Para los cubanos, el mensaje del gobierno es claro: compórtense durante la visita de Obama

(The New York Times)
LA HABANA – Elizardo Sánchez voló el sábado a La Habana, desde Miami, para asistir a la reunión que el Presidente Barack Obama tendrá el martes con un grupo de disidentes cubanos invitados por la Embajada de los Estados Unidos. Pero en el aeropuerto, los funcionarios cubanos decidieron que tendría que esperar.
Dijo que fue separado de su esposa, lo metieron en una habitación fría, sin ventanas, y le dijeron que no estaba “detenido”, más bien “retenido”.
“¿Puedo hacer una llamada telefónica?”, preguntó mientras los funcionarios sacaban copias de todos los documentos que llevaba. “No”, fue la respuesta de los oficiales cubanos.
Tres horas y media después, Sánchez, quien dirige la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional y tiene una posición crítica respecto al gobierno de Raúl Castro, fue puesto en libertad. Estaba enfadado, pero la situación no le sorprendió.
“Es el clima de intimidación que el gobierno está creando para la visita de Obama”, dijo en el patio de su casa en La Habana. “Hay docenas de casos”.
La seguridad y el control son fundamentales en todos los países que Obama visita. Pero Cuba –un Estado policial que todavía está tratando de definir cómo va a ser su apertura con el mundo y con su propio pueblo– ha reforzado todas las medidas de seguridad para evitar sorpresas vergonzosas.
A unas horas de que el avión presidencial aterrizara en el Aeropuerto Internacional José Martí, los desafíos de una relación más cercana con Cuba se hicieron evidentes cuando un grupo de policías, rodeados por manifestantes oficialistas, detuvo a docenas que participaban en la marcha de las Damas de Blanco, un conocido grupo disidente.
Sin importar lo que Obama diga sobre la libertad durante su estancia de tres días en la isla, se espera que los cubanos de todas las edades e ideologías se comporten. “El gobierno de Cuba es como un padre”, dijo Carlos Alzugaray Treto, un exdiplomático cubano que escribe sobre las dinámicas políticas de su país. “Fuerte, pero preocupado por la familia”.
Durante décadas, los funcionarios cubanos han tratado las interacciones con Estados Unidos como una prueba de soberanía, y su enfoque sobre la visita de Obama es que será un esfuerzo por proyectar la competencia, confianza y el nuevo compromiso con la amistad entre ambas naciones.
La propaganda ha cambiado. Las enormes vallas contra el imperialismo que hace unos meses estaban por todas partes ahora denuncian la violencia contra las mujeres, entre otros males. Y de repente el embellecimiento compite con la decadencia.
Sánchez, quien le dedica mucho tiempo al registro y seguimiento de detenciones como la que sufrió el sábado, dijo que el gobierno ha intensificado su campaña de intimidación, por lo que ha ejecutado más de mil detenciones mensuales en el periodo previo a la visita de Obama. Solo en las dos primeras semanas de marzo hubo 526 detenciones, comentó.
“En este momento lo que se ve es la represión preventiva, para que a nadie se le ocurra decirle nada a Obama mientras está aquí”, dijo.
Sánchez será uno de los disidentes que tendrá un encuentro con el mandatario estadounidense en la Embajada de Estados Unidos. Otras personas invitadas a la reunión son la periodista y bloguera Yoani Sánchez; la líder de las Damas de Blanco, Berta Soler, y activistas como Manuel Cuesta, Antonio Rodiles y Dagoberto Valdés, entre otros.
Pero más allá del discurso que Obama pronunciará el martes, y que será transmitido por la televisión nacional, no queda claro hasta qué punto los cubanos podrán verlo o escucharlo.
Un joven reportero que trabaja para un importante medio estatal dijo que hace dos semanas lo llevaron a una sala junto con sus colegas y les recordaron que todo lo que publicaran en las redes sociales durante la visita de Obama en Cuba podría tener consecuencias. No deben publicar fotografías, comentarios, ni tener entrevistas con periodistas extranjeros, ni siquiera conversaciones privadas con amigos.