El duelo, una etapa fundamental en el proceso para sobrellevar la pérdida de un ser querido

Dicen que «el tiempo suele curar las heridas», pero el dolor por la muerte de un ser querido puede no irse jamás.
Reconocer ese dolor que nos causa la muerte de un familiar o un amigo y actuar en consecuencia para sanarlo o aliviarlo, puede ser de gran ayuda para permitirnos continuar en el camino de nuestra propia vida ya sin la presencia física de ese ser amado.
En este sentido, participar de las ceremonias tradicionales a la hora de la despedida como los velatorios o reuniones de otro tipo donde se busca honrar la memoria de quien ya no está junto a nosotros así como recordarlo con cariño, permite a veces sobrellevar esos primeros momentos, tan difíciles. Informe3
Expresar y compartir las emociones que se sienten por esa pérdida así como hablar del tema puede ser de gran ayuda para muchos, incluso recordar su partida cada año, es una forma de mantener vivo su recuerdo y a la vez rendirle un homenaje, que muchas veces nos hace sentir un poco mejor.
Pero en otros casos, una persona puede no tener ganas de hablar sobre una pérdida y eso también está bien, es algo que hay que respetar, siempre y cuando no le esté generando un daño interno mayor. Nadie debe sentirse presionado a hablar y muchas veces hay personas buscan otras formas de expresar sus emociones y pensamientos y lo hacen de forma privada e íntima, consigo mismas.
Sin embargo, cuando la pérdida de un ser querido se transforma en un sentimiento negativo que nos paraliza, nos perjudica, nos aísla del resto de las personas, pasa a ser algo que no se puede superar con facilidad y entonces se hace necesario el acompañamiento de un profesional que pueda abordar la temática de una manera especial y diferente a como lo hayan podido hacer sus familiares o amigos.
EL DUELO, UNO DE LOS MAYORES RETOS A ENFRENTAR
Sobrellevar la pérdida de un amigo cercano o un familiar podría ser uno de los mayores retos que podemos enfrentar. La muerte de la pareja, un hermano, un padre o un hijo, puede causar un dolor especialmente profundo. Podemos ver la pérdida como una parte natural de la vida, pero aun así nos pueden embargar el golpe y la confusión, lo que puede dar lugar a largos períodos de tristeza y depresión.
Todos reaccionamos de forma diferente a la muerte y echamos mano de nuestros propios mecanismos para sobrellevar con el dolor que ésta conlleva. El paso del tiempo permite a la mayoría de las personas recuperarse de una pérdida si puede contar con el apoyo de su entorno social y mantener hábitos saludables en su vida cotidiana. Aceptar la muerte de alguien cercano puede tomar desde meses hasta años, no hay una duración «normal» para el duelo.
EL INFORME
En el presente informe, se busca aportar una mirada especial y contribuir a sobrellevar ese momento tan doloroso en la vida de las personas como lo es el duelo y poder asumir la muerte de un ser querido.
Sin ánimo de afectar o perturbar a quienes pasan por un momento así, en una fecha tan especial como la celebración del día de los Santos Difuntos (el pasado 2 de noviembre), EL PUEBLO busca contribuir a sobrellevar esta etapa como un momento de gran dolor, que se debe enfrentar y asumir para seguir adelante.

Psicóloga Verónica Carbonell explica cómo se da el proceso de duelo
“El duelo es natural en la experiencia humana pero para nuestra cultura y sociedad son hechos tabú”

