero también  a los otros aspectos, porque no faltaron quienes pronosticaron embotellamientos  a la  terminación de la ceremonia, y desesperación por recurrir  a los expendios de comida y bebida en los alrededores, y problemas con el tránsito y demás….sin embargo, la multitud llegó en paz y se fue en paz.  Esa paz que el Pontífice trasmitió en  su sonrisa, en sus brazos que se agitaban como alas, y sobre todo en su mirada.

Haber deambulado entre la gente, nos permitió constatar  el magnetismo de aquel hombre: gente que agitaba sus manos, sus pañuelos, saludaba a viva voz,  entre sonrisas y lágrimas, algunas personas  desfallecían. En este clima emotivo, cayó la buena semilla del mensaje papal sobre la Evangelización Nueva   que dejó en nuestro suelo, y que ciertamente dio nuevos bríos a los habitantes de esta región del pueblo de Dios.

El diario EL PUEBLO, estuvo, por supuesto en los acontecimientos preparativos del gran suceso – su director en aquel tiempo, el Esc., Enrique Cesio fue el encargado de prensa y coordinador con los medios de difusión internacionales -, y los lectores tuvieron al detalle lo ocurrido aquel 9 de mayo de 1988.

Cuando se cumplieron diez años de su visita, EL PUEBLO, publicó un Suplemento conmemorativo con una reseña histórica y repercusiones posteriores. Dicho documento fue remitido al Vaticano por el Nuncio de entonces Mons. Francesco de Nittis, que tuvo la gentileza de enviar un mensaje, publicado en dicho Suplemento.

Hoy, a veinticinco años, EL PUEBLO se asocia una vez más a la fecha, con este nuevo trabajo, que reitera algunos datos que no deben olvidarse, y añade otros documentos gráficos, comentarios y recuerdos de quienes intervinieron en el acontecimiento, para que este, que fue uno de los hechos preponderantes de nuestra historia, tenga el lugar que le corresponde en la memoria colectiva. Esperamos contribuir a ello, aunque siempre se podrá enriquecer el tema con nuevos aportes, que ciertamente los hay, y los habrá en el futuro. Porque la visita de Juan Pablo II, será un tema que Salto siempre mantendrá vivo, y florecerá en cada aniversario.

J.L.G.







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