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Montevideo, a la intemperie

Por Wenceslao Landarín
Qué tienen en común Sandra, Luis, Cristian, Raquel y Walter? ¿Por qué los reunimos para este informe? Todos, en un momento de su vida decidieron irse a probar suerte a Montevideo, y lo hicieron con el riesgo de que les fuera mal y tuviesen que volver. Les va bien. A unos mejor que a otros. Pero siguen existiendo casos donde la opción de llegar a la capital es válida, aunque no estén dadas todas las condiciones. Muchos llegan sin un lugar donde quedarse, con poca plata y a una ciudad enorme, con otros ruidos, otros riesgos y desconocida. Llegan y quedan a la intemperie. La familia de Sandra Díaz, la madre del destacado futbolista profesional Luis Suárez, logró asentarse a partir de trabajo y coraje, pero en los inicios no fue fácil. Sandra por varios años limpió baños en la Terminal de Tres Cruces, en los ’90. DSC08736 [1]El caso de Raquel Quirque es distinto. Empleada desde los inicios de la Terminal (en 1994), a diario observa innumerable rostros de gente del interior que tiene que pasar por ese lugar para llegar a Montevideo, en búsqueda de salud o trabajo. Por su parte Cristian Gallino y Walter Tomas forjaron su ida por motivos estrictamente laborales y desde muy jóvenes, se incorporaron a la industria de la construcción. Ambos consiguieron hospedarse en viviendas que la empresa en la que trabajan les proporcionó o en la misma obra que estaban levantando.
Pero además de estos nombres propios hay otros muchos que la siguen peleando y se rebuscan para quedarse algunas noches protegidos en la terminal, si bien no pueden pernoctar en dicho espacio, como lo indica el gerente de Tres Cruces a este medio.
“Algunos no quieren ir a los refugios”, nos dijeron. Otros esperan un pasaje para volver, luego de haber llegado por un tratamiento médico. En este contexto es que aparecen organizaciones, como la Asociación Ronald McDonald, que ponen en funcionamiento acciones concretas para niños, padres y madres, que estén internados en hospitales públicos, ofreciendo una casa totalmente gratuita, sin límite de tiempo, para poder hospedarse.
A partir de todo ello es que EL PUEBLO elabora el presente informe dominical, sin dejar de lado los números estadísticos que indican a Montevideo como el lugar que concentra el mayor flujo de migrantes internos.

Si bien las personas no pueden dormir en la Terminal, se dan maña para hacerlo

Casos y rostros de gente del interior

Raquel Quirque trabaja en el Café “Del Andén” de la Terminal de Tres Cruces (en Montevideo) desde su inauguración, hace ya 24 años. En ese lugar a diario ve un universo de rostros y gestos de gente con mil historias atrás. Desde su rol de trabajadora, en diálogo con EL PUEBLO, nos dice que aunque le falte poco tiempo para jubilarse, es el mejor lugar que le tocó para laborar. Rescató los valores que permanecen en la mayoría de la gente de tierra adentro, repasando algunas anécdotas de personas que se han quedado en la terminal algunas noches, o de la realidad de familias que pasan por tratamientos médicos con sus hijos. raquel 2 [2]

Finalmente recordó los días en que Luis Suárez (“El oreja”), con no más de nueve años, a diario visitaba la terminal de buses en busca de su madre, Sandra, quien integraba el equipo de limpieza, desempeñando su tarea en el baño de damas.
IMPAGABLE
“Este lugar de trabajo no te lo cambio por nada. Esto es impagable en todo, por el entorno, por ese universo de gente que pasa a diario. Vos acá ves todo, te das cuenta en los clientes por el tipo de trato, si es de Montevideo, del interior o de otro país. La mayoría de la gente es del interior, el que se distingue por su trato, lugar donde todavía no se perdió la cortesía, el respeto. En el interior uno sabe quién es el vecino, acá no tenés idea”. Sobre la existencia de personas nacidas en el interior que viven en Montevideo, para Raquel “si uno se pone a rascar, deben sumar cerca del 80%”.

