Historias de Inmigrantes

En el marco de la Fiesta de los Inmigrantes, Diario El Pueblo entrevistó a representantes de las diferentes colectividades para que cuenten el origen de cada una de ellas, siendo los descendientes de aquellos antepasados que mantienen la memoria viva de sus costumbres, transmitiendo a las generaciones actuales y futuras la historia familiar, pero que no las guardan exclusivamente para los suyos sino que con gran esfuerzo trabajan organizando esta tradicional fiesta para que la sociedad salteña toda, pueda conocer y compartir parte de la historia de estos pueblos.

Con Alice Juanicotenea, presidenta de la Unión de Inmigrantes
Hoy culmina la 20ª Fiesta del Inmigrante de Salto con múltiples actividades que han
marcado una intensa agenda en los últimos días

Hoy culmina la 20ª Fiesta del Inmigrante de Salto, grupo que nuclea a unas diecisiete colectividades de inmigrantes, predominantemente europeas. Conversamos con Alice Juanicotenea, presidenta de la Unión de Inmigrantes, con quien repasamos las distintas actividades que se llevaron a cabo.
“Son veinte años de trabajo –comenzó diciendo Juanicotenea-, de empujar del carro, de tratar que siempre hayan cosas nuevas. Este año la estamos haciendo desde el día de hoy (jueves), del día 10 al 13 en el Mercado 18 de Julio. El jueves hicimos la Noche de los Afectos, donde le hicimos un reconocimiento póstumo a Don Lorenzo Martínez, que fue directivo de la Asociación Española durante muchos años, la verdad que era un bastión en la Unión de Inmigrantes, porque por su edad tenía la sabiduría de los viejos, que si los escucháramos más seguido, no nos pasarían muchas de las cosas que nos pasan”. “Otros reconocimientos fueron a Shahnaz Adnani y a Fátima Brites, compañera de la colectividad paraguaya que falleció en diciembre de 2017 con solo 45 años de edad. Adnani estuvo participando muchos años en la Unión de Inmigrantes y después por motivos personales, el esposo emigJuanicotenearó a Canadá con ella y toda la familia. Y ahora volvió, porque trajo a la nieta, que es uruguaya, a estudiar a la Facultad de Psicología.
Volvió, estará participando de la fiesta, queremos hacerle un pequeño reconocimiento porque hace ocho años que se fue, pero siempre está en contacto y participando a la distancia, siempre apoyando y dando ideas”. “El viernes fue la Noche Española, donde hubo grupos artísticos, danzas, como siempre estuvo Marcela Cavalho, hubo paella, tortas gallegas, algunas otras típicas tortas españolas y como se dice, un poco de ruido español. Fue una noche amena”. “El día sábado tuvimos los bailes en la Plaza Artigas, vino el Ballet de Concordia de la Asociación Italiana, “Terra Nostra”, y después el Grupo Kalinka, que es un ballet ruso de San Javier, que es espectacular. Y a las 21 horas fue el clásico desfile que este año volvimos a tener el primer ómnibus municipal, llamado REO, que es del año 1920 aproximadamente. Conseguimos el primer camión de la Empresa Bisio, que lo recuperaron. Después hubo dos o tres cachilas, fue un nuevo desfile lindo e importante, con unas cuantas academias que siempre nos apoyan. Nos acompañó también la Unión de Inmigrantes de Concordia con unas cuantas colectividades. Después volvimos al Mercado y ahí siguieron los bailes”.“El domingo (hoy) arrancamos a las 18 horas con Hip Hop de la Intendencia, después academias de danza y venta de plaza de comidas, como siempre. Así que muy variado. Así que invitamos a la gente a que vaya, participe”.

