Expertos indiferentes a las medidas del Banco Central del Uruguay esperan mayor inflación

El dólar cerró por debajo de $ 20 en Uruguay y aumenta la brecha competitiva con Brasil. El BCU divulgó la encuesta de expectativas.
Pese a la ofensiva del Banco Central para alinear la evolución de los precios al rango objetivo, los analistas locales corrigieron al alza sus previsiones de inflación, echando por tierra la capacidad del Central para incidir en las expectativas de los agentes. Aun así, el mercado sigue pasando factura a la política de suba de tasas en términos de competitividad y el precio del dólar cerró ayer por debajo de los $ 20.
“Una política monetaria más contractiva es importante para canalizar las expectativas de inflación hacia el objetivo meta”, explicó el jueves el director de la Asesoría Macroeconómica del Ministerio de Economía, Andrés Masoller, en una nota periodística del portal en internet de Presidencia de la República.
De hecho, en su reunión trimestral el Comité de Política Monetaria justificó la suba de tasas de un cuarto de punto porcentual –a 9% anual– en que “tanto la tasa de inflación efectiva como las expectativas de los agentes se mantienen notoriamente por encima del rango objetivo”.
En la encuesta de setiembre de expectativas de los economistas e instituciones financieras que realiza la autoridad monetaria, los expertos esperaban una inflación interanual de 7,8% para el cierre de este año y de 7,1% a 18 meses –horizonte de relevancia para el Copom–. Luego de conocida la decisión de las autoridades, los expertos no ajustaron a la baja sus perspectivas de evolución de los precios. Muy por el contrario, en el sondeo de octubre –divulgado ayer– aumentaron a 8,3% sus expectativas para el cierre de 2012 y a 7,3% sus perspectivas a 18 meses. Las expectativas de los agentes se siguen alejando del rango objetivo de entre 4% y 6% que mantienen las autoridades, indiferentes a la cruzada del BCU por aplacar el alza de precios.
Según explicó a El Observador el economista Pablo Moya, de la consultora Oikos, su modelo de proyección no se vio afectado por la política del BCU. “La tasa de interés ha sido muy poco efectiva como canal directo para contener la suba generalizada de los precios”, explicó. La opinión general de los economistas es que la suba de tasas de interés de referencia tiene dos efectos antiinflacionarios: uno de corto plazo –a través del tipo de cambio– y otro de largo aliento –por medio de la demanda interna–.
El primero está vinculado con la baja del dólar. Desde el 28 de julio el billete verde se abarató 4,58% en la plaza doméstica, lo que implica una baja de casi un peso en pizarra en solo 15 días. Ayer traspasó la barrera de los
$ 20, cotizando a $ 19,96 en la última operación interbancaria. Eso implica que los bienes importados se abaratan, reduciendo las presiones inflacionarias en algunos rubros de la canasta de consumo.
Pero ese efecto es un salto de una única vez y no reduce las presiones en el núcleo duro de los precios. El economista Alejandro Cavallo de Equipos consultores dijo que “la baja del precio del dólar impacta solo en los bienes transables y no en los no transables”, que son los que están empujando al alza los precios. “El efecto es de corto plazo y no alcanza para mover las expectativas de largo plazo”, explicó.
Los bienes y servicios domésticos vienen subiendo a tasas anuales superiores a 10%. Según datos a setiembre del Instituto Nacional de Estadística (INE), la salud y la educación se encarecieron 11,1% y 12,3%, respectivamente, mientras que restaurante y hoteles subieron 10,9%. “A la política monetaria le pedimos que haga un esfuerzo muy grande, cuando el partido se juega en la política salarial”, explicó Ramón Pampín, gerente de la consultora PwC.
El segundo canal de transmisión de la política monetaria, el de más largo plazo, no tiene un efecto significativo en Uruguay. Según explicó el Centro de Investigación Económica (Cinve) en un comunicado, una vez conocida la decisión del Copom de elevar la tasa, “más allá del efecto sobre el tipo de cambio, no parece factible que el aumento de tasa actúe rápidamente sobre la demanda interna cuando ésta se sustenta principalmente en un fuerte incremento del poder adquisitivo de los trabajadores”.
Los manuales de macroeconomía hablan de un traslado en el mediano plazo de la suba de la tasa de política monetaria al sistema bancario en su conjunto. De esa manera, el crédito se encarece y se propicia el ahorro de los agentes económicos, reduciendo la demanda interna. Sin embargo, la realidad uruguaya impone algunos peros. La elevada dolarización y la concentración de la actividad bancaria dificultan el pasaje de tasas.
Y sin embargo, los costos siguen siendo altos. Brasil decidió el jueves reducir su tasa de referencia, lo que ensanchó la brecha de política monetaria entre ambos países y propició una fuerte apreciación del dólar. Eso llevó a que el dólar en Brasil subiera 1,1% en la semana mientras que en Uruguay cayó 2,7%, aumentando la pérdida de competitividad frente al principal socio comercial del país. En octubre los economistas pasaron de esperar un dólar a $ 21,2 para fin de año, a $ 20,65.
(fuente: El Observador)

El dólar cerró por debajo de $ 20 en Uruguay y aumenta la brecha competitiva con Brasil. El BCU divulgó la encuesta de expectativas.

