Por qué Salto?

Por qué Salto? En este informe presentamos distintas historia de vida eOtrainformen las cuales sus protagonistas (que han nacido y vivido en otros países), eligen Salto para vivir.
¿Cuáles son las razones? ¿Qué les atrajo de esta ciudad? ¿Llegaron para quedarse?
Nos preguntamos frecuentemente al encontrar personas con acento de extranjeros, formas diferente de hablar, utilización de palabras que nosotros no usamos, qué hace que esa persona elija nuestra ciudad para vivir, para formar una familia, criar hijos, desarrollarse profesionalmente.

Lida Rojas de Gaudín – Más de tres décadas radicada en Salto
«Estoy agradecida por todo lo que he podido lograr en esta ciudad»Informe

Treinta y cinco años atrás llegó Lida Rojas de Gaudín a tierra salteña desde Perú… el motivo fue el amor y los deseos de formar una familia.
Después de prácticamente una vida radicada en nuestro departamento expresa su sentir y las experiencias vividas.
«Aprendí a tomar mate, a hacer tortas fritas y asado… todo esto como un proceso de aprendizaje y adaptación y como forma de que mis hijos aprendan las costumbres d e su tierra natal» – revela.
Vale decir que llegó a Salto en 1984 y en 1988 recibió su documento como ciudadana legal uruguaya.
Confiesa que llevará siempre en sus retinas la imagen del 17 de julio de 1984 cuando pisó por primera vez el suelo salteño en carácter de recién casada con 28 años de edad. «Casi toda mi vida la he pasado prácticamente en Salto. Al casarme con Américo elegí vivir aquí. Anteriormente había viajado a muchos lugares con motivo de mi profesión, puesto que soy Licenciada en Ciencias de la Educación.
Como no pude revalidar mi título en Uruguay no pude desempeñarme laboralmente en el área, no obstante hice algunos otros trabajos afines.
Hoy percibo una jubilación de Industria y Comercio por una empresa que tuve, también por la Caja Rural».
-¿Cómo vivió la etapa de adaptación?
– «Desde un principio hice todo para adaptarme y entiendo que es un proceso. lida 001Cuesta porque hay que adecuarse a otro tipo de idiosincrasia… a otras costumbres.
Y hasta ahora está presente la nostalgia y los recuerdos… uno totalmente no se acostumbra completamente.
Hace dos años atrás viajé para reencontrarme con mi familia… pude conocer a mis sobrinos y sobrinos nietos. Ya la familia se extendió de tal manera que a muchos aún no los conocía.
Ese reencuentro también hace que uno sienta la nostalgia. Se empieza a rememorar el pasado.
Como inmigrante no me puedo quejar.
He tenido la posibilidad de criar a mis hijos… la vida me ha permitido ser yo quien los atendiera y cuidara.
Crecieron junto a mí y los pude guiar en la escuela, en su formación profesional… los he acompañado permanentemente y creo que ello es un privilegio de una ama de casa en el siglo XXI.
