El uruguayo acusado por el secuestro del chileno Eugenio Berríos en 1993 se convirtió en un maestro espiritual

El caso Berríos fue un antes y un después para Tomás Casella.  Extraditado a Chile en 2006 junto a otros dos uruguayos, fue condenado por secuestro y asociación ilícita contra el chileno hace tres años. Hoy, luego de apelar el fallo y a la espera de una resolución de la Corte Suprema, se encuentra en libertad bajo fianza, sin poder salir de ese país. El reiki, actividad con la que sana a decenas de personas, fue el escape que lo hizo sobrellevar la situación para no “victimizarse”. Antes del incidente, el coronel retirado llevaba una vida tranquila. Padre de cinco hijos, y casado en segundas nupcias, su vida oscilaba entre la actividad militar y la comercial, ya que era dueño de La Casa del Enchapado, un comercio mayorista. El caso Berríos, a quien recibió en Uruguay en 1991, lo cambió para siempre. Pero, sobre todo, a partir de la extradición a Chile, ocurrida 15 años después.“Fue partir de cero. Fue un punto de quiebre bien importante en mi vida”, dice a El Observador.Al arribar a Santiago, estuvo cinco meses detenido en la Escuela de Gendarmería, junto al expresidente peruano Alberto Fujimori. El paso de los años le afectó su vida personal: hace cuatro se divorció y no ve tan seguido a sus hijos como desearía. No quiso “echarle la culpa” al caso, “pero la distancia deteriora algunos vínculos”, admite.Ante tanta angustia e “impotencia”, se volcó a algo que había probado antes de que el escándalo trascendiera: el reiki. Es una práctica que  busca la sanación a través de la imposición de manos.Accedió a ese “mundo” a principios de 1992 por el cáncer de un familiar. En Chile también conoció la “sintergética”, una técnica que aborda al ser humano no solo en el plano físico, sino a partir de las emociones y la conciencia.Esta medicina complementaria también lo sanó a él para sobrellevar el caso Berríos. “Me ha ayudado a pasar bien, porque si estuviese aferrado a la injusticia y ‘qué horrible lo que me están haciendo y pensar que hace siete años’ (…) capaz que el alma te manda un maestro y capaz que hoy tenía un cáncer, o vaya saber qué tipo de enfermedad”, sostiene. No obstante, Casella aclara que el reiki no lo ejerce para “resignificar” su vida. “No estoy arrepentido de nada de lo que he hecho porque no hice nada malo como para decir que me estoy resignificando con esta situación. No, por el contrario, creo que si volviera a nacer volvería a ser militar y volvería a vivir las cosas que he vivido”, afirma.Luego de recibirse de maestro de reiki, ha atendido a más de 200 personas y preparado a unas 1.300. Tiene historias dignas de ciencia ficción. Algunas, tildadas de “milagrosas” por quienes no creen en este tipo de medicina alternativa.Una cuenta el caso de una paciente que había quedado ciega a los 50 años. En la clínica que se atendió le diagnosticaron que el daño que tenía en el nervio óptico era irreversible. Fue a visitar a Casella y, después de dos semanas de sesiones,  ya veía al 95%. Luego, “fue a ver al doctor que le había diagnosticado la ceguera: ‘Doctor, me dijo que nunca más iba a ver ¿Y cómo estoy viendo?’ Y le dijo que era un milagro”, narra.Casella relata que ha tratado a personas con todo tipo de enfermedades. Con cáncer, con esclerosis múltiple, con dolores musculares. Busca conocer sus historias de vida para poder sanarlas. A algunas las ha ayudado a sobrevivir pero con otras, por más que lo haya intentado, no tuvo éxito.