Golpe mortal al cartel mexicano más sanguinario

La detención de Miguel Ángel Treviño Morales, líder de los Zetas, marca el ocaso de este grupo y supone el primer golpe del Gobierno de Peña Nieto contra el narcotráfico.
Fuerzas de la Marina mexicana asestaron el lunes un golpe probablemente definitivo al cartel de Los Zetas, la organización de narcotraficantes más sanguinaria del país, con la detención de su actual líder, Miguel Ángel Treviño, alias el Z-40, en Nuevo Laredo, ciudad del Estado de Tamaulipas fronteriza con Estados Unidos. Su captura es también el primer gran éxito del Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto contra el narcotráfico en un momento en el que cundían las dudas sobre la eficacia de su nueva estrategia de seguridad.
La caída del Z-40, conocido por la brutalidad y sadismo con que eliminaba a sus enemigos —desmembrándolos o quemándolos vivos— , marca el final de un cartel muy debilitado desde la muerte de su anterior jefe, Heriberto Lazcano Lazcano, en la ciudad de Progreso (Coahuila) en octubre del año pasado. “Es el último clavo en el ataúd de Los Zetas como organización cohesionada a nivel nacional”, afirma el experto en seguridad Alejandro Hope, del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).
“Seguirá habiendo zetas, células criminales errantes que adapten ese nombre porque la marca tiene valor”, añade este analista, “pero no existirá más como organización coherente”. El vacío de poder tras la detención del Z-40 generará probablemente, según consenso de los expertos, más violencia, sobre todo en Nuevo Laredo y Piedras Negras, localidades fronterizas con EE UU y bases de la influencia de Los Zetas en los últimos años.

La detención de Miguel Ángel Treviño Morales, líder de los Zetas, marca el ocaso de este grupo y supone el primer golpe del Gobierno de Peña Nieto contra el narcotráfico.

Fuerzas de la Marina mexicana asestaron el lunes un golpe probablemente definitivo al cartel de Los Zetas, la organización de narcotraficantes más sanguinaria del país, con la detención de su actual líder, Miguel Ángel Treviño, alias el Z-40, en Nuevo Laredo, ciudad del Estado de Tamaulipas fronteriza con Estados Unidos. Su captura es también el primer gran éxito del Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto contra el narcotráfico en un momento en el que cundían las dudas sobre la eficacia de su nueva estrategia de seguridad.

La caída del Z-40, conocido por la brutalidad y sadismo con que eliminaba a sus enemigos —desmembrándolos o quemándolos vivos— , marca el final de un cartel muy debilitado desde la muerte de su anterior jefe, Heriberto Lazcano Lazcano, en la ciudad de Progreso (Coahuila) en octubre del año pasado. “Es el último clavo en el ataúd de Los Zetas como organización cohesionada a nivel nacional”, afirma el experto en seguridad Alejandro Hope, del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO).

“Seguirá habiendo zetas, células criminales errantes que adapten ese nombre porque la marca tiene valor”, añade este analista, “pero no existirá más como organización coherente”. El vacío de poder tras la detención del Z-40 generará probablemente, según consenso de los expertos, más violencia, sobre todo en Nuevo Laredo y Piedras Negras, localidades fronterizas con EE UU y bases de la influencia de Los Zetas en los últimos años.