Sanguinetti, Lacalle y Batlle criticaron al Gobierno

Los ex presidentes de la República Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle y Jorge Batlle, dirigentes de los partidos tradicionales, expusieron duras críticas al Gobierno de José Mujica, por la política de educación y los planes de subsidios del Ministerio de Desarrollo Social (Mides).

Los ex presidentes Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle y Jorge Batlle, expusieron en el almuerzo mensual de la Asociación de Dirigentes de Marketing (ADM). La exposición fue sobre el futuro y los desafíos para el Uruguay. Los tres ex jefes de Estado coincidieron que la educación es clave para el país y que en ese sector hay un retroceso que complica el desarrollo.

También coincidieron en cuestionar la iniciativa del presidente Mujica para gravar las tierras. Batlle dijo que la propuesta era un “mamarracho”.

Jorge Batlle criticó la actitud de la jueza Mariana Mota, que trabaja en casos de ex militares vinculados a violaciones de derechos humanos en la última dictadura, respecto a sus argumentos de que un acusado “debe probar su inocencia”. Battle calificó esta postura como “fascismo puro y totalitarismo”.

“En términos judiciales, legales, jurídicos, de la división de poderes, esta sentencia y esta conducta es facismo puro, totalitario y autoritarista y la rechazamos como contraria a las buenas normas del Uruguay”

El expresidente, que administró al país durante el período entre 2000 y 2005, también reprochó la política de subsidios del Mides: “El trabajo es una libertad que libera, es una libertad creadora. Aquí, como diría Octavio Paz estamos con ‘logro filantrópico’ repartiendo plata a gente que puede trabajar.

Ya van seis años de cobrar todos los meses, cuando vayan 10 años, concluida la etapa de este Gobierno, yo me pregunto: ¿dónde quedan los hábitos de trabajo? Que el Estado ayude es necesario, pero también es imprescindible que e Estado ayude a tener conocimiento y oportunidades para que la gente no sienta que el Estado se transforma en un patrono, a tal punto que hoy tenemos esclavos administrativos del Gobierno de turno”.

 

Por su parte, Luis Alberto Lacalle, presidente de la República entre 1990 y 1995, destacó la necesidad de alcanzar una unidad nacional: “El país somos todos nosotros. Donde comencemos a hablar de ellos y de nosotros vamos a estar ingiriendo en un daño grave a esa unidad nacional. No queremos de nuevo ni 1963, ni 1973, con una experiencia de minorías soberbias de un lado y de otro alcanzó para nuestro país y las heridas todavía las tenemos que sanar”.

 

A su vez, remarcó los cuidados que hay que tener en la política económica en tiempos de bonanza: “No podemos seguir haciendo del tipo de cambio la única variable de ajuste cuando se asoman temores sobre la inflación. Pero sobre todo cuidado con que venga un tropezón económico internacional porque en la situación que estamos no va a ser fácil aguantarlo y sujetarlo manteniendo nuestra situación económica actual”.

 

En tanto, Julio María Sanguinetti dijo que coincidía con todo lo dicho por sus colegas y su discurso comenzó con una broma: “Ya escucharon Pavarotti, a Plácido Domingo, ahora entra el tercer tenor. Para empezar les digo que las gratas melodías que he escuchado han sonado con muchos beneplácitos en mis oídos. Comparto todas y cada una de las palabras que aquí se han dicho”.

 

El presidente durante los períodos 1985-1990 y 1995-2000, manifestó preocupación por la “inconsistencia de políticas macroeconómicas” del Gobierno: “Todos sabemos por la experiencia que la política fiscal tiene que tener necesariamente un rol acorde, no se puede imaginar una política monetaria o cambiaria sino está acompasada con una política fiscal y con una política presupuestal. Porque luego vienen las distorsiones que terminan inevitablemente en situaciones críticas. Eso me parece fundamental. Y por eso yo me horrorizo cuando oigo hablar todavía de espacios fiscales en el mismo momento que se están proponiendo impuestos para financiar dos carreteras”.

 

Por último, advirtió que el debate sobre la posible anulación de la ley de Caducidad generó daños a la imagen del país: “Todo este debate nos ha hecho mucho más daño de lo que parece. No por el tema en sí, sino porque en todas partes lo que se ha observado es cómo el Estado uruguayo, siempre respetado por su fidelidad a las normas, se aproximaba por impulso del Gobierno a violar y desobedecer dos mandatos populares. Y aún en Argentina, donde nos quieren bien y hasta a veces nos sobrevalúan admirativamente, este debate ha puesto una nota de dudas sobre la credibilidad de nuestros Estado de derecho”, concluyó