He desarrollado mi labor profesional en casa… siempre he asistido a los niños con dificultad, pues es mi especialidad.
Me he abocado más a los niños con dificultades de aprendizaje.
Por otra parte se me ha permitido prepararme y capacitarme más.
No he dejado de estudiar en mi profesión.
He hecho cursos en la Intendencia que ha propiciado la UNICEF, en Maltrato Infantil – allá por el 2001 – 2002.
En 1998 hice un curso de la OEA. En esa oportunidad pude conocer a muchas maestras y personalidades.
Creo que ese fue el momento en que pude conocer realmente a Salto porque recorrimos casi todos los lugares, San Antonio, la Colonia 18 de Julio… es decir muchos lugares que en este momento no recuerdo.
Los cursos eran dictados en Salto Grande. Vinieron extranjeros, profesionales a brindar charlas.
Luego en el 2004 realicé otro curso y pude aprender muchísimo acerca de las políticas de prevención de las adicciones.
Fueron años de intenso aprendizaje
Continúo estudiando y espero este año poder concluir la carrera de Psicología».
¿En algún momento sufrió algún tipo de discriminación?
-«Si en algún momento hubo siempre traté de no percibirla. Cada uno tiene su forma de pensar e integrar a las personas.
Si no nos integran por algo será… tal vez porque no existe un punto de coincidencia.
Las relaciones interpersonales siempre establecen un vínculo empático y si no se puede, igualmente se trata de convivir con las diferencias. Hay que adaptarse a cada circunstancia y a cada situación».
Pese al paso de los años Lida no ha perdido la entonación típica del imperio incaico, detalle que la sigue identificando con su tierra de nacimiento.
-Al visitar su país – ¿Notó cambios radicales?
-«Creo que sí… el pensamiento de los jóvenes es diferente… aparte me fui desvinculando de mis amistades. Teníamos un grupo de profesionales y una vez por semana hacíamos tertulias y actividades extras con teatro, pinturas y otras artes.
Esos vínculos cuando regresé ya no estaban… se diluyeron con el tiempo».
-¿Cómo pudo amalgamar las costumbres de su pueblo con las nuestras?
-«Como anteriormente expresé, todo es un proceso de aprendizaje… bastante complicado. Tenía mis propias ideas y mi marido las suyas.
Pero para ello están los acuerdos y si no funcionan se van cambiando. En el caso de mi esposo y yo prácticamente teníamos las mismas costumbres. Todo se consigue con valores, trabajo, educación y respeto.
Quise que mis hijos conocieran más acerca de la cultura uruguaya, puesto que nacieron en este país… primeramente que aprendan valorar su cultura y si sienten inquietud por conocer el Perú, partirá de ellos».
Lida estuvo integrando la Unión de Inmigrantes y rescata positivamente la experiencia, ha brindado charlas sobre su país y sigue cultivándose… aprendiendo algo nuevo todos los días.

