Boda Acosta – Costa

El pasado 16 de julio en la Catedral San Juan Bautista fue bendecida la boda de Marcelo Sebastián Acosta Cavallo y Natalia Soledad Costa Ifrán, siendo acompañados por múltiples amistades y familiares, con su presencia les testimoniaron su afecto.

El templo lució una delicada decoración, sobre el altar una base de porcelana con forma de abanico sostenía claveles blancos y rojos con ilusión y follaje, en el presbiterio habían dos altos pedestales con idénticas flores y cascada de hiedras, mientras que los bancos fueron delineados con cordones, ramilletes de ilusión enlazadas con cintas y moños.

A la hora señalada y mientras se escuchaban los acordes de la marcha nupcial vimos pasar a la joven novia del brazo de su papá Carlos Costa, vistió modelo de ceremonia interpretado en piel de ángel color marfil, el corsage de breteles finos revestido de tul  ricamente bordado en pailletes y perlas, señala el talle faja ancha drapeada con una flor al costado, desde allí nace amplia falda se extiende al dorso en importante traine, se abrigó con chaqueta de piel color natural, guantes largos igualmente bordados y ramo de rosas color marfil e ilusión, en sus cabellos lució tocado realizado con canutillos y mostacillas con forma de flor de donde se desprende el velo largo de tul ilusión.

Se le adelantó a su paso llevando los anillos el pequeño Lautaro Acosta Costa, hijo de ambos contrayentes.

En el altar la esperaban su esposo junto a los padrinos que fueron: Carlos Ramón Costa, María Inés Ifrán, María Graciela Cavallo y Francisco Acosta. Durante la ceremonia el sacerdote oficiante Gustavo Langone bendijo la unión con emotivas y elocuentes palabras, versó su homilía en un canto del Cantar de los Cantares, fue secundado en la lectura bíblica por Susana Moreno, los momentos más significativos fueron señalados por la voz y guitarra de Natalia Quiró Saldanha.

Muy elegantes vistieron las madres, la mamá de la novia vistió modelo largo de mangas alas realizado en gasa verde, bustier revestido de gasa bordada en pilletes, señala el talle imperio galón ancho recamado en pailletes al tono y algo de dorado, de donde se desprenden cintas hacia la falda de suave movimiento.

La mamá de novio lució  vestido largo y chaqueta de satén revestido de gasa bordada en piedras.

Finalizado el ritual la gentil pareja se ausentó hasta el atrio donde fueron efusivamente saludados, posteriormente con una reunión en el Salto Polo Club fue celebrado el acontecimiento. Los colores de la decoración fueron el bordeaux y marfil, allí se veía el techo todo entelado de donde colgaban globos chinos blancos de diferentes diseños, en la entrada se improvisó un techo con cañas tacuaras, telas y globos chinos verdes, desde allí nacía una alfombra roja que culminaba junto a la mesa principal.

Los invitados se ubicaron en torno a mesas tendidas con manteles marfil y cubre Bordeaux, los centros eran grandes transparencias circulares con velones dorados encendidos y lo novedoso del diseño es que estas esferas estaban colgantes sobre cada mesa. Hubo un sector de living alfombrado de negro con barra de tragos y otro sector de living para los que desearan tomar té o café y disfrutar de la estufa encendida.

Luego del vals iniciado por los noveles esposos y luego de intercambiar parejas con familiares y amistades por varios minutos el baile se generalizó disfrutando todos de la alegría de la noche en un ambiente muy cálido, sobre la madrugada se repartió el cotillón y se hicieron juegos de luces intermitentes.

Llegado el momento de elevar las copas en el brindis compartido tomó mayor relevancia la mesa principal donde estaba la torta de cumpleaños compuesta de tres pisos con forma de corazones ubicados escalonadamente sobre un tubo de cristal, los pisos decorados en banco o marfil y detalles de guías en pequeñísimas flores amarillas muy tenue, en el último estaba la parejita de novios, acompañaba destacado arreglo de rosas en composée de color.

Recibió la pareja innumerables finos y prácticos obsequios que pasaron alhajar el nuevo hogar.