¿Qué pasa en Bolivia hoy?

Estos últimos días quedarán marcados en la historia de Bolivia. El estallido social durante tres semanas provocó la renuncia del presidente Evo Morales el pasado 10 de noviembre tras perder el apoyo de las fuerzas armadas y la Policía. Hoy presentamos el análisis desde el punto de vista jurídico, social, político e histórico.

Lic. Nicolás Albertoni – Investigador de la Universidad del Sur de California
«Todo golpe es malo, venga de quién sea. Pero el foco no debería estar en el concepto, sino en la raíz que lo genera»

Nicolás Albertoni, reconocido analista internacional e investigador de la Universidad del Sur de California, brindó a EL PUEBLO su parecer respecto a la difícil situación política y social por la que atraviesa Bolivia, haciendo hincapié en el cúmulo de sucesos que precipitaron al país a la crisis institucional.
Lo ocurrido en Bolivia, ¿fue un golpe de estado?
Cuando se genera una ruptura del orden institucional, sorprende que muchos busquen concentrar el debate en el concepto de si fue o no un golpe, cuando el foco debería estar más bien en los hechos que generaron dicha ruptura.
Desde la teoría normalmente entendemos como golpe cuando las fuerzas armadas de un país sacan o incitan a un mandatario a salir del gobierno. En lo que pocas veces se pone atención es en los factores que muchas veces incitan a las fuerzas armadas a dar este paso. Todo golpe es malo, venga de quién sea. Pero el foco no debería estar en el concepto, sino en la raíz que lo genera. Para muestra basta con ver Venezuela, si bien no se ha concretado la dedición tradicional de golpe, ¿alguien duda que hoy, en ese país, existe una ruptura del orden institucional? Claro que no. Entonces, sorprende que hoy muchos debatan sobre cuál es el nombre de la enfermedad, sin concentrarse en el origen de la patología y así poder enfocarnos en cómo curarla.
¿Cuál sería para usted el origen de dicha patología?
Vale recordar el encadenamiento de hechos para ver cómo se llega hoy a esta terrible situación que atraviesa Bolivia. Vale recordar que Evo Morales llega al poder en 2006. Estuvo dos mandatos en el poder tras ser reelegido. La Constitución boliviana le permite únicamente dos mandatos. Pero como este tipo de regímenes (el de Maduro, el de Correa en Ecuador) corrompe las instituciones y generan un cinturón de corrupción que si salen del poder saben que terminan en la cárcel. Por eso, o buscan atarse al poder de la forma que sea o se declaran victimas y se van del país. Veamos dónde terminaron los secuaces del régimen de Maduro que desertaron del régimen, veamos dónde está hoy Correa, y veamos dónde esta hoy Evo Morales. El patrón se repite. Pero volvamos a los hechos. Morales logró una autorización del Tribunal Constitucional para lanzarse nuevamente en 2014, y consiguió su tercer gobierno. Al terminar ese mandato, ya totalmente viciado, llama a un plebiscito para reformar su Constitución y reelegirse. Pierde este plebiscito. No siéndole suficiente este resultado de la democracia directa, decide presentarse igualmente a la elección recibiendo el respaldo avalado por el Tribunal Supremo Electoral que él mismo designó. La elección se concreta el pasado mes de octubre. Esa misma noche, las tendencias mostraban un resultado justo para Evo Morales y el líder opositor Mesa, de Comunidad Ciudadana. Esa misma noche, ante los ojos del mundo entero, se suspende el escrutinio sin justificación ni explicación alguna del Tribunal Electoral. Al día siguiente, se reanuda el escrutinio, pero con resultados diferentes a los que existían al momento de suspenderse el escrutinio. Todo esto sucedía sin que se diera explicación alguna a la ciudadanía y a la comunidad internacional. La misma noche en que se suspende el escrutinio, vale recordar que una misión de la OEA que se encontraba en Bolivia, ya adelanta que suspensión del escrutinio mostró irregularidades y que no se respetaron varios pasos establecidos por el derecho electoral del país. A las pocas horas, renuncia el vicepresidente del Tribunal Electoral como rechazo a la forma en que dicha institución procedió en la elección. De la forma en que se venían precipitando los hechos, el propio gobierno de Evo Morales dice a la OEA que realice una auditoría. La OEA acepta dicho ofrecimiento con la condición de que el gobierno de Bolivia acepte la resolución de éste como vinculante. Ante este planteo de la OEA, el gobierno de Bolivia no responde oficialmente. Como si nada de lo anterior haya sido suficiente para desgarrar la confianza en el sistema electoral, en medio de este ida y vuelta entre el gobierno y la OEA, se suspende nuevamente el escrutinio sin mostrar los resultados definitivos. Mientras tanto, cae la web oficial del sistema electoral. Ante todos estos hechos, la OEA sugiere que la única forma de resolver ésta situación, era llamando a una nueva elección. Pero, el escrutinio se reanuda y el gobierno no da señales de llamar a segunda vuelta. Los días pasan. Y la gente sale a las calles. Era de esperar que, ante tal aberración institucional ante los ojos de la población, los ciudadanos no se iban a quedar de brazos cruzados. Ante las manifestaciones, altos mandos de las fuerzas armadas dicen que no reprimirán al pueblo.
Finalmente, la OEA presenta un informe contundente sobre el fraude en la elección. Evo Morales acepta que llame a una nueva elección. Evo Morales sabe bien que, de presentarse a una nueva elección con un nuevo Tribunal Electoral, la perdería. Tal como perdió el plebiscito, y como también mostraba las tendencias de resultados, antes de que se suspenda el conteo de votos. Parecía claro que, era mejor negocio para Evo, terminar este periplo como víctima, que como derrotado en una elección que, de ser transparente, la tendría muy difícil. Fue así como Evo Morales llega a pedir asilo en México, donde hoy se encuentra.
¿Responsabilidades, entonces, a quién atribuírselas?
Los incendios no surgen solos, siempre hay algo o alguien que los genera. Y al ver todo el encadenamiento de hechos que hoy hacen que Bolivia se encuentre sumergida en esta grabe crisis política, sorprende que muchos se concentren en los conceptos y no en las raíces. La ruptura del orden institucional en Bolivia tiene nombre y apellido: Evo Morales.