MONUMENTO AL INMIGRANTE
“Este año la novedad que dije en el puerto y la volví a decir en la apertura, fue que finalmente después de cinco años de lucha, porque ha sido algo incansable de todas las presidentas que me precedieron y no quiero olvidarme de nadie, de todos mis compañeros, porque fuimos a varias reuniones, pedíamos audiencia con el intendente, con el secretario, para luchar por el Monumento al Inmigrante, y el día 3 salió en la Junta Departamental por unanimidad. Así que ahora vamos a tener nuestro monumento que no va a ser nuestro sino de todo Salto, porque nos va a identificar a la mayoría. Estará en la entrada del Muelle Negro, la idea es pedir que a futuro el muelle sea denominado Paseo del Inmigrante, porque es lo que más nos identifica, porque la inmigración más grande fue de 1880 al 90 hasta 1940, más o menos, cuando la Segunda Guerra, y el medio de transporte más importante era por el agua, venían por el puerto. Después llegó el ferrocarril. Por eso siempre hacemos el simulacro del desembarco en el puerto”.“Una empresa local nos dona el material y otra la mano de obra, la intendencia va a poner al técnico, y va a ser un monumento hecho por nosotros, por el pueblo, por gente que también es inmigrante, hijos y nietos de inmigrantes en el caso de las dos empresas. Después la intendencia se encargará de parquizar, tendremos luego un lugar por si queremos ir a tomar mate, llevar la playera y sentarnos para recordar que por ahí entraron mis abuelos. Tendremos además un lugar donde poner unas placas para los que ya no están, que fueron fundadores, y en alguna fiesta poner las banderas”, concluyó.

Sara Baranov – hija de inmigrantes rumanos
“Mis abuelos tuvieron la posibilidad de hacer una vida tranquila, sin guerras”

Sara Baranov Yacozina pertenece a la colectividad de Rumania – lugar de donde procede su familia de inmigrantes. Vale decir que los rumanos que vivían en esa zona en particular, también tenían influencias de Rusia, lo que los llevaba a hablar los dos idiomas. “Desde Rumania primeramente vino mi abuelo por parte de mi madre . Mi abuela quedó en Rusia con mi mamá – que apenas tenía cuatro años de edad y al cabo de cuatro años, vinieron también.
Hubo que esperar todo ese tiempo para que mi abuelo pudiera reunir el dinero para el viaje” – rememoró Sara.
En su casa se conservan los tradicionales platos rumanos y también los bordados en punto cruz – que cada generación ha ido incorporando.
De sus descendientes aprendió el respeto, la tolerancia y la disciplina del trabajo, sin esperar nada de arriba.
Ese reencuentro en el puerto fue tan singular que a su abuelo -después de tanto tiempo – le costó reconocer a su propia hija que ya tenía ocho años.
Fue así que iniciaron la vida juntos en Salto, con la ayuda de otros rumanos que habían llegado antes.
Para muchos, Rumania sigue siendo una tierra de mitos y leyenda. Y teniendo en cuenta la cantidad de tradiciones que todavía están presentes en la vida cotidiana de los rumanos, esto puede no ser un cliché. Desde la lluvia hasta los regalos junto a la ventana para las hadas del destino, descubre las costumbres rumanas más populares, una verdadera puerta de entrada a la cultusara 001ra del país. Los rumanos aman sus tradiciones, que aportan un toque de magia y añaden color a la vida cotidiana. Son una forma de conectarse con la rica cultura popular que se transmite de generación en generación.
Algunas de las tradiciones y costumbres giran en torno a los ciclos de vida humanos y están diseñadas para acompañar a quienes las realizan a través de eventos como el nacimiento, bodas y muerte, otros están conectados a la sucesión de las estaciones.
Dentro de la gastronomía rumana se preparan ricos platillos para todos los familiares. En la Cultura de Rumanía son cuidadosos en cuanto a los recordatorios de los fallecidos, en especial si son familiares, asisten a misa y están pendiente.
Los más pequeños pintan huevos que posteriormente se chocan entre sí como símbolo de la Resurrección. El postre por excelencia durante esta fiesta es el pan dulce.
Además de las fiestas de religiosas, los rumanos también tienen otras “Agro-pastorales”, como Zambra Oidor, Tanja y Sangrienta, entre otros.
También se celebra el día de San Nicolás, típico de la época navideña, cuando las calles se decoran y se llenan de luces de colores, y todo adquiere un halo de magia que invita a hacer frente al frío para salir a pasear.
“Dentro de la comunidad rumana, se ayudaban entre ellos ya que no sabían nada del idioma de nuestras tierras… para mi abuelo fue durísimo trabajar y estar cuatro años alejado de su familia. Comunicarse por carta en ese momento era muy difícil, porque pasaban meses antes que llegara un barco allí. Todos ellos se escribían pero demoraba muchísimo la correspondencia – relata Sara Baranov.
– ¿Cómo fueron esos primeros tiempos… según el relato de sus abuelos?
-”Hay una anécdota bastante pintoresca… mi abuela trajo una valija llena de ropa de abrigo, porque el invierno en Rusia – en el lugar donde ella vivía – era crudísimo. Justo cuando llegó aquí hacía mucho calor – era pleno verano.
Fue un cambio climático tremendo, pero con el tiempo se fueron adaptando.
No existía otra posibilidad… era lo que se les presentaba, la posibilidad de hacer una vida tranquila… sin guerras.
Había mucha tierra para trabajar. Allá tenían campo, estaban muy bien pero dejaron todo y se vinieron, a causa de la guerra”. Su economía fue autárquica, ya que supieron vivir de la agricultura y tenían algunos animales. Molían el trigo y obtenían su propia harina refinada. Usaban el arado y cumplían con las rudas tareas del campo, pero lo lograron.
Cuando fueron mayores pudieron gozar de un buen pasar económico.
-¿Qué pudo usted aprender de sus abuelos?
– “A mi abuelo por parte materna no lo llegué a conocer porque una vez – en pleno trabajo de campo – sufrió un accidente y murió.Mi abuela quedó sola y tuvo que seguir adelante con tres hijos.
Se dedicó a la apicultura y lo que más admirábamos de ella es que no usaba protección, ni siquiera guantes, porque las abejas la conocían y no la picaban. También se dedicaba a la plantación de algodón.
Desde jovencitas nos enseñaron que teníamos que aprende a hacer bordado a mano, a máquina y punto cruz. Para ello nos juntamos todos los inviernos a bordar juntas… mis hijas saben bordar, también las nietas.Estamos muy agradecidos de cómo esta tierra los recibió y que pudieron vivir y trabajar en paz”.