Cuando hablamos de duelo – en la mirada profesional de la Licenciada en Psicología Verónica Carbonell – nos referimos a un conjunto de emociones, pensamientos y conductas y cambios fisiológicos que están vinculados a una pérdida afectiva en general, que puede ser de un ser querido, también puede tener que ver con un fracaso a nivel personal vinculado a un cambio de trabajo, a una mudanza, un hijo que se va de la casa para estudiar o formar pareja, una separación o abandono, algún cambio en el cuerpo por enfermedad o mutilación. Son una serie de experiencias que implican cambios y una pérdida que tienen que ver con los afectos.verónica carbonell001
Podríamos entender que a lo largo de nuestra vida pasamos por un conjunto de situaciones de duelo que no se pueden evitar y que son naturales en nuestra experiencia humana y al mismo tiempo para nuestra cultura y sociedad son experiencias tabú.
“El duelo tiene que ver con darse cuenta que se ha perdido algo valioso y significativo para la vida de la persona y es fundamental percatarse que el duelo tiene una función.
El duelo en sí no es pensado como una patología, sino que tiene una función que es restituir, sanar y por ello también consta de varias etapas.
Dichas etapas no se dan siempre en forma ordenada y secuencial y sí se dan en forma intensa.
Tomando como ejemplo – una de esas etapas responde a la sorpresa, a la negación en el primer momento al tomar contacto con una noticia que nos deja en shock con esa sensación que esta situación no no está sucediendo.
Luego se distingue otra etapa donde se experimenta rabia, enojo hacia todo… sobre todo cuando se trata de una muerte.
Puede darse también un enojo que apunte hacia una institución, el servicio médico, los médicos o con quienes sentimos que no hicieron lo suficiente.
A veces ese mismo sentimiento se proyecta hacia el mismo difunto.
Se distingue posteriormente otra etapa donde aparecen la tristeza y la depresión.
Después viene una etapa de aceptación y reorganización, que tiene que ver con un poder recordar la relación en paz sin que genere ese movimiento de dolor.
Reorientamos la energía que estaba orientada en la pérdida hacia otros proyectos y se hace un planteo de la nueva vida”.
A SU TIEMPO
Un proceso de duelo tiene su tiempo variable en cada persona y tiene que ver con qué fluidez se vayan dando las etapas o si queda algo trancado en el transcurrir del proceso.
Se dice que por lo menos hasta que la persona no pase un ciclo completo de un año entero con todas las fechas que se celebraban juntos con la otra persona, no podemos decir que ese ciclo completo tiene que pasar para que se de el proceso de duelo en su totalidad.
A partir de allí en adelante para cada persona es un proceso diferente. Cada proceso de duelo es único e individual.
En algunas personas dolientes existe una actitud de mantenerse ocupados para de alguna forma evadir el dolor… escaparse de ello mediante el consumo de alguna sustancia, mediante calmantes ya que repercute en todos los aspectos de la vida de la persona… ya sea de sensaciones corporales, opresión en el pecho, palpitaciones, sensaciones en el estómago, sentimientos de miedo, cansancio, pensamientos confusos, distracción. Hay una cantidad de energía que se pone al servicio de este proceso de duelo.
Aparecen trastornos del sueño, dificultades para dormir o sueños recurrentes con la persona, alteraciones en la alimentación.
Existen diferencias debido a si la muerte pudo anticiparse, permitiendo al doliente despedirse, prepararse para la pérdida definitiva o si la misma se dio en forma repentina. Hay pérdidas de gran complejidad, difíciles de elaborar… en los casos de que la muerte se produjo en contra la secuencia o el ciclo natural de la vida; por ejemplo cuando muere una persona joven, cuando los padres pierden a un hijo.
ENCADENAMIENTO DE DUELOS
Es diferente el proceso de duelo si se da un encadenamiento de duelo. Alguien que en el mismo momento atraviesa la pérdida de varios seres queridos en un año.
Se puede dar un encadenamiento de duelos en poco tiempo.
También puede tratarse de un encadenamiento de duelos que se ha dado en determinado tiempo pero no pudo ser procesado completamente, haciendo más complejo el duelo actual.
Citando un ejemplo; un vecino pierde a su mascota y esta situación afecta profundamente a otro vecino… de una forma impactante que implica un montón de cosas para su vida.
Las diferencias en los procesos van de la mano de la naturaleza de la pérdida y las consecuencias asociadas a la misma.
Otro aspecto es el género del doliente… porque tiene que ver qué cosas se permiten a los varones y a las mujeres mediante la construcción social de género. Cuánto se los habilita a expresar y a compartir.
Otra variante es el tipo de muerte. No es lo mismo un suicidio, un homicidio, desaparición, abandono o una muerte por causas naturales.
También influyen en cómo se elabora ese duelo las creencias de la persona o la red de contención que se pueda armar para dicho proceso.
Va a estar relacionado a su vez a la personalidad del doliente, sus recursos internos y sus experiencias previas de vida… también de duelos anteriores.
Existe una diferencia entre el proceso de duelo de adultos y niños. La primera infancia y la tercera edad hace más compleja la elaboración.
En la infancia el psiquismo no está completamente estructurado y la concepción de muerte es de alguna forma una construcción que se va dando.
El proceso es similar recién a la edad de once años y en la tercera edad existe menor capacidad en el sistema de contención. Las personas adultas mayores están más desprovistas de redes de sostén y ya han experimentado una serie de pérdidas anteriores que por proceso de la vida misma se han dado.
En el niño depende de su capacidad de percibir lo que está sucediendo, de acuerdo a su capacidad cognitiva y según como pueda gestionar sus emociones.
Existe mucha variabilidad en los procesos de los niños y tiene mucho que ver con cómo lo vivan los adultos cercanos a él.
Es importante recordar que en la tristeza se camina bastante bien llorando… es una reacción coherente con lo que está sucediendo y que es bueno exteriorizar para que éstas no afecten lo corporal.
El duelo debe ser vivido sin pretender encontrarle un sentido a lo que está ocurriendo. Por otra parte es necesario trabajar en uno mismo. Resulta beneficioso humanizar la transición para que ese proceso de duelo pueda cerrar su ciclo.

