El regreso de WiIson

Hoy voy a abordar sobre un hecho histórico que sucedió en el Uruguay, el cual cumplirá 28 años este sábado 16. El 16 de junio de 1984 las Fuerzas Armadas en estado de alerta se movilizaron para entrar en una guerra para la cual se habían preparado durante varios meses, pero el único enemigo era Wilson, condenado a ir a la cárcel por luchar por la Libertad usando un arma muy peligrosa: la voluntad del pueblo expresada a través del voto.
El 25 de mayo del mismo año, en fiesta patria argentina, Wilson anuncia su regreso en Concordia, ahí nomás enfrente a Salto. Tengo una foto inmortal de Wilson y Carlos Julio en la costa de Concordia mirando la costa salteña; esa foto ya dice todo: las ganas del Caudillo de estar en su tierra con su gente.
Según los libros que tengo, los videos que he visto y el relato de Juan Raúl durante su estadía en Artigas en 2005, la organización de la cruzada desde Buenos Aires se hizo simultáneamente en Uruguay y en Buenos Aires. A medida que se acercaba la fecha, cada vez más agencias noticiosas, diarios, revistas, cadenas de televisión y radios de todo el mundo acreditaban sus corresponsales.
En la tarde del viernes 15 de junio todos los correligionarios y amigos de Wilson se congregaron en el hotel Colón de Buenos Aires esperando la hora de partida. En el barco Ciudad de Mar del Plata I viajaban junto al Caudillo toda su familia, amigos, periodistas de todo el mundo, jóvenes gremialistas de la CGU y otras entidades gremiales, figuras de la cultura, del deporte, muchos de ellos ni siquiera eran blancos.
En el interior del barco se vivía una fiesta. Los periodistas se sentían como corresponsales de guerra. Había ruedas y peñas folclóricas, según Horacio Muniz tenían un parecido con los fogones revolucionarios de 1897 o 1904; la solidaridad fraterna, la guitarra y el canto, el cuento y las imitaciones, el mate y el trago compartido, la incertidumbre de lo qué ocurriría al llegar.
En Montevideo, organizando el recibimiento y corriendo otros riesgos mayores, había quedado otro grupo de dirigentes. En el puerto de Montevideo había aviones y barcos de guerra que lentamente se fueron acercando al Ciudad de Mar del Plata I helicópteros sobrevolando, centenares de infantes de marina armados a guerra, brigadas con perros y… además de las alambradas del perímetro portuario, una doble muralla de contenedores apilados. Se trataba de la operación “Carpincho”.
Muchos líderes políticos de todo el Mundo, al ver esas imágenes que quedaron grabadas en video, todavía no lo pueden creer. Sólo en Uruguay ocurre eso, es ridículo, una vergüenza. ¿Era necesario tanto ruido y tanto pamento para detener a un hombre? Un hombre que venía con su familia y amigos todos desarmados, que no portaban ni siquiera una navaja.
En un momento un periodista le dice que se había enterado que en el puerto había 8 cañoneras apuntando hacia el barco, Wilson con tono de humor a pesar de todo y a
pesar de su afonía contesta: la verdad que acertaron, yo y mi mujer somos 2, más los 3
hijos son 5 y los 3 nietos suman 8, un cañón para cada uno”.
Pasadas las 10 de la mañana, ya detenido el Mar del Plata II se produjo el abordaje. Fueron a detener a Wilson y a Juan Raúl, a desembarcarlos y a llevarlos presos. Fue entonces que 400 gargantas entonaron el Himno Nacional y en medio del río atronó el “tiranos temblad” hasta que los oficiales de la armada bajaron la cabeza. Wilson firmó el arresto pero se negó a desembarcar, dijo que habían salido juntos y que juntos llegarían a puerto. La marcha se reinició – ahora custodiados- rumbo a Punta del Este. La costa de Montevideo ya se divisaba y los prismáticos pasaban de mano en mano; allí estaba nuestra gente, allí había que llegar. El espectáculo era conmovedor la rambla y la escollera Sarandí eran un mar de manos, pañuelos y banderas agitadas entre gritos, bocinazos y petardos.
Apoyado en la baranda del puente de mando, Wilson levantaba los brazos junto a Susana, sus hijos y sus nietos. Finalmente Wilson volvía. La sirena saludó una y otra vez y el barco Ciudad de Mar del Plata I entró al puerto. Recién ahí los blancos nos damos cuenta con toda claridad lo que aquel hombre que regresaba significaba de riesgo y zozobra para la dictadura. Ese día la dictadura tuvo miedo y por eso se movilizaron de esa forma.
Según Horacio Muniz Durand, en aquel momento no tenían a quien saludar; quizá por eso, la sábana blanca que desde una azotea se hacía flamear por un vecino y que apenas sobrepasaba el alto muro “protector’, fue para todos ellos en aquel instante, el símbolo de la Libertad.
Cuenta Ricardo Rocha lmaz que había gente por toda la avenida Libertador Lavalleja desde el Palacio Legislativo, no sólo blancos, entre ellos habían frenteamplistas y colorados de la agrupación de Manuel Flores Silva. También desde los balcones había gente de todos los partidos saludando con sus banderas. Sin dudas era una demostración popular de la sed de Democracia y Libertad.