LA GENTE DEL INTERIOR
Raquel, que es oriunda de Minas (en Lavalleja) relató casos de gente del interior que “se viene a hacer tratamientos y vemos la evolución que tiene. Se ve madres con rostros alegres porque hay mejoría”. Recordó el caso de una señora que venía de Salto que tenía una nena con leucemia. Si bien es un caso triste, y se recuperó, aquella mujer siempre estaba con una sonrisa. Y uno veía la metamorfosis de la enfermedad: un mes venía con la nena sin pelo, o con cierto color en la piel, después la veías más recuperada. Uno veía la metamorfosis de la enfermedad y aquella mujer siempre igual; una fortaleza impresionante. Quizá como ser humano en algún momento caería pero delante de la nena nunca”.

MAÑAS
Si bien las personas no pueden quedarse a dormir por la noche en la terminal, Raquel nos indica que “siempre alguno se queda”. Recordó el caso de una señora que venía a Montevideo y sacaba un pasaje de retorno, pero cuando llegaba la hora de viajar iba y lo devolvía. Y le descontaban el 10%. Entonces si venia el guardia de seguridad a consultarle le mostraba el pasaje y no la podían sacar. La mujer no molestaba, no pedía nada. Lo único que hacía era estar refugiada, no está a la intemperie, tenés seguridad. Son mañas que se da la gente”. También nos dice nuestra entrevistada que “hay mucha gente que no quiere ir a los refugios”.

LUIS SUÁREZ
Recordó que “Luis (Suárez) venía todos los días a ver a su madre a la terminal”, que trabajaba a pocos metros de donde se ubica el café donde trabaja Raquel. “Venía todos los mediodías a buscar plata para la comida, muchas veces con la camiseta de Nacional. Nosotros le decíamos “Oreja”, y él nos decía: Vamos arriba el bolso. Justo fue la época del quinquenio de Peñarol y le decíamos que se sacara esa camiseta”. También recordó cuando Sandra llevaba a sus hijos al fútbol porque querían jugar.
Finalmente pudimos establecer que en ese mismo gabinete higiénico de la Terminal Tres Cruces, en el que trabajaba Sandra Díaz, madre de Luis Suárez, en la década de los ’90, actualmente lo hace una tía del destacado futbolista profesional salteño: Lidia Suárez.

En Tres Cruces no está permitido pernoctar

Pablo Cusnir, el gerente de Marketing de la Terminal de ómnibus de Tres Cruces, de Montevideo, explicó a EL PUEBLO, que “no está permitido pernoctar en las salas de espera” de dicho espacio público y que el personal de seguridad suele sugerir a las personas que están en esa situación concurran a refugios disponibles bajo la órbita del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES). Indicó que “hay personas que procuran pasar la noche en la sala de espera, pero no está permitido dicho uso” y explicó que es “el personal de seguridad el que está atento a que las personas no DSC08738 [3]duerman en las salas de espera con el fin de que no pierdan sus servicios de transporte. También se controla que las salas de espera no se usen como lugar para pernoctar”. Cusnir expresó que si se detecta algún caso “se les indica que no es el lugar adecuado para hacerlo, sugiriendo que concurran a un refugio destinado para tal fin”. Se conocen algunos casos que “al identificarse se recomienda consultar en los hospitales donde quedarse, o bien en el MIDES o en casas de las colectividades de cada departamento que en muchos casos atienden estas situaciones”.
Estas situaciones son controladas por los guardias de seguridad, quienes suelen orientar a las personas entorno a donde dirigirse. EL PUEBLO procuró entrevistarse con los supervisores de seguridad de la Terminal a los efectos de conocer otros aspectos puntuales de la operativa, pero el supervisor Sr. Fernando Bilbao, explicó que no era posible la misma por razones vinculadas al trabajo que lleva adelante dicho sector, que es “sensible”.