Los cuidados paliativos actúan en la atención del paciente y su familia contribuyendo a sobrellevar el proceso del duelo

El duelo, es una etapa que forma parte de ese proceso que implica afrontar el fallecimiento de un ser querido. Desde el CAM (Centro de Asistencia Médica) de Salto se brinda a través del personal que trabaja en el área de cuidados paliativos, una intervención especial preparando al paciente y la familia en ese camino hacia la muerte.
Los buenos cuidados paliativos ayudan a sobrellevar ese proceso. Además, el equipo de trabajo va a posteriori del fallecimiento del paciente a hablar con los familiares y brindarles todo el apoyo que necesitan para contribuir a cerrar ese proceso tan doloroso que es la muerte.Paleativo
La Dra. Gabriela Álvarez, Coordinadora del Servicio de Cuidados Paliativos del Centro Médico, dialogó con EL PUEBLO para brindar información sobre este sistema asistencial que funciona desde el 2010 con una gran experiencia y una respuesta satisfactoria de parte de los familiares de los pacientes que han requerido su atención y orientación.
La profesional, explicó que los cuidados paliativos son un sistema de asistencia al paciente que tiene una enfermedad grave, avanzada y con riesgo de vida, asociada a los enfermos terminales. Sin embargo, aseguró que eso ha ido cambiando y en la actualidad se usa también para otras enfermedades donde está en riesgo la vida.
“Nació pensado para el Cáncer pero se ha ido ampliando a otras enfermedades, crónicas, degenerativas, hepáticas, renales, que amenazan la vida y requieren cuidados paliativos”, informó Álvarez.
En este sentido, la referente del área señaló que hubo un cambio de paradigma sobre los cuidados paliativos, porque “no son enfermos que se pueden curar y se enfoca a una mejora en la calidad de vida, no es para acortar la vida sino para velar por una mejor calidad de vida y que el final de la vida del paciente llegue cuando su sistema así lo decida”.
Una característica que tienen los cuidados paliativos es que tratan al paciente y su familia porque en este tipo de situaciones no solo sufre el paciente, sino también la familia.
UN TRABAJO INTERDISCIPLINARIO
También como característica fundamental de este sistema hay que tener en cuenta que en ese proceso se trabaja de forma interdisciplinaria “porque una persona sola por muy capaz que sea no puede afrontar todo lo que conlleva una situación de estas características, tan especial para el paciente y su familia”.
Por ese motivo, trabajan en los cuidados paliativos desde personal médico, personal de enfermería, psicólogos, asistentes sociales, etc.
La tarea incluye una gran variedad de atenciones como puede ser por ejemplo el cuidado en el cuerpo y la higiene del paciente que es algo que puede llevar a cabo el personal de enfermería y hasta puede hacer indicaciones a los familiares para poder atender mejor ese tipo de situaciones.
También, la atención incluye la presencia de psicólogos que cumplen un rol fundamental para ese difícil momento que se atraviesa, tanto en la atención al paciente como a sus familiares más cercanos, detectando incluso aquellas personas que no pueden sobrellevar ese momento para ayudarlos a transcurrir un adecuado proceso.
También está la tarea de los asistentes sociales, que no es menos importante porque en esta etapa de la vida del paciente surgen muchos problemas económicos (sobre todo cuando el paciente es el único sostén económico del hogar) o de trámites en diferentes oficinas que es necesario realizar, por eso la orientación adecuada de cómo avanzar en ese camino también es muy valorada por la familia.
DESDE EL 2010 A LA FECHA
El CAM, trabaja en este campo de atención desde el año 2010 y de esa fecha hasta ahora la experiencia ha sido muy grande y la respuesta de los familiares de los pacientes muy satisfactoria en tanto el personal abocada a esta tarea orienta y contribuye de gran manera.
Según explicó la Coordinadora del área, los cuidados paliativos implican un trabajo con el paciente y la familia sobre todo en su ambiente personal y generalmente en su propio hogar donde transcurre esa evolución de su enfermedad hasta que fallece.
Según los médicos, lo ideal para este tipo de pacientes es que transcurran el último tiempo de su vida en su domicilio, rodeado de su familia y de ser posible que sea allí donde fallezca.
LA ATENCIÓN A LA FAMILIA DESPUÉS DEL FALLECIMIENTO
El duelo, es una etapa que forma parte de ese proceso en que interviene el personal especializado en cuidados paliativos preparando a la familia a ese momento tan difícil como lo es la muerte.
Los buenos cuidados paliativos ayudan a sobrellevar ese proceso. Además, el equipo de trabajo va a posteriori del fallecimiento del paciente a hablar con los familiares y brindarles todo el apoyo que necesitan para contribuir a cerrar ese proceso tan doloroso que es la muerte. En el caso de que se detecte algún familiar que necesite de algún tipo de ayuda especial el personal informa de inmediato al resto de los integrantes de la familia y contribuye a que se pueda intervenir a través de psicólogos si el caso lo requiere, aportando elementos de gran ayuda para que la familia sepa que hacer o cómo actuar ante una situación de este tipo.