Para el Dr. Fulvio Gutiérrez:
El proceder de Evo Morales “no solamente es antijurídico sino que es netamente inmoral”

El salteño Fulvio Gutiérrez, abogado y docente Grado 3 de Derecho Constitucional de la UDELAR, actualmente jubilado y radicado en Montevideo, también accedió a conversar sobre el tema con EL PUEBLO.
-¿Se puede llamar “Golpe de Estado” a lo que ocurrió recientemente?
Hay una discusión, hay quienes entienden que hubo un golpe, sobre todo la izquierda, y hay otro sector dice que no, que hubo una situación especial en la que renunció el Presidente de la República. Si analizamos la situación estrictamente desde lo jurídico y tomamos como referencia la Constitución de la República de Bolivia y la Carta Interamericana de Derechos Humanos, vamos a llegar a la conclusión, como decía el Secretario de la OEA, el Dr. Almagro, que existió sí un Golpe de Estado. Hay un quebrantamiento institucional, evidentemente se produce un corte en el normal funcionamiento del Estado de Derecho como consecuencia de la renuncia del Presidente. Pero hete aquí, que la renuncia no fue voluntaria, sino forzada por las Fuerzas Armadas, que obligaron a Evo Morales a renunciar…
-¿Por qué razón?
La razón está en el último intento de reforma de la Constitución, qué fracasó, pero que Evo igualmente lo estaba queriendo cumplir. Bolivia tiene una Constitución, es un país unitario, está dividido en departamentos, es un régimen presidencial y el Presidente tiene, como cabeza del Ejecutivo, un importante poder, jurídico por supuesto. Pero este señor (Evo Morales) pretendió quedarse en el gobierno un período más del primer período, que empezó en 2006 y terminaba en 2011. Para eso reformó la Constitución, obtuvo por plebiscito la reforma y fue reelecto. Venció esa reelección y volvió a hacer lo mismo, a pretender ser re–reelegido, y para eso también hizo un procedimiento de reforma de la Constitución mediante otro plebiscito, pero le salió en contra. El voto de la ciudadanía boliviana dijo que no quería bajo ningún concepto una nueva re–reelección. Ante esto empieza elFULVIO GUTIÉRREZ quebrantamiento institucional. Evo Morales se basó en una resolución que impuso a una C orte Constitucional que tiene Bolivia, haciéndole una interpretación a la reforma de la Constitución que evidentemente no decía y entonces se presentó nuevamente a la re-reelección. Cuando se estaban contando los votos y Morales supongo que consideraba que eso salía sí o sí, se encontró con que el pueblo boliviano no lo estaba apoyando como él pretendía.
El régimen boliviano estaba estrenando un sistema de conteo por computación y mediante artilugios técnicos se cortó el conteo de votos, el escrutinio. Cuando se reinició, veinte y pico de horas después, aparece la novedad que el partido político de Evo Morales había tenido una votación muy superior a la que se esperaba y que le había ganado al segundo por más del 10% de votos, lo que le significaba ser de nuevo Presidente. Eso fue lo que, digamos, recalentó la situación de la ciudadanía boliviana, el pueblo ya no toleró más eso y ocurrió una cosa bastante rara: las Fuerzas Armadas en principio no se metieron, la que sí se metió fue la Policía, sobre todo en la capital administrativa que tiene Bolivia, La Paz, que no es la capital política, que es Sucre. Pero ahí están las autoridades de gobierno y entonces el apoyo popular se dio prácticamente como una presión de tal envergadura que llevó a que las Fuerzas Armadas lo obligaran a renunciar.
-Y ahí empieza el problema de quién lo sustituye…
Claro, empezó el problema de la prosecución de la institucionalidad boliviana, es decir quién quedaba como Presidente. Dice el artículo 169 de la Constitución de Bolivia que en caso de que el Presidente no esté más, queda el Vicepresidente, pero el Vicepresidente (García) también renunció; entonces tiene que quedar el Presidente de la Cámara de Senadores, pero también renunció; entonces tiene que quedar el presidente de la Cámara de Diputados, pero este también renunció. Dice la Constitución que entonces se debe llamar a elecciones en el plazo de 90 días. Quien debe llamar a elecciones, y no está expresamente en la Constitución pero podría haber servido para salir del paso, es la Vicepresidente del Senado, que es la señora que ahora está como Presidente de Bolivia y lo va a sustituir porque él se fue para México.
