Boda Francia Panozzo – Albernaz Olivera

En el Juzgado de Paz firmaron el acta que acredita su matrimonio Alejandro Francia Panozzo y María Fernanda Albernaz Olivera, fueron testigos: Andrea Francia, Matías Albernaz, Javier Francia  y Amelia Albernaz. Dos días después en la Catedral San Juan Bautista se consagró el hogar, el sacerdote oficiante fue el Padre Fernando Pigurina.
El templo lució una delicada decoración en base a flores naturales blancas, liliums y rosas unidos a follaje, mientras que a los costados de los bancos del sendero principal colgaban esferas de flores de papel.
Una parejita de niños Estefi y Juan Ignacio precedieron a la novia en su paso al altar del brazo de su papá, allí la esperaba el novio junto a los padrinos de boda, sus padres, Fernando Albernaz Carbajal y Gladys Panozzo quien vistió modelo largo azul marino, Jorge franci y Sara Olivera, con vestido largo lila de estilo griego con una flor de gasa y pailletes en un hombro donde se desprendían los pliegues.
Un coro acompañó los momentos más relevantes de la ceremonia.
La novia fue muy ponderada a su paso al lucir modelo de organza blanco, de breteles finos y blonda suiza destacando el corsage y los bordes de la falda y la larga traine, en el peinado lució tocado en cristales y en la mano ramo de liliums, rosas e ilusión blanco natural.
Finalizado el ritual en el atrio recibieron las felicitaciones, luego se trasladaron al Parador Ayuí donde se festejó el acontecimiento, en el recibidor se ubicaron dos sillones antiguos y una coqueta mesa bouquet de iguales flores a las de la iglesia.
Las mesas se ubicaron en el corredor y el parque para que los invitados que viajaron  otros departamentos disfrutaran de la vista del  río Uruguay con una luna espectacular que iluminaba todo, las mesas de blanco lucían al centro suspiros con liliums y pequeñas flores sumergidas y cubetas con tres veloncitos.
El baile comenzó con el vals de parte de los noveles esposos al llegar al salón, luego ritmos de moda se pasaron durante toda la velada mientras se bandejeaban exquisiteces a los alegres bailarines. Al momento del brindis rodearon la mesa principal  donde estaba la torta de bodas bañada de fondant blanco  y rodeando una cinta de piedras y encima la parejita de novios plateada, acompañaba destacado bouquet floral y candelabros plateados con velas blancas.
La velada contó con la participación de un solista que deleitó a los presentes. En la madrugada se repartió el cotillón.
Como muestra de afecto y amistad recibiron múltiples y prácticos obsequios los que pasaron alhajar el nuevo hogar.

En el Juzgado de Paz firmaron el acta que acredita su matrimonio Alejandro Francia Panozzo y María Fernanda Albernaz Olivera, fueron testigos: Andrea Francia, Matías Albernaz, Javier Francia  y Amelia Albernaz. Dos días después en la Catedral San Juan Bautista se consagró el hogar, el sacerdote oficiante fue el Padre Fernando Pigurina.

El templo lució una delicada decoración en base a flores naturales blancas, liliums y rosas unidos a follaje, mientras que a los costados de los bancos del sendero principal colgaban esferas de flores de papel.

Una parejita de niños Estefi y Juan Ignacio precedieron a la novia en su paso al altar del brazo de su papá, allí la esperaba el novio junto a los padrinos de boda, sus padres, Fernando Albernaz Carbajal y Gladys Panozzo quien vistió modelo largo azul marino, Jorge franci y Sara Olivera, con vestido largo lila de estilo griego con una flor de gasa y pailletes en un hombro donde se desprendían los pliegues.

Un coro acompañó los momentos más relevantes de la ceremonia.

La novia fue muy ponderada a su paso al lucir modelo de organza blanco, de breteles finos y blonda suiza destacando el corsage y los bordes de la falda y la larga traine, en el peinado lució tocado en cristales y en la mano ramo de liliums, rosas e ilusión blanco natural.

Finalizado el ritual en el atrio recibieron las felicitaciones, luego se trasladaron al Parador Ayuí donde se festejó el acontecimiento, en el recibidor se ubicaron dos sillones antiguos y una coqueta mesa bouquet de iguales flores a las de la iglesia.

Las mesas se ubicaron en el corredor y el parque para que los invitados que viajaron  otros departamentos disfrutaran de la vista del  río Uruguay con una luna espectacular que iluminaba todo, las mesas de blanco lucían al centro suspiros con liliums y pequeñas flores sumergidas y cubetas con tres veloncitos.

El baile comenzó con el vals de parte de los noveles esposos al llegar al salón, luego ritmos de moda se pasaron durante toda la velada mientras se bandejeaban exquisiteces a los alegres bailarines. Al momento del brindis rodearon la mesa principal  donde estaba la torta de bodas bañada de fondant blanco  y rodeando una cinta de piedras y encima la parejita de novios plateada, acompañaba destacado bouquet floral y candelabros plateados con velas blancas.

La velada contó con la participación de un solista que deleitó a los presentes. En la madrugada se repartió el cotillón.

Como muestra de afecto y amistad recibiron múltiples y prácticos obsequios los que pasaron alhajar el nuevo hogar.