Alba Curbelo “Creo que existe un fuerte vínculo entre la vida y la muerte”

Alba Curbelo – representante del grupo “Rutas” de Salto es una madre que hace diez años, siete meses y catorce días perdió a su único hijo Gonzalo, en un siniestro de tránsito. A partir de ese doloroso e inesperado hecho debió encontrar en su vida las herramientas que le permitieran sobreponerse y convivir con el dolor.
Con el tiempo la persona que sufre una gran pérdida puede hablar del tema y transmitirlo tranquilamente.
“Somos seres emocionales… por lo tanto resulta difícil manejar las emociones. Generalmente los profesionales hablan de etapas de duelo… yo prefiero referirme a procesos” – reveló Alba
- ¿Cómo la persona enfrenta ese proceso?
-“Uno va buscando estrategias para sobrevivir y la misma vida nos va llevando. Comencé mi proceso en busca de justicia… pero cuando me di cuenta que ésta no me devolvía nada.
Me percaté que podía seguir por otro lado. Por la causa que había perdido a mi hijo.alba curbelo 001
Comencé el camino de poder interactuar con otras personas y ver qué podía hacer por la causa.
Así como las pérdidas en los sinietros de tránsito… en el caso de quienes fallecen por una enfermedad terminal, muchos buscan la forma de mitigar el dolor y descubrir la cura.
COMO SEGUIR LUEGO DE LA PÉRDIDA…
- ¿La cura existe?
“De la pérdida no… no nos curamos nunca… pero aprendemos a llevar esa carga, esa mochila que la vida nos designa.
-¿Llega alguien a amigarse con el dolor?
-“Pienso que sí… es un aprendizaje que nos deja y a través de él uno llega a otras personas.
El primer instante de la pérdida es de shock total. Es un detenerse y no saber para dónde moverse. Es un momento extremadamente traumático donde se para el tiempo.
La vida es concebir, planificar y soñar; la muerte es destrucción. No solamente perdimos a nuestro ser querido sino que quedamos totalmente destruidos.
Uno tenía planes con aquel ser querido. En ese momento por supuesto que no se evalúa nada de eso.
Ese estado de shock también es lo que nos permite aprender e ir asimilando lo que está sucediendo. A partir de allí tratar de arrancar”.
De acuerdo a la experiencia de Alba Curbelo, es difícil definir estadíos dentro del duelo porque no se puede hablar de tiempos.
A medida de que éste transcurre se va procesando y se encara la vida de otra manera, a re planificar.
Es fundamental el apoyo profesional, los vínculos familiares y los afectos.
“Siempre digo que el abrazo después de la pérdida es muy conmovedor… es lo que nos contiene para poder seguir.” – afirma Curbelo visíblemente emocionada.
-Luego de la pérdida. ¿La valoración de la vida es diferente?
-”Creo que siempre se valora la vida… independientemente de sufrir un duelo o no. Pero luego sí pasamos a tener un vínculo con la muerte.
Sí vemos a la vida con otro sentido… aprendemos a pensar más en nosotros, a mirarnos más para brindar nuestro mejor.
Vamos cambiando en todo sentido… la vida es un continuo cambio y necesitamos amoldarnos a ello.
-¿Le teme a la muerte?
-”Hoy no… porque tengo en claro que es un proceso de la vida misma y de la existencia”.
-¿Es usted creyente?
-”Si… pero no practicante… creo que existe un vínculo entre la vida y la muerte… también con aquellas personas que hemos perdido.
He tenido sueños con mi hijo, que hemos estado conversando en lugares que nunca estuvimos… también lo siento como un ángel que va atrás de mí… sin ser placenteros son sueños de presencia.