Los migrantes de todos los departamentos tienen a Montevideo como principal destino de radicación

En un documento elaborado por la Unidad Estadística y Gestión Estratégica del Departamento de Planificación de la Intendencia de Montevideo, llamado “Informe Censos 2011: Montevideo y área Metropolitana” (de noviembre de 2013) se indica que “desde sus orígenes Montevideo ha constituido el centro de atracción migratorio más importante de nuestro país. Hasta 1960 la ciudad capital concentró el mayor flujo de migrantes internos que, estimulados por la mayor abundancia relativa de servicios, de oferta laboral y por condiciones de empleo más favorables, se dirigieron desde otros departamentos, y en particular desde zonas rurales, hacia Montevideo.
Sin embargo, este proceso demográfico favorable hacia la ciudad capital comienza a transitar un sostenido enlentecimiento desde principios de la década de los 60. Entre 1963 y 1996 los datos censales reflejan un estancamiento del crecimiento de la población que se relaciona con el incremento de la emigración internacional de los residentes del departamento, con la desaceleración de la afluencia de los migrantes internos y con el traslado de la población montevideana fuera de los límites departamentales, en particular hacia Canelones.
A nivel nacional hay 709.667 personas que residen en un departamento diferente al que nacieron, lo que representa 21,6 % de la población del país. Solo Montevideo, Canelones, Maldonado y San José presentan saldo positivo de migrantes absolutos; esto significa que es mayor la cantidad de personas que habiendo nacido en otro departamento pasa a residir en cada uno de estos departamentos, que la cantidad de personas que nace en estos y pasa a vivir en otros departamentos. Se observa que Montevideo (36,6 %), Canelones (28 %) y, en menor medida, Maldonado (8,8 %) son los departamentos que reciben mayor proporción de migrantes absolutos.
Los migrantes de todos los departamentos tuvieron a Montevideo como principal destino de radicación. Si se excluye a la capital del análisis se destaca el rol de los departamentos de Canelones y Maldonado como los principales receptores de migrantes de otros departamentos. Montevideo es no solo el principal departamento de destino de los migrantes absolutos, sino también el principal origen de las corrientes migratorias (27,9 % de los migrantes absolutos han nacido en Montevideo), lo que se relaciona con el peso demográfico de la capital.

Historia de una salteña que se fue a Montevideo en los ‘90 y que hizo de todo para mantener a su numerosa familia

Madre de Luis Suárez, “limpiaba retretes en Terminal Tres Cruces”

EL PUEBLO confirmó, en el marco de este informe, que la madre de Luis Suárez, Sandra Díaz, cuando se trasladó con su familia a Montevideo (en el año de 1992), trabajó unos años en la Terminal Tres Cruces, cumpliendo tareas en la limpieza de los baños femeninos. Procuramos contar con su testimonio directo sobre esos tiempos, las dificultades de esos inicios en la capital, pero la Sra. Díaz no quiso darle una nota a este medio.
Insistimos más de una vez a uno de sus abogados, el Dr. Gabriel Cartagena, en establecer contacto, a lo que el profesional nos relató que “no quiere hacer ningún tipo de nota ya que estamos previo al Mundial (de fútbol), porque Luis (Suárez) es muy reservado en esos temas”.
Indicó que “ella publicó una nota en diciembre de 1993 en diario EL PUEBLO”, donde explicaba los motivos de su ida a Montevideo. Personal de este diario buscó esa nota, pero fue imposible de encontrarla en nuestros archivos.
Pero EL PUEBLO obtuvo la autorización para publicar un extracto de un artículo escrito por el periodista peruano Julio Villanueva Chang, editor de la prestigiosa revista Etiqueta Negra, maestro de la Fundación García Márquez para el Nuevo Periodismo. Dicho trabajo se titula: “La señora del café y el señor de los enchufes” y fue publicado el 20 de julio de 2015 en el sitio https://cronicasperiodistic as.wordpress.com. El extracto que reproducimos cuenta la historia de la madre de Luis Suárez cuando recién arribada a la capital desde Salto, con su numerosa familia, trabajó en la Terminal de buses más grande del país.

