Heroínas nacionales

El historiador Aníbal Barrios Pintos ha realizado un valioso trabajo tratando de rescatar a nuestras heroínas olvidadas. Lo publicó en el Almanaque del B.S.E de 1993. Allí da a conocer a muchas heroínas, pero como las más destacadas describe a Catalina Quintana (la china), Ana Monterroso de Lavalleja, Bernardina Fragoso de Rivera y Josefa Oribe; mujeres patricias identificadas con la acción que prestaron una valiosa ayuda a la causa emancipadora.
Según el mencionado historiador, durante la emigración del pueblo oriental, mujeres de diferente condición, expuestas a toda clase de penalidades y privaciones, se convirtieron en heroínas en aquella marcha interminable.
El escritor artiguense (nacido en Gomensoro), Eliseo Salvador Porta en su obra Romance a María Segovia” ha brindado su emotivo homenaje a una de las tres mujeres que, según el padrón de 1811, sin ser viudas, marcharon solas y sin carruajes en el Éxodo hacia el Ayuí (hoy en el departamento de Salto). Las otras dos se llamaban Catalina Muriñigo y Mauricia Baces. Pero meses antes, en mayo del mismo año, después del triunfo patriota de Las Piedras y de la iniciación del sitio de Montevideo, mujeres orientales tuvieron que abandonar la plaza, expulsadas con sus familias, sin permitírseles recoger ni aún los equipajes más precisos.
Ese mismo año una heroína conocida como la “China María”, hallándose entre los heroicos defensores de Paysandú comandados por Francisco Bicudo, perdió su vida ante el ataque de las fuerzas imperiales al mando de Bentos Manuel Ribeiro. María murió luego de alcanzar la confesión según lo certificara el cura patriota Silverio Martínez. Hoy su nombre figura incluido en el nomenclátor de la capital sanducera.
Doña Ma. Monterroso de Lavalleja compartió la suerte de su esposo, el libertador Juan Antonio Lavalleja en los duros momentos de su destierro al Brasil.
Doña Bernardina Fragoso de Rivera, esposa del Gral Fructuoso Rivera, luego de las horas de triunfo de Rincón y Sarandí, sufrió el desconsuelo de no saber dónde se hallaba su esposo ni cuándo tendrfía esperanzas de verlo.
Doña Josefa Oribe de Contucci consiguió recursos económicos y recorrió los campos orientales a fin de conseguir adeptos para la causa libertadora de 1825. Asimismo, habría intentado sublevar, en hábiles entrevistas, a oficiales de un batallón brasileño, cometido de sumo riesgo que habría fracasado por la indiscreta conducta de algunos confabulados.
Tengo la convicción de que hoy tenemos una heroína y caudilla que vive y tiene una lucidez de un joven. También ha sido olvidada. No he visto que le hicieran algún reconocimiento o un homenaje como se lo merece. Se trata de Susana Sienra de Ferreira, la viuda de Wilson Ferreira Aldunate.
Susana acompañó al último Caudillo Blanco durante toda su carrera política, estuvo a su lado hasta en los momentos que él quiso evitarlo, en aquellos momentos duros de represión por parte de la dictadura. Fue la compañera inseparable durante todo el exilio que duró 11 años. Existe una anécdota de que mientras velaban los restos mortales de Wilson, un sacerdote amigo de la familia se acercó a ella y le instó a tomar un café, ella le dijo que no porque si nunca se había separado de él mientras estaba vivo, menos en aquel momento.
Existen algunas publicaciones que hablan de Susana, inclusive el libro “EI viento nuestro de cada día” consiste en testimonios de ella y de su hija Silvia recogidos por César di Candia. Ese libro es una verdadera joya, incluye documentos y fotos inéditas.
El libro “Wilson Ferreira Aldunate y la lógica nacionalista” (publicación del CELADU) de Luis Costa Bonino, en la página 33 incluye una foto de Susana en una caminata reclamando la libertad de todos los presos políticos.
La presencia de esta heroína de nuestro tiempo también se ve en la obra de Roy Berocay, precisamente en el tomo 2 de la Historia del Uruguay para niños, cuando narra las peripecias de Wilson la noche del golpe de estado y el camino al exilio. Juan Raúl, cuando estuvo en Artigas, comentó que sus hijos (Wilson y Sofía), todavía niños, leyeron esa obra del mencionado autor y se sorprendieron porque allí aparecía la abuela.
Susana debe aparecer siempre, es un ejemplo de coraje, de dignidad, de patriotismo, de lealtad, de compañerismo y creo que me quedo corto en su valoración. Sin dudas constituye una heroína más y un ejemplo para las nuevas generaciones.