Y aquí viene lo que se está planteando en estos momentos, la señora presidente nombró a sus ministros y ha tenido, aparentemente, apoyo de las Fuerzas Armadas. La situación, si se hace como la señora presidente actual quiere que se haga, o sea cumplir con el artículo 169 y por lo tanto hacer elecciones dentro del plazo de 90 días, podría regularizarse. Mientras tanto hay disturbios, problemas, una situación muy complicada, con muertos y varios heridos…
-Además de lo jurídico-constitucional, ¿qué opinión tiene de la actitud de Morales desde el punto de vista ético?
Desde lo ético mi opinión obviamente es muy contraria a la conducta que tuvo Evo Morales, porque el origen de la situación que está pasando Bolivia está en una actitud absolutamente inconstitucional e ilegal del presidente Morales de no reconocer la negativa del pueblo boliviano y reformar la Constitución para establecer una nueva posibilidad de su reelección, presionar a un organismo como la Corte Constitucional, pero presionar políticamente, por lo tanto inmoralmente, para que interpretara a su gusto y paladar, y de modo torcido por supuesto, el resultado negativo del plebiscito y lograr o querer lograr una nueva reelección como Presidente; no solamente es antijurídico sino que es netamente inmoral.
-Hay quienes dicen que hay un trasfondo: la intención de EEUU de apropiarse de riquezas bolivianas, como el Litio, ¿qué opina usted?
La izquierda siempre tiene esa actitud tozuda de culpar al imperialismo yanqui de todos los males que tienen los latinoamericanos.
A mí me recuerda el libro de Galeano “Las venas abiertas de América Latina”, donde la culpa de nuestros problemas americanos siempre son de los otros, al punto que Galeano al final de sus días dijo algo así como que se había arrepentido de escribir ese libro con ese criterio. Pero yo no tengo conocimientos profundos para concluir que ahí está la razón de todo, puede ser una posibilidad, pero no manejo datos en ese sentido.

Para Sergio Abreu, ex Canciller de la República (1993-1995)
“Evo Morales cometió el delito de fraude electoral, y eso es un tema muy serio porque burló la voluntad popular”

EL PUEBLO consultó telefónicamente la opinión de quien fuera Senador de la República y Ministro de Relaciones Exteriores durante los años 1993-1995, el doctor Sergio Abreu, quien deferentemente comenzó explicando que en Bolivia efectivamente hubo un golpe de Estado, pero que el mismo habría sido perpetrado por el presidente Evo Morales. “Basta recurrir a lo que dispone el artículo 2 de la Carta Democrática Interamericana –comenzó diciendo- que dice que golpe de Estado es la forma ilegítima de acceder al poder o de ejercerlo. Y eso es lo que sucedió con el presidente Evo Morales, quien cometió el delito de fraude electoral, y eso es un tema muy serio porque de alguna manera, burló la voluntad popular. Él ya lo había hecho con su intención de ser reelecto después de haber tenido un resultado de un plebiscito negativo, invocando nada menos que la reelección es un derecho humano. Pero eso no se puede aceptar cuando la soberanía popular había dispuesto que no fuera reelectDe Abreuo”. “Entonces, esta situación se produce con un fraude comprobado por parte de la OEA, aceptado por el propio presidente, y que produce la reacción de mucha gente. Es lamentable esta situación. No estamos a favor de la violencia ni de ningún otro tipo de manifestación que no sea la soberanía popular, pero el causante de esta situación fue el presidente Evo Morales que no se ajustó no solo a la voluntad popular sino que cometió un fraude electoral comprobado por los propios técnicos que él aceptara”. “Ahora, después ya la situación y los problemas que se están planteando son lamentables en cuanto a la violencia que se viene produciendo, pero el presidente Evo Morales sería el responsable de este tema, y ahora debería aplicarse la Constitución, como se trata de aplicar, hacer un llamado a las elecciones lo antes posible, que sean libres y asegurar que la voluntad popular va a ser respetada. Se trata de pacificar al país, que lamentablemente está en peligro a raíz de los enfrentamientos que se producen”.