Creo que existe el vínculo entre la vida y la muerte… ello permite que podamos seguir transitando nuestra vida en forma más tranquila.
-¿Hubo algún momento en que sintió que ya no podía seguir?
“Varios… pero ese bajón siempre existe. Incluso cuando estamos estabilizados existe el bajón… retrocedemos pero a la vez como estamos formados y convivimos con todos esos sentimientos nos volvemos a levantar. Me viene a la memoria una canción que mi hijo compartió conmigo días antes de morir… fue premonitoria. En esa canción me pedía que fuera feliz.
Cuesta mucho pero la lucha continúa. Uno trae los hijos al mundo para que fueran felices y siento que aún tengo esa deuda con él. Todo tiene su momento y debemos respetarlo. He trabajado mucho con el tema de la ansiedad para poder manejarla, puesto que ese sentimiento nos puede enfermar física y psicológicamente. Es el bajón pero también el empujón para salir”.
-¿Qué le diría a los padres que están experimentando una pérdida reciente?
-”Que es necesario darle tiempo a los procesos y solamente el transcurrir de ello nos permitirá esa nueva vida donde también está incluido aquel ser que se fue con sus recuerdos y vivencias que nos ayudan a seguir adelante”.

Padre José García – Iglesia Católica
“El consuelo que nos da la fe cristiana, es la esperanza en el reencuentro pleno y definitivo junto a Dios”

En diálogo con EL PUEBLO, el Padre José García efectuó un análisis de la importancia que tiene para la Iglesia Católica el acompañamiento previo y post mortem, tanto de quien fallece (en el primer caso) como de sus deudos, partiendo de la base de que, más allá de ser o no creyentes, “cuando se llama al sacerdote para la oración en horas de la partida, significa que en el fondo, más explícita o implícitamente, estamos creyendo que la vida no se termina con la muerte”.

¿Cuál es la tradición que efectúa la Iglesia Católica previamente a la partida de una persona?
Ante la cercanía de la partida de una persona, la Iglesia ofrece al creyente, lo que se llama el Sacramento de la Santa Unción, que, debemos aclarar, antes del Concilio Vaticano II, se lo denominaba el Sacramento de la Extremaunción, y, estaba concebido, como un sacramento que preparaba expresamente para la muerte, para la partida de la persona. Había ahí, la asimilación de que, si había un enfermo en la casa y veía entrar a un sacerdote, ya se sabía que estaba a punto de partir.
Si bien ese sacramento se sigue ofreciendo en esos términos, también es cierto que ha adquirido otra dimensión en la fe de la Iglesia y la espiritualidad cristiana, llamándosele actualmente el Sacramento de la Santa Unción, o, también, el Sacramento de la Fortaleza ¿Por qué? Porque no pretende ser la preparación para la muerte, sino, al revés; sostener en la vida a la persona ante una situación límite: una operación delicada, una enfermedad terminal; o sea, darle una fortaleza espiritual, que no necesariamente prepara para la muerte, sino que, quiere fortalecer a la persona para que viva este tiempo de “enfermedad”, más corto o más largo, que indudablemente genera una debilidad en el cuerpo y en el espíritu humano, con la fortaleza de Dios.
Por otro lado, el sacramento de la despedida, propiamente dicho, para un cristiano creyente – práctico, es el Sacramento de la Eucaristía, concebido como “el viático”, o sea, el alimento para el último viaje o el hacia Dios. Entonces, cuando es posible, se celebran los dos sacramentos juntos, la Santa Unción y se le ofrece la Comunión al enfermo. Ese sería, el sacramento otorgado, para el momento de la partida.

