«Comenzamos con 18 socios y hoy estamos con 41″

a sociedad comenzó por un tema que todos conocemos, que fueron dos sequías anteriores que vinieron, y que de alguna manera hicieron que la gente empezara a juntarse para ver cómo conseguían ración para el ganado que el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, proporcionaba como ayuda. Eso llevó a que nos agrupáramos como productores rurales tratando de conseguir y repartir la ración, que en su momento estuvo disponible», dijo Víctor Pascovich al ser consultado por EL PUEBLO.
«El Ministerio, con buen tino, vio la posibilidad de que este grupo se afirmara agrupándose en una sociedad fomento. A fines del año 2010 empezaron las primeras reuniones formales en el local de la escuela de Itapebí, que conseguimos en vista de formalizar algo; no sabíamos si era cooperativa o sociedad fomento, y se empezaron a estudiar estatutos tipos. Se resolvió inclinarse hacia la sociedad fomento porque tenían un fin más amplio, abarcaba la parte social, la parte de caminería, la de salud, siendo que las cooperativas son más específicas», señaló.
¿Cuántos socios
integran la misma?
«Empezamos con 18 personas, tan es así que para integrar la primera comisión directiva, no llegábamos a 20, pero de cualquier manera se nombró una comisión provisoria y se empezó a trabajar en el tema y hoy ya estamos en 41 socios», comentó nuestro entrevistado.
¿Lo fuerte de la zona o de la cooperativa, en qué se está trabajando más?
«Lo de la sociedad arrancó más como una necesidad como productores chicos, que normalmente el productor chico tiene ganado en dos pisos, siempre tiene más de lo que entra en el campo, vio la necesidad que tenía de conseguir tierras. De alguna manera, el Instituto Nacional de Colonización tenía la Colonia Líber Seregni. Tenía pensado de alguna manera, ya que había productores que tenían ganado allá, en buscar la forma de adjudicar esa fracción a la zona de Itapebí».
¿Cuáles fueron los
pasos a seguir?
«Hicimos un relevamiento primario, vimos la cantidad de animales que podíamos tener y si podíamos encarar el tema. La verdad es que estábamos cerca de la cantidad de animales que necesitábamos, porque no era solamente que te adjudicaron el campo, sino que hay que pagar una renta. Pero eso se logró. Se hizo el relevamiento, se hizo la solicitud al Instituto. Hubo que inscribir dos promitentes colonos. El trámite nos llevó un poco de tiempo, tal vez todavía no teníamos una sociedad fomento formal. Tuvimos algunas dificultades, porque no teníamos la mecánica de cómo era el tema».
¿Formalizaron alguna
reunión con el Instituto
para avanzar y
solucionar el tema?
«Efectivamente, el Instituto tuvo una reunión importante en la misma colonia en la inauguración de las viviendas que habían construido con MEVIR en el instituto para los mismos colonos».
¿Ustedes
tienen viviendas?
«Nosotros no tenemos viviendas, pero ya había cinco viviendas para el grupo que estaba. De alguna participamos en esa reunión, nos pusimos en contacto con los directivos del Instituto Nacional de Colonización y le planteamos cuál era nuestra inquietud. Formalizamos nuestro pedido, por qué era una gran necesidad para la zona. La mayoría eran productores familiares, era uno de los requisitos, y era un grupo que ya estaba constituido en forma no completa porque faltaba la personería jurídica. Pero estaba funcionando con el apoyo y el asesoramiento del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Ese fue un factor importante que nos dio una forma de funcionamiento y que nos ayudó en toda esa etapa».
¿Trabajarían ahí un poco con el tema de carne, lana y leche?, ¿puede ser?
«Cuando se hizo la solicitud del campo, el proyecto era más bien para vacunos. Si bien el campo no era totalmente de aptitud ganadera, más bien para ovinos, tiene Índice Coneat 76, es un campo más bien duro, con parte muy buena a la costa del Arapey. Un 60 o 70% es para lanares pero prácticamente no tenemos lanares y se decidió ocuparlo con vacunos. Tuvimos la mala suerte de que, cuando nos adjudicaron el campo, apareció el problema de la brucelosis en ese campo del Instituto y no pudimos entrar».
¿Qué tuvieron
que hacer?
«Ello significó un retroceso en nuestro proyecto presentado al Instituto, porque tres o cuatro productores que iban a llevar vacas tuvieron que venderlas porque no tenían dónde ponerlas. Lamentablemente tuvieron que desprenderse de ellas. De cualquier manera se levantó la restricción y pudimos ingresar el 4 de junio, y así nos dieron la entrada a la fracción que ya estaba adjudicada, se firmó el contrato de arrendamiento y entramos. Hoy el campo ya está completamente cubierto».