Pese a la ofensiva del Banco Central para alinear la evolución de los precios al rango objetivo, los analistas locales corrigieron al alza sus previsiones de inflación, echando por tierra la capacidad del Central para incidir en las expectativas de los agentes. Aun así, el mercado sigue pasando factura a la política de suba de tasas en términos de competitividad y el precio del dólar cerró ayer por debajo de los $ 20.

“Una política monetaria más contractiva es importante para canalizar las expectativas de inflación hacia el objetivo meta”, explicó el jueves el director de la Asesoría Macroeconómica del Ministerio de Economía, Andrés Masoller, en una nota periodística del portal en internet de Presidencia de la República.

De hecho, en su reunión trimestral el Comité de Política Monetaria justificó la suba de tasas de un cuarto de punto porcentual –a 9% anual– en que “tanto la tasa de inflación efectiva como las expectativas de los agentes se mantienen notoriamente por encima del rango objetivo”.

En la encuesta de setiembre de expectativas de los economistas e instituciones financieras que realiza la autoridad monetaria, los expertos esperaban una inflación interanual de 7,8% para el cierre de este año y de 7,1% a 18 meses –horizonte de relevancia para el Copom–. Luego de conocida la decisión de las autoridades, los expertos no ajustaron a la baja sus perspectivas de evolución de los precios. Muy por el contrario, en el sondeo de octubre –divulgado ayer– aumentaron a 8,3% sus expectativas para el cierre de 2012 y a 7,3% sus perspectivas a 18 meses. Las expectativas de los agentes se siguen alejando del rango objetivo de entre 4% y 6% que mantienen las autoridades, indiferentes a la cruzada del BCU por aplacar el alza de precios.

Según explicó a El Observador el economista Pablo Moya, de la consultora Oikos, su modelo de proyección no se vio afectado por la política del BCU. “La tasa de interés ha sido muy poco efectiva como canal directo para contener la suba generalizada de los precios”, explicó. La opinión general de los economistas es que la suba de tasas de interés de referencia tiene dos efectos antiinflacionarios: uno de corto plazo –a través del tipo de cambio– y otro de largo aliento –por medio de la demanda interna–.

El primero está vinculado con la baja del dólar. Desde el 28 de julio el billete verde se abarató 4,58% en la plaza doméstica, lo que implica una baja de casi un peso en pizarra en solo 15 días. Ayer traspasó la barrera de los

$ 20, cotizando a $ 19,96 en la última operación interbancaria. Eso implica que los bienes importados se abaratan, reduciendo las presiones inflacionarias en algunos rubros de la canasta de consumo.

Pero ese efecto es un salto de una única vez y no reduce las presiones en el núcleo duro de los precios. El economista Alejandro Cavallo de Equipos consultores dijo que “la baja del precio del dólar impacta solo en los bienes transables y no en los no transables”, que son los que están empujando al alza los precios. “El efecto es de corto plazo y no alcanza para mover las expectativas de largo plazo”, explicó.

Los bienes y servicios domésticos vienen subiendo a tasas anuales superiores a 10%. Según datos a setiembre del Instituto Nacional de Estadística (INE), la salud y la educación se encarecieron 11,1% y 12,3%, respectivamente, mientras que restaurante y hoteles subieron 10,9%. “A la política monetaria le pedimos que haga un esfuerzo muy grande, cuando el partido se juega en la política salarial”, explicó Ramón Pampín, gerente de la consultora PwC.

El segundo canal de transmisión de la política monetaria, el de más largo plazo, no tiene un efecto significativo en Uruguay. Según explicó el Centro de Investigación Económica (Cinve) en un comunicado, una vez conocida la decisión del Copom de elevar la tasa, “más allá del efecto sobre el tipo de cambio, no parece factible que el aumento de tasa actúe rápidamente sobre la demanda interna cuando ésta se sustenta principalmente en un fuerte incremento del poder adquisitivo de los trabajadores”.

Los manuales de macroeconomía hablan de un traslado en el mediano plazo de la suba de la tasa de política monetaria al sistema bancario en su conjunto. De esa manera, el crédito se encarece y se propicia el ahorro de los agentes económicos, reduciendo la demanda interna. Sin embargo, la realidad uruguaya impone algunos peros. La elevada dolarización y la concentración de la actividad bancaria dificultan el pasaje de tasas.

Y sin embargo, los costos siguen siendo altos. Brasil decidió el jueves reducir su tasa de referencia, lo que ensanchó la brecha de política monetaria entre ambos países y propició una fuerte apreciación del dólar. Eso llevó a que el dólar en Brasil subiera 1,1% en la semana mientras que en Uruguay cayó 2,7%, aumentando la pérdida de competitividad frente al principal socio comercial del país. En octubre los economistas pasaron de esperar un dólar a $ 21,2 para fin de año, a $ 20,65.

(fuente: El Observador)







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