¿Qué rol cumple el entorno de la persona?
Frente a eso, en la cultura en la que vivimos, tenemos distintas situaciones; nos encontramos muchas veces con personas que, ante la evidencia de la partida de un ser querido, siguen animándolo a que se va a mejorar, y que cuando se mejore podrá hacer tal o cual cosa. Muchas veces el enfermo siente que va a partir, pero su familia se resiste a asumir ese momento de su contexto familiar. Y, ahí, muchas veces hay un desfasaje, donde es muy difícil entrar, porque entran las emociones, los afectos, las historias difíciles que se han vivido, y, también, el tema de la fe, cómo vivo desde la fe, ese paso que todos damos; unos con fe y otros sin ella.
A veces, se llama al sacerdote y se reza, sin celebrarse el sacramento, pero con un momento de oración, encomendando el enfermo a Dios. Otras veces, simplemente es una compañía silenciosa, que tiene una dimensión afectiva, pero que tiene, al mismo tiempo, una dimensión espiritual desde el silencio, acompañando ese misterio, que es la partida de cualquier persona.

¿Y post mortem?
Por otra parte, cuando la persona parte, allí se suele llamar al sacerdote para una oración. ¿Por qué lo hacemos? Si estamos llamando al sacerdote para la oración, significa que en el fondo, más explícita o implícitamente, estamos creyendo que la vida no se termina con la muerte.
Porque, si tenemos a alguien que partió, y estamos queriendo rezar, significa que esa oración, algo puede hacer frente a esa persona.
Esa oración, encomienda al enfermo a Dios, pidiendo el perdón de sus pecados, pidiendo la gracia de la plenitud de la luz y de la paz; y, a sus familiares, les permite y les transmite, lo que es para nosotros el consuelo que nos da la fe cristiana, que es la esperanza en el reencuentro pleno y definitivo junto a Dios.
Nosotros creemos que Jesucristo ha muerto y ha resucitado, y que un día, todos vamos a participar de esa plenitud que es la resurrección. Por eso Pablo, en la Primera Carta a los Tesalonicenses, que es uno de los textos que se suelen rezar, leer y meditar, cuando se despide a alguien, dice: “No queremos que estén tristes como los otros que no tienen esperanza”. La partida de un ser querido, familiar, amigo, vecino, compañero de trabajo o conocido; es siempre un motivo de tristeza para todos, tengamos fe o no.
Pero, para quienes sí la tenemos, sabemos que esa tristeza está premiada con una esperanza que es, el reencuentro pleno y definitivo; y, por lo tanto, la alegría que esperamos volver a celebrar un día en ese reencuentro.

El rol del servicio fúnebre durante el proceso inicial del duelo
“Nosotros, lo que aportamos, pues así debe de ser, es a parte del servicio material, contención a los deudos”