¿Cuántas hectáreas
conforman dicho campo?
«668 hectáreas si mal no recuerdo. Están con un índice bajo, pero de cualquier manera ya estamos trabajando en él».
¿Qué otro proyecto
se encararía allí?
«Dentro de lo que nosotros habíamos presentado, tendríamos un plan ovino, o sea con la idea de un manejo de una majada de cría, porque dentro del grupo de productores en Itapebí, hay cuatro que hacen cordero pesado. Casos de productores chicos, pero con la capacidad de producir corderos pesados. En Itapebí los campos son buenos, son de índice alto, se hacen buenas praderas y el cordero pesado es algo que se hace. Lo habíamos pensado de esa manera, con una majada en la que participaran todos los socios. No sé si llamarla «majada cooperativa», pero sí participativa. Si nosotros hubiéramos podido conseguir un financiamiento para una compra de lanares, iba a ser equitativa. Vamos a ponerle la titularidad por el hecho de que sociedad fomento tiene algún inconveniente en el reparto de utilidades».
«Si la comprara la sociedad, no podría repartir ganancias. Entonces, ahí veíamos que teníamos que armar la forma jurídica distinta en la titularidad de la majada. Pero con la idea de ese cordero que se produce allá, se lleva, se vende o se lleva a terminar en los campos de los productores de Itapebí, pero con la finalidad de agregarle valor, llámese cordero pesado, que hoy es un excelente negocio. Esa es la propuesta de nuestro grupo. Hoy estamos dando respuesta a los productores de vacunos, que pudieron llevar ganado y que hoy lo tienen. No nos olvidemos que en la sequía anduvimos con todo el ganado en la calle. Hoy no se ve ganado en la calle, porque aquellos que tenían problemas de dónde tener el ganado, no tienen allá en la colonia».
¿A veces no tener
personería jurídica
es una traba importante?
La Sociedad Rural de Guaviyú de Arapey nos dio una mano importante en la asistencia del fortalecimiento institucional, porque como éramos una sociedad fomento en formación, todavía no teníamos la personería jurídica, estaba en trámite, y esa ayuda financiera de parte del Ministerio tuvo que ser a través de Guaviyú, que sí la tenía, una ayuda mutua».
La sociedad comenzó por un tema que todos conocemos, que fueron dos sequías anteriores que vinieron, y que de alguna manera hicieron que la gente empezara a juntarse para ver cómo conseguían ración para el ganado que el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, proporcionaba como ayuda. Eso llevó a que nos agrupáramos como productores rurales tratando de conseguir y repartir la ración, que en su momento estuvo disponible», dijo Víctor Pascovich al ser consultado por EL PUEBLO. lavalleja
«El Ministerio, con buen tino, vio la posibilidad de que este grupo se afirmara agrupándose en una sociedad fomento. A fines del año 2010 empezaron las primeras reuniones formales en el local de la escuela de Itapebí, que conseguimos en vista de formalizar algo; no sabíamos si era cooperativa o sociedad fomento, y se empezaron a estudiar estatutos tipos. Se resolvió inclinarse hacia la sociedad fomento porque tenían un fin más amplio, abarcaba la parte social, la parte de caminería, la de salud, siendo que las cooperativas son más específicas», señaló.
¿Cuántos socios
integran la misma?
«Empezamos con 18 personas, tan es así que para integrar la primera comisión directiva, no llegábamos a 20, pero de cualquier manera se nombró una comisión provisoria y se empezó a trabajar en el tema y hoy ya estamos en 41 socios», comentó nuestro entrevistado.
¿Lo fuerte de la zona o de la cooperativa, en qué se está trabajando más?
«Lo de la sociedad arrancó más como una necesidad como productores chicos, que normalmente el productor chico tiene ganado en dos pisos, siempre tiene más de lo que entra en el campo, vio la necesidad que tenía de conseguir tierras. De alguna manera, el Instituto Nacional de Colonización tenía la Colonia Líber Seregni. Tenía pensado de alguna manera, ya que había productores que tenían ganado allá, en buscar la forma de adjudicar esa fracción a la zona de Itapebí».
¿Cuáles fueron los
pasos a seguir?
«Hicimos un relevamiento primario, vimos la cantidad de animales que podíamos tener y si podíamos encarar el tema. La verdad es que estábamos cerca de la cantidad de animales que necesitábamos, porque no era solamente que te adjudicaron el campo, sino que hay que pagar una renta. Pero eso se logró. Se hizo el relevamiento, se hizo la solicitud al Instituto. Hubo que inscribir dos promitentes colonos. El trámite nos llevó un poco de tiempo, tal vez todavía no teníamos una sociedad fomento formal. Tuvimos algunas dificultades, porque no teníamos la mecánica de cómo era el tema».