La Señora que Limpiaba Retretes

Durante tres años y medio, Sandra Díaz Reyes limpió un baño de mujeres en Tres Cruces. Durante tres años y medio vivió de un sueldo, pero sobre todo de las propinas que le dejaban otras mujeres. Había llegado como una empleada de escoba y trapeador hasta que un día faltó la señora responsable de ese baño frente a un Mc Donald’s. Desde entonces Sandra Díaz Reyes lo cuidó como si fuese una prolongación de su casa. Compraba con su dinero un perfume más agradable que el desinfectante oficial, lo decoraba como si fuese su sala durante las fiestas de fin de año, les pedía a sus clientas que, por favor, lo dejasen impecable. Nada como la fila de un baño de mujeres para empezar a conocer a una mujer: «Veía a las que andaban en la cola y sabía quién me iba a dejar limpio el baño», recuerda la Señora que Limpiaba Retretes.
(…)
Sandra Díaz Reyes dejó de atender el baño de mujeres cuando se separó del padre de sus primeros cinco hijos. La empresa de conservar un baño público impecable tiene más de amor propio que de detergente. La imagen cinematográfica de un baño de mujeres tiene un olfato más cercano a la vanidad que a la fisiología, a los lápices de labios que a los intestinos. Los baños de Tres Cruces no son cinematográficos: son de necesidad urgente, de gente haciendo cola, de impacientes.
(…)
La Señora que Limpiaba Retretes sabe que un baño es un gran teatro. Hay tragedias y comedias.
—Yo era muy histérica con la limpieza —dice ella sobre el baño de su casa—. Aprendí lo que mi madre me enseñó. Y mis hijas también.
La Señora que Limpiaba Retretes cree en la limpieza absoluta y en la Biblia. Capricornio risueña, no cree en el zodíaco. Cree en el Dios de los Evangelios, en el trabajo y en los amigos de su antiguo trabajo. Cree en tener siete hijos y en una madre que trabajó con ella limpiando los baños de la terminal y de un restaurante por las noches. Hacía sus compras en Tres Cruces. Celebraba los cumpleaños con sus amigas de Tres Cruces. Se fue a vivir a dos cuadras de Tres Cruces. Cuando se quedó sin trabajo en Tres Cruces, iba a visitar a sus amigas a Tres Cruces. Les vendió ropa en Tres Cruces. Trabajó en una fiambrería. Fue guardia de seguridad. Limpió casas.

Obreros del interior consiguen vivir en viviendas de las empresas mientras trabajan en obras de construcción

Varios salteños viven “pensando en volver”

 