Silvia Emmeneger – Colectividad Suiza
«Mi padre venía de una sangre en la que el trabajo era todo»

Silvia Emmeneger, forma parte de la colectividad Suiza en nuestro medio. Entre las historias que compartió con EL PUEBLO, no faltó la que les permitió saber que, en realidad, su procedencia venía de Suiza y no de Alemania, como tenían entendido. Pero, sin dudas, la de su padre, ha sido la más conmovedora, que sintetiza y ejemplifica la perseverancia y tenacidad de los hombres y mujeres que, al empecinarse en forjar su futuro, forjaron al mismo tiempo, el de un país.
HISTORIA FAMILIAR
En verdad mi padre, Domingo, quedó huérfano cuando tenía un año. Los padres de él habían llegado al Uruguay en 1889 aproximadamente. Él, nunca contó mucho la historia de la familia, incluso, nosotros creíamos que éramos alemanes, pero, un día que vino el Embajador de Suiza, fuimos a una reunión y, hablando, nos dijo que en Suiza había muchos Emmeneger, y le respondimos que mi familia era alemana. Consultó y nos aseguró que proveníamos de Suiza, donde hay un Cantón en el llano, donde están todos los Emmeneger. Es más, que allá era un apellido común como acá puede ser Rodríguez, por ejemplo. Entonces, ahí, supimos que éramos suizos y no alemanes (risas). Un sobrino fue a Suiza y comprobó que hay muchísimos.
INFORME Silvia Emmeneger SUIZA