– ¿Usted piensa que convocando a elecciones se alcanzará la pacificación de Bolivia?
– Es una lástima que el presidente de la República Evo Morales, que legítimamente fue electo en la primera elección, arroje nada menos que ese legado político como primer presidente indígena de Bolivia. Y lo arroje simplemente por la borda cuando desvirtúa la voluntad popular. Bolivia es un país complejo, étnicamente heterogéneo, tiene toda la zona andina, aparte de la Mesopotamia, Santa Cruz de la Sierra, Pando, Beni. Es decir, es un país que tiene una vieja y lamentable tradición de muchos enfrentamientos, pero esto debió evitarse porque las elecciones y la democracia son precisamente para asegurar la alternancia y el voto de la ciudadanía. Lo que pasa es que el presidente Evo Morales entendió que debió ser reelecto de la misma forma como lo viene interpretando el señor (Nicolás) Maduro, que también desconoció nada menos que a la Asamblea Legislativa que fue electa y donde la oposición tuvo mayoría. La democracia es para todo. Entonces, lo que ahora hay que buscar es que todos podamos cooperar para que aparte de la Justicia y todas las acciones que le son propias del sistema boliviano, actúen. Aparte de todo eso, nosotros tenemos que cooperar para que nuevamente se rescate la fuerza y la legitimidad de un gobierno electo libremente y sin ningún tipo de trampas a lo que son la voluntad de las urnas.

– ¿Cuál es el destino que debería cumplir Evo Morales?
– El presidente Evo Morales solicitó asilo político y en este momento está en México. Lo que también debe ajustarse obviamente es a su condición de asilado político, cuya primera obligación es no participar ni hablar respecto de la política de su país para no comprometer al país que lo asila. Ahora, lo demás corre por cuenta de todo el sistema judicial boliviano y de las imputaciones sobre lo que pueda surgir de esa conducta.
Pero eso ya es un tema interno de Bolivia.

 

Lic. Ernesto Nieto “Es mucho más parecido a un golpe de Estado de la década de los setenta”

El Lic. Ernesto Nieto – especialista en Politología compartió su reflexión, destacando que lo sucedido en Bolivia es lo más parecido a un golpe de Estado en los setenta.
¿Hay un golpe de Estado en Bolivia? Sí. La «renuncia» del Presidente aún en funciones legales se dio por la insubordinación de parte de la Policía y la falta de apoyo del ejército. Un presidente que además tuvo que abandonar el país para poner a salvo su vida que ni siquiera fue protegida en lo más elemental. Pero además de eso desde el punto de vista legal no se respetaron los procesos de continuidad constitucional.
Quien ayer asumió la presidencia no, era quién debía serlo, sin el Parlamenieto 001nto integrado de la forma adecuada y sin los requisitos que la propia Constitución de Bolivia.
Es mucho más parecido a un golpe de Estado típico de los años setenta de lo que podía parecer en las primeras horas – ¿Hay evidencias de alteración del resultado electoral? Sí; hay evidencia y en buena medida ese es el antecedente directo que termina de desencadenar la actual crisis.
Pero no es el único… – ¿Se desconoció la voluntad popular después de perder una reforma constitucional para perpetuarse en el poder? También – ¿Los odios en las calles, son los mismos odios que andan desde hace siglos por el Altiplano? Tristemente: Sí.

La situación de Bolivia puede definirse como de una situación en donde un Presidente lleva al extremo y tensa la situación política al límite de lo posible. Luego de perder un plebiscito intenta a toda costa mantenerse en el poder.
A ello debemos agregar que el resultado de la reciente elección está muy lejos de la transparencia necesaria. Eso en un país de una alta conflictividad étnica y religiosa hace estallar por los aires los controles y mecanismos que ponían las cosas en relativa calma. Pero todo lo anterior no es excusa para decir que actualmente estamos en presencia de un golpe de Estado.”

El politólogo y docente Emilio Arredondo brinda sus conceptos
“No existe duda alguna que hubo un golpe de estado en Bolivia”

El politólogo y docente Emilio Arredondo hizo un análisis del fenómeno acaecido en la tierra boliviana.