El servicio funerario no comprende tan sólo el brindado logísticamente para rendirle respetos a la persona fallecida; también, implica por parte de sus funcionarios, una compenetración con los deudos, que se afianza en el respaldo emocional, en la mayoría de los casos. EL PUEBLO dialogó con Juan Carlos Lagos y Carlos Dávila, funcionarios de La Salteña y Réquiem, respectivamente, quienes expresaron su visión al respecto.
La Salteña
Juan Carlos Lagos es funcionario de la Empresa La Salteña desde hace 30 años. Conocedor de lo que implica trabajar en un servicio funerario, recalcó la importancia de la tarea que se cumple, que abarca no tan sólo los elementos que permiten desarrollar el rito, sino que también la contención a los familiares del fallecido.
“Cuando se acerca un familiar del fallecido para que se realice el servicio, es un momento sumamente triste. De todas maneras debemos realizar ciertos trámites, donde solicitamos datos de la persona, tales como el nombre, la documentación, si tenía o no servicio, etc. Es un momento delicado. Posteriormente se inicia con el proceso del sepelio, que es ir a buscar al difunto a su casa o la morgue, se lo amortaja y traslada. Bueno, esa sí es una situación delicada. Allí uno puede ser testigo de las diferencias internas de las familias, del sufrimiento, de la frialdad, etc., de las emociones que se viven en esa circunstancia tan particular.
En mis 30 años de trabajo en La Salteña, he visto como el velatorio ha pasado de la casa de familia a la sala, y cómo, de a poco, ha ido ganando espacio la cremación. Cuando la empresa estaba en calle Treinta y Tres, se realizaban entre 25 y 27 servicios: 2 en la sala y s5 en las casas de familia; hoy, si se realiza un servicio en un domicilio, es mucho. Considero que los tiempos han cambiado y seguirán cambiando, al punto de que llegará un momento en que el velatorio tradicional, como lo conocemos, desaparecerá, y tomará su lugar la cremación, directamente. La tradición fue perdiendo terreno, y ya el 2 de noviembre, día de los difuntos, ya no se conmemora con el mismo respeto, digámoslo así, con el que se hacía hace algunos años.
Lo que puedo decir es que, es un tema largo y que da para hablar mucho. Tenemos muchas experiencias y anécdotas vividas durante tantos años. El momento del velatorio es sumamente íntimo y difícil para la familia, que las hay de todo tipo; nosotros lo que aportamos, pues así debe de ser, es a parte del servicio material, contención a los deudos, que va desde tener paciencia ante una mala contestación o mala forma de dirigirse, hasta dar palabras de aliento.
Hay que recalcar que contamos con un grupo humano serio a quien debemos agradecerle, pues no es un trabajo fácil”.
Réquiem
Carlos Dávila, es funcionario de Empresa Réquiem, quien comenzó su diálogo con EL PUEBLO expresando que “uno forma parte de una empresa que brinda un servicio en un momento muy difícil de las personas, y hay que actuar en consecuencia”.
“Si bien el trámite o la forma de ir a buscar un cadáver el igual en la mayoría de las veces, hay algunas en las que depende del fallecimiento, los que no son todos iguales; no es lo mismo encarar el fallecimiento de una persona joven, que el de una persona de mayor edad cuyo desenlace ya se sabe cuál será. Además del servicio que se presta, en una funeraria se da contención a la familia del fallecido, con quienes se está directamente en contacto desde el momento en que se va a buscar al fallecido a su casa, el sanatorio donde esté o la morgue, hasta el momento del entierro. Por eso digo que, si bien el proceso es exactamente el mismo, para todos, hay veces que las situaciones o el contexto cambian. La contención de los padres de una persona joven que muere por un imprevisto, no se asimila a la de hijos de personas adultas, en cuanto saben y tienen asumido cuál va a ser el desenlace, y a veces, ellos mismos se acercan y lo manifiestan, “nosotros lo estábamos esperando”, por ejemplo. Todos tienen su parte de asesoramiento, de contención, de respeto. El respeto, siempre, sobre todas las cosas, y en todas las situaciones, es fundamental por el difícil momento por el que atraviesa la familia. En este trabajo hay que tener profesionalismo, el que debe caracterizarlo y debe estar muy presente, pues es la empresa a través de sus funcionarios la que actúa. Se debe, también, tener una personalidad especial para convivir con dichas situaciones diariamente; una cintura, un cierto tacto, por decirlo de alguna forma, partiendo de la base que, el único que no está pasando por el problema, es la persona ajena al problema. Hay que mentalizarse que el problema que se tienen enfrente es ajeno, no de uno, y, en base a eso, hay que ser lo más profesional posible. Por eso siempre sostengo que, no sé si se nace o se hace funebrero; por eso recalco que hay que tener una cierta personalidad, y por eso, no son muchos los que sirven para este trabajo; no son todos los que lo realizan”, concluyó.

 

 








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