Hoy voy a abordar sobre un hecho histórico que sucedió en el Uruguay, el cual cumplirá 28 años este sábado 16. El 16 de junio de 1984 las Fuerzas Armadas en estado de alerta se movilizaron para entrar en una guerra para la cual se habían preparado durante varios meses, pero el único enemigo era Wilson, condenado a ir a la cárcel por luchar por la Libertad usando un arma muy peligrosa: la voluntad del pueblo expresada a través del voto.

El 25 de mayo del mismo año, en fiesta patria argentina, Wilson anuncia su regreso en Concordia, ahí nomás enfrente a Salto. Tengo una foto inmortal de Wilson y Carlos Julio en la costa de Concordia mirando la costa salteña; esa foto ya dice todo: las ganas del Caudillo de estar en su tierra con su gente.

Según los libros que tengo, los videos que he visto y el relato de Juan Raúl durante su estadía en Artigas en 2005, la organización de la cruzada desde Buenos Aires se hizo simultáneamente en Uruguay y en Buenos Aires. A medida que se acercaba la fecha, cada vez más agencias noticiosas, diarios, revistas, cadenas de televisión y radios de todo el mundo acreditaban sus corresponsales.

En la tarde del viernes 15 de junio todos los correligionarios y amigos de Wilson se congregaron en el hotel Colón de Buenos Aires esperando la hora de partida. En el barco Ciudad de Mar del Plata I viajaban junto al Caudillo toda su familia, amigos, periodistas de todo el mundo, jóvenes gremialistas de la CGU y otras entidades gremiales, figuras de la cultura, del deporte, muchos de ellos ni siquiera eran blancos.

En el interior del barco se vivía una fiesta. Los periodistas se sentían como corresponsales de guerra. Había ruedas y peñas folclóricas, según Horacio Muniz tenían un parecido con los fogones revolucionarios de 1897 o 1904; la solidaridad fraterna, la guitarra y el canto, el cuento y las imitaciones, el mate y el trago compartido, la incertidumbre de lo qué ocurriría al llegar.

En Montevideo, organizando el recibimiento y corriendo otros riesgos mayores, había quedado otro grupo de dirigentes. En el puerto de Montevideo había aviones y barcos de guerra que lentamente se fueron acercando al Ciudad de Mar del Plata I helicópteros sobrevolando, centenares de infantes de marina armados a guerra, brigadas con perros y… además de las alambradas del perímetro portuario, una doble muralla de contenedores apilados. Se trataba de la operación “Carpincho”.

Muchos líderes políticos de todo el Mundo, al ver esas imágenes que quedaron grabadas en video, todavía no lo pueden creer. Sólo en Uruguay ocurre eso, es ridículo, una vergüenza. ¿Era necesario tanto ruido y tanto pamento para detener a un hombre? Un hombre que venía con su familia y amigos todos desarmados, que no portaban ni siquiera una navaja.

En un momento un periodista le dice que se había enterado que en el puerto había 8 cañoneras apuntando hacia el barco, Wilson con tono de humor a pesar de todo y a

pesar de su afonía contesta: la verdad que acertaron, yo y mi mujer somos 2, más los 3

hijos son 5 y los 3 nietos suman 8, un cañón para cada uno”.

Pasadas las 10 de la mañana, ya detenido el Mar del Plata II se produjo el abordaje. Fueron a detener a Wilson y a Juan Raúl, a desembarcarlos y a llevarlos presos. Fue entonces que 400 gargantas entonaron el Himno Nacional y en medio del río atronó el “tiranos temblad” hasta que los oficiales de la armada bajaron la cabeza. Wilson firmó el arresto pero se negó a desembarcar, dijo que habían salido juntos y que juntos llegarían a puerto. La marcha se reinició – ahora custodiados- rumbo a Punta del Este. La costa de Montevideo ya se divisaba y los prismáticos pasaban de mano en mano; allí estaba nuestra gente, allí había que llegar. El espectáculo era conmovedor la rambla y la escollera Sarandí eran un mar de manos, pañuelos y banderas agitadas entre gritos, bocinazos y petardos.

Apoyado en la baranda del puente de mando, Wilson levantaba los brazos junto a Susana, sus hijos y sus nietos. Finalmente Wilson volvía. La sirena saludó una y otra vez y el barco Ciudad de Mar del Plata I entró al puerto. Recién ahí los blancos nos damos cuenta con toda claridad lo que aquel hombre que regresaba significaba de riesgo y zozobra para la dictadura. Ese día la dictadura tuvo miedo y por eso se movilizaron de esa forma.

Según Horacio Muniz Durand, en aquel momento no tenían a quien saludar; quizá por eso, la sábana blanca que desde una azotea se hacía flamear por un vecino y que apenas sobrepasaba el alto muro “protector’, fue para todos ellos en aquel instante, el símbolo de la Libertad.

Cuenta Ricardo Rocha lmaz que había gente por toda la avenida Libertador Lavalleja desde el Palacio Legislativo, no sólo blancos, entre ellos habían frenteamplistas y colorados de la agrupación de Manuel Flores Silva. También desde los balcones había gente de todos los partidos saludando con sus banderas. Sin dudas era una demostración popular de la sed de Democracia y Libertad.

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