“No cabe ninguna duda de que hubo golpe de Estado en Bolivia. Si un Presidente en ejercicio, varios meses antes de terminar su mandato enfrenta un hostigamiento de la Policía, si grupos civiles de choque hostigan a familiares y partidarios sin que la Policía intervenga, si secuestran a familiares de sus seguidores, funcionarios de gobierno y diputados e incendian sus casas como chantaje a cambio de que renuncien, si en ese contexto crítico las Fuerzas Armadas le dicen que no van a intervenir para evitar lo que está ocurriendo y hasta dicen en una conferencia de prensa, casi sarcásticamente, que lo mejor que puede hacer ese presidente es renunciar para evitar un baño de sangre, no parece muy discutible que están obligando a un presidente que fue electo por disposición de una muy amplia mayoría a salirse del cargo. O sea, lo están destituyendo por la fuerza. Y eso es lo que se llama golpe de Estado. En Bolivia y en cualquier parte del mundo. La pregunta no es si ha habido un golpe de Estado, sino quiénes y por qué tienen interés de poner en duda que lo ha habido” – detalló.

– ¿Por qué?
“Hay razones superficiales y razones de fondo. Las superficiales están relacionadas con dos cosas: una muy precaria institucionalidad y poco asentada cultura democrática en una parte importante de su sociedad (tengamos presente que Bolivia es uno de los países de América Latina con más cantidad de golpes de Estado en su historia).
Lo segundo, una secuencia de errores políticos de Morales que han venido debilitando su legitimidad, no solamente ante sus tradicionales opositores, sino también entre sus propios aliados. Esas son las razones epidérmicas, digamos.
Las razones de fondo son otras. Estas tienen que ver con un avance a escala conarredondo 001tinental de una estrategia de debilitamiento primero y destitución después de todos los gobiernos que participaron de lo que se ha llamado «era progresista». Esto no es nuevo y es harto conocido (al menos por quienes tenemos interés de buscar esas razones de fondo). Desde hace muchos años el esquema se repite, con variantes mínimas ajustadas a cada circunstancia pero un mismo libreto. Hay documentos oficiales de la Marina de EUA (o de otras agencias asociadas, como la USAID y la NED), hay libros escritos de cómo destituir presidentes, hay embajadores de EUA que se reunieron con la Policía que secuestró a Correa en Ecuador, con la Policía de Paraguay previo a la matanza de Caraguaty (que fue la excusa para la destitución de Lugo en 17 horas) y con líderes regionales de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, instando a movimientos separatistas hace unos años atrás. La misma embajadora estadounidense que designaron en Brasil, poco antes de iniciado el vergonzoso proceso de destituyente de Dilma Roussef. Es decir, lo operativo es claro. El propósito de esos esfuerzos destituyentes está relacionado con frenar y revertir el proceso de distribución de la riqueza que se dio con esos gobiernos progresistas. En última instancia, esa es la «culpa» capital de los gobiernos progresistas: sacar un poco de la riqueza escandalosamente concentrada en pocas manos y devolverla a aquellos sectores sociales que la producen pero no se la quedan. En ese proceso confluyen, como siempre, los intereses de las oligarquías regionales que quieren recuperar casilleros perdidos en los últimos 20 años y los intereses coloniales de EUA, que prioiriza preservar su control de una zona rica en recursos naturales. Todo lo demás es arena en los ojos para una opinión pública continental lamentablemente bien dispuesta a culpar a las víctimas. Sobre todo si éstas son indígenas, morochos y gobiernan para los pobres”.

– ¿Cuánto contribuyó el presidente saliente Evo Morales a la crisis política existente en aquel país?
“Me remito a la respuesta anterior. En cuestiones de fondo, Morales es víctima, no victimario. Ello no quita que en su mandato no haya habido errores. Sobre todo si sometemos los procesos institucionales de Bolivia a criterios europeos de funcionamiento institucional. Pero como dice una reflexión que gira en las redes sociales, Morales cae por sus aciertos, no por sus errores. La historia de América Latina está repleta de gobernantes que han cometido mucho más errores muchísimos más graves que los que se le achacan a Morales y sin embargo, como eran funcionales a Estados Unidos y a las pocas familias nativas dueñas de los princpales recursos, permanecieron tranquilamente en el poder durante décadas. Insisto, no confundamos excusas con causas. Y sino, pregunten en Paraguay cuánto duró Stroessner en el gobierno, o Batista en Cuba, o Pinochet en Chile. Ellos, más que errores cometían horrores y durante décadas. Pero pervivieron cómodos en tanto funcionales de la estrategia colonial en la región.

