Héctor Numa Moraes: un cantautor emblemático del Norte uruguayo, estuvo en el Festival del Joven Rural

Pueblo Lavalleja, por Yamandú Leal.

6Numa Moraes es, sin dudas, una de las grandes figuras del folklore oriental. Su guitarra y mágica voz cautivaron al público en el 12º Festival del Joven Rural. Tuvimos oportunidad de dialogar con el cantautor de los pagos del “País de la cina-cina”, su Tacuarembó natal, y conocer detalles de la actividad artística que desarrolla acompañado de su acordeonista, Walter Rondán. “Tenemos una actividad muy  intensa durante este año -manifestó. Además de las actuaciones –que son muchísimas sobre todo en el interior- hemos tratado de no actuar mucho en Montevideo, a no ser en alguna pequeña presentación de libros. Pero tenemos programas de radio en Emisora Del Sur, del SODRE, de lunes a viernes de 4 de la madrugada a 5 y de 17 a 18. Para nosotros es una actividad maravillosa y un gusto difundir la música uruguaya y latinoamericana. También estamos haciendo un taller de creación de canciones en torno al Bienestar Universitario, junto a Washington Benavides y a Mario Paz, que es un joven cantor. Esta actividad la hacemos lunes y miércoles de noche. Para mí es realmente un reencuentro con mis raíces, porque de esta manera comenzamos a trabajar en el año 1966 con Washington Benavides cuando era mi profesor en el liceo. Volver a hacer eso con un maestro de esa categoría hace que salga muy motivado y enriquecido.

¿Cuántas canciones han creado?

Hemos hecho alrededor de 200 canciones con talleristas de todas las edades, fundamentalmente algunos muy jóvenes; pero hay gente mayor con libros editados que participan también. Ya grabamos un compacto de ese material y ahora vamos a grabar otro. Es realmente una experiencia muy linda.

También tengo algunos alumnos en clases de danzas, clases de folklore uruguayo desde hace ya 10 años. Con Walter Rondán, Mario Paz, María Cristina Balbi y Carlitos alemán, formamos el grupo que recorremos el país. El año pasado estuvimos muy cerca, en Colonia Lavalleja, y fue una experiencia preciosa.

¿Cómo ve a la juventud en cuanto a nuestra cultura, desde su mirada de artista?

A nivel de todo el mundo estamos pasando momentos muy difíciles. La droga es algo que pega y lastima mucho a la juventud especialmente, hace que a veces tengamos noticias tan tristes como que un niño de 10 años anda robando ómnibus. Sin embargo, como comentaba, en el taller de creación de canciones tenemos no menos de 6 muchachos de 19, 20, 21 años, interesados muchísimos por la cultura, por la poesía y algunos de ellos se especializan en la obra de Zitarrosa. Pero cuando digo “se especializan”, es porque saben todo de Zitarrosa. Cuando era gurí, allá por el 66 o 67, pasaban cosas parecidas. Estábamos aquellos que apostábamos a un canto con buen texto, de raíz folklórica, y había otros muchachos que quizás la mayoría iba por otros rumbos, de pronto su futuro iba a ser otro oficio: médico, arquitecto, yo qué sé. En mi caso, cuando tenía 5 años vi cantar a Amalia De la Vega y me quedé pasmado. Cuando veía a Alan Gómez que iba a cantar a mi escuela, era increíble cómo me gustaba la música. No quiere decir que a todos les guste la música, a algunos les gusta bailar y divertirse. El problema que veo en la juventud es cómo se ha ido deteriorando la cultura, la familia, que ya no existen los abuelos, los padres ni nada. No lo digo tanto por los jóvenes que viven acá sino sobre todo en la capital.

¿No le parece que en nuestra campaña se encuentran muchos jóvenes que no han perdido su identidad y el amor a sus seres queridos?

Creo que sí. Otra cosa es el hecho de que el montevideano aparenta como que está todavía en el sitio de Montevideo, en la muralla, no mira para afuera, no conoce. Usted le habla a una muchachita de la escuela de danza, que va a estudiar danza folklórica, o sea que algo de interés tiene, pero no conoce a Aníbal Sampayo, a Alan Gómez, a Roberto Rodríguez Luna. Es decir, como que nos han ido quitando la confianza en nuestra música y su riqueza. Sin embargo, en el exterior lo valoran. Por ejemplo, Walter Rondán  es el acordeonista que toca conmigo, es un compañero de hace más de 10 años. Ahora vienen de Estados Unidos a grabarle un disco de acordeón del norte uruguayo. Vienen con todo el estudio puesto para grabarle un disco que va a salir a nivel mundial. Solo a dos personas les pasó esto en el Uruguay: a René Marino Rivero con el bandoneón y ahora a Walter Rondán. El sello mundial se llama Polcs. En Tacuarembó no le dan el valor que tiene, no tuvo ningún apoyo; ahora se presentó el disco y no fue ninguna autoridad. Esas son cosas que desgraciadamente pasan, valoramos más lo que viene de afuera. No es que no haya cosas buenas que vienen de afuera, ojo, es que también tenemos que darle un empujoncito a lo nuestro. Si seguimos diciendo que Gardel es francés, es una lástima, porque Gardel nació en Tacuarembó.

Acá, sobre todo al norte, la gente escucha mucho las emisoras de Artigas, cuya programación es en un 80 por ciento música tropical y muy poco folklore. ¿Qué opina Numa al respecto?

Claro, es la música del divertimento. No es que la gente no tenga que bailar. Yo no bailé porque la maestra me echó del grupo; parece que tenía muy poco ritmo. El problema es que hay música tropical buena y mala, como en todo, como también hay folklore bueno y malo, como hay música típica buena y mala. Además, hoy cualquiera puede grabar y pegar unos gritos y de pronto no es que guste: es la cantidad de veces que lo escuchan; porque no podemos acostumbrar a la gurisada a escuchar buena cosas, a escuchar a Osiris Rodríguez Castillo, porque no le podemos dar “Grillo nochero”, “A mansalva”, o “El aromo”, de Yupanqui, porque no, porque es bueno. En la escuela de danzas se los hago leer, les doy la letra a cada uno de ellos y que lo escuchen y lo mastiquen, y salen cosas maravillosas.

Numa dejó un saludo muy grande a la gente salteña. Estoy muy unido a este pueblo querido, un saludo para mi tía Nélida Sosa, un cariño a todos ustedes. Más o menos desde el año 1968 estoy viniendo a estos pagos.