¿Por qué pasa esto a veces? Dice que cuando una persona recibe un tumor “es un aviso que  hace el alma”.“Y si no aprendes, y sigues aferrada a la situación de vida que te hirió, te manda otra enfermedad. Y cuando te quieres acordar te manda una tercera enfermedad que no sea curable por la medicina. Ahí te está diciendo el alma: o aprendes o me voy, porque no puedo seguir perdiendo el tiempo contigo”, interpreta. Estuvo en contacto con armas y llevó una vida estructurada por su profesión.¿Cómo es la transición de militar a maestro de reiki? Quizá tienes un concepto militar: verde, duro y cuadrado. Y no es así. Nosotros tenemos los mismos sentimientos que tienes tú, o que tiene un médico, o que tiene un maestro de reiki y el que sea”, argumenta.En cada clase de reiki que da, o en las que recibe, no esconde su situación judicial. Siempre deja en claro de dónde es y por qué está en Chile. “Cuando nos presentamos, lo que  digo es: “Yo soy coronel del Ejército de Uruguay, estoy extraditado y condenado por el tema Berríos”. Me presento así. Y nunca nadie me ha rechazado por ningún motivo. Y gente de todo tipo de ideología. Gente que ha venido y me ha dicho: ‘Yo era guerrillero y te quiero agradecer por tu franqueza, tu sinceridad. Del caso prefiere no hablar. Sin embargo, asegura que es inocencia: “Yo me sé inocente y sé a mis camaradas inocentes”. Agrega  que no tiene “ninguna duda” de que la extradición y las condenas son una “tremenda injusticia”. En su opinión siempre se buscó extraerle “un rédito político” al caso. Y se refiere al supuesto delito que se le imputó: “Secuestrar a un hombre que vive en la rambla de Pocitos, que anda solo para todos lados, que la mujer lo va a visitar, que habla todas las semanas por teléfono a Chile, bancado económicamente acá (…) Es un tema pasado y pisado”, remata.Como mínimo, el coronel retirado estima que deben pasar dos años para que termine el proceso. “Y ahí ver qué pasa”, comenta. Extraña mucho a Uruguay.Y siente que “más tarde que temprano o más temprano que tarde” va a retornar al país. “El día en que me digan que me puedo ir, ese mismo día me voy. Pienso volver. Uruguay es mi patria, mi tierra, mi familia, mi arraigo. Es mi lugar”, expresa. El caso Berríos fue un antes y un después para Tomás Casella. Extraditado a Chile en 2006 junto a otros dos uruguayos, fue condenado por secuestro y asociación ilícita contra el chileno hace tres años. Hoy, luego de apelar el fallo y a la espera de una resolución de la Corte Suprema, se encuentra en libertad bajo fianza, sin poder salir de ese país. El reiki, actividad con la que sana a decenas de personas, fue el escape que lo hizo sobrellevar la situación para no “victimizarse”.
Antes del incidente, el coronel retirado llevaba una vida tranquila. Padre de cinco hijos, y casado en segundas nupcias, su vida oscilaba entre la actividad militar y la comercial, ya que era dueño de La Casa del Enchapado, un comercio mayorista. El caso Berríos, a quien recibió en Uruguay en 1991, lo cambió para siempre. Pero, sobre todo, a partir de la extradición a Chile, ocurrida 15 años después.
“Fue partir de cero. Fue un punto de quiebre bien importante en mi vida”, dice a El Observador.
Al arribar a Santiago, estuvo cinco meses detenido en la Escuela de Gendarmería, junto al expresidente peruano Alberto Fujimori.
El paso de los años le afectó su vida personal: hace cuatro se divorció y no ve tan seguido a sus hijos como desearía. No quiso “echarle la culpa” al caso, “pero la distancia deteriora algunos vínculos”, admite.