Dr. Erick Martínez – Médico que reside desde hace más de dos años en Salto
“Los venezolanos en cualquier parte donde nos encontremos somos la mejor muestra de resiliencia”

El Dr. Erick Martínez es venezolano y está radicado en nuestra ciudad desde hace más de dos años, para ser exactos, dos años y cinco meses. Se graduó en su país natal hace 18 años.

Incursionó en el área de Cardiología y Nefrología en el Instituto Superior de Medicina Victoria de Girón. En ese entonces pudo establecer lazos de amistad con colegas uruguayos, argentinos y mexicanos.
Fue así que estableció varios contactos. “Una de esas personas que era de Melo se trasladó a vivir a Salto porque su pareja es de aquí. Ellos desde hacía tiempo me instaban a que me viniera a vivir aquí, debido a la situación de Venezuela.

Erick 001
Finalmente Erick decidió probar suerte en nuestro país y consiguió dinero para viajar y al llegar a Montevideo, contactó a una prima que le brindó el primer lugar para posar.
“Ella estaba viviendo ya por tres años y cuando llegué a las dos semanas se fue nuevamente del país… entonces yo no podía permanecer en el lugar.
Fue así que se trasladó a casa de su amiga en Salto que anteriormente le había planteado esa posibilidad.
“Viví con ellos como tres meses y realmente les estoy muy agradecido” – sostiene el médico.
– ¿Cómo fueron sus primeros tiempos viviendo en nuestra ciudad?
-”Fueron muy duros. Cuando no se tienen los documentos, la cédula uruguaya, resulta muy difícil conseguir trabajo.
No obstante recibí bastante apoyo de los familiares que me recibieron, ciertamente me ayudaron bastante.
Yo había traído un poco de dinero que debí extenderlo lo más que pude… pero lo que más me preocupaba era no poder enviar dinero a Venezuela y empecé como loco a buscar trabajo en todos lados.
Vendí pan en la calle mediante un contacto que pude hacer con los devotos Hare Krishna de aquí. Di clases en un gimnasio como entrenador de Tae Box.
No era un emprendimiento fácil, pues ganaría de acuerdo a las personas que concurrieran a las clases.
Lo que me ayudó fue que empecé a asistir al grupo de escritura de la biblioteca Felisa Lisasola y ese grupo de poetas y escritores me motivaron y me brindaron mucho apoyo.
Luego de gestionar la primera cédula de identidad ya pude procurar trabajo formal y un señor uruguayo que vivió en Venezuela por más de veinte años me compró pan por casualidad en la calle y al ver mi situación se dispuso a echarme una mano.
Hizo un par de llamadas y así pude trabajar en un local comercial de electrónica.
Gracias a ello me pude mudar y tener una habitación independiente. Ese invierno fue muy frío.
El trabajo me permitió tener dinero para gestionar la reválida y envié dinero a mi casa. Simultáneamente comencé una maestría,
Todo fue mejorando paulatinamente. Nueve meses después conseguí trabajo en una mutualista y después en otra.
Pude terminar la maestría en la Universidad Católica y me siento más tranquilo… he podido ayudar a mi familia.
“AL MES EN VENEZUELA SE GANAN ENTRE MIL TRESCIENTOS Y MIL QUINIENTOS BOLÍVARES”
-¿Cómo está su vida hoy?
-”En comparación con los primeros tiempos mi vida muy bien y agradezco todas las oportunidades que me han brindado aquí en Salto, porque fue aquí y no en Montevideo que me pude radicar… me gustó… es una ciudad pequeña y me he hecho aquí amistades de valor.
Quiero expresar mi gratitud hacia todos. Donde llegué fue a la casa de Selva Pereira y Matías Selgas.
Mi vida ha mejorado mucho… no puedo decir que ha sido mucho mejor que Venezuela… pero sí que tengo mayores posibilidades.
Estoy logrando cosas que no había podido antes. Si no hubiese sido así, no hubiera tenido la necesidad de desplazarme hasta aquí. No obstante mi calidad de vida se ve muy restringida con respecto a mi gente.
Mi mamá dene ser intervenida quirúrgicamente y no hay buenos cirujanos en la ciudad. Los conocidos se han ido todos… es un tema muy delicado.
El estar tratando de solventarlos es un tema importante. Para que tengan una idea un dólar allí son ochenta mil bolívares, es muchísimo dinero. Al mes en Venezuela se ganan entre mil trescientos y mil quinientos bolívares. Por ello un dólar que yo envíe para allá es un dinero que se aprovecha mucho. Me ha tocado esforzarme bastante para poder tener estabilidad yo y poder ayudar a mi familia”. Erick reconoce que a lo largo de su periplo de vida se ha mantenido optimista y de buen ánimo. “Creo que los venezolanos en cualquier parte donde nos encontremos somos la mejor muestra de resiliencia. Cruzar la adversidad no es fácil y cuando se sale de ella influye mucho en lo emocional. Agradezco el haber podido traer a mi pareja que está aquí conmigo desde hace algunos mese-… por otra parte el desapego de las raíces es siempre difícil”.

