De termoeléctrica a centro de escalada para crear inclusión social en Uruguay

Sarah Yáñez Richards – Montevideo, 13 ene (EFE)

Cada mes, cientos de niños y adolescentes de bajos recursos practican en Uruguay la escalada sobre los 20 metros de pared de lo que en 1898 fue la primera planta termoeléctrica del país y hoy es un peculiar centro deportivo. En el siglo XX esta central quedó en desuso y durante 40 años su interior solo guardó escombros, hasta que en el 2016 la institución sin fin de lucro La Muralla se propuso transformar el local en un polideportivo. Después de dos años y tres meses de trabajo y de sacar 6 millones de litros de agua y 1.500 metros cúbicos de escombros, el local cuenta con varias rutas de escalada en horizontal y vertical, una pared de extraplomo, una cama elástica y tirolesas, entre otros juegos de altura. Eso solo es el principio, ya que el objetivo de La Muralla es hacer que en unos años en el centro también haya un gimnasio, una cancha de baloncesto, una piscina semiolímpica, un teatro y una colonia de vacaciones para que los chicos de menos recursos que viven en el interior del país puedan visitar la capital y escalar. Así lo detalló a Efe el presidente de la fundación, Pablo Turielle, quien recalcó que la institución no quiere “cosas pobres para niños pobres”, sino “lo mejor”. En este espacio no solo tienen las puertas abiertas los alrededor de 600 jóvenes del Instituto del Niño y Adolescente de Uruguay (Inau) que acuden cada mes o los miembros más jóvenes de la Asociación Down del Uruguay, sino también todo aquel que quiera participar, pues el objetivo es crear “inclusión social directa”. “Lo que hacemos es generar lugares donde la comunidad quiera venir a usar el espacio deportivo, recreativo y cultural, pero tiene que compartir el centro con los chicos de nuestros programas”, explicó Turielle. En ese sentido, el también escalador detalló que mediante este sistema, los miembros del Inau “aprenden a conectarse de diferente forma con la comunidad” y que así se fomenta un espacio “donde los chicos sientan la necesidad de ver cómo actúa el resto de la comunidad”. Por ello, el gerente, que vestía un polo azul en el que se podía leer: “Preferiría estar escalando…”, defendió que no quiere que la “comunidad pague con dinero, sino que pague con su presencia”. Turielle sabe de lo que habla, él vivió en uno de los hogares institucionales de Inau de los 3 a los 7 años y en la “calle antes y después”. Según relató, el “hambre” por la vida y su futuro le entró gracias a compartir pupitre con estudiantes de clase media y alta. “Eso me generó el hambre a mí para poder estudiar, para poder formarme, para poder ver el horizonte y no quedarme en esa posición en donde el Estado me tiene que proveer y yo no tengo que hacer nada para cambiar mi realidad”, subrayó el uruguayo. De acuerdo con Turielle, hoy en día en las aulas de los centros educativos públicos del país no se da esa mezcla, por lo que los jóvenes que viven en asentamientos o tienen recursos bajos no pueden ver otras realidades. En lo referente a la escalada, recalcó que este deporte puede ayudara cambiar los paradigmas de los niños y adolescentes que asisten al centro, pues es una actividad que ayuda a generar confianza en otras personas, sube la autoestima e incluso puede ayudar a valorar más a las mujeres. “Es un deporte estimulante, entretenido, propone continuos desafíos, combina movimiento gimnásticos y control mental, convirtiéndose en un actividad espectacular”, afirmó Turielle. El compañerismo es otra de las características de esta modalidad, ya que cuando uno se sube a una pared tiene que confiar en su asegurador, que es el que le parará de una caída o le ayudará a bajar de la pared cuando este haya terminado de subir. “Trabajamos mucho con chicos de calle, donde lo más importante que tienen es su vida y es muy difícil que aprendan a delegar”, explicó el experto, quien matizó que el escalador no tiene otra opción que ceder su vida, confiar y delegar en su compañero. Asimismo, destacó que la escalada es un “proceso personal” en el que se van viendo los frutos a medida de lo que uno se esfuerza y que a diferencia de otros deportes en la escalada uno compite con sí mismo, por lo que no se genera rivalidad. Por último, Turielle destacó que “también puede servir para cambiar el paradigma de lo que es una mujer, de lo que es un hombre y de las posibilidades que tiene cada uno.” “Si vemos que existe una diferencia de estima del chico hacia la chica, hacemos que las chicas puedan hacer actividades o gestos motrices que el varón no puede hacer o le dificulta mucho hacer. Y ahí les cambia la idea, el varón dice: “¿Pero que pasó acá? Ella es más débil que yo y puede hacerlo y yo no”, añadió. Con dicha apuesta, los instructores de La muralla tratan de “jugar desde ese lugar para instalar y reivindicar la figura femenina”, concluyó el deportista. EFE







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