Vera, el autor que utilizó a sus clientes en «La librería del mal salvaje»

Jorge Ignacio Pérez. Miami, 3 abr (EFE).-

Con una estructura poco convencional y el cortinaje de fondo de la «era Trump», la novela «La librería del mal salvaje», escrita y recién publicada en Miami, quiere demostrar que «el español en Estados Unidos no es una lengua extranjera», según dijo a Efe su autor, el argentino Hernán Vera Álvarez. Las peripecias de un librero que entre sus tareas debe priorizar la venta de «best sellers» mientras se empeña en dar a conocer la literatura latinoamericana más emblemática, da cuerpo a esta novela recientemente premiada con la Medalla de Oro del concurso Florida Books Awards 2018, en la categoría de Lengua Española. El autor, que usualmente firma solo con su apellido, Vera, asegura que el cortinaje político, en pleno mandato presidencial de Donald Trump, era necesario para este título, lanzado por la miamense Suburbano Ediciones. «Trabajando en una librería que sólo vendía libros en español lo pude comprobar: había gente que entraba al local muy amablemente, pero a los pocos minutos, cuando se daban cuenta de que todos los libros eran en español, cambiaban de humor», dice el argentino. «Muchos piensan, de una manera errónea, que el español en los Estados Unidos es una lengua extranjera. La política de este Gobierno se ha encargado de extender los malentendidos. En este país hay 40 millones de personas que hablan español», puntualiza. Nacido en Buenos Aires en 1977 y afincado hace más de una década en el sur de la Florida, Vera combina su otro oficio, el de dibujante, con el de editor. Junto al peruano Pedro Medina León, también preparó los títulos «Viaje One Way: antología de narradores de Miami» (2014) y Miami (Un)plugged» (2016), ambos de Suburbano, con la idea de reunir en un par de volúmenes a escritores hispanos que viven y escriben en esta ciudad. En 218 páginas, «La librería del mal salvaje» ofrece un paseo por la obra de grandes literatos latinoamericanos como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Guillermo Cabrera Infante, pero lo hace de manera referencial, como si un bibliotecario tuviera que ordenar determinadas fichas de autores y lo hiciera con afán totalmente libre y personal. «Todo lo que escribo tiene mucho de mi vida pero, ante todo, es ficción. O si se quiere, autoficción. Es un balance entre la realidad y la literatura. Empecé a trabajar en una librería hace más de dos años y desde el primer momento supe que iba a escribir sobre esa experiencia», confiesa Vera sobre este título. Según sus vivencias, una librería es un ámbito propicio para las historias y los personajes. «Cada día entraban algunos (personajes) muy pintorescos. Era como una obra de teatro; de hecho, hace poco una directora me ofreció llevar la novela al teatro», reveló el autor, que vivió ocho años como un «ilegal» en los Estados Unidos, donde ha trabajado en un astillero, en la cocina de un cabaret, en algunas discotecas y en la construcción. Sobre la estructura a base de frases cortas, reflexiones y fichas personalizadas de «La librería del mal salvaje», el autor confiesa que lo ha hecho deliberadamente. «Me gusta pensar la estructura de las novelas apenas tengo la historia. Es algo lúdico, y también porque no quiero repetirme, ya que me aburriría entonces, y creo que la literatura, entre otras cosas, no debe ser tediosa», afirma. «Vos podés poner poesía, reflexiones, humor o algo de misterio de una manera que el lector se interese por la historia. Una buena prueba de ello son los autores clásicos: luego de tanto tiempo llegan hasta nosotros intactos», agrega. La cubierta del libro repite cierta identidad «corporativa» que el diseñador también argentino Gastón Virkel le ha dado a Suburbano Ediciones: Letras rojas que caen en cascada sobre un fondo que es una fotografía en blanco y negro, en este caso el beso de una pareja, hombre y mujer, que llevan puesta la máscara de la lucha libre mexicana.