Armando Borrero, docente e investigador universitario
El director de las carreras informáticas del Campus Salto de la Universidad Católica es venezolano y contó a EL PUEBLO su experiencia

Armando Borrero es docente y director de las carreras de informática de la Universidad Católica en el Campus Salto. Es Ingeniero de Sistemas, tiene también una Maestría en Administración de Empresas y obtuvo su Doctorado en Informática en la Universidad de Versalles (Francia). Además, realizó investigaciones en la Universidad Técnica de Dinamarca. Oriundo de Venezuela, el 1º de febrero cumplirá su primer año viviendo en nuestra ciudad, y a fines de octubre recibió a su esposa (arquitecta y diseñadora gráfica) y a uno de sus dos hijos, que ya trabaja en el CENUR Salto como geólogo, mientras que su otro hijo trabaja en Argentina.ArmandoBorrero
«Fui profesor universitario toda la vida –comenzó diciendo-, durante casi 30 años en una Universidad pública en Venezuela, en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Los Andes de la ciudad de Mérida. Se trata de una Universidad grande con más de 200 años y que varias veces ha quedado entre las cien mejores de Latinoamérica, como ocurrió por ejemplo el año pasado. Pero dadas las circunstancias de mi país, empecé a buscar otras alternativas, y dado que tenía un hijo que se vino a Argentina, empecé a buscar también hacia el sur como en Chile, Argentina, Uruguay. Llegué a Salto de manera fortuita, no fue que decidí a priori venir para acá. Estaban buscando un profesor de alta dedicación en la Universidad Católica en la sede de Salto, y a través de internet, introduje mi documentación, mi curriculum, me hicieron varias entrevistas por internet yo estando aún en Venezuela y afortunadamente me seleccionaron. Incluso me advirtieron que era en Salto, pero yo prefería también que fuera Salto porque me puse a ver por la red y vi que era una ciudad pequeña. En Venezuela no vivía en Caracas, es decir, no vivía en la capital, aun cuando durante mis estudios si he vivido en ciudades grandes, como en París. Así que prefería una ciudad pequeña en la que uno pudiera vivir tranquilo, así llegué a Salto».
«Afortunadamente luego que estoy en Salto, le puedo decir que no me arrepiento de mi decisión de venir hasta aquí porque me parece una ciudad tranquila, pequeña, pero donde se encuentra todo lo que uno necesita para vivir con comodidad, todo es accesible. Además de eso, en general, el uruguayo es educado. Yo había venido antes a Uruguay de paseo hace unos años, pero no a Salto».
– ¿Cómo se lleva con el clima salteño?
– El calor no me ha afectado mucho, vengo del trópico. Nací en una ciudad frente al Mar Caribe, pero Mérida es una ciudad que está más bien sobre la cordillera, a 1.600 metros sobre el nivel del mar, por eso es una ciudad más fresca que tiene un clima primaveral todo el año por estar sobre la montaña con una temperatura promedio de 23º. Recuerde que en el trópico no tenemos cuatro estaciones, tenemos solamente dos, lluviosa y seca, y cuando hace frío hace 10º y cuando hace calor tenemos 34º. Es un clima muy benévolo. Así que como uno está en el Caribe frente al mar, el calor salteño no ha sido un obstáculo para vivir, a pesar que hace calor y es húmedo. Aunque el calor humano del salteño, la solidaridad y familiaridad ha sido un atractivo, porque realmente he sido muy bien recibido, todos han sido muy cordiales y receptivos conmigo. A mí y a mi familia nos han tratado muy bien.
– En este año que va a cumplir de estar en Salto, ¿qué otra cosa destaca de nuestra ciudad además del trato humano? ¿Qué le ha parecido bien y que habría que mejorar?
– Para mejorar siempre hay cosas, toda sociedad es siempre perfectible. Me ha llamado la atención algo que me ha gustado, esa naturaleza exuberante y frondosa que tiene Salto. Tiene sus alrededores muy bellos. Los naranjales, los parques como el Parque del Lago, los campos que hay alrededor me han llamado mucho la atención, que me da una sensación de organización, de orden, de riqueza.
En verdad que la riqueza de un país está en el trabajo de la gente, de sus habitantes, de las ideas y del producto de esas ideas.
El hecho de tener tantos campos sembrados no viene solo, para eso ha sido necesaria una organización para así poder generar todos esos recursos.
– ¿Ya probó el mate?
– Ya tomé mate si y me gustó, aún no tengo la costumbre, pero me gusta el amargo, aunque me acelera mucho (risas).
– ¿Se siente adaptado e integrante de nuestra sociedad?
– Si, pero todavía me hallo en proceso de adaptación e integración. Ya he conocido a gente muy agradable que me invitan a su casa, he ido ya a una cantidad de asados que son espectaculares.

Paul Montenegro – Perú
“Salto y su gente me recibieron muy bien, no me puedo quejar; estoy muy agradecido”

