EEUU pide más dureza con Corea del Norte por la amenaza directa a Japón luego que los coreanos lanzaran un proyectil

Washington se impacienta con Pyongyang y reclama mano dura. Más mano dura. Pasados los días de aquella guerra verbal entre el Gobierno estadounidense y el régimen de Kim Jong-un, lo que ha quedado sobre el tablero es la disposición de piezas inicial: Corea del Norte lanzó este martes un misil balístico que sobrevoló Japón, la enésima prueba de armamento nuclear y muestra también de que las sanciones impuestas por la ONU no surten el efecto deseado. El presidente Donald Trump advirtió de que “todas las opciones”, incluida la militar, están sobre la mesa. El empeño de Corea del Norte en su carrera nuclear está sacando de quicio a la comunidad internacional. Es ya el país más sancionado del mundo por el desarrollo de este armamento y a los últimos correctivos impuestos por la ONU respondió con amenazas verbales y más lanzamientos. Nikki Haley, la embajadora de Estados Unidos en Naciones Unidas, clamó un “ya basta” ante la prensa este martes en Nueva York. El Consejo de Seguridad se reunió a las cinco de la tarde (hora de Nueva York) para abordar el asunto a petición de Japón, pero Haley ya dejó clara cuál iba a ser la postura estadounidense. “El lanzamiento del misil de Corea del Norte es inaceptable”, dijo la embajadora, “ha violado todas las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que aprobamos y creo que debemos tomar una decisión fuerte”, recalcó. “Creo que tiene que ocurrir algo serio. Ya basta”, añadió. Los 15 miembros del órgano que vela por la paz y la seguridad adoptaron un comunicado con el que tratan de aislar aún más a Corea del Norte, instando a todos los países que apliquen de forma «estricta, total y rápida» las medidas correctivas ya impuestas por el organismo contra Pyongyang. El documento condena al régimen «por sus acciones indignantes y amenazas contra otro país miembro de la ONU» y reclama a Pyongyang «que cese inmediatamente todo este tipo de acciones».  EE UU pide dureza con Corea del Norte por la amenaza directa a Japón. Gracias a la presión de Washington, el Consejo aprobó el pasado día 5 por unanimidad -es decir, con la bendición de China y Rusia- una ronda de sanciones económicas de calado, que suponían un recorte de exportaciones por valor de 1.000 millones de dólares (una tercera parte del total de ventas al exterior del ya de por sí aislado país). Acto seguido, comenzó el cruce de amenazas entre la dictadura norcoreana y la Administración de Trump que causó una crisis en toda regla. Las aguas se calmaron, pero el problema sigue abierto y sin visos de suavizarse. El desafío de este martes fue mayor esta vez porque el proyectil recorrió más distancia de lo habitual y cruzó territorio de otro país, algo que no ocurría desde 2012. El misil se lanzó alrededor de las 5.57 horas (20.57 GMT del lunes) desde Sunan, un área muy próxima a la capital, Pyongyang. El cohete voló unos 2.700 kilómetros y alcanzó una altitud máxima de unos 550 kilómetros, según datos del Ejército de Corea del Sur citados por la agencia Yonhap. Cruzó los cielos de la isla de Hokkaido, situada en el norte del archipiélago japonés, y cayó al mar a unos 1.200 kilómetros al este del territorio nipón. Con las noticias del lanzamiento aún muy frescas, a primera hora de la mañana en Estados Unidos, la Casa Blanca emitió un comunicado en el que advertía de que “todas las opciones” están sobre la mesa. “Estos actos amenazantes y desestabilizadores solo aumentan el aislamiento del régimen norcoreano en la región y el resto del mundo”, agregaba la declaración del presidente. El ministro portavoz del Gobierno japonés, Yoshihide Suga, aseguró que el lanzamiento no ocasionó ningún daño y que las Fuerzas de Autodefensa, que tienen desplegadas en el territorio varias baterías para interceptar misiles a raíz de la amenaza norcoreana, no intentaron derribar el cohete. No obstante, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, consideró que el lanzamiento es “una amenaza seria, grave y sin precedentes” y mantuvo una conversación telefónica con Trump al respecto. Ambos acordaron “aumentar la presión” contra el régimen, algo que por el momento no solamente no ha llevado a Kim Jong-un a abandonar sus planes de desarrollar armas nucleares, sino que los ha acelerado.