¿Formalizaron alguna
reunión con el Instituto
para avanzar y
solucionar el tema?
«Efectivamente, el Instituto tuvo una reunión importante en la misma colonia en la inauguración de las viviendas que habían construido con MEVIR en el instituto para los mismos colonos».
¿Ustedes
tienen viviendas?
«Nosotros no tenemos viviendas, pero ya había cinco viviendas para el grupo que estaba. De alguna participamos en esa reunión, nos pusimos en contacto con los directivos del Instituto Nacional de Colonización y le planteamos cuál era nuestra inquietud. Formalizamos nuestro pedido, por qué era una gran necesidad para la zona. La mayoría eran productores familiares, era uno de los requisitos, y era un grupo que ya estaba constituido en forma no completa porque faltaba la personería jurídica. Pero estaba funcionando con el apoyo y el asesoramiento del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Ese fue un factor importante que nos dio una forma de funcionamiento y que nos ayudó en toda esa etapa».
¿Trabajarían ahí un poco con el tema de carne, lana y leche?, ¿puede ser?
«Cuando se hizo la solicitud del campo, el proyecto era más bien para vacunos. Si bien el campo no era totalmente de aptitud ganadera, más bien para ovinos, tiene Índice Coneat 76, es un campo más bien duro, con parte muy buena a la costa del Arapey. Un 60 o 70% es para lanares pero prácticamente no tenemos lanares y se decidió ocuparlo con vacunos. Tuvimos la mala suerte de que, cuando nos adjudicaron el campo, apareció el problema de la brucelosis en ese campo del Instituto y no pudimos entrar».
¿Qué tuvieron
que hacer?
«Ello significó un retroceso en nuestro proyecto presentado al Instituto, porque tres o cuatro productores que iban a llevar vacas tuvieron que venderlas porque no tenían dónde ponerlas. Lamentablemente tuvieron que desprenderse de ellas. De cualquier manera se levantó la restricción y pudimos ingresar el 4 de junio, y así nos dieron la entrada a la fracción que ya estaba adjudicada, se firmó el contrato de arrendamiento y entramos. Hoy el campo ya está completamente cubierto».
¿Cuántas hectáreas
conforman dicho campo?
«668 hectáreas si mal no recuerdo. Están con un índice bajo, pero de cualquier manera ya estamos trabajando en él».
¿Qué otro proyecto
se encararía allí?
«Dentro de lo que nosotros habíamos presentado, tendríamos un plan ovino, o sea con la idea de un manejo de una majada de cría, porque dentro del grupo de productores en Itapebí, hay cuatro que hacen cordero pesado. Casos de productores chicos, pero con la capacidad de producir corderos pesados. En Itapebí los campos son buenos, son de índice alto, se hacen buenas praderas y el cordero pesado es algo que se hace. Lo habíamos pensado de esa manera, con una majada en la que participaran todos los socios. No sé si llamarla «majada cooperativa», pero sí participativa. Si nosotros hubiéramos podido conseguir un financiamiento para una compra de lanares, iba a ser equitativa. Vamos a ponerle la titularidad por el hecho de que sociedad fomento tiene algún inconveniente en el reparto de utilidades».
«Si la comprara la sociedad, no podría repartir ganancias. Entonces, ahí veíamos que teníamos que armar la forma jurídica distinta en la titularidad de la majada. Pero con la idea de ese cordero que se produce allá, se lleva, se vende o se lleva a terminar en los campos de los productores de Itapebí, pero con la finalidad de agregarle valor, llámese cordero pesado, que hoy es un excelente negocio. Esa es la propuesta de nuestro grupo. Hoy estamos dando respuesta a los productores de vacunos, que pudieron llevar ganado y que hoy lo tienen. No nos olvidemos que en la sequía anduvimos con todo el ganado en la calle. Hoy no se ve ganado en la calle, porque aquellos que tenían problemas de dónde tener el ganado, no tienen allá en la colonia».
¿A veces no tener
personería jurídica
es una traba importante?
La Sociedad Rural de Guaviyú de Arapey nos dio una mano importante en la asistencia del fortalecimiento institucional, porque como éramos una sociedad fomento en formación, todavía no teníamos la personería jurídica, estaba en trámite, y esa ayuda financiera de parte del Ministerio tuvo que ser a través de Guaviyú, que sí la tenía, una ayuda mutua».