El historiador Aníbal Barrios Pintos ha realizado un valioso trabajo tratando de rescatar a nuestras heroínas olvidadas. Lo publicó en el Almanaque del B.S.E de 1993. Allí da a conocer a muchas heroínas, pero como las más destacadas describe a Catalina Quintana (la china), Ana Monterroso de Lavalleja, Bernardina Fragoso de Rivera y Josefa Oribe; mujeres patricias identificadas con la acción que prestaron una valiosa ayuda a la causa emancipadora.

Según el mencionado historiador, durante la emigración del pueblo oriental, mujeres de diferente condición, expuestas a toda clase de penalidades y privaciones, se convirtieron en heroínas en aquella marcha interminable.

El escritor artiguense (nacido en Gomensoro), Eliseo Salvador Porta en su obra Romance a María Segovia” ha brindado su emotivo homenaje a una de las tres mujeres que, según el padrón de 1811, sin ser viudas, marcharon solas y sin carruajes en el Éxodo hacia el Ayuí (hoy en el departamento de Salto). Las otras dos se llamaban Catalina Muriñigo y Mauricia Baces. Pero meses antes, en mayo del mismo año, después del triunfo patriota de Las Piedras y de la iniciación del sitio de Montevideo, mujeres orientales tuvieron que abandonar la plaza, expulsadas con sus familias, sin permitírseles recoger ni aún los equipajes más precisos.

Ese mismo año una heroína conocida como la “China María”, hallándose entre los heroicos defensores de Paysandú comandados por Francisco Bicudo, perdió su vida ante el ataque de las fuerzas imperiales al mando de Bentos Manuel Ribeiro. María murió luego de alcanzar la confesión según lo certificara el cura patriota Silverio Martínez. Hoy su nombre figura incluido en el nomenclátor de la capital sanducera.

Doña Ma. Monterroso de Lavalleja compartió la suerte de su esposo, el libertador Juan Antonio Lavalleja en los duros momentos de su destierro al Brasil.

Doña Bernardina Fragoso de Rivera, esposa del Gral Fructuoso Rivera, luego de las horas de triunfo de Rincón y Sarandí, sufrió el desconsuelo de no saber dónde se hallaba su esposo ni cuándo tendrfía esperanzas de verlo.

Doña Josefa Oribe de Contucci consiguió recursos económicos y recorrió los campos orientales a fin de conseguir adeptos para la causa libertadora de 1825. Asimismo, habría intentado sublevar, en hábiles entrevistas, a oficiales de un batallón brasileño, cometido de sumo riesgo que habría fracasado por la indiscreta conducta de algunos confabulados.

Tengo la convicción de que hoy tenemos una heroína y caudilla que vive y tiene una lucidez de un joven. También ha sido olvidada. No he visto que le hicieran algún reconocimiento o un homenaje como se lo merece. Se trata de Susana Sienra de Ferreira, la viuda de Wilson Ferreira Aldunate.

Susana acompañó al último Caudillo Blanco durante toda su carrera política, estuvo a su lado hasta en los momentos que él quiso evitarlo, en aquellos momentos duros de represión por parte de la dictadura. Fue la compañera inseparable durante todo el exilio que duró 11 años. Existe una anécdota de que mientras velaban los restos mortales de Wilson, un sacerdote amigo de la familia se acercó a ella y le instó a tomar un café, ella le dijo que no porque si nunca se había separado de él mientras estaba vivo, menos en aquel momento.

Existen algunas publicaciones que hablan de Susana, inclusive el libro “EI viento nuestro de cada día” consiste en testimonios de ella y de su hija Silvia recogidos por César di Candia. Ese libro es una verdadera joya, incluye documentos y fotos inéditas.

El libro “Wilson Ferreira Aldunate y la lógica nacionalista” (publicación del CELADU) de Luis Costa Bonino, en la página 33 incluye una foto de Susana en una caminata reclamando la libertad de todos los presos políticos.

La presencia de esta heroína de nuestro tiempo también se ve en la obra de Roy Berocay, precisamente en el tomo 2 de la Historia del Uruguay para niños, cuando narra las peripecias de Wilson la noche del golpe de estado y el camino al exilio. Juan Raúl, cuando estuvo en Artigas, comentó que sus hijos (Wilson y Sofía), todavía niños, leyeron esa obra del mencionado autor y se sorprendieron porque allí aparecía la abuela.

Susana debe aparecer siempre, es un ejemplo de coraje, de dignidad, de patriotismo, de lealtad, de compañerismo y creo que me quedo corto en su valoración. Sin dudas constituye una heroína más y un ejemplo para las nuevas generaciones.







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