– ¿Cree usted que ésto ayuda a disipar la idea de que la izquierda en el continente debe continuar gobernando?
“¿La caída de estos gobiernos? Para nada. Los esfuerzos que han estado intentando -y en algunos casos, logrando- jaquear o derribar gobiernos de izquierda en la región son la mejor prueba de que la distribución de riqueza que produce sociedades más justas para millones de personas, lejos de ser el problema es la solución. Salvo que nos guste vivir en el continente más desigual del mundo, con situaciones de exclusión para millones de vecinos y con el indignante saqueo de recursos naturales que empresas de EUA hacen en la región desde toda la vida. A mí, en lo personal, esto último no me gusta. Esos procesos de distribución de riqueza han estado integrando a decenas de millones de personas a circuitos de consumo y aportándole instrumentos para mejores condiciones de participación ciudadana. Es decir, y respondiendo más linealmente su pregunta: no creo que los procesos destituyentes y golpes de Estado (intentados o logrados) en Brasil, Ecuador, Venezuela y ahora Bolivia disipen o borren la necesidad de hacer de América Latina un continente más justo, con menos exclusión y miseria. Todo lo contrario. Esos golpes de Estado son un indicador de que se necesita insistir con la modernización de nuestras instituciones, con mejores índices de desarrollo humano, con mejor distribución de la riqueza”.

Dr. Ope Pasquet – Diputado Partido Colorado
“En América Latina, las instituciones vuelven a ser exitosamente desafiadas”

EL PUEBLO dialogó con el legislador colorado Ope Pasquet, quien desde su experiencia como parlamentario, ve con preocupación el derrotero de las instituciones democráticas en América Latina, manifestando, al mismo tiempo, que las “explosiones” surgidas en distintos países como Chile, Ecuador o Bolivia, cuyo Informe nos ocupa, fueron por motivos distintos, y que la protesta social espontánea por problemas económicos o situaciones de injusticia social “aparece mezclada con acciones que parecen inspiradas por designios políticos”.
¿Qué opinión le merece la actual situación política de Bolivia desde su perspectiva de parlamentario y cuál sería el camino institucional correcto a seguir?
El actual gobierno boliviano es el resultado imprevisto de situaciones de hecho: el fraude electoral del oficialismo, el consiguiente levantamiento popular, la decisión de la Policía de no reprimir la protesta y el pronunciamiento militar «sugiriendo» la renuncia del presidente. Sería casi uINFORME Dip. Ope Pasquetna misión imposible buscar, en esa turbulenta sucesión de irregularidades, el hilo de la legitimidad constitucional. Estimo que la legitimidad está en la convocatoria a nuevas elecciones, libres y limpias, para que el pueblo boliviano decida soberanamente su futuro. Esta es la única tarea del gobierno provisional y debe cumplirse en el menor tiempo posible. La omisión o aún la demora pueden poner a Bolivia en el camino de un enfrentamiento interno de consecuencias imprevisibles, aunque seguramente negativas desde una perspectiva democrática.
¿Le preocupa la ola de violencia desatada en varios países latinoamericanos?
La ola de violencia desatada en varios países de América Latina es ciertamente preocupante. La protesta social espontánea por problemas económicos o situaciones de injusticia social aparece mezclada con acciones que parecen inspiradas por designios políticos.
¿Cuál o cuáles serían para usted las causas que la originan?
En Bolivia la chispa que provocó el incendio fue el fraude electoral, que de haber tenido éxito habría destruido la base misma de la legitimidad del régimen político. Pero en Ecuador y en Chile, la protesta se produjo como respuesta a medidas económicas: la supresión del subsidio a los combustibles, en Ecuador, y el aumento del precio del subte en Chile. El gobierno ecuatoriano debió huir de Quito y el presidente Moreno finalmente revocó la medida cuestionada, aceptando así el menoscabo de su autoridad. El presidente chileno, por su parte, pidió disculpas al mismo pueblo que hace menos de dos años lo eligió presidente, sustituyó a ocho ministros de su gabinete y ofreció poner en marcha un proceso de reforma de la Constitución; queda por ver si en lo que le queda de mandato podrá hacer algo, además de mantenerse aferrado al cargo. Los tres casos son distintos, pero todos terminaron con la derrota del gobierno. En América Latina, las instituciones vuelven a ser exitosamente desafiadas.
En Uruguay, ¿es de temer una circunstancia similar?
Uruguay no está vacunado contra ninguna de las enfermedades de la región. De una manera o de otra, lo que pasa en el vecindario termina repercutiendo acá. Eso no quiere decir que estemos condenados a pasar por lo mismo por lo que están pasando ahora los países que antes mencionábamos, sino que tenemos que estar alertas para que nada de eso suceda aquí. Defender la estabilidad de las instituciones y la gobernabilidad del país debe ser un compromiso incondicional de todos los uruguayos, gane quien gane las elecciones del domingo 24 y sea cual sea la situación económica que al próximo gobierno le toque enfrentar.

