Las disculpas a la orden del día

Como forma de lograr atenuar las posibles sanciones a recaer por parte de la Justicia, el “pedir disculpas”, el “pedir perdón” ha pasado a ser moneda corriente. Sucede que con pedir disculpas a la víctima o sus familiares, la cuestión de fondo es mucho más profunda. El homicida: “disculpas, no era mi intención matar”. El violador: “perdón, no quise violar”. El rapiñero: “disculpas, no quise rapiñar”. El ladrón: “disculpas, no quise robar”. El agresor físico: “perdón, no era mi intención lastimar”. Después que el hecho se cometió, muchas veces con saña, no bastan las disculpas y los perdones. El dolor, la tristeza, perdurará por siempre en la familia de la víctima. Casos que quizás con ayuda psicológica se pueda seguir sobrellevando el día a día. En tanto, otros por más ayuda, la “macana” ya provocó el mal profundo. La cuestión pasa por no llegar al extremo de cometer el grave delito. Después de cometerlo, por más arrepentimiento, el daño causó estragos terribles. No pasa por los “perdones” y “disculpas”. Quién perdonará en definitiva será Dios y no la ley de los hombres.







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