Mis ancestros se dedicaban a la tierra, al cultivo. Mi padre, reitero, además de quedar huérfano al año, perdió la visión muy chico, con 13 años. Tiene una historia triste y de esperanza a la vez.
Estaba jugando con unos amigos en un campito con una chumbera, al tiro al blanco, y un amigo le pidió que enderezara una lata y, cuando lo fue a hacer, se le escapó un chumbazo que le dio en la vista. A causa de la infección que se agarró, perdió las dos vistas. Por eso, mi abuela que tenía 6 hijos, era muy de él, al ser el más chico. Lo llevó al Instituto Artigas en Montevideo, para gente no vidente, donde aprendió un oficio. Dicen que tocaba muy bien el piano, y que tenía un oído privilegiado. Pero, lo dejó para aprender un oficio para «defenderse en la vida para formar una familia», decía. Aprendió a hacer cepillos y escobas, y fue gracias a lo que, después, aquí en Salto, con 18 años, abrió su fábrica, que estaba ubicada en Rivera y Morquio. Allí se llegaron a hacer 100 docenas de escobas por día; se vendía a Artigas, Paysandú, Mercedes, incluso ganó varias licitaciones públicas. Eran buenos productos. Alcanzó a tener entre 20 y 25 empleados durante todo el año; pero, en tiempos de cosecha, cuando se cosechaba la paja de la escoba, llegó a tener 10 cuadrillas de 10 personas, alcanzando, por lo tanto, a tener más de 100 empleados. Siendo ciego.
Se casó, y tuvo 7 hijos. Una familia grande, como las de esa época. Y, tuvo a mi madre al lado, que era su visión. Fueron muy buenos padres.
LINAJE DE TRABAJO
Mi padre fue el típico inmigrante pionero, al igual que sus padres. Hombres y mujeres que apostaron al Uruguay y lo hicieron andar desde fines del siglo XIX y principios del siglo XX.
Mi padre venía de una sangre en la que el trabajo era todo. No tenía hora para trabajar. Trabajaba a la par de los empleados, no había diferencia. Poseía una fuerza de voluntad admirable.
Lo que no se practicó en casa fue ninguna tradición específica de Suiza. Lo que sí, cuando era chico, su madre que era francesa, le hablaba en francés, y, cuando fue a la escuela con 7 años, no sabía el español.
Mi abuelo vino de Europa junto a un hermano. Por lo tanto, hay dos ramas de Emmeneger pero, que proviene de un mismo tronco. En Uruguay somos todos parientes.
LA COLECTIVIDAD
Yo me contacté con la Embajada Suiza yendo cada vez que viajo a Montevideo. Instauramos una linda relación. Acá tenemos la Unión de los Inmigrantes, de la cual podía formar parte por Francia, por mi abuela, por Suiza, por el lado paterno, y, también, por Italia, porque, mi abuelo materno vino de allí. La única que es criolla es mi abuela materna.