Prof. Mag. Mónica Nicoliello hace lectura de la situación en Bolivia

«Entre nosotros los valores democráticos, liberales, sociales y republicanos, son la base de nuestra cultura. No son una corriente de opinión más. Como país somos un proyecto colectivo. Ese proyecto surgió bajo el liderazgo de José G. Artigas primero, después, de los legisladores de 1825, los de 1830, como proyecto federal, autonómico, liberal, republicano, y se fue puliendo con el aporte de los valores sociales favorecidos por personalidades señeras de nuestra cultura, como José Batlle y Ordóñez, Aparicio Saravia, y muchos más que no podríamos enumerar sin ser injustos al no poder mencionarlos a todos en el espacio que tenemos. Malas noticias, si por algún motivo, estos valores, que nuestros antepasados defendieron con sangre, sudor y lágrimas -lágrimas de dolor, lágrimas de felicidad- en lugar de profundizarse y enriquecerse, se debilitan y pierden»
Pero en realidad, nuestra historia comienza antes de Artigas. Cuando digo «nuestra», es porque la identidad siempre se construye afectivamente, con relación a una historia y un territorio que percibimos -o no- como propios. Los límites políticos actuales de nuestro país nunca fueron para nuestros mayores un límite infranqueable. Lejos de eso, fuimos Banda Oriental antes de ser República Oriental. ¿Banda Oriental del río Uruguay? ¿Banda Oriental del río Paraná? Para nuestros mayores y ancestros era cuestión de detalle. ¿Por qué?