Hay muchos salteños que han llegado en búsqueda de trabajo a la capital y los primeros meses se quedan en casas de amigos, parientes o en pensiones. Hay jóvenes que llegan a estudiar o a trabajar y al comienzo se instalan en alguna pensión, hasta que luego de ganar unos pesos en un par de meses, se van a un apartamento compartido, para luego mudarse a un apartamento, solos. Otros casos similares se dan en aquellos trabajadores de la industria de la construcción, que consiguen alojarse en las propias obras en las que trabajan o en lugares que la empresa empleadora les proporciona. Los hay de muchos pueblos del interior. EL PUEBLO conoce casos de salteños, como de otros departamentos, como Rivera, Artigas y Soriano. gallino [4]
HISTORIA REPETIDA
No es un tema de ahora. Siempre pasó que gente del interior se vino a la capital “con una mano atrás y otra adelante”, sin referencias, sin un lugar donde quedarse, a la “buena de Dios”. La búsqueda de un trabajo mejor remunerado que el que ofrecía mi pueblo, era una opción que muchos uruguayos del interior tomaron y siguen tomando. Tal es el caso de Walter Tomas, un sanitario que ronda los 60 años, es de Artigas y con 15 años se vino en ómnibus a Montevideo. Se quedó dos noches en un banco de la Plaza Cagancha (en el corazón del centro de Montevideo), hasta que consiguió trabajo en una obra en construcción y pudo trabajar y quedarse a dormir en dicho lugar.
VIVIR SOLO Y PENSANDO SIEMPRE EN VOLVER
Hace doce años que trabaja en Montevideo y “siempre estoy volviendo” nos dice Cristian Gallino, un salteño que trabaja en la industria de la construcción en una reconocida empresa capitalina. Era febrero del 2006 cuando Gallino se vino por primera vez a trabajar al sur del país: “la cosa estaba fea y no daba para más. Trabajaba en el packing (de Caputto) y un compañero me dijo que en Maldonado había changa y me vine. Nos quedamos en la casa de una tía y cuando cobro la primera quincena me asaltan”. Es así que se va de Maldonado y recae en Piriápolis, donde trabajaba su hermano, y se alista en la empresa Campiglia Construcciones, donde permanece aún. “Me quedaba en una casa de la empresa hasta que pude alquilar una casa y traer a mi familia (en ese entonces tenía un hijo, Lautaro). En Piriápolis estuve cerca de cuatro años y compartí con mi familia uno de ellos, hasta que se terminó el laburo y me mandan a Montevideo”.
“En Montevideo me acostumbré de nuevo a estar solo, que es lo más difícil del laburo. Hace cinco volví a traer a mi familia a vivir conmigo, en una casa que la empresa me proporcionaba. En ese momento ya tenía tres hijos: se sumaron Bianca y Tiara. Hasta que luego de un año otra vez tuvieron que separarse y volver a Salto”.
CASA Y LABURO: FUNDAMENTAL
Cristian tiene 33 años y considera que “tener la casa es fundamental luego de conseguir laburo”. En su caso se queda en una casa que es de la empresa que conforme pasa el tiempo y suele utilizarse para proyectos se muda a otra vivienda. Los primeros meses en Montevideo fueron extraños para Gallino: “una ciudad de mucho ruido, todo el día la gente al mango, todo te queda lejos. Uno viene de afuera y es gentil diciendo buen día, permiso, disculpa y acá nadie te da corte. Uno está acostumbrado y eso por estos lados no existe”. Fue difícil la adaptación cuando viene de una ciudad del interior.
ANÉCDOTAS Y COSAS QUE NO SE RECUPERAN MÁS
“Una vuelta estaba corto de plata, estaba extrañando horrible y estaba comiendo un viernes en la obra, haciéndome la cabeza de cómo me podía ir a Salto, para ver a mi familia. Puse en el Facebook que si alguien sabía de una “carona” me avisara y un compañero me avisó de un camionero que salía a las 4 de la tarde. Así que le pedí al capataz, me tomé un bondi y luego un taxi y me fui hasta donde me espera el camión. Ese viaje fue una travesía, porque rompió varias veces, pero valió la pena porque pude estar con mi familia”. Son muchas las veces que “ando con lo justo, porque me voy a Salto y me vuelvo con 200 pesos para la semana, y hay que ponerle el pecho a las balas y darle para adelante”. Para nuestro entrevistado “los días se pasan volando porque el lunes uno ya está pensado en el viernes para poder volverse a Salto”. Le gustaría volverse “a mi ciudad, pero es bravo conseguir algo en Salto para trabajar, porque no hay casi ofertas laborales y uno la sigue remando para darle algo bueno a tu gente”. Finalmente reflexiona Gallino al comentarnos que “un aspecto que es real es que muchas veces te pierdes cosas de la familia. Vas y ves a tu hijo que ya camina, te pierdes un cumpleaños, la primera vez que habla. Uno se pierde mil cosas de la infancia de tus hijos, que es lo que a uno más le duele, ya que eso no se recupera más”.