Referente de la Colectividad Alemana en Salto

Si se piensa en un referente de la Colectividad Alemana en Salto, inmediatamente surge el nombre de Elizabeth Widmaier, hoy encargada de RR.PP de la Unión Inmigrantes de Salto, quien comienza el diálogo con este diario explicando que su nombre es Elizabeth Esther Müller Habakuk y nació en 1965 en Paysandú, “en un hogar bilingüe, Español y Alemán, evangélico luterano”.
-Cuéntenos sobre sus antepasados y sus recuerdos de infancia…
Mis padres eran muy jóvenes y con escasos recursos cuando se casaron. Vivían como era tradición en la casa de los padres, en un cuarto, junto a otros cuartos de hermanos y sus familias. Se trabajaba y se almorzaba juntos, los grandes cuidaban a los chicos, siempre había algún adulto cuidando los niños, mi abuela nos hacía la ropa, tejía los buzos y los escarpines, y dentro de su fría y conservadora apariencia europea, nos amaba con ese orgullo de que también éramos un poco de ella. La casa la administraba la “Oma” (abuela), hacía el pan, el jabón casero, la caldera del Té, los caramelos de miel y nos entretenía cuando las madres estaban desbordadas lavando pañales. Mi abuela paterna era ya descendiente de alemanes nacidos en Rusia, y desde allí huyó siendo muy niña con su familia, a buscar mejor futuro, perdiendo en el cruce de frontera a un hermano pequeño.
-¿Qué puede decir que le dejó esa infancia?
Esa primera infancia desarrolló como nieta mayor mi vocación de servicio, de trabajo, de empatía, de respeto, de solidaridad y tolerancia. Además, el significado de Familia: donde en las buenas compartías y mejor en las malas te encontrara juntos.
-¿Qué más puede narrar sobre sus abuelos?
Mis abuelos maternos, también son alemanes. Mi abuela Johana HarElizabeth, Colectividad Alemanacksen nació en Uruguay, era hija de inmigrantes que fueron abandonados por “empresas navieras inescrupulosas” en las islas frente a Nuevo Berlín, con la promesa que pronto los iban a recoger para llevar a tierra firme. Allí gracias a ser detectados por peones de estancia que estaban recorriendo el campo, se libraron de una muerte segura. Mi abuelo Bruno Habakuk, fue oficial de marina, del buque mercante “Tacoma”, que jugó un rol muy importante en el desenlace de la 2da. Guerra Mundial en aguas del Río de la Plata, como buque de apoyo en la autodestrucción del “Graff Spee” (Barco de Guerra de Avanzada de la armada alemana) frente a Montevideo. Mi abuelo queda detenido como prisionero de guerra…
-¿Ya había en Uruguay inmigrantes alemanes?
Sí, ya había, asentados desde el Siglo XIX, lo que lleva a que se confraternizara y en esa confraternización se enamoran mis abuelos. En un pálido intento de trasladar su familia a Alemania al poco tiempo de casarse, e iniciar reconstruir una vida, el Uruguay les tiró más, y volvieron para quedarse. Fuera de esa vez, mi abuelo no pisó más Alemania. Siempre se sintió feliz en Uruguay. Y murió siendo ciudadano uruguayo. La Guerra le dejó un sabor triste en su vida, al perder a su padre y hermano, que eran pilotos de la Wehrmacht. Esta pérdida y la de sus coterráneos en la tragedia del Graff Spee, era lo que al invocarlo, su voz y su mirada se perdían en el dolor. Encontraba consuelo cantando. Integró el Coro Mpal. de Paysandú, era muy hábil carpintero y trabajó en Ancap, gracias a su formación como Ingeniero de máquinas en el Tacoma.
-¿Qué es Alemania para usted?
Alemania, desde joven, siempre fue un misterio para mí, y me atrapaban las historias de vida que me contaban mis abuelos. Era como que me contaban un cuento, con el tiempo fui viendo la cruda realidad. En los primeros años de la escuela, me discriminaban porque no hablaba muy correcto español, mezclaba los idiomas, y también por mi aspecto extranjero. La discriminación no sólo existía por el color de piel o de ojos, sino que entendí también con el tiempo, que se discrimina todo lo que se desconoce o es diferente. En ese entonces no lo entendía así. Probablemente en algún momento de la historia ser alemán era mala palabra, y las grandes carencias culturales y humanas, ponían a niños a la altura de una historia perversa, influenciada por adultos, pues los niños tienen códigos muy sencillos de convivencia. Pero, gracias a una familia contenedora y con valores de humanidad y fe muy arraigados, se aceptaban desafíos, y se procuraba ser buena gente, con esfuerzo y trabajo, se salió adelante. Lo que no te mata te fortalece.
-¿Cómo se ve a sí misma hoy en sus actividades de la Unión de Inmigrantes?
Soy muy activa compartiendo cultura. Y promuevo la riqueza del plus que tienen todos los descendientes de diferentes etnias, que no restan al entorno, sino que suman a la grandeza de su gente. La curiosidad por conocer la tierra de mis ancestros cuando joven, iba en aumento. Y las vueltas de la vida me llevan a emigrar también a la patria de mis ancestros, formando mi familia y trabajando mucho para volver algún día a mi paisito. Por mucho tiempo lloré este desarraigo de mi país, hasta que empecé a valorar el plus cultural que me dieron mis padres. Porque comencé a sentirme también en casa. Concluyo que allí donde está tu familia, es tu hogar, no depende de fronteras, límites, banderas, culturas, etc. Depende de cada uno, de su afecto, integración en donde la vida lo lleve, y dar lo mejor de sí, para la felicidad de todos. Alemania, ya no es un misterio, también fue mi Hogar y el Hogar de mis ancestros, y por un tiempo el Hogar de mi familia.
He colaborado y apoyo a docentes y alumnos, en los proyectos de multiculturalidad, para que ningún niño más en Uruguay sea discriminado por su etnia.
El que no sabe de dónde viene, no sabe adónde va.

Prof. Mara Robaina – Colectividad española
«Tenemos que sentirnos orgullosos de provenir de una prosapia de hombres y mujeres que hicieron un hermoso país»

EL PUEBLO dialogó con la Profesora de Sociología y activa integrante de la colectividad española, Mara Robaina. Con ella viajamos al país de Harriague, Vidiella y de sus propios ancestros, vinculado el materno a la vitivinicultura, y el paterno, a la ganadería. Orgullosa de formar parte de una tradición como es la Fiesta del Inmigrante, donde se recuerda con respeto a aquellos pioneros de la «modernización», como los catalogó, compartió con nosotros sus memorias, algunas, contadas de generación en generación.