EL PUEBLO dialogó con Paul Montenegro, peruano, que desde hace dos años se ha radicado en nuestra ciudad por motivos laborales. Si bien en su país de origen vive su familia (esposa e hijos), le gustaría poder quedarse en estas tierras por la tranquilidad y hospitalidad, aunque reconoce que, ha sentido el cimbronazo de las altas temperaturas, lo cual, sería un detalle menor comparado con lo positivo que considera que tienen Uruguay en general y Salto en particular.
Cuéntenos qué lo trajo a radicarse en Salto
Yo nací en Chimbote, que es un puerto pesquero del norte del Perú; luego me radiqué en Trujillo, en el departamento de Libertad. Al ingresar a trabajar en una empresa agrícola llamada Campo Sol, que tiene 23 años de vida, de los cuales, al menos, 21 hace que trabajo en ella, comencé a trabajar en el exterior del Perú, ya que la empresa empezó a trabajar afuera. Primero, en realidad, salió a Colombia, a cultivar palta, si bien en Perú tiene varios cultivos, habiendo comenzado por los espárragos (que hoy en día no se cultiva más), continuando con otros cultivos como el arándano, por ejemplo. Campo Sol, hoy en día cultiva más de 3.000 hectáreas de arándanos; una buena cantidad de hectáreas de pINFORME Paul Montenegroalta, alrededor de 2.000; mandarina; más al norte tiene uva y mango; más al norte todavía, posee una compañía que produce langostinos, por lo cual, es una empresa muy diversa que ha venido creciendo y que hoy, ya cotiza en bolsa. Entonces, primero fui enviado a Colombia, y una vez que se hizo presente en Uruguay, por el clima, por la mandarina, por la naranja, más que nada, me enviaron aquí. Ese es el motivo por el cual vine. La profesión me ha llevado por varios lados y, posiblemente, me lleve a algún otro lugar.
Hay una idea muy salteña que sostiene que quien pasa por aquí, se termina quedando, ¿será su caso?
No podría aventurarme por el momento a decirle eso. No voy a negar que Salto me gusta, es una ciudad tranquila y a mí me gusta que sean así. Yo vengo de una urbe más grande, en lo que le llamamos el interior de la capital, pero no es Lima, serían los alrededores. Nunca me gustó Lima, si bien hay mucha gente que se va a vivir allí, ya que es una ciudad muy grande, muy conflictiva, con mucha polución; me gustan más las ciudades relativamente pequeñas o grandes, también, pero con un crecimiento así como el de Salto. Me gusta el campo e interactuar con él; el mar; e intento interactuar con todo. Por eso digo que, no sé si el destino me deparará quedarme acá, aunque me gustaría, es lindo; el clima fue lo único que me afectó mucho, al venir yo de un clima que oscila entre 18 y 28 casi todo el año, es una primavera constante; entonces, venir acá y vivir calores de más de 40 y fríos de menos 0 grados, fue complicado. De todas formas me gusta el calor, lo prefiero al frío.
¿Cómo fue recibido?
Salto y su gente, me recibieron muy bien, no me puedo quejar; estoy muy agradecido. Mucha gente me ha brindado su amistad, sintiéndome muy honrado por eso. No cualquiera te abre las puertas de su casa de buenas a primeras.
Haciendo un cuadro comparativo con su país, ¿somos similares o diferentes en cuanto a la idiosincrasia?
En cuanto a la hospitalidad no podría comparar mucho porque, Perú también es muy hospitalario, allá es algo común. Mucha gente que viaja allá le gusta esa forma de ser, más quien va no tanto a la capital sino que al interior, que es muy parecido al de acá, a Salto. Por ejemplo, a los turistas se los recibe hasta en las casas en algunos lugares. Entonces, cuando llegamos acá y vemos esta hospitalidad, es como si estuviéramos en casa, en realidad. No vi un cambio, un choque, al contrario, me sentí normal. Sí, quizás, al inicio, un poco de miedo en cuanto a lo que podía pasar, en cómo nos iban a ver, si bien o mal. Luego, tenemos diferencias, claramente; en la forma de hablar, en el color de la piel, en la comida; yo me crié comiendo pescados y mariscos, y ustedes son netamente carnívoros, he pasado, por ejemplo, casi un año sin comer prácticamente nada de pescado, a no ser alguno de río. También, lo que veo es que acá la gente se conoce mucho, quizás por ser un lugar relativamente chico, gente que no se conoce, supuestamente, y que al hablar resulta que tiene un familiar un amigo en común. Eso es lindo, me gusta. Repito, me he sentido muy bien. Eso quizás es un poco lo que me ha motivado para seguir quedándome, para pensar en poder a llegar a hacer una vida acá, a pesar de que en Perú tengo a mi familia que me reclama mucho. Mi esposa y mis dos hijos quedaron en Perú; han venido a Salto y les ha gustado, así como también a mi madre. Han venido a conocer sobre todo el clima y la idiosincrasia. De a poco. Yo no los puedo obligar a venir porque ya son gente grande, con costumbres, afectos, etc.; entonces, poco a poco vamos viendo.

Secretaria en Desarrollo Social, Pte. del PIT CNT local y Vice Pte. de ADEOMS
Romina Espinosa: «Me encanta Argentina, pero hoy por hoy estoy convencida de que mi país es Uruguay, que soy más uruguaya»

