Una vida centenaria

Una vida centenaria

Maurilia Fernández: «Me hubiera gustado ser maestra»

Nació cien años después de la Batalla de las Piedras y recientemente cumplió un siglo de existencia

El cumplir un siglo de vida en esta Tierra, no le acontece a la gran mayoría, sino es privilegio de unos pocos – sobre todo llegar con buena salud y en un estado mental óptimo, como es el caso de Maurilia Fernández Correa, una salteña que el 4 de agosto festejó su onomástico y días más tarde lo celebró en grande, con sus hijas, nietos bisnietos y tataranietos.

Llegó a este mundo exactamente cien años después de la Batalla de las Piedras.

Se autodefine como Católica por excelencia… cada día al levantarse reza, hace gimnasia y luego colabora con alguna tarea del hogar y se preocupa si su hija Olga (quien vive con ella) llega algunos minutos tarde de hacer los mandados.

Pero no toda su vida trascurrió en la placidez, sino que debió enfrentar momentos muy duros, cuando año a año sus hijos varones fueron muriendo por distintas circunstancias de enfermedad.

Y milagrosamente Maurilia – pese a su avanzada edad y el agudo sufrimiento que solamente aquellas madres que lo han experimentado saben –  permaneció en pie.

Compartió algunos pasajes de su existencia desde la sencillez y cálido diálogo, su materia pendiente con el magisterio…una madre que nació en campaña y crió 12 hijos en un hogar donde primó el amor y el respeto.

“Cuando pequeña vivíamos en campaña… recuerdo la escuela… me levantaba a ayudar a mi madre Inocencia y a mi padre Doroteo a ordeñar y luego hervir la leche que más tarde tomaríamos con mis hermanos” – recordó.

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Maurilia junto a sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos

LA TRAJO A SALTO EL GLORIOSO TRIUNFO EN EL MARACANÁ

- ¿A qué edad vino por primera vez a la ciudad de Salto?

 – “Ya llevaba bastante tiempo de casada… fue exactamente cuando Uruguay salió Campeón del Mundo en el Maracaná.

En esa época, trasladaron a mi marido a Salto – que trabajaba en la Policía… se vivía en aquel momento un clima de fiesta colectiva”.

Sus cuatro hijas, Olga Iris, Mirtha, Anaurelina y Martha, son quienes hoy la rodean y se prodigan todo el cariño, compartiendo el regalo de tener una madre con una lucidez privilegiada.

Se casó a los 17 años con Esteban, hijo de un Comisario que conoció en la jurisdicción donde residía.

“Esos tiempos eran muy diferentes… hasta que nos casáramos las parejas nunca nos veíamos a solas… siempre nos encontrábamos en casa, con la presencia de nuestros padres… había otro respeto por la familia. Muchos temas que hablaban los mayores lo hacían fuera de la presencia de sus hijos” – aseguró Maurilia.

“LA SOCIEDAD ACTUAL ESTÁ MEJOR INFORMADA”

 – ¿Y qué piensa usted sobre los cambios que se han advertido en la sociedad, durante todos estos años?

 – “Todo ha cambiado… algunas cosas para bien y otras para mal.

Hoy estamos mejor informados.

Pero antes había más respeto y la vida en familia tenía un mayor protagonismo.

En eso lamentablemente hemos retrocedido… en la educación de los hijos, bastaba actuar con una mirada”.

UN RECUERDO MEMORABLE QUE DESEE COMPARTIR…

  – “Ahhhh… me encantaban las serenatas… en aquellos tiempos se estilaba darle una sorpresa a un vecino con músicos frente a la puerta de su casa, cuando éstos ya dormían.

Entonces al sentir la música se levantaban y allí nomás… ¡Se armaba la fiesta!

Se juntaban todos los vecinos con sus familias y se bailaba casi toda la noche”.

Su padre combatió en la Guerra Civil, en la Batalla de Masoller y algunos relatos le llegaron por Inocencia, su progenitora que hablaba de los animales que se llevaban para comer, en pleno conflicto.

LOS ENAMORADOS JAMÁS SALÍAN SIN LA COMPAÑÍA DE UN FAMILIAR

De la ciudad en los años cincuenta recuerda los carros y sulquis… una atmósfera muy serena, donde las jóvenes y parejas de enamorados jamás salían sin la compañía de un familiar.

Las noticias en aquel entonces llegaban por correo… las misivas llegaban por hombres de a caballo.

 – ¿Cuál es el secreto de su longevidad?

 – “¿La verdad? No lo sé… soy de buen comer y no me privo de nada.

Me controlo cada tanto, pues tengo un poco de diabetes… pero me siento bien.

Soy tranquila… me preocupo si mis hijos o mis familiares están mal…

El ser creyente me sostuvo en momentos que fueron muy difíciles, he perdido a mis cinco hijos varones. Pero aquí estoy”.

–        ¿Qué le hubiera gustado estudiar?

–        “Magisterio; me quedé con las ganas de ser maestra”. Sus hijas sostienen que tiene una excelente caligrafía y muy a menudo ensaya su firma.

Maurilia disfruta de una vejez muy tranquila y el pasado domingo 14 celebró su cumpleaños con su descendencia, que llega a los tataranietos.

Fue una experiencia a la que describe emocionante, pues pudo encontrarse con parientes a los que todavía no conocía.

“Me siento feliz… agradecida y quisiera decirle a los jóvenes que no inquieten a sus padres… que sean más respetuosos” – concluyó  con ternura.