ANTEPASADOS
Yo, por los Robaina, familia de mi padre, soy Canaria. Por la familia de mi madre, Ansó, soy de Zaragoza, donde nació mi abuelo, localidad que está a unos cuantos kilómetros de un pueblo llamado Ansó, que se ubica a pocos kilómetros de los Pirineos. El vino acompañado de un amigo, Ignacio Idiaques, quien también se estableció aquí.
Mi abuelo Ansó, fue un viñatero. Puedo decir con orgullo que la familia fue pionera de la vid; no en la misma amplitud e importancia que Harriague o Vidiella, obviamente. Por parte de los Robaina, somos ganaderos.

LOS INICIOS
Nosotros consideramos el tramo de tiempo histórico del mayor aluvión, el importante para crear ciudades y pueblos, segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, si bien las guerras mundiales propiciaron la inmigración. Ahora, los europeos no fueron los únicos. También vinieron asiáticos y latinoamericanos, aunque la mayoría haya sido de origen europeo, sobre todo españoles e italianos. Entonces tenemos colectividades variadas.
Y, como la vida tienen y sigue su rumbo, una vez instalados en el país, comenzaron los casamientos que, no siempre, fueron endógenos. Las parejas también se formaron con miembros de otras colectividades y, así, es que tenemos una gran amistad y unión. Esa amistad que posibilitó y nucleó en el interior, particularmente en Salto, una relación muy buena con miembros de otros países. En nuestro caso, con gente de Argentina (Concordia), con quienes manejamos las mismas ideas y los mismos afectos. Siempre vienen a la fiesta y forman parte de las actividades, con sus mejores galas.

PIONEROS
En homenaje a esos pioneros, es que nosotros hoy, si bien no queremos volver al pasado porque, lógicamente es difícil o imposible, sí, en los encuentros que como inmigrantes hacemos, en el Mercado 18 de Julio, por ejemplo, recordamos el hecho de que nuestras familias se ocuparon con mucha responsabilidad de formar a los hijos en el mismo ritmo, de respeto a esa generación pionera. Una generación que insertó en el mercado mundial la producción uruguaya, apostando al Uruguay. Fueron, sin lugar a dudas quienes comenzaron a sentar las bases de la llamada «modernización» del país.
Ahí tenemos a un Pascual Harriague y a un Francisco Vidiella, padres de la vitivinicultura nacional, quienes, divisaron el potencial existente en el Uruguay, y que, instauraron una tradición. Yo, personalmente, mis compañeros no tienen por qué opinar lo mismo al respecto, considero que la antecesora de nuestra Fiesta de los Inmigrantes, fue la de la Vendimia. O sea, que somos continuadores de ese espíritu de enaltecer, justamente, tradiciones.
La historia de Harriague, por ejemplo es fascinante. Él después de la vitivinicultura, se ligó a la minería, a las piedras semipreciosas ágatas. Hizo un viaje especialmente a Alemania, para que le enseñaran cómo hacían la comercialización de las ágatas y otras piedras preciosas, porque, también, se quería dedicar a eso.
Ese era el ímpetu de los inmigrantes de la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del siglo XX.
El número de inmigrantes tuvo mucha importancia. Hubo altibajos pero, no desapareció; no fueron altibajos por mala voluntad, sino, porque no siempre están dispuestos a actuar todos de la misma manera. Pero, tenemos que sentirnos orgullosos de provenir de una prosapia de hombres y mujeres que hicieron un hermoso país.