La arqueología ha demostrado cómo nuestros ancestros chaná ya valoraban al río Paraná como una carretera de agua, abundante en peces y de fértiles orillas, que unía dos realidades, gracias a ese gran descubrimiento de la navegación que fue la canoa: el Norte de América del Sur, una región riquísima en metales, de los cuales, el que les resultaba más interesante era el cobre, con el cual hacían los bezotes y narigueras con las que adornaban el rostro; y el Sur de América del Sur, la desembocadura de ese gran río. Si al río lo llamaron Paraná, su desembocadura recibió el nombre de Paraná nicollielo001Guazú, siendo uno la continuación natural del otro.
Cuando, en los años 1500 de la era cristiana, los primeros navegantes europeos tomaron las rutas del Oeste para llegar a la zona de las especias usando los océanos como carreteras de agua gracias a ese otro gran descubrimiento de la navegación que fue la carabela, muchos recalaron en el territorio donde hoy vivimos, que se encuentra a medio camino entre Europa y Asia. Aquí, un aquí que va desde donde se ubica hoy la actual población de Puerto Gaboto, sobre el río Paraná, del lado argentino, hasta donde fluye la desembocadura del río San Salvador, en el actual departamento de Soriano, en Uruguay. En ambos lados se han encontrado los restos arqueológicos de los que fueron primeros asentamientos del Viejo Mundo en nuestro territorio, fuertes construidos en 1527 por el navegante Sebastián Gaboto. Y me quedo con la idea de un aquí, que es nuestro, y que no se limita al río San Salvador, en Uruguay, que lo trasciende y se interna en la provincia de Santa Fe, en Argentina, donde fluye el río Paraná, en aquel entonces el fuerte de Sancti Spiritus. Es un aquí construido por nuestros antepasados comunes.
¿Y qué tiene que ver esto con nuestro tema? -dirá el lector. Tiene que ver porque aquí, en ese aquí de grandes y caudalosos ríos, desde aquí, el marinero Luis Ramírez escribió en 1528 una carta a su padre. Le contaba que indios canoeros y náufragos cristianos les habían contado una historia maravillosa: que allá en el Norte, navegando por esas carreteras de agua que se llamaban río Uruguay, río Paraná y río Paraguay, había una Sierra de Plata con un Rey Blanco, mientras en el Sur, desde do nde salían las canoas que luego se adentraban en esos grandes ríos, había playas hermosísimas, puertos naturales y de gran calado. En el Norte, una potencia minera; en el Sur, una potencia portuaria, y uniendo ambas cosas, unas espléndidas carreteras de agua. Por ser entonces, la puerta de entrada y principio de una larga ruta hacia la Sierra de la Plata, se llamó aquel río, de la Plata, y a las tierras que las rodeaban, platenses o argentinas, de argentum, plata; y a aquellas espléndidas carreteras de agua, que por momentos tomaban el color de la misma plata, la Cuenca del Plata, hoy, Hidrovía. Pero además de la plata, aquellos exploradores informaron sobre la abundancia de otros minerales que no habían podido identificar.
Esa potencia minera de la que al principio solo se tenían mitos y leyendas más o menos embellecidos por la imaginación de aquellos primeros navegantes, que con sus canoas fueron abriendo carreteras verdes y azules de agua infinita a lo largo de miles de años, que aprendieron a valorar su potencial y amarlas en lengua chaná y guaraní; de la que luego exploradores, geógrafos y cartógrafos de lengua española y portuguesa, trazaron el mapa, fundaron ciudades mestizas, «abrieron puertas a la tierra», hallaron el cerro de plata más rico del mundo conocido en un lugar llamado Potosí, se corresponde aproximadamente con la actual Bolivia, teniendo presente que sus límites han cambiado mucho con el tiempo. Para quienes había una continuidad perfecta entre Bolivia y Perú -país lindero y hermano-, Bolivia –»la tierra de Bolívar»- también recibió en el pasado el nombre de Alto Perú. Entre 1776 y 1778, cuando los reyes Borbones crearon el Virreinato del Río de la Plata, unieron al Alto Perú con el territorio austral que nosotros habitamos, llamado Bajo Perú.
Del cerro de Potosí en Bolivia, salió durante siglos la plata con la que se acuñaban las monedas que circulaban por toda América del Sur como sangre fluyendo por miles de arterias que regaban el tejido económico y social. Con la plata del cerro de Potosí se acuñó la que fuera la moneda más poderosa del mundo. Moneda que circulaba por Norteamérica, por China, por Oceanía y África: el peso de plata, real de a 8 (porque se lo podía dividir en 8 partes) o tálero español. De la palabra tálero, por deformación, deriva la palabra dólar. Potosí, en español, deriva del quechua Potocchi, que significa «cerro del que brota plata». En su entorno se fueron estableciendo empresarios mineros, comerciantes, trabajadores asalariados, religiosos, que formaron la Villa Rica de Potosí, una ciudad a 4.800 metros sobre el nivel del mar, que llegó a ser tan importante y poblada como Londres en el año 1600. Del cerro Potocchi pues, se estima que llegó a salir el 80% de la plata que circuló alrededor del mundo, influyendo decisivamente en la revolución comercial de la Época Moderna.
Y aquí, en la Banda Oriental, en la potencia portuaria donde recalaban los barcos que tenía que pasar obligatoriamente por el único canal interoceánico conocido antes del canal de Panamá, el estrecho de Magallanes, Santo Domingo de Soriano y los pueblitos de Espinillo, Víboras y Arroyo de las Vacas, se comunicaban a través de Santa Fe, Argentina, con Córdoba y Santiago del Estero, hasta donde hacíamos llegar -según investigaciones actuales- ganado vacuno, mulas y trigo a cambio de plata, a Santiago del Estero, de donde salían y en donde confluían todos los caminos, para alcanzar las ciudades de Salta y Jujuy, más o menos por lo que hoy sería la Ruta 9 de la República Argentina, y así llegar a Potosí, en el actual territorio de Bolivia. Viaje apasionante para quien hoy quiera reproducirlo en ómnibus o en auto, o incluso como mochilero y en bicicleta. Paisajes y maravillas que dejaron un recuerdo imborrable en los ojos y los corazones de nuestros mayores. Eso es hoy Uruguay, eso es hoy Bolivia y la República Argentina. Siguen siendo. La potencia portuaria, la potencia minera, la potencia fluvial de América del Sur. En la confluencia de esas tres potencias está el futuro de América del Sur.
Hoy Bolivia tiene más de un millón de km2, 5 veces más que Uruguay. Ese territorio alberga unos 12 millones de habitantes, más de 3 veces toda la población de Uruguay, de la cual, alrededor del 72% es económicamente activa. Su montaña más alta, el Nevado Sajama, alcanza los 6.542 metros sobre el nivel del mar. Es un Estado Plurinacional: se hablan allí unas 38 lenguas, y todas tienen carácter oficial, más allá de que las más habladas son el español, aymara, quechua, y guaraní. También se desarrollaron allí miles de culturas en el pasado: se han hallado unos 35.000 sitios arqueológicos desde hace unos 6.000 años. El más conocido es el de Tiahuanaco. En Bolivia, como en México, tuvieron lugar algunas de las más importantes revoluciones agrícolas de la historia. Por selección e hibridación los cultivadores antiguos llegaron a producir allí variedades de papa, de maíz, el ají, la yuca, la quinoa, que modificaron para siempre la base alimentaria de las culturas humanas a lo largo de todo el planeta. Hoy Bolivia es el 8vo productor mundial de soja. Dejamos por aquí nuestro informe de hoy, que continuaremos en un próximo número, analizando otros aspectos interesantes de la realidad boliviana.