El caso Berríos fue un antes y un después para Tomás Casella.  Extraditado a Chile en 2006 junto a otros dos uruguayos, fue condenado por secuestro y asociación ilícita contra el chileno hace tres años. Hoy, luego de apelar el fallo y a la espera de una resolución de la Corte Suprema, se encuentra en libertad bajo fianza, sin poder salir de ese país. El reiki, actividad con la que sana a decenas de personas, fue el escape que lo hizo sobrellevar la situación para no “victimizarse”. Antes del incidente, el coronel retirado llevaba una vida tranquila. Padre de cinco hijos, y casado en segundas nupcias, su vida oscilaba entre la actividad militar y la comercial, ya que era dueño de La Casa del Enchapado, un comercio mayorista. El caso Berríos, a quien recibió en Uruguay en 1991, lo cambió para siempre. Pero, sobre todo, a partir de la extradición a Chile, ocurrida 15 años después.“Fue partir de cero. Fue un punto de quiebre bien importante en mi vida”, dice a El Observador.Al arribar a Santiago, estuvo cinco meses detenido en la Escuela de Gendarmería, junto al expresidente peruano Alberto Fujimori. El paso de los años le afectó su vida personal: hace cuatro se divorció y no ve tan seguido a sus hijos como desearía. No quiso “echarle la culpa” al caso, “pero la distancia deteriora algunos vínculos”, admite.Ante tanta angustia e “impotencia”, se volcó a algo que había probado antes de que el escándalo trascendiera: el reiki. Es una práctica que  busca la sanación a través de la imposición de manos.Accedió a ese “mundo” a principios de 1992 por el cáncer de un familiar. En Chile también conoció la “sintergética”, una técnica que aborda al ser humano no solo en el plano físico, sino a partir de las emociones y la conciencia.Esta medicina complementaria también lo sanó a él para sobrellevar el caso Berríos. “Me ha ayudado a pasar bien, porque si estuviese aferrado a la injusticia y ‘qué horrible lo que me están haciendo y pensar que hace siete años’ (…) capaz que el alma te manda un maestro y capaz que hoy tenía un cáncer, o vaya saber qué tipo de enfermedad”, sostiene. No obstante, Casella aclara que el reiki no lo ejerce para “resignificar” su vida. “No estoy arrepentido de nada de lo que he hecho porque no hice nada malo como para decir que me estoy resignificando con esta situación. No, por el contrario, creo que si volviera a nacer volvería a ser militar y volvería a vivir las cosas que he vivido”, afirma.Luego de recibirse de maestro de reiki, ha atendido a más de 200 personas y preparado a unas 1.300. Tiene historias dignas de ciencia ficción. Algunas, tildadas de “milagrosas” por quienes no creen en este tipo de medicina alternativa.Una cuenta el caso de una paciente que había quedado ciega a los 50 años. En la clínica que se atendió le diagnosticaron que el daño que tenía en el nervio óptico era irreversible. Fue a visitar a Casella y, después de dos semanas de sesiones,  ya veía al 95%. Luego, “fue a ver al doctor que le había diagnosticado la ceguera: ‘Doctor, me dijo que nunca más iba a ver ¿Y cómo estoy viendo?’ Y le dijo que era un milagro”, narra.Casella relata que ha tratado a personas con todo tipo de enfermedades. Con cáncer, con esclerosis múltiple, con dolores musculares. Busca conocer sus historias de vida para poder sanarlas. A algunas las ha ayudado a sobrevivir pero con otras, por más que lo haya intentado, no tuvo éxito.¿Por qué pasa esto a veces? Dice que cuando una persona recibe un tumor “es un aviso que  hace el alma”.“Y si no aprendes, y sigues aferrada a la situación de vida que te hirió, te manda otra enfermedad. Y cuando te quieres acordar te manda una tercera enfermedad que no sea curable por la medicina. Ahí te está diciendo el alma: o aprendes o me voy, porque no puedo seguir perdiendo el tiempo contigo”, interpreta. Estuvo en contacto con armas y llevó una vida estructurada por su profesión.¿Cómo es la transición de militar a maestro de reiki? Quizá tienes un concepto militar: verde, duro y cuadrado. Y no es así. Nosotros tenemos los mismos sentimientos que tienes tú, o que tiene un médico, o que tiene un maestro de reiki y el que sea”, argumenta.En cada clase de reiki que da, o en las que recibe, no esconde su situación judicial. Siempre deja en claro de dónde es y por qué está en Chile. “Cuando nos presentamos, lo que  digo es: “Yo soy coronel del Ejército de Uruguay, estoy extraditado y condenado por el tema Berríos”. Me presento así. Y nunca nadie me ha rechazado por ningún motivo. Y gente de todo tipo de ideología. Gente que ha venido y me ha dicho: ‘Yo era guerrillero y te quiero agradecer por tu franqueza, tu sinceridad. Del caso prefiere no hablar. Sin embargo, asegura que es inocencia: “Yo me sé inocente y sé a mis camaradas inocentes”. Agrega  que no tiene “ninguna duda” de que la extradición y las condenas son una “tremenda injusticia”. En su opinión siempre se buscó extraerle “un rédito político” al caso. Y se refiere al supuesto delito que se le imputó: “Secuestrar a un hombre que vive en la rambla de Pocitos, que anda solo para todos lados, que la mujer lo va a visitar, que habla todas las semanas por teléfono a Chile, bancado económicamente acá (…) Es un tema pasado y pisado”, remata.Como mínimo, el coronel retirado estima que deben pasar dos años para que termine el proceso. “Y ahí ver qué pasa”, comenta. Extraña mucho a Uruguay.Y siente que “más tarde que temprano o más temprano que tarde” va a retornar al país. “El día en que me digan que me puedo ir, ese mismo día me voy. Pienso volver. Uruguay es mi patria, mi tierra, mi familia, mi arraigo. Es mi lugar”, expresa. El caso Berríos fue un antes y un después para Tomás Casella. Extraditado a Chile en 2006 junto a otros dos uruguayos, fue condenado por secuestro y asociación ilícita contra el chileno hace tres años. Hoy, luego de apelar el fallo y a la espera de una resolución de la Corte Suprema, se encuentra en libertad bajo fianza, sin poder salir de ese país. El reiki, actividad con la que sana a decenas de personas, fue el escape que lo hizo sobrellevar la situación para no “victimizarse”.

Antes del incidente, el coronel retirado llevaba una vida tranquila. Padre de cinco hijos, y casado en segundas nupcias, su vida oscilaba entre la actividad militar y la comercial, ya que era dueño de La Casa del Enchapado, un comercio mayorista. El caso Berríos, a quien recibió en Uruguay en 1991, lo cambió para siempre. Pero, sobre todo, a partir de la extradición a Chile, ocurrida 15 años después.

“Fue partir de cero. Fue un punto de quiebre bien importante en mi vida”, dice a El Observador.

Al arribar a Santiago, estuvo cinco meses detenido en la Escuela de Gendarmería, junto al expresidente peruano Alberto Fujimori.

El paso de los años le afectó su vida personal: hace cuatro se divorció y no ve tan seguido a sus hijos como desearía. No quiso “echarle la culpa” al caso, “pero la distancia deteriora algunos vínculos”, admite.