Graciela García Belocon Sanin: Una historia de amor, sacrificio y dolor…
“No pierdo las esperanzas de conocer Moscú”

Graciela García Belocon Sanin es descendiente de rusos por ambos lazos familiares y desde niña sintió un amor muy especial por su cultura ancestral y sueña con viajar a Moscú.
“Siento que en algún momento lo voy a lograr” – confiesa.
Sus abuelos maternos, fueron los primeros que llegaron a nuestras tierras – como la mayoría de los inmigrantes – traídos en el barco por Basilio Lubkov – a causa de los embates de la guerra.
Su abuelo Basilio, nació en el barco – en pleno viaje -. Eran en total once hermanos… algunos quedaron en Rusia, pensando que los bisabuelos iban a regresar a buscarlos. Fue así que al llegar se radicaron en la Colonia San Javier, donde luego nace la madre de Graciela – Juana Sterla – y sus tíos.
-¿Qué historia pudo guardar usted de sus abuelos?
– “Fue una historia de mucho sacrificio… trabajaban la chacra, plantaban y cosechaban… la mayoría de las familias rusas se dedicaban a la agricultura.
Cabe destacar que la Colonia Rusa nace el 27 de julio de 1913, cuando el primer grupo de inmigrantes arribó por barco al sitio denominado «Puerto Viejo», en las arenas de una playa del Río Uruguay, en el departamento de Río Negro, pocos kilómetros al sur del límite con el departamento de Paysandú.
La Colonia fue fundada por 300 familias rusas de la religión Nuevo Israel que buscaban una completa graciela 001libertad religiosa que no encontraban en la Rusia zarista. Estas 300 familias, llegan junto a su líder Basilio Lubkov, a ocupar las tierras que ofrece al gobierno el Ministro de Fomento y Agricultura José Espalter, para que esta gente comenzara a instalarse y trabajar.
En 1926 la Colonia pasa a pertenecer al Banco Hipotecario del Uruguay y posteriormente, al Instituto Nacional de Colonización.En 1953 se expropia la Estancia Farrapos de 17.428 hectáreas.
Puerto Viejo, el sitio donde desembarcaron los primeros inmigrantes a cinco kilómetros de San Javier, dispone de todas las comodidades para disfrutar del ambiente natural de monte autóctono, río e islas. En verano es un sitio ideal para descanso.
Allí existe una pequeña playa donde la Intendencia Municipal de Río Negro ha construido bungalows que complementan la capacidad del amplio camping. El Río Uruguay es muy atractivo en esa zona, con pequeñas playas y lugares aptos para la pesca, y las islas brindan la posibilidad de un turismo de aventura y ecológico, ya que puede accederse para observación de fauna en su ambiente.
Graciela nos cuenta que su abuelo al radicarse en San Javier, fue militar y así lo hizo toda su vida… junto a su esposa trabajaron duro hasta que ésta infelizmente falleció muy joven, razón por la cual su esposo tuvo que dar en adopción a sus hijos a diferentes familias”.
“MIS BISABUELOS SIEMPRE PENSARON QUE IBAN A VOLVER A SU TIERRA”
Los bisabuelos de Graciela llegaron a nuestras tierras escapándose de la guerra, porque allí tenían un buen pasar… pero cuando la violencia asedia, nada tiene sentido y en aquel entonces en Rusia se vivían momentos de gran angustia y destrucción.
Desde que llegaron siempre guardaron la ilusión de retornar a su tierra natal y traer al resto de la familia… pero nunca sucedió, puesto que la situación económica no les permitió.
Merced a la tecnología, Graciela Belocon ha logrado con el tiempo conectarse con familiares que residen en diversas partes del mundo.
El idioma también lo fueron perdiendo pues “se hablaba mínimamente el ruso, por temor a ser discriminados y para evitar tener problemas a la hora de ingresar al país. “Casi todos hacían el esfuerzo de hablar el español”.
La cultura un tanto se fue perdiendo, aunque el menor de sus tíos – Emilio Belocon – cantautor de San Javier – fue quien se encargó de guardar todas las tradiciones y costumbres cosacas.
El artista tuvo una pequeña participación en una película y recientemente lo llamaron de Argentina para un nuevo documental.
Ha recibido varios premios a lo largo de su carrera artística.
“Mi madre siempre me dice que no desea regresar a Rusia porque existe mucho dolor detrás de su historia… Sterla siempre cocinó las comidas tradicionales rusas e infaltable siempre se hizo el té de la tarde.
También conserva canciones rusas que las suele cantar con mucha emoción… y a menudo se le llenan los ojos de lágrimas.
Graciela tiene ocho hermanos y es la única que lleva consigo en forma arraigada la historia familiar. Está estudiando el idioma ruso mediante una aplicación y tiene la esperanza de ir a Moscú y quedarse allí por un tiempo… y tener la oportunidad de encontrarse con sus raíces.