Casas Ronald McDonald albergan a niños en tratamiento, padres con hijos internados y embarazadas de riesgo

De manera gratuita, están en Hospital Pereira Rossell y Tacuarembó

La Asociación Casa Ronald McDonald de Uruguay es una organización sin fines de lucro que trabaja apoyando a los niños en tratamientos médicos prolongados y a sus familias. Apoya cada año a más de 3.500 familias a través de dos grandes programas, las Casas Ronald McDonald, ubicadas en el Hospital Pereira Rossell y en el Hospital de Tacuarembó. En dichos espacios se ayuda a las madres y padres de niños internados, a los niños en tratamiento médico y a las embarazadas de riesgo que deben permanecer cerca de la institución médica. Allí se les brinda alojamiento con todo lo necesario para que su estadía sea digna además de la indispensable contención afectiva, las 24 horas, los 365 días del año. casa [5]
GRATUITA
Muchos padres deben abandonar sus trabajos para cuidar a sus hijos y se enfrentan a grandes cargas económicas que se ven incrementadas cuando es necesario mudar la familia a otra ciudad para que sus hijos puedan recibir el tratamiento adecuado. En las Casas Ronald McDonald los padres tienen todas sus necesidades cubiertas de manera gratuita, con las cuatro comidas, habitaciones, baños y duchas, cocina, sala multiuso, lavadero y áreas de esparcimiento. Allí también encuentran el apoyo de un equipo interdisciplinario preparado especialmente para ayudarlos durante estas complejas situaciones además de una cercanía inmejorable a sus hijos ya que ambas Casas se encuentran dentro de los predios de los dos hospitales.
SALTEÑOS
Alexandra Dragone, asistente de Comunicación de la Organización, explicó a EL PUEBLO que “las familias pueden hospedarse en nuestras Casas durante todo el tiempo que dure la internación o tratamiento de sus hijos”, citando casos de algunas que “han estado más de un año en nuestras Casas”. Respecto de si han utilizado el programa familias de Salto, Dragone nos indicó que “tenemos varias familias de Salto, sobre todo en Tacuarembó dada la proximidad”.
¿Cuál es el aporte de una Casa Ronald McDonald?
La Casa Ronald McDonald constituye un hogar para las familias que tienen que separarse de sus afectos y abandonar sus hogares en medio de la incertidumbre y la angustia que provoca una enfermedad crítica, crónica o aguda en uno de sus hijos. El apoyo de la Casa permite al hospital contar con una institución que trabaja junto a los profesionales de la salud, protegiendo el derecho de los niños a ser cuidados por sus padres durante su enfermedad.
¿Qué ofrece la Casa Ronald McDonald a los padres y madres?
En la Casa Ronald McDonald las familias encuentran cobijo, hospitalidad, comodidades adaptadas a las necesidades y toda la contención necesaria para transitar uno de los momentos más difíciles de sus vidas. Es una casa, en la que, bajo un mismo techo, las familias comparten experiencias similares y conviven brindándose contención mutua.
¿Quiénes pueden ingresar a la Casa Ronald McDonald?
La Casa alberga de forma gratuita a los padres y madres con hijos internados en el Hospital Pereira Rossell y en el Hospital de Tacuarembó, a niños que acuden a estos Hospitales para tratamientos y consultas y a embarazadas de riesgo. La derivación para el ingreso y la evaluación de la permanencia de los padres a la Casa, siempre son definidas por un referente de los Hospitales.
La Casa Ronald McDonald en el Hospital Pereira Rossell, está ubicada en el predio del hospital, tiene una superficie total de 303 m2 y cuenta con siete habitaciones, baños, duchas, lavadero, sala de estar, sala multiuso, comedor, cocina, jardín y terraza además de espacios acondicionados para personas con discapacidad. Allí, diariamente se hospedan 28 padres y madres de niños internados, se recibe a 25 padres que utilizan la Casa en calidad de tránsito; descansan, comen, lavan su ropa, etc. pero no duermen allí y se ayuda a más de 20 niños en etapa de preoperatorio. Es atendida por personal especialmente capacitado para el cuidado de los padres y madres, quienes están acompañados y contenidos durante todo el tratamiento médico de sus hijos. Desde su inauguración, el 9 de diciembre de 2013, brindó apoyo a más de 6.200 familias a través de este proyecto.