Argentina de nacimiento, Romina Espinosa es funcionaria de la Intendencia desde hace varios años, actualmente (desde julio del pasado año) Secretaria del Director de Desarrollo Social. Además, ocupa el cargo de Vicepresidente de ADEOMS y Presidente del Plenario Departamental del PIT CNT. Bailar danzas folclóricas es otra de sus pasiones. Así dialogaba con este diario para el presente informe:
-¿Dónde nació y cuándo?
Nací el 17 de julio de 1981 en la ciudad de Buenos Aires, Argentina…
-¿La llegada a Salto cómo se da?
Soy hija de uruguayos, quienes como muchos en esa época habían emigrado en busca de trabajo. Pero en el año 1982 mis padres retornan al Uruguay, instalándose en Salto por razones laborales de mi padre.
-O sea que en Argentina vivió muy poco…
Claro. De mi vida en Argentina no tengo recuerdos, sí tengo las anécdotas de mis padres y el recuerdo de la que fue nuestra casa porque la mantuvimos hasta fines de los 90 e íbamos todos los años a visitar a mis tíos que habían quedado cuidando la misma. Recuerdo al Toby, el perro que teníamos, y su alegría cada vez que llegábamos a visitarlo y mi madre siempre cuenta que siendo yoINFORME Romina Espinosa bebé ella me ponía en el coche y me llevaba al frente de la casa que tenía un jardín hermoso y el perro no se movía de mi lado. Otra anécdota es que al lado de mi casa había un terreno baldío donde el vecino ponía a pastar una cabra, y que cuando aprendí a caminar me iba derecho a la cabra y dos por tres terminaba en el piso porque la cabra me topaba. El barrio donde vivíamos era hermoso, tranquilo, calles de tierra, vivíamos en la última cuadra de esa calle, que no recuerdo el nombre, y al final había un monte.
-¿Qué significa Argentina para usted?
Para mí la Argentina es un país hermoso y siempre me sentí orgullosa de mis orígenes, es un país tan rico en historia, culturalmente, su geografía, su gente. Siempre sostuve que nosotros acá conocemos una cara de Argentina que es la que nos muestran los medios, principalmente la televisión, pero eso no es lo que define al país, o al menos a mi forma de ver, es un país con tanta diversidad, tanto de clima, geografía, cultural. El argentino defiende las cosas con pasión, le pone el corazón a todo lo que hace y realmente admiro como tienen muy incorporado el amor por su folclore, que además es muy rico en variedad.
-Cuándo le preguntan de qué país es, ¿qué explica?
Cada vez que me preguntan si soy uruguaya o argentina mi respuesta es «las dos», tengo ambas nacionalidades y mi admiración a ambos países. Pero sí tengo claro que prefiero vivir en Uruguay. Me encanta Argentina, pero hoy por hoy estoy convencida de que mi país es Uruguay, que soy más uruguaya.
-Cuando juegan al fútbol las dos selecciones… ¿qué pasa?
En mi niñez y adolescencia cada vez que se enfrentaban las selecciones de Argentina y Uruguay, éramos tres hinchas de Argentina y tres de Uruguay ya que mis hermanos mayores son argentinos también y mi hermana menor es uruguaya. Cuando era chica siempre decía que me gustaba más Argentina en el fútbol pero no me molestaba si ganaba Uruguay, hoy por hoy te puedo decir que tengo más arraigado el amor por la celeste, pero no me pierdo los partido de la selección argentina, aunque esta selección actual está muy lejos de ser lo que en algún momento fue. Me acuerdo de la selección de Batistuta, Simeone, Caniggia. Cada vez que puedo miro los partidos de Boca y alguna vez miro los de San Lorenzo aunque no me defino muy futbolera.
-¿Cómo definiría lo que es Salto en su vida? Lo bueno y lo no tanto…
Salto es un sentimiento, no me cabe duda de que es una de las ciudades más lindas del Uruguay, con un montón de atractivos y con un movimiento muy distinto a otras ciudades del interior.
Creo que Salto es mucho más que las naranjas y los atardeceres del Río Uruguay o las Termas. Lo que no me agrada tanto es que socialmente no hemos sabido capitalizar bien lo bueno, o al menos comunicarlo, no me parece bueno que hayamos estado como ciudad en todos los medios por cosas negativas, como si acá no pasaran cosas nuevas. Me gustaría también que como sociedad fuéramos más empáticos, más receptivos y más hinchas de lo local.

José Eugenio López, dominicano, cuida motos en el centro
«Estoy muy agradecido al Uruguay y a Salto… y me pienso quedar»

