Van a dictar un curso sobre la murga y los arreglos musicales en la sede Salto de la Universidad estatal

El 26 de septiembre de 14.00 a 18.00 horas – y el 27 de septiembre de 10.00 a 12.30 y de 15.00 a 17. 30 en el marco de los Cursos de Educación Permanente Eduardo “Pitufo” Lombardo llevará a cabo el curso “El lenguaje de la murga en la interpretación y arreglos musicales.

El costo de la matrícula es de quinientos pesos. Inscripciones en el sitio web de Cenur Litoral Norte.

Algunos tipos de los conjuntos musicales callejeros denominados murgas tienen su origen en España, más precisamente en Cádiz aunque se la suele asociar con lugares como Badajoz, Argentina y Uruguay, debido a la inmensa popularidad lograda en dichos lugares. Sin embargo, el tipo de murga porteña denominada «Centro Murga», donde casi no se canta y más que nada se baila y se toca desfilando por las calles al estilo de las comparsas negras de la época colonial y del siglo XIX, no tiene su origen en la murga o chirigota española. Aunque las murgas de tipo «Centro Murga» no tendrían su origen musical y de baile en la chirigota española, sino que estarían más relacionadas con las comparsas afroporteñas del siglo XIX, igual se las denomina «murgas».
De esta forma, el vocablo «murga» se aplica a muy distintos tipos de música y baile, desde la murga uruguaya y la porteña del tipo «Agrupación Murguera» (ambas ejecutadas desde arriba de un escenario), pasando por la murga porteña del tipo «Centro Murga» hasta otras músicas relacionadas con el carnaval desarrolladas en Chile, Colombia, Paraná y el sur de España entre otros.
LA HISTORIA
Hacia 1906, de España se trasladó al Río de la Plata la que sería considerada la primera murga en tierras sudamericanas: se trataba de una compañía de zarzuela que sorprendió con sus coplas satíricas y picarescas en la ciudad de Montevideo (aunque se cuenta que, ante la falta de público en el hotel Casino -donde realizaban sus funciones-, sus integrantes salieron a la calle a actuar, y fue allí donde finalmente tuvieron éxito). A la manera gaditana, cada murga montevideana hace su aparición en los tablados, pequeños escenarios que suelen levantarse en los clubes de barrio y que convocan, aún hoy, a centenares de personas cada noche.
Platillo, bombo y redoblante marcan el ritmo de letras escritas para la ocasión y que recuerdan satíricamente hechos ocurridos durante el año finalizado. Presentaciones, cuplés, salpicones y retiradas son las formas musicales que toma esta representación del carnaval. Pero, además de las murgas -que invaden la ciudad durante 40 días- la festividad montevideana cuenta con una ceremonia de expresiva autenticidad: las llamadas manifestaciones en que, bajo la cadencia del candombe, bajan los habitantes de los barrios negros y se llaman entre ellos juntándose y desfilando por ciertos sectores de la ciudad. La ceremonia ocurre el primer viernes de cada mes de febrero, en horas de la noche. En estas llamadas participan las Sociedades de Negros y Lubolos blancos que se pintan de negro
a murga uruguaya, manifestación dramático-musical polifónica y de integración tradicionalmente masculina, surgió en el carnaval de Montevideo a fines del siglo XIX, a partir de diversos aportes hispánicos, en especial el de las murgas de Cádiz. En la actualidad el carnaval es la mayor fiesta popular de Uruguay y en él la murga y el candombe conforman las manifestaciones culturales más representativas.
El carnaval mundano es responsable definitorio de la cultura que se exhibe, se refleja y se festeja como identidad nacional. La «época de carnaval» se extiende desde fines de enero hasta marzo pero sus actividades se «practican» a lo largo de todo el año a través de talleres, eventos oficiales, festivales y, espontáneamente, en los barrios.
La importación, desde España, por parte de los primeros pobladores de Montevideo, de prácticas medievales tales como tirarse con huevos frescos o vaciados y rellenados con agua, dio origen a los festejos de carnaval. Los sucesivos intentos oficiales de «racionalizar» estas prácticas comenzaron a fines del siglo XVIII, cuando se puso fin a estos festejos generalizados, privilegiando las representaciones artísticas que, ya en esa época, habían pasado a ocupar el centro de atención del público montevideano
La población carabana a fines del siglo XX estaba caracterizada por dos rasgos sobresalientes que incidían directamente en sus formas culturales: «la temprana urbanización y la europeización de hábitos y mentalidades a través de la inmigración». De ahí la presencia de los modelos europeos de festejos de carnaval.
La palabra murga tiene su origen en España, en el Carnaval de Cádiz. Llega a Uruguay en 1906 con un grupo de cantantes y actores teatrales, principalmente andaluces, llamado «La gaditana». La historia relata que ese grupo teatral, al no poder convocar suficiente público en sus funciones, salió a recorrer las calles montevideanas marchando y haciendo chirigotas. Al año siguiente una agrupación del carnaval uruguayo se autodenominó «murga la gaditana que se va», para parodiar lo acontecido con los artistas españoles. Luego surgieron otras agrupaciones que adoptaron nombres muy graciosos como Don Bochinche y Compañía, Formale el cuento a la vieja, Tírame la punta del naso, Domadores de suegras, Salimos por no quedarnos en casa, Los peludos terribles, Amantes al salamín, Escuela de Tiburones y Asaltantes con Patente, entre otros. Estas primeras agrupaciones, integradas por seis o siete miembros, adoptan el recurso del contrafactum propio de la música religiosa de raíz popular, muy presente en la historia musical española y en particular en el modelo de carnaval gaditano, consistente en seleccionar una determinada música ya existente para crear, a partir de ella, textos diferentes a los originales. Se modifican las letras en tono picaresco y se utilizan instrumentos de viento fabricados con cartón. El número de componentes fue creciendo lentamente y se comenzó a utilizar el bombo, el platillo y el redoblante.