José Eugenio López tiene 30 años de edad y es nacido en República Dominicana. Hace dos años que vive en nuestra ciudad junto a su madre. No conoce a otros dominicanos que estén viviendo en Salto. José tiene Síndrome de Down y transcurre su día cuidando motos en la parada de calle Bortagaray casi Uruguay, frente al Sanatorio Salto, trabajo que le fue dado por la Intendencia. Igualmente, aspira a conseguir otro trabajo mejor, aunque entiende que el no saber leer ni escribir (solamente aprendió a firmar) le resulta un impedimento importante, por ejemplo para acceder a un puesto de trabajo como guardia de seguridad, como pretendió en algún momento.
Para este informe, José Eugenio mantuvo una cordial conversación con EL PUEBLO, de la que extraemos los siguientes pasajes.
-¿Cuándo y por qué llegó a Salto?
Llegué hace dos años. Vine por mi madre, que hace siete años que está radicada acá. Ahora los dos somos residentes y el Presidente (de Uruguay) nos dio una casa para vivir en calle 19 de Abril, donde vivimos los dos solos, y a mí además me pasa una pensión por tener Síndrome de DINFORME. José, dominicanoown.
-¿De República Dominicana vino directamente para aquí o estuvo en otros lados?
Mi papá, que ya falleció, era ciudadano de Nueva York, yo estuve un tiempo en Nueva York, luego volví a Dominicana y después me vine para acá porque mi madre me pidió. Tenía el pasaje de nuevo a Nueva York pero no fui, me vine para acá con mi madre. Para que nos dieran la casa ella tenía que tenerme a mí acá, le pedían eso.
-¿Su mamá por qué motivos vino?
Vino a buscar trabajo. Porque se nos quemó la casa en Dominicana; yo presentía que algo malo iba a pasar en esa casa…el día anterior me desperté gritando…
-¿Y quiénes vivían allí?
Un tío, una sobrina, mi mamá y siete hermanos míos. Somos dos por parte de padre y madre, y seis hermanos solo por parte de madre.
-¿Cómo les está yendo acá? ¿Cómo ven la situación en general?
Está bien; ahora con este trabajo que gracias a Dios me dieron me está yendo bien. A veces se trabaja poco, se «pica» poco, pero también hay días buenos donde se «pica» más.
-¿Le costó adaptarse a esta ciudad?
Sí, me costó tres meses y pico; tuve que irme de vuelta a mi país, divorciarme, ahora ya estoy divorciado y tengo una nueva novia allá en Dominicana, que nos conocimos por las redes, yo le conté todo, no soy un hombre malo, ella me quiere, nos vamos a casar pronto para poder traerla, ella va a venir a vivir acá también.
-¿Qué fue lo que más le costó superar en la adaptación?
Cuando vine, mi mamá no me dejaba salir a ningún lado, porque yo era nuevo y con la delincuencia de acá no quería que saliera. Entonces caí en crisis, me trataron psicólogos y hoy en día estoy bien.
-¿Qué destacaría como cosas buenas de Salto?
Hay mejores médicos. Hay más frecuencia digamos en la atención de la salud, puedo tener un médico a domicilio por ejemplo. Allá (en su país) el médico no va a la casa, hay hospitales nomás. Yo me ponía enfermo y llamaba a mi tío para que él me mandara a buscar en una ambulancia porque él es cirujano en Santo Domingo. También destaco el respeto, aunque a veces ustedes (los salteños) dicen lo que les parece y como yo también soy medio de travesuras tengo algunos conflictos…
-¿Cómo es eso? ¿Conflictos de qué tipo?
Por ejemplo por autos que paran en garages o en la parada de motos, entonces yo tengo que responder, tengo que actuar, porque es mi trabajo, tengo que retar gente. Me estoy adaptando a ustedes, pero algunos conflictos tengo…
-¿Una reflexión final?
Estoy muy agradecido al Uruguay y a Salto… y me pienso quedar. Pero en 2021 voy a ir a mi país a ver mi familia, tengo allá la familia de mi padre y mis hermanos.

Humberto Andriani – Córdoba, Argentina
«Me enamoré de Salto»

En la década del 70 conoció a su esposa «Muñeca», en un viaje a Córdoba, siendo él responsable de la excursión en la que ella viajaba; desde ese momento, decidió radicarse en Salto y formar su nueva vida. Hoy, se considera «más salteño que muchos salteños de cuna»; tanto es así, que desea que el día de su partida, sus cenizas sean arrojadas en las aguas del Río Uruguay. Con EL PUEBLO compartió fotos de su historia y sus palabras, las que a su vez, compartimos con ustedes.

¿Cómo y cuándo llegó a Salto?
Me conocí con la que sería mi esposa en un viaje a Córdoba en 1976; ella era salteña, y yo trabajaba en la empresa de viajes que desde Córdoba vinimos a Concordia a buscar a la excursión. Eso fue a principios de ese año; en julio vine a Salto por una semana por su cumpleaños, y ella me dijo que no quería que me fuera. Entonces, Collazo, quien fue gerente de la tienda Alaska, me llama para que ayudara a un mecánico que él tenía, para armar unas máquinas de coser nuevitas que habían venido, y fui; recuerdo que en aquel tiempo me pagaron por tres día 360 pesos, lo que hoy serían unos 15.000 pesos, aproximadamente. Ahí conocí a Luis, que era el mecánico de las máquinas, quien me decía cómo armarlas y yo las iba armando. Me acuerdo que me invitó a tomar un Espinillar en un kiosco, y yo no tenía ni la menor idea de lo que era esa bebida; ahí, en ese lugar, conocí a otro muchacho que me dijo que, en la empresa de camiones donde trabajaba, necesitaban un chófer, era la empresa Sitrín. Le comenté a «Muñeca», y me dijo que conocía a Mauricio y Samuel (Sitrín); sin decirme nada, habló con Samuel y, al otro día, fui por la empresa, me atendió Mauricio, y quedé trabajando en laINFORME Humberto Andriani empresa, sin tener idea de lo que era ser camionero, que era diferente a lo que era, colectivero de larga distancia. Comencé a trabajar el 6 de agosto de 1976. Desde ese momento, volví a Córdoba a visitar a mis padres, mis hermanos y sobrinos, pero, que aquerencié en Salto, me arriesgué a formar una nueva vida y, la verdad, lo que puedo decir es que, a veces, soy más salteño que muchos salteños de cuna, porque conozco lugares que muchos desconocen; la oportunidad me la dio el trabajo que hacía.
En esa época me había separado de mi primera esposa y, como en Argentina aún no estaba permitido el divorcio, me recomendaron desde la Justica de Córdoba, no cometer bigamia, por lo que tenía la opción de divorciarme y casarme en otro país (Paraguay o México). Entonces, me divorció en Paraguay y nos casamos en Paraguay, el 2 de abril de 1977. Pasaron varios años, ya había salido el divorcio en Argentina y mi abogado de Córdoba me envió todos los papeles, mi señora los hizo legalizar, y, tras tenerlos guardados, un día me dijo que quería que nos casáramos nuevamente pero por la ley uruguaya, a lo que le dije que sí, y así lo hicimos el 13 de mayo de 2004. Lamentablemente no pudimos cumplir el sueño de casarnos, también, en la Argentina, ya que «Muñeca» falleció el 22 de julio de 2018.

Además de su esposa, ¿qué más le gustó de Salto para decidir rehacer su vida aquí?
Bueno, me enamoré de un Salto, que no tiene nada que ver con el Salto de hoy. La tranquilidad, fue un factor importante; el ver que yo venía de una ciudad como Córdoba donde uno dormía encerrado, y que aquí se dormía con todo abierto, dejaba la bicicleta en el jardín y nadie tocaba nada, marcó la diferencia. Nada que ver a lo que vemos hoy, reitero. Me enamoré de esa tranquilidad y de los amigos que fui haciendo con el tiempo como Gualberto Álvarez, Collazo, «Tito» Tornacioli, gente que me ayudó muchísimo como Mauricio Sitrín.
Luego, trabajé en la empresa de Daniel Ribas y «Cacho» Errea, donde terminé en mis últimos años de trabajo. Y bueno, esas cosas que tiene el amor, que uno no las puede explicar; a veces te enamorás de algo o alguien y no le encontrás explicación. Yo voy a Córdoba, y hoy, te puedo decir con toda tranquilidad, de que voy por 10 días y a los 6 o 7 días, ya estoy desesperado por volverme a Salto. Entró acá, y soy «el Cordobés».
Después que me jubile en el 2011, comencé a hacer cosas que nunca antes había hecho; me puse a estudiar tonificación muscular, yoga, respiración, meditación. Y hoy, tengo un grupo de alumnas a las que les doy clases de todo eso, mezclando un poco de artes marciales, también.

Mencionó que aquél Salto al que vino a vivir en los años 70 no es el de hoy, ¿por qué?
Se está pareciendo y mucho, a la Córdoba de la que me escapé en los años 70. Desde luego, no podemos comparar la cantidad de cosas que pasan allá, ni su tamaño y cantidad de habitantes, con los de Salto. Son 3 millones y medio de habitantes contra 140 mil que somos, aproximadamente, acá. Pero, sí, hoy en día estoy sufriendo el sentirme vivir preso; tengo que vivir pensando en que tengo que poner rejas, alarmas, cámaras, porque, los ladrones tienen más derecho que los que paga
mos todos nuestros impuestos. De todas formas, amo Salto, y lo dije y lo digo, voy a morir aquí y mis cenizas van a ser arrojadas al Río Uruguay.
Como toda mi vida viajé, es mi sueño seguir viajando, hasta después de la muerte